Una L y un hábito de monje.

Estoy pensando en colgarme una L de la espalda, como los conductores nóveles. Y es que últimamente me siento un poco novato, y con ese pequeño nudo en el estómago que tienen los que se acaban de sacar el carnet de conducir y se meten en sitios difíciles.

Vamos a ver. Las mujeres se saludan dándose dos besos y los hombres se dan la mano ¿verdad? ¡Pues no! Sí que es cierto que las mujeres se saludan dándose dos besos, aunque si no hay mucha confianza, la cosa se puede dejar en un «hola» sin tocarse. Esto más o menos llegué a tenerlo dominado, aunque me costó lo mío aprenderlo. ¡¡Pero es que los hombres tienen muchas más modalidades de saludo!! Está el «hola» sin tocarse, que se usa para la gente que ves todos los días. Ese es fácil. Luego el apretón de manos. Y finalmente el apretón de manos con golpecito en el otro hombro (como una especie de semi-abrazo, esto aun no me sale, se me cruzan los brazos y creo que me voy a liar), y el abrazo. Y el abrazo no es el mismo que se dan las mujeres, no, aunque las mujeres rara vez abrazan a alguien para saludar, a no ser que sea de la familia.

Total, que eso de los saludos lo llevo nada más que regular.

Y bailar. Creo que a lo de bailar ya le estoy cogiendo el tranquillo, aunque a veces, si no me siento muy seguro, prefiero quedarme quieto y dejarlo correr, por si acaso.

Entrar en un servicio público es otro reto, con un factor de dificultad añadido. Un día de estos van a terminar sacándome a escobazos… de cualquiera de los dos servicios. Pero concretamente, si entro en el de caballeros, me muero de vergüenza: la forma de comportarse ahí dentro es diferente de en los servicios de señoras, y la única referencia que tengo es por lo que he visto en películas. Como para fiarse, vamos. No quiero ni pensar en lo que voy a pasar el día que me tenga que meter en un vestuario (aunque eso está aun muy lejano).

Así que estoy pensando en comprarme una L, que siempre a los novatos se les perdonan los pequeños errores, incluso de ellos se espera que los cometan, y no pasa nada. De todos modos, con las oposiciones tan cerca, lo que toca ahora es quedarme en casa y estudiar, o «encapsularme», como dice Dicybug y no ver a nadie. De modo que en realidad, más que una L, lo que necesito es un hábito de monje.

Al menos, si no veo a nadie, no podré meter demasiado la pata.

2 comentarios

Archivado bajo Reflexiones

2 Respuestas a “Una L y un hábito de monje.

  1. No puedo estar con usted más de acuerdo Sr. Variablex, en lo referente al comentario que me has dejado en lo de la Cope. No hay ideologías, hay cuentas corrientes.

    En cuanto a tu entrada de hoy, te imagino con un sentido del humor finísimo… más te vale… debes ser del Sur o una gaviota perdida.

    Un abrazo.

  2. Hola Pablo,
    para mí lo de los saludos con otros hombres es muy sencillo: si es familia, le doy dos besos, si es conocido le digo hola, y si me tiende la mano le doy la mano. No sé dar abrazos.
    Con las mujeres lo mismo, pero en lugar de la mano, dos besos.
    En cualquier caso no creo que haya un estándar sobre qué hay que hacer en cada caso. No te marees.

    Lo del servicio público es de difícil solución… Como no te lo tomes con buen humor…
    Un abrazo

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