Archivo mensual: enero 2011

Un año de hormonación (I)

Hoy (26 de enero) es mi «segundo cumpleaños». Hace justo un año que empecé con la hormonación. Es una fecha que me hace bastante ilusión, aunque, al mismo tiempo, siento un prurito de culpabilidad al celebrarla. Ya escribiré sobre ello en otro momento.

Al principio de empezar con las hormonas, iba comentando con cierta frecuencia que cambios iba notando. Luego dejé de hacerlo porque empezó a importarme menos, y porque los cambios ya eran más graduales. Aunque la diferencia entre no tener barba y tenero «algo» de barba pueda ser la misma que entre tener «algo» de barba y «un poco más de barba», al menos en lo que a número de pelos barbudos se refiere, el primer paso, de no tener a tener, es el más impactante.

De todas formas, tampoco quiero dar la impresión de que ya no me fijo en los cambios, o de que me dan igual. No, me dan tantas satisfacciones como el primer día, sólo que me he acostumbrado a que mi cuerpo me de alegrías en vez de disgustos.

He pensado que estaría bien hacer una pequeña cronología de cómo he ido cambiando, más o menos como lo recuerdo.

En el primer més lo primero que noté fue que me salía algo más de vello, especialmente en el pecho. Después de una semana, ya tenía unos cuantos pelitos en el pecho. Unos quince días después de la primera inyección, me bajó la regla, y desde entonces, ya no me ha vuelto a molestar.

En el segundo mes, empecé a notar que me cambiaba la voz, pero nadie más lo notó. También me empezó a cambiar la cara. En los videos que me hice en aquel momento, ya se nota el ligero cambio de voz, aunque hay que estar atento.

A partir del tercer mes, la mayoría de la gente ya me identificaba como hombre, aunque todavía no todos. Entonces me fui a Ecuador, donde la gente tiene menos altura, y los hombres no tienen unos caracteres sexuales secundarios tan acusados como en la raza mediterranea (tienen la voz menos grave, poca o ninguna barba, constitución más ligera…) y allí sí que nadie me veía como mujer, excepto una vez que me crucé con un español.


(Si hacéis click en las fotos, se amplían)

Las fotos de la primera fila son del día 25 de abril, donde llevaba tres meses (menos un día) de hormonación.
Las fotos de la segunda fila son del 10 de diciembre, llevaba diez meses y medio de hormonación.

Por ahí tuve un periodo en que perdí de vista la percepción del tiempo (un día en Ecuador es como una semana en España… es como si allí se viviese más que aquí, en cierto modo), y como no tenía espejo, tampoco veía los cambios. Empezó a salirme algo de vello en la barriga, y en el culo (las cosas son así), y me aumentó en las piernas, y en los brazos. Me estaba entrando complejo de mono.

Fue en junio (unos cuatro meses y medio de hormonación) cuando me miré por fin a un espejo grande y me di cuenta de que la forma de mi cuerpo había cambiado: tenía mucho menos culo. A día de hoy, sigo teniendo ciertas «curvas», pero mucho menos que cuando empecé a hormonarme. Por otra parte, la pérdida de peso que tuve mientras estuve en Ecuador, debió influir mucho.

El pelo se me empezó a caer en mayo. Yo esperaba que con la testosterona me quedase calvo, porque anteriormente ya tuve problemas de alopecia androgénica, así que cuando empecé a perder pelo, simplemente pensé que ya había llegado lo inevitable.

A finales de agosto (siete meses de hormonación) decidí raparme, porque ya tenía realmente poco pelo. No es que estuviese calvo del todo, pero la cosa estaba clareando demasiado. De perdidos al río. Además, ya estaba harto de que todo el mundo me dijese que tenía muy poco pelo. ¡Como si no me hubiese dado cuenta!

En septiembre me hice unos análisis y me detectaron que tenía anemia, así que empecé a tomar hierro. En noviembre me pareció empezar que tenía más pelo, y varias personas me lo han confirmado, así que sospecho que en realidad no me estaba quedando calvo por la testo, sino que se me caía el pelo por la anemia. Sin embargo, eso no descarta que al final me quede calvo.

A finales de noviembre empecé a notar que se me ensanchaban bastante los hombros. Eso ya lo había empezado a ver a partir del tercer mes de hormonación, pero digamos que esto fue una «segunda fase». Empiezan a quedarme bien las chaquetas, que casi siempre se me caían un poco de los hombros, pero al mismo tiempo me siento un poco «armario empotrado». No es que no me guste el aspecto que tengo ahora, es que no me lo esperaba.

Los cambios de voz se han producido también en varias etapas, más o menos alrededor del tercer més, del séptimo y del undécimo, es decir que he estado notndo cambios de voz hasta hace poco (y eso no significa que no vaya a tener más). El vello va aumentando por todas partes, y tengo algo que ya medio parece que se podría llamar barba, si usamos ese término de manera muy ámplia.

Desde que empecé con las hormonas, comencé a tener también algunos granitos, sobre todo en la espalda (en la cara también). Hace un par de meses, más o menos, empecé a notar que la piel me había cambiado, ahora parece más gruesa y elástica, y un poco húmeda (también sudo más que antes) y el problema de acné se ha agravado bastante. Por suerte en la cara no me salen muchas espinillas, pero mis brazos, hombros y espalda están a punto de ser declarados zona catastrófica.

Aquí podéis encontrar un audio de mis cambios de voz. Me habría gustado hacer un podcast, pero no tuve tiempo de repasar el tutorial de Paco, así que se me ha quedado a medio camino.

Hasta aquí por hoy, que se me ha hecho muy largo el post. Próximamente más. ¡Y con más fotos!

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¿Cuales son mis objetivos?

Llevo toda la semana un poco desanimadillo, y sintiéndo que realmente no hago nada que merezca la pena. Que todo lo que digo o hago son puras majaderías y disparates que no merecen ser tomadas en consideración. Suerte que poco a poco se me va pasando (y suerte de amigos que me han dejado darles la brasa y hasta lo han entendido).

Aún así, creo que he perdido un poco el norte. ¿Hacia dónde voy? ¿Qué es lo que quiero hacer? ¿Qué cosas me interesan? Últimamente paso mucho tiempo jugando al tetris porque no me apetece ponerme a hacer las cosas que supuestamente me he comprometido a hacer porque me gusta hacerlas. Pero eso no es que sea algo de mucha ayuda.

Entonces ¿qué cosas son las que necesito ahora?

Creo que en primer lugar necesito tener un trabajo que me proporcione independencia. Las cosas con mis padres ahora están bien, pero preferiría vivir yo sólo. No me parece que esto requiera demasiada explicación. Lo malo es que estoy echando currículums por todas partes, no ya solo en Granada, sino en Madrid, Barcelona… ¡Donde sea! Pero no me llaman ni para hacer una triste entrevista, y eso que he enviado currículums que eran perfectos para el puesto de trabajo. La verdad es que no lo entiendo, pero ya no sé qué hacer. Y oposiciones no están saliendo, así que…

También me gustaría encontrar pareja, pero claro, es bastante difícil si no conozco a nadie. El problema es que aquí donde estoy ahora, tampoco es que tenga demasiadas ganas de conocer a nadie. Y en realidad no sé cómo podría hacerlo. Es difícil vivir en una ciudad pequeña.

Esto me lleva al siguiente punto: me gustaría hacer nuevos amigos. Sin embargo, en ese aspecto soy tan ineficaz como en lo de encontrar trabajo. Mi hermana sugiere que intente quedar con gente de «coach surfing», lo que no es una mala idea, y yo voy a intentar buscar roleros que sean de aquí, a ver si así…

Tengo ganas de seguir haciendo cambios sobre mi cuerpo. Estoy yendo al gimnasio y, aunque los resultados todavía no los ven los demás, yo sí los noto. Lo malo es que ahora ha empezado a pensar en algo que nunca me había preocupado: la piel sobrante que tengo por todo el cuerpo, sobretodo en los brazos y en el vientre. De todos modos, tengo la esperanza de que haciendo ejercicio eso se corrija por si solo. Pero en caso de que no… ¿debería solicitar entrar en lista de espera para eso también? ¿No estaré recurriendo demasiado a la cirugía? Y, hablando de ciruías, también tengo ganas de que la endocrina me ponga en la lista de espera para la masectomía, pero… ¿lo hará? ¿No lo hará? No es que sea algo que me preocupe especialmente, pero a veces se me va pasando por la cabeza. Al menos esto es algo que sí tengo más o menos bajo control.

Me gustaría, además, sacar buenas notas en los exámenes. Estoy estudiando bastante, aunque en los últimos 3 ó 4 días he aflojado un poco el ritmo. Espero recuperarlo a partir de mañana. Por otra parte no sé cómo van a ser los exámenes, si me pondré nervioso, si… En fin, las dudas normales en cualquier alumno de primero.

Estoy bastante desanimado con las cuestiones «trans». Creo que es la causa principal de mi desánimo general. Mi objetivo «principal» es que yo sea la última persona que ha tenido que sufrir por ser trans. Por supuesto, se trata de un objetivo inalcanzable, así que hago todo lo que está en mi mano para llegar a ello. Pero realmente ¿hay algo que pueda hacer yo? Parece que ya hay un montón de gente que saben exactamente todo lo que hay que hacer, y que, además, no sólo no necesitan nada de lo que yo pueda aportarles, sino que además, les estorbo bastante. Pero bueno, al menos seguiré escribiendo por aquí una temporada más, aunque lo que escriba sean, sobre todo, chorradas y tonterías.

Ahora tendría que escribir una conclusión a todo esto, pero, la verdad, no se me ocurre ninguna.

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La causa de la transexualidad.

¿Por qué existen personas transexuales? Hay muchas teorías al respecto. No voy a hacer un repaso de ellas, porque seguramente lo voy a hacer mal, y además se me van a olvidar tres o cuatro. Tampoco hace falta ya que, hasta el momento, ninguna teoría respecto a las causas de la transexualidad ha logrado dar una explicación completa, ni ha soportado una revisión superficial (no hablemos ya de revisiones en profundidad). Ningún estudio se ha hecho de manera demasiado rigurosa, ni da respuesta a todas las cuestiones que surgen alrededor de la realidad trans.

Yo voy a arriesgarme a lanzar una hipótesis más: la causa de la transexualidad, es la heterosexualidad. La transexualidad es una palabra que nace desde la medicina (acuñada por Harry Benjamin) para designar a unas personas «raras» que «quieren cambiar de sexo».

Los esfuerzos por descubrir cual es la causa de la transexualidad significan asumir que la no-transexualidad es el estado «natural» de las personas, y que lo «normal» es que cada ser humano presente una correlación entre sexo-género, de manera que todos los machos sean masculinos (hombres), y todas las hembras sean femeninas (mujeres). Sin embargo, esta correlación, que, en efecto, se da en la gran mayoría de las personas dentro de nuestra sociedad, no es natural, sino aprendida. La diferenciación de roles entre hombres-machos y mujeres-hembras varía de una cultura a otra: no es lo mismo una mujer musulmana, una oriental, y una europea. Tampoco es igual una mujer española que una de otro país de Europa. Por ejemplo, recuerdo que me sorprendió que las mujeres alemanas que conocí en alemania, solían tomar la iniciativa a la hora de ligar tanto como los hombres, e invitaban a los chicos a copas, les pagaban la entrada de las discotecas, y directamente les hacían proposiciones de sexuales, sin importarles demasiado que ellos estuviesen o no interesados en ellas de la misma forma. Vamos, ellas allí hacían exactamente lo mismo que los chicos aquí. A mis amigos españoles, eso les daba mucho miedo (y todavía no entiendo muy bien por qué).

Que la diferenciación entre los roles de hombres y mujeres se aprende, día a día, y desde el primer día, es algo que es obvio al escuchar los discursos de aquellas personas que están en contra de que las parejas o matrimonios homosexuales tengan hijos o los adpoten. Les preocupa que esos niños y niñas no tengan una educación adecuada al no tener cada día en casa el ejemplo de como se desarrolla cada sexo. Podría ocurrir que, al no contemplar el contraste entre lo que hace la mamá y lo que hace el papá, se sientan confusos y no aprendan cual debe ser su rol sexual, lo que a la larga podría convertirles en personas socialmente inadaptadas. Crecer sin un padre y una madre, podría hacer que los niños y las niñas desarrollasen transtornos de identidad de género.

Lo trans (entendido como cualquier tipo de «variaciones de género» que puedan aparecer o considerarse como tales) se ve como un transtorno, como algo extraño y «no-natural», sólo cuando se contrasta con la heterosexualidad establecida como patrón normal. Si ese patrón de normalidad, artificialmente establecido, no existiese, tampoco existiría la transexualidad como trastorno psiquiátrico. Sería, simplemente, un rol de género más, al nivel de los otros roles de género existentes. La diferencia entre una persona trans y una que no lo fuese, sería más o menos la misma que entre una persona que le gusta el jamón serrano, y una persona a la que no le gusta.

Probablemente, si las cosas fuesen así, las averiguaciones sobre los orígenes de la transexualidad, carecerían de interés alguno. El interés por conocer cuales son las causas de la transexualidad y de la homosexualidad es el interés por saber por qué hay personas que no son normales. Personas que no hacen lo que a todos los demás les sale de manera natural.

Por otra parte, sí que es verdad que la situación de las personas trans es extraordinaria. Mientras el resto de personas se han plegado ante la fuerte presión cultural que les exige desarrollar unos patrones de comportamiento determinados, hasta llegar a creerse incluso que son parte de su propia naturaleza, las personas trans insistimos en desobedecer y hacer las cosas de otra forma. Algunas desarrollan roles de género «diametralmente opuestos». Algunas hacen como el vino de Asunción, y no se comportan como hombres, ni como mujeres, sino todo lo contrario. Otras hacen según les va apeteciendo en cada momento.

Eso sí merecería ser estudiado, pero supondría cuestionar el principio del «sentido común», es decir, poner en tela de juicio el principio generalmente aceptado de que si todo el mundo opina lo mismo, es que eso debe ser verdad. Un principio muy útil para que las mayorías se impongan sobre las minorías, y para erradicar las ideas incómodas sin necesidad de razonar contra ellas.

En definitiva, es mucho mejor buscar las causas para un imaginario transtorno de identidad de género, que asumir que dicho transtorno de identidad de género no existe, porque, para empezar, la identidad de género «natural», no transtornada, tampoco existe. Es dejar de preguntar «¿por qué son distintos?» para empezar a preguntar «¿cómo hemos llegado a creernos que somos distintos?»

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Post navidad 2010.

Todas las navidades voy a Barcelona a pasar unos días con la familia de allí. La navidad del año 2008 la pasé con bastante miedo. Les conté que soy trans, y no sabía muy bien qué reacción iban a tener. En realidad, confiaba que sería buena, aunque me sorprendió que fue mucho mejor de lo esperado. También recuerdo que me costó mucho tomar la decisión de explicárselo a mi yaya, que tenía por aquel entonces casi 88 añitos, y esa la que más me preocupaba. Sobretodo, me preocupaba que le fuese a dar un infarto o algo así, del susto, del disgusto, o de lo que fuese.

Ahora, a toro pasado, me parece que fui un poco tonto por preocuparme tanto. ¡Todo fue muy sencillo! Y el apoyo que tuve en ese momento, me animó muchísimo. Tal vez eso fuese lo que me animó a hacer, casi sin querer, vida de hombre a tiempo completo.

También recuerdo que el día 2 de enero de 2009. Fui a la óptica a hacerme las lentillas y la chica me dijo algo así como «siéntate aquí, guapa». Luego me preguntó como me llamaba y yo, con el corazón a punto de salírseme del pecho de pura vergüenza anticipando una mala reacción por parte de ella, le dije que Pablo. Pero no pasó nada, y a continuación ella me  trató en masculino todo el rato. Desde entonces, siempre que voy por allí, me saluda efusivamente diciendo: «¡Hola Pablo!», porque tiene una memoria prodijiosa.

He revisado las entradas del blog, y no escribí sobre esto en aquel momento, ni sobre nada relacionado con las navidades de 2008. Probablemente no sabía que habría un antes y un después de aquella ocasión, y que ya siempre me presentaría como Pablo, sin importarme si tenía o no tenía pinta de Pablo. Sólo hice un par de excepciones en entrevistas de trabajo, y luego me arrepentí de ello, porque no salieron nada bien.

Sobre la navidad de 2009 sí que escribí. No estaba muy contento. Para mí, viajar a Barcelona y ver a la familia y a los amigos de allí, supuso un retroceso bastante doloroso. De repente me vi rodeado de personas que insistían en tratarme como a una persona que no soy, a pesar de que sabían que me molesta. Tenían muchas excusas para ello, pero ninguna me pareció aceptable. También hubieron excepciones, pero fueron suficientes para compensar el mal trato. Para mí, que estaba acostumbrado a ser bien tratado, las excepciones ya no eran suficientes. En realidad, nadie debería verse en la situación de tener que conformarse con excepciones, significa que lo normal es vivir en una constante situación de angustia.

Este año, en cambio, todo ha sido muy fácil. Increiblemente fácil. Toda mi familia de allí se refiere a mí como Pablo y me tratan abiertamente en masculino (también es cierto que una de las personas que más resistencia tenía murió durante este año, pobrecita). Incluso mi madre va decantándose por el masculino, o al menos por el neutro. Y hasta mi padre, en público, se corta un poco y evita usar el femenino. Mis amigos me trataban en masculino con toda naturalidad (pero es que de los amigos sí que no puedo quejarme para nada), y a la única que sí que tenía resistencia, no la he visto. Creo que ella se alegra de que no nos hayamos visto, y a mí me da igual, porque bastantes problemas tengo como para encima ir a buscar a gente que tiene problemas conmigo. Hasta los amigos de mis padres, a los que, por cierto, hacía años que no veía, me trataban en masculino y me llamaban Pablo, en presencia de mis padres.

También es verdad que cuando no estoy delante, dejan de referirse a mí como Pablo, y vuelvo a ser Elena. Lo sé porque tengo el oido demasiado fino, y a veces oigo cosas que se supone que no debería poder oir.

Por un momento (sólo por un momento) pensé que sería muy fácil simplemente dejar que las cosas siguiesen su curso. Esperar tranquilamente a que a mi endocrina le parezca conveniente ponerme en lista de espera para la masectomía, y a que pasen los dos años para hacer el cambio de nombre y sexo legal. Simplemente tendría que dejar que las cosas fluyesen, reintegrarme en la «normalidad», y disfrutar de ser un tío como otro cualquiera. Sin complicaciones, sin preocupaciones, sin tener que pensar en los problemas de otras personas, e incluso permitiéndome olvidarme de todos los problemas que tuve yo.

Pude entender porque mucha gente «desaparece» cuando consideran que han «terminado su transición». Luego, me acordé de que eso de ser normal es bastante aburrido, y, sobretodo, carente de interés. Cómodo, eso sí, y también fácil. Incluso relajante. Pero con muchísimas pegas, reglas, miedos y prohibiciones.

Pero ¿a qué se debe esto? Puede ser, o bien que en dos años da tiempo a que se consiga lo que en uno no se puede, o al efecto físico de las hormonas. Yo diría que ha sido una combinación de ambas cosas, pero que las hormonas tienen mucho, mucho peso. La gente se siente estúpida tratando en femenino a alguien que tiene aspecto de hombre, incluso aunque en su interior piensen que realmente es una mujer «disfrazada», el cambio físico hace que en realidad sepan que tampoco es realmente una mujer.

Por otra parte, eso sólo funcionó con la familia de Barcelona. Mi familia de Granada no tiene ningún problema en tratarme en femenino, y en referirse a mí por el nombre que no quiero, incluso delante de otras personas que no tienen nada que ver. No sé si un día llegarán con un cartel que ponga «soy transexual» y me lo colgarán del cuello. Para esto, la única explicación que se me ocurre es que Andalucía no es Barcelona, y aquí todavía tenemos mucho que hacer.

En fin, el saldo de las navidades ha sido muy bueno este año, aunque me queda un pequeño regusto amargo. De algún modo, me había autoimpuesto la tarea de conseguir ser reconocido 100% como hombre, independientemente de si emprendía alguna modificación corporal. Creo que lo conseguí al 80%, pero ahora que he empezado a hormonarme, ya no podré continuar moviéndome en esa dirección para llegar hasta el 100%. Por otra parte, supongo que un 80% es muy buen resultado, y… en realidad, estoy mucho más feliz así. Supongo que mi vocación de mártir no es demasiado fuerte

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