Archivo mensual: marzo 2009

Hoy me llevé una agradable sorpresa.

Desde hace algunos años, pertenezco a dos comunidades de juegos on line. Son «sitios» en los que algunas personas con intereses comunes nos reunimos «virtualmente» para un fin concreto, que es el de jugar.

No tiene nada que ver con Facebook u otras redes sociales. La gente que entra en contacto a través de estas comunidades, no se conocen entre sí de antes, y no se dedican a hablar de sus cosas. O sí lo hacen, pero no es el objetivo prioritario. Simplemente invierten su tiempo de ocio desarrollando actividades en grupo «a distancia», normalmente debido a que no tienen posibilidad de hacerlo «en persona». Jugar en persona siempre es más divertido, pero no siempre es posible.

En estas comunidades, se pueden llegar a encontrar buenos amigos. Y no me refiero al amigo de «te cuento mis cosas y cuando apago el ordenador me olvido de tí», si no a amigos-amigos, de los de verdad, aunque vivan muy lejos.

Al igual que he tenido que «transicionar» en la calle, he tenido que hacerlo en el mundo virtual. Y al igual que he hecho con la gente que tengo cerca, no he dado explicaciones a todo el mundo, sólo a la gente con la que más contacto tenía y que para mi era necesario que supieran lo que estaba haciendo. El resto, que lo adivinen.

Pero claro, en la red el pasado aún es presente. Las fotos que puse, están colgadas (podría borrarlas, pero no quiero), los posts que escribí aun son legibles, y, en una de estas comunidades, los participantes pueden opinar los unos sobre los otros, y esa opinión se queda reflejada en su «perfil», con el único objetivo de que futuros jugadores sepan si la persona es fiable o te va a dejar tirado a la primera de cambio. Por eso en mi perfil, aparecen opiniones como «es una excelente jugadora», y cosas así.

Esta mañana, cuando he encendido el ordenador, he visto que una chica con la que hace mucho tiempo que no juego, y con la que realmente no he tenido demasiado contacto, había editado, no solo sus opiniones sobre mí, si no las respuestas que había dado a mis opiniones sobre ella. Yo no le había contado nada, ni, desde luego, se me había pasado por la cabeza pedirle que cambiase nada, pero al ver las modificaciones que he hecho en mi ficha personal, ha sumado dos más dos, y sin preguntar nada, simplemente ha cambiado las «a» por «o» y ya está.

Me he quedado de una pieza. Sorprendido, impresionado, y más contento que un ocho. Cuando empecé con todo esto, lo hice porque no podía seguir viviendo de la forma que lo estaba haciendo. Pensé que era algo que tenía que hacer, y no sabía hasta que punto iba a sufrir por ello, aunque supuse que sería bastante. Pero nunca imaginé que, al mismo tiempo, empezaría a encontrar alegrías en cada recoveco de la vida.

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Camino

Aprovechando que tengo un buen resfriado primaveral que me mantiene alejado del ordenador y de los apuntes, he estado viendo algunas películas que tenía pendientes.

Una de ellas ha sido «Camino», que me recomendó un amigo. Lo cierto es que yo no soy nada aficionado a los dramas, pero este chico me habló tanto y tan bien de la película que no me quedó más remedio que verla.

¡Que peliculón! Cuenta la historia de una niña con cáncer, aunque en realidad es una historia de amor con múltiples facetas. A lo largo de toda la historia, el espectador va experimentando junto a los protagonistas todo un abanico de sentimientos, sin caer en dramatismos ni gritos, ni utilizar los rancios trucos a los que nos tienen acostumbrados los directores de cine españoles.

También muestra como la Iglesia (en esta ocasión, el Opus Dei) influye en las opciones y decisiones de sus fieles, pero, una vez más, sin caer en el tópico del cura malo malísimo que busca su propio beneficio. Simplemente, en todo momento, los personajes creen hacer lo mejor para los demás, y creen saber qué es lo más conveniente para sus intereses, mejor que los propios interesados.

Lo único que es una pena con esta película es que no tuviese tanta publicidad como han tenido otros filmes españoles. Es curioso que «El milagro de Ptinto», del mismo director, Javier Fesser, y que era una mierda de película (o yo no la entendí) se anunciase a bombo y platillo, y «Camino» pasara de puntillas por festivales y carteleras. Pero también hay que tener en cuenta de que se trata de una película financiada con un crédito ICO, por lo que imagino que muchos «padrinos» no tenía. Y en este país, el que no tiene padrinos, no se bautiza.

Desde este rinconcito en la red, dejo el trailer, a ver si os animáis a verla.

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Otro hombre embarazado.

En las últimas semanas, Rubén Noé Coronado, un hombre transexual ha saltado a los medios de comunicación para contar a los cuatro vientos que está embarazado de gemelas.

Antes de entrar en materia sobre el tema, quier aclarar algunas cosas.

Primero: conozco a Rubén Noé muy, muy poco, lo suficiente para haber tenido ya un problemilla con él (es el típico administrador de foros que considera que es lícito borrar y/o editar los comentarios de los foreros) y haber llegado a la conclusión de que es un gigantesco ególatra, metiroso y manipulador. A todas estas conclusiones, repito, he llegado después de conocerlo muy, muy poco, tan solo por unos cuantos intercambios de mensajes. Como es lógico, no quiero conocerlo más.

Segundo: debido a que repetidamente ha demostrado que es una persona que miente más que habla, no me creo lo de que esté embarazado. Hasta que no vea nacer las famosas gemelas, no me creo nada de nada. Aunque voy a opinar sobre la cuestión como si el embarazo fuese real.

Tercero: que no me parezca mal que un hombre transexual se quede embarazado, no significa que yo esté dispuesto a hacer lo mismo. Ni tampoco significa que no esté dispuesto a hacerlo, aunque sólo sea por aquello de «nunca digas de esta agua no beberé, ni este cura no es mi padre».

Una vez dicho esto, me ha llamado la atención, no el hecho de que alguien se quede embarazado (después de todo, miles de mujeres lo hacen cada día, y a nadie le llama la atención), si no las reacciones que se han dado a raiz de este caso.

Como siempre, es sorprendente la falta de capacidad de la gente para meterse en sus asuntos. Pero, en este caso, ese instinto de maruja de patio se combina con la intolerancia entre los intolerados. Ya escribí sobre ello anteriormente, en esta entrada, pero mi capacidad de asombro es ilimitada.

Y es que, a medida que más y más medios de comunicación se están haciendo eco de la noticia (todos ellos muy serios y fiables, como Donde Estás Corazón, la revista Pronto, etc…), la red ha empezado a llenarse de opiones al respecto. Por ejemplo, esta perlita, publicada en «Hazte oir» (plataforma que parece tener una cierta sordera), y los comentarios que aparecen en ella (uno es mío, a ver si sabéis cual). También el propio Rubén Noe ha recibido insultos en su blog (pondría un enlace, ya que en su firma del foro aparece la dirección, pero, como ya he dicho, me cae mal. El que quiera tener contacto directo con él, que se busque la vida), y supongo que habrán más cosas por ahí que yo no haya visto.

Lo curioso es que gran parte de la comunidad transexual también ha criticado el que este chico se haya quedado embarazado y haya ido a la televisión a contarlo. No digo que todo el mundo, pero sí bastantes personas. Dicen cosas como «quedarse embarazado no es de hombres», «si eres transexual y quieres tener hijos, te tienes que joder», y, una de mis favoritas «es que va a hacer que todo el mundo piense en los hombres transexuales como mujeres mutiladas que quieren quedarse embarazadas», o «el que salga en la TV hablando de su embarazo, perjudica a todo el colectivo».

No es la primera vez que desde el colectivo transexual se critican posturas que se alejan ligeramente de los tópicos esperados según género. Se critican a las personas transexuales homosexuales (como si por ser mujer te tuvieran que gustar los hombres, o vicebersa), a las parejas de personas transexuales (en este caso hay quien opina que son parejas «desequilibradas» y «que tendrán carencias»), a quienes se hacen la Cirugía de Reasignación Sexual (se las llama castradas), a quienes no se la hacen (les dicen que no puede ser que te sientas mujer y puedan convivir tranquilamente con unos genitales masculinos), etc…

La verdad, no entiendo esa necesidad de juzgar a los demás. Si un tipo quiere quedarse embarazado, y puede hacerlo, pues que lo haga. ¿No hay tanta polémica con el aborto? ¿Los que no quieren tener hijos han de tenerlos, y los que si quieren no deben? ¿A quien narices le importa todo esto, más allá de la simple anécdota?

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Primera visita a la endocrina.

El martes fue mi primera visita a la endocrina. También debería haber ido a la psicóloga, pero hace unos días me llamaron para cambiarme la fecha porque, al parecer, ese día no podia ir a trabajar.

Llegué muy temprano, y es que pasa una cosa curiosa: si salgo de aquí a las 06:30, llego a Málaga a las 8:30, y ahora, ponte a aparcar. En cambio, si salgo a las 06:15, llego a Málaga a las 07:45 y el tema del aparcamiento es mucho más sencillo. Las dichosas colas mañaneras son una maldición en las ciudades.

Así pues, a las 8 estaba allí, muerto de sueño, y de hambre, ya que un amigo me dijo que me querrían hacer análisis de sangre (y de otras cosas) y era mejor que fuese sin comer. A mi me pareció raro que si tenía que llevar algún tipo de preparación no me lo hubiesen avisado en la propia cita, pero teniendo en cuenta que ni siquiera me habían dicho el nombre del médico que me iba a atender… como para fiarse.

El no saber como se llamaba mi médico, me dificultó un poco acceder a la consulta (tampoco ponía el número de consulta), pero con un par de preguntas en seguida me ubicaron, y me atendieron más o menos a la hora que me tocaba. Realmente se me coló una persona delante, pero bueno… esto es la novatada.

Por fin pasé a la consulta. Como la doctora no estaba, me atendió una chica que supongo que será la auxiliar o algo así. Según me explicó, lo habitual es hablar primero con la endocrina, y luego pasar a las mediciones, peso y demás, pero, para ir aligerando mientras la endocrina llegaba, lo hicimos del revés. Así que me pesó, me midió, me hizo sujetar un cacharro que al parecer mide la proporción de grasa en el cuerpo, y me tomo la tensión. También estuvimos hablando un poco sobre el libro que estaba leyendo yo, sobre los nervios del «estreno», etc… Me pareció una persona super maja, y que se esforzaba por hacerme sentir más cómodo.

Después llegó la endocrina, y estuvimos hablando de varias cosas. Me explicó de nuevo como es el protocolo médico, me preguntó por las enfermedades que tengo, para hacerme la historia médica (ahí sí que tenía muchas cosas que contar, porque ya he tenido problemas endocrinológicos antes), y también me hizo preguntas en plan psicológico. Esa parte fue un poco dura, ya que las preguntas estaban muy bien dirigidas y para responder tuve que recordar momentos bastante duros, pero me gustó la forma en que ella me escuchaba, o me respondía. En un momento dado, cuando hablaba de una conversación que tuve con mi padre,  incluso llegó a «defender» mi postura, je, je, je.

El siguiente paso fue darme una montaña de volantes para que me haga análisis y pruebas de todo tipo (eso está bien). Me sugirió que hiciese coincidir las citas para las pruebas con las citas para la endocrina, y me pareció una buena idea, pero… cuando lo intenté descubrí que es imposible. Las interminables listas de espera hacen que lograr que te den la fecha que tú quieres no sea viable. Seguramente lo haré del revés, es decir, haré coincidir las citas de la psicóloga con las otras, cuando sea posible.

Pedir las citas, por cierto, fue lo más parecido a una gymcana. Tuve que recorrer dos hospitales (el hospital civil y el hospital materno), llendo a los diversos departamentos para los que me habían dado volante para que lo validaran, y, después, al mostrador de cita previa para conseguir la cita en si. Podían hacerlo más complicado, pero no sé como.

La próxima cita con la endocrina será… ¡¡¡en octubre!!! Me la han dado muy tarde para que tenga tiempo de hacerme todas las pruebas. A mi al principio me pareció una exageración, pero después de hacer la peregrinación hospitalaria y conseguir las fechas de las pruebas, me ha empezado a parecer más razonable. Una de las pruebas me la han dado para octubre, y otra, ni se sabe, ya me llamarán. Por suerte son las menos importantes.

De todos modos, el tener la cita tan tarde no significa que tenga que esperar todo ese tiempo para empezar con el tratamiento. Si la psicóloga me da el informe antes, la endocrina me citará también antes, y ya está. Por suerte, otras pruebas sí que me las han dado para dentro de poco, y son las más relevantes a corto plazo… creo.

Hace unos meses, miraba el calendario y pensaba que el tiempo que faltaba para ver a la endocrina era una eternidad. Ahora ya se ha pasado y me toca esperar al informe. Las cosas van llegando, poco a poco, pero llegando al fin y al cabo. Además, creo que el equipo de la UTIG de Málaga sabe lo que se hace y me puedo fiar de ellas (curiosamente, son casi todas mujeres, lo que no deja de ser llamativo en un campo como la medicina, que todavía está copado por hombres).

Supongo que solo me queda esperar con paciencia. Por eso, los que vamos al médico, aunque no estemos enfermos, somos pacientes.

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Mis sueños

Soy una persona que sueña mucho, y que a menudo recuerda sus sueños al despertar. Antes de comenzar con toda esta aventura, tenía dos sueños que me provocaban intensas emociones; en uno de ellos soñaba que era un hombre. No hacía nada especial, simplemente las cosas habituales de cada día, sólo que era un hombre. Ese era mi mejor sueño, el que me hacía despertar más feliz. En el otro sueño, perdía a mi pareja, y aunque trataba de encontrarlo por todos los medios, él huía de mi, sin querer saber nada. Me rechazaba. Era mi peor pesadilla.

Ahora el mejor sueño y la peor pesadilla se han hecho realidad, y mis sueños nocturnos han cambiado. Ahora ya no sueño que soy un hombre o que soy una mujer, sueño que simplemente soy yo. Incluso la indeterminación sexual que vivo en la real se refleja en el mundo onírico, y a menudo las personas que aparecen en los sueños no saben cómo tratarme, ose equivocan constantemente de género.

Es curioso como mis sueños van cambiando conmigo. Me gusta.

Hablando de otras cosas, ahora que empieza a hacer calor, he pensado en traer parte de la ropa de invierno a casa de mis padres, ya que en mi piso los armarios están atestados de las cosas de mi abuela, y como no me pertenecen, no puedo deshacerme de ellas (aunque quizá debería, y a lo mejor mis padres y mis tías me lo agradecían).

El problema es que el armario de mi casa también está lleno de ropa, aunque en este caso se trata de ropa, no de otra persona, si no de otra vida. Ya no la voy a usar más, pero me cuesta trabajo deshacerme de ella, porque me gusta. ¿Cómo tirar a la basura sin más vestidos, camisas, jerseys, incluso trajes que son realmente bonitos y podrían usarse perfectamente? Algunos de ellos están incluso sin estrenar.

Se los he ofrecido a mi madre, a mi hermana, e incluso a algunas amigas, pero en el caso de la familia, nuestras tallas son muy distintas, y mis amigas sienten reparos en aceptar ropa usada. Me consuelo pensando que, si echo la ropa al contenedor adecuado, seguramente se la darán a personas que realmente la necesitan, y no se desaprovechará, pero aún así… me cuesta un trabajo terrible

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Tener miembro y ser miembro del ejército, ya no es lo mismo.

Creo que me he reconciliado un poquito con los políticos y los periodistas. Tener pene y testículos ya no es requisito para entrar en el ejército, como tampoco lo es tener los dos pechos en las mujeres.

Tal y como prometió Carma Chacón, el reglamento de acceso al ejército ha sido revisado, y se han eliminado algunos casos del cuadro médico de exclusiones. Desde el día 6 de marzo, los hombres transexuales ya pueden ser militares.

Pero eso no es todo. Aitor, el chico que empezó todo esto, ya ha cumplido los 29 años, así que, por segunda vez, rebasa la edad máxima para alistarse en el ejército, y por tanto ya no podría presentarse. Sin embargo, a todos los efectos, se le va a tener en cuenta la edad que tenía cuando hizo la primera reclamación (ha reclamado tres veces, que son las veces que se ha presentado), y no la que tiene actualmente. Eso significa no sólo que podrá acceder a la oposición para entrar en el ejército, si no que, además, si suspende, podrá volver a intentarlo en próximas convocatorias.

Me gustaría ver la cara del coronel que le dijo a Aitor: «bájate los pantalones y dime por donde meas». Una de las grandes frases que quedarán para la posteridad. Por desgracia, esto indica lo tolerantes que son algunos de los altos mandos en el ejército. Supongo que todavía queda mucha guerra por luchar, y que esto sólo ha sido una batalla, pero… si el muchacho quiere ser militar, será porque no le asusta el combate.

La noticia, para el que la quiera leer, está aquí.

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Vida real.

Hacer «vida real», en el contexto de la transexualidad, es relacionarse con otras personas según el rol del género sentido, no del género asignado en función del sexo biológico. Como si todo lo anterior hubiese sido de mentira…

Acceder a la «vida real» es muy complejo. Hay personas que opinan que no se puede hacer vida real hasta que te hormonas, ya que la gente no lo va a comprender. Hay quién lleva una doble vida durante mucho, mucho tiempo, incluso tras la hormonación, por miedo a quedarse sin trabajo, sin familia, al qué dirán, etc… Algunos, como yo, somos un poco impacientes, o muy bastos, y nos decidimos a hacer «vida real» así, sin hormonación, ni anestesia, ni nada de nada.

En estos momentos, vivo como hombre la mayor parte del tiempo. Tan sólo hay un área en la que todavía no puedo mostrarme por completo como soy, y es con mis padres (y una parte de la familia con la que aún no he hablado, porque no tenemos demasiado trato, y no he encontrado aún la forma y el momento). A parte de eso, ante amigos, conocidos, incluso desconocidos, soy Pablo y ya está.

No he llegado a esto de un día para otro, si no que ha sido un proceso gradual. Iba probando en entornos que me parecían más o menos seguros, y poco a poco, a medida que iba viendo que no pasaba nada, me animaba a ir cada vez un poco más lejos.

Todo esto viene a cuento porque quiero contar algunas de mis experiencias en lo que es «vida real sin hormonar». Quizá porque me gustaría que, si alguien en la misma situación leyese esto, se diese cuenta de que las cosas no son tan malas, ni la gente tan cabrona como normalmente creemos.

Lo primero es que creo que la gente tiene tendencia a creerse lo que se le dice. Es decir, que si llegas y le dices a alguien que eres un hombre, o una mujer, y tu aspecto (ropa, peinado, etc) y actitud son acordes a lo que afirmas, los demás lo aceptan sin problema. O a lo mejor no «se lo creen», pero tampoco se atreven a preguntar o hacer comentarios al respecto.

El problema viene cuando estás con amigos que te conocen, y desconocidos. Mis amigos se esfuerzan por usar el género masculino cuando se dirigen a mi, pero a veces lo olvidan (son muchos años) y se lían, o lían al que está al lado, que de repente no sabe si soy un tío, una tía, o un extraterrestre que se acaba de bajar del platillo volante. A lo mejor son imaginaciones mías, pero creo que en esas ocasiones gana la tercera opción, la del extraterrestre. Eso me hace sentir muy solo.

Sin embargo otras veces todo sale estupendamente, y cuando vuelvo a casa lo único que puedo pensar es que me gusta mucho lo que estoy probando, y quiero más.

Este fin de semana fui a ver a mi hermana, que ahora vive a 400km de donde yo estoy, y lo he pasado bomba. En este caso la situación ha sido un poco más fácil, porque sus amigos ya estaban avisados (aunque sospecho que no todos, sólo los más cercanos), con lo que la duda sobre mi género ya venía resuelta de antemano. Es curioso como tonterías tales como que te llamen por tu nombre, o no se esperen de tí ciertos comportamientos, mientras que otros sí que son recibidos con naturalidad, puede llegar a ser una experiencia intensa. Para mi, lo que la mayoría considera que es el «día a día», algo a lo que no se le da importancia, se convierte en una vivencia extraordinaria.

Cuando la cosa no sale tan bien, y parece que el mundo entero se empeña en colocarme en el otro bando (a eso lo llamo «explorar mi parte femenina» :P), entonces resulta agotador y, dependiendo de diversos factores, puedo tardar días en recuperarme. Es muy duro tener que estar peleando de manera constante para afirmar la propia identidad.

En esas ocasiones pienso que debería esconderme en mi casa y quedarme sólo hasta que mi aspecto no de lugar a ningún tipo de error, pero, como soy un cabezón, en seguida borro esa idea de la cabeza. Sería como darme por vencido y reconocer que, en verdad, para ser un hombre tienes que tener un cuerpo de hombre, y para ser mujer, un cuerpo de mujer. Además, el posible beneficio compensa el riesgo, especialmente porque, a parte de lo bien que estoy cuando soy Pablo para los demás, sé que si estoy mucho tiempo solo, o relacionándome únicamente con otras personas a través de la red, puedo terminar por volverme completamente loco, y eso no sería nada bueno para mi.

La conclusión es que se puede hacer «vida real» sin hormonas, y sin tener que someterse a las burlas de los demás. Yo no he encontrado falta de respeto en ningún momento. Pero tampoco es fácil, hace falta tener muy clara la identidad y estar dispuesto a defenderla. Transmitir seguridad y la sensación de que se tienen las ideas firmes. Es una aventura complicada, pero merece la pena.

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2 de marzo y tomando el sol.

El 18 de diciembre Zapatero decía que a partir de marzo empezaríamos a ver como el trabajo crecía debajo de las piedras, como los champiñones. Por si alguien no lo recuerda, la noticia se puede encontrar aquí.

Así que ya deberían estar apareciendo los primeros brotes. Aunque, entre tanto, este lunes, un 22% de los andaluces se lo va a pasar al sol. Y ni eso, porque está lloviendo.

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Suki, 17 años

 

Estos días he conocido a una chica de 17 años, cuyo nombre no voy a poner, aunque ahora mismo somos muy pocos los que lo conocemos, pero que usa el nick de “Suki”. Durante esos 17 años ha vivido encerrada en un cuerpo que se le hace extraño, tratando de cumplir las expectativas que los demás han puesto sobre ella, con poco éxito.

Hace poco comenzó a buscar por internet información sobre la transexualidad, y, al igual que me ocurrió a mi en su momento, dió con el foro de Carla Antonelli. Y, a través del foro, con personas que viven en la capital de la provincia, entre ellas, yo.

Quedamos para vernos en persona tan sólo unas horas después de haberno conocido “vitualmente” a través de la red. No fui yo solo, si no que me acompañaron dos personas más, que también viven aquí.

Reconocernos no fue difícil.Las personas transexuales que comienzan su transición, tienen un cierto aspecto de desamparo, de fragilidad, de no saber exactamente si están en su sitio… Aunque vayan comletamente ataviados según su sexo biológico, la verdadera identidad de género se les derrama por las costuras de un disfraz que empieza a quedarles demasiado estrecho de forma tan evidente que no entiendo como los demás no se dan cuenta. ¿Cómo es que hace falta contarle a todo el mundo lo que nos ocurre? ¡Pero si es completamente visible!

Me ha gustado poder concer a Suki y tratar de darle algo de tranquilidad y apoyo. Ha podido encontrarse con tres personas en su misma situación, y cada uno de nosotros le ha explicado sus experiencias (creo que yo fuí el que más habló). Por primera vez ha escuchado su nombre en la boca de otra persona, y le han tratado como a una chica, con naturalidad. Ojalá alguno de nosotros hubiese estado en situación de decirle que la aventura acaba bien. pero lo cierto es que ninguno de nosotros nos encontramos mucho más lejos del principio que ella, así que lo único que hemos podido ofrecerle ha sido optimismo y compañía.

Iniciar la transición siendo tan joven me parece admirable. Yo he necesitado 29 años para reunir el valor y la madurez suficiente. Otras personas lo encuentran mucho antes. No es que sienta que mi tiempo ha sido tiempo perdido, pues he sido feliz, y he vivido y aprendido. Es sólo que admiro a los que lo tienen tan claro a esa edad tan temprana, igual que admiro a los que saben resolver integrales sin despeinarse.

Espero que estos días ella esté empezando a dormir mejor por las noches.

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