Archivo mensual: enero 2013

El insulto transfóbico.

El día 3 de enero, una persona que me importaba me llamó «loca». Estábamos hablando por whatsapp, sobre una discusión que habíamos tenido días antes. Yo la mandé a hacer puñetas, y no me arrepiento de ello. Era lo que correspondía, sobre todo porque ya se estaba poniendo bastante pesadita en recordarme que no quería volver a saber nada de mí porque soy un egoista y mala persona. Que sí, está en su perfecto derecho de pensar eso de mí, pero a esas alturas, si ella tenía pocas ganas de saber de mí, yo todavía tenía menos ganas de saber de ella, y también tengo derecho a comunicárselo. Digo yo. Mandar a hacer puñetas a alguien no es una expresión ofensiva. Como se puede ver en este enlace, es una expresión que significa que esa persona se vaya a realizar una tarea que lleva tanto tiempo, y requiere tanta concentración, que va a estar mucho tiempo (pero mucho) hasta que termine de realizarla. Hoy en día se podría decir «vete a diseñar un programa de ordenador».

Ella me respondió diciéndome que no tuviese pataletas de niña chica, y a continuación, en la siguiente linea, escribió simplemente «loca». Eso sí es un insulto, probablemente lo peor que podía haberme dicho. Sin embargo, no me dolió. No me dolió en absoulto, y no se por qué. Puede que sea porque no me parece que ser una mujer sea algo malo, o puede que sea porque lo de ser mujer ya es para mí algo ajeno. O la combinación de ambas cosas. Si en vez de decir que soy una mujer loca, me hubiese dicho que soy un inglés loco, me habría causado el mismo efecto, es decir, ninguno.

Lo que sí me causó efecto fue la intención. Está claro que ella tiraba a matar. Durante aproximadamente dos semanas, ella se fue convirtiendo en una persona muy importante para mí. Me gustaba verla contenta, y me esforzaba por conseguirlo, por atender sus necesidades… Fue decepcionante ver que ella, en cambio, no parecía especialmente interesada en lo que necesitaba yo (fue por eso que empezamos a discutir en primer lugar). Pero de ahí a lanzar la bomba atómica…

Que su ataque no tuviese el efecto demoledor que ella esperaba, no significa que no lo lanzara. Y es, en efecto, una bomba atómica, ya que no se trata de un insulto que pretende afectarme únicamente a mí, que niega únicamente mi propia identidad, sino que irradia y niega la identidad de todas las personas trans. Este insulto, incluye también a la persona que nos presentó, su antigua profesora del instituto, a la que, según decía, le tenía mucho cariño. Menos mal, que si no…

Ella, que me había importado tanto, dejó de importarme en ese momento. Ni siquiera me molesté en responderle. Simplemente le informé de que la conversación había terminado… O eso es lo que a mí me habría gustado. Ojalá los sentimientos de las personas se pudiesen graduar, con un botón de encendido y apagado. On-Off. Ahora me importas, ahora no me importas. De hecho sigue importándome tanto que he guardado esa conversación en el móvil, de manera que cada vez que se me pasa por la cabeza volver a ponerme en contacto con ella, la tengo que leer. La última línea que me escribió fue una en la que, ante mi falta de respuesta por las provocaciones que continuó lanzando a lo largo del día, me pide que deje de manipular. Así, en estos días de viento, cuando me acuerdo de ella y pienso que debe estar triste, porque el viento le da miedo, puedo volver a mirar la conversación y así me acuerdo de por qué está sola, en lugar  de estar conmigo (si es que no se ha ido ya de aquí y está viviendo en otra parte, claro). En cualquier caso, ahora ya me cuesta mucho menos trabajo no pensar en ella, y tampoco tengo mucho tiempo para pensar.

Lo que me viene muchas veces a la cabeza es tratar de imaginar por qué alguien es capaz de proferir ese tipo de insultos. Quisiera saber qué tiene en la cabeza alguien que desde un lugar socialmente privilegiado (el lugar de «no transexual») le recuerda a otra persona que está en un lugar inferior.

Quizá quienes hacen ese tipo de cosas, en realidad no se creen en un lugar superior, sino más bien al contrario: se sienten inseguros, creen que en realidad no valen tanto como desearían valer, y sienten que, de algún modo «nos están engañando a todos para que creamos que merecen la pena». Por eso insultan así, porque este insulto no es para la persona que lo recibe, sino para si mismos. Es como quien se autolesiona para hacer sentir culpable a otro. Es un «mira lo que me has obligado a hacer». Es una pena.

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Iba a terminar esta entrada con el párrafo anterior, pero al pensarlo un poco mejor, me doy cuenta de que la explicación no me satisface. Al final la conclusión sería «me ha insultado, pero la que es digna de compasión, es ella». Eso no es así. No sé por qué, pero cuando intento pensar sobre este asunto, no tengo la cabeza clara, y se me ocurren miles de idioteces, a cada cual peor. Puede que deba asumir, simplemente, que jamás conseguiré entender por qué hay gente que hace ese tipo de cosas. O que hay gente que simplemente, actúa por maldad, por el gusto de hacer daño a otros, aunque por el camino se causen daño a si mismos. Sin embargo, esa explicación, tampoco me parece razonable ¿Entonces…?

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El regalo de reyes

Ayer fue el día de reyes. Mis padres vinieron en la víspera, para ir a ver la cabalgata. Ahora mismo no tenemos niños en la familia (desde hace muchos años, y creo que todavía faltan muchos años también para que lleguemos a tenerlos, si los tenemos alguna vez), pero nos gusta ver la cabalgata igual. Ponemos los zapatos en el balcón, y no abrimos los regalos hasta el día siguiente. El día 6 comemos juntos, como en navidad o año nuevo. Luego, mi madre hace desaparecer con extraordinaria eficacia todos los adornos navideños de la casa, porque le da pena verlos cuando se acaba la navidad. Mañana yo haré lo mismo en la tienda, donde me esperan dos meses duros de no vender nada y pasar algo de frío.

A las seis y media de la tarde, mis padres se volvieron a la casa donde viven ahora. Se despidieron de mí, y me quedé trabajando frente al ordenador (para no variar, claro). Entonces, escuché que mi padre se despedía del perro, más o menos así:

– Nosotros nos vamos, pero tú te tienes que quedar. Pero te quedas con Pablito, que también te atenderá muy bien.

Entonces, fue cuando me di cuenta de que, de verdad, era el día de Reyes. Una sola palabra, era quizá el mejor regalo que podía pedir, y por fin, después de tantos años esperando, me lo han traido. No es sólo que mi padre haya empezado a llamarme Pablo (no siempre lo consigue, pero se nota que se esfuerza mucho en ello, y, sobre todo, ya no me llama Elena, ni me trata en femenino tan tranquilamente, como si nada…), sino que lo hace cuando no estoy yo delante, ni tiene ninguna importancia.

Y es que a la hora de aceptar el género de las personas trans, hay tres fases: la de no aceptación, la de «aceptamos pulpo» (como animal de compañía), y la de aceptación de verdad. «Aceptamos pulpo» es cuando la gente te trata de una forma cuando estás delante, y de otra forma distinta cuando no estás. Cuando estás delante, eres él, y cuando no, eres ella otra vez. A mí con eso ya me llega (no pido mucho), pero me hace muy feliz cuando me doy cuenta de que la gente a mi alrededor va pasando a la fase de aceptación de verdad, quizá porque no soy un pulpo.

Otras navidades, fue del revés. Escuchaba desde mi habitación como mi abuela, al hablar con mis padres, me llamaba Elena y me trababa en femenino, porque no quería disgustarlos a ellos. He maldecido muchas veces tener el oído tan fino que escucho muchas cosas que la mayoría de la gente no puede escuchar (no veo un pimiento, pero escucho la mar de bien).

Mi madre, además, se ha pasado decididamente a tratarme en masculino. Antes tenía dudas, o iba alternando (para mí, ya era mucho, se que le cuesta un gran trabajo). Así que puedo decir que, por fin, mis padres me apoyan. Poder decir eso, es mucho decir.

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Cosas que no me ha dado tiempo a contar en 2012

El año 2012 ha sido duro. En el futuro, creo que este año para mí será el año que me hice empresario, o algo así. He trabajado mucho, por muy poco dinero. Me he preocupado mucho por las personas que han ido llegando a mi vida, pero luego he visto como conseguían ir resolviendo poco a poco sus grandes dificultades, y me he sentido mejor.

Con frecuencia, he sentido que el mundo se estaba cayendo a cachos, pero hacia el final del año la sensación ya se ha convertido en algo tan habitual que empiezo a pensar que el mundo, en realidad, es como la cola del perro: se mueve, pero no se cae. Aún así, ha habido momentos en los que creo que, si no hubiese hecho nada, se habría caído de verdad.

No lo voy a disimular: me siento muy orgulloso de mí mismo. En primavera el PP anunciaba que pensaba dejar de financiar la atención sanitaria para la transexualidad, y nos llevábamos un susto de muerte. Al principio, yo no me lo quería creer, pero cuantos más medios de  comunicación iban anunciando la medida, más me preocupaba, hasta que al final lo único que podía pensar era “joder, que lo van a hacer de verdad”. Las personas que luchamos esa batalla, se pueden contar con los dedos de las manos. Kim, Ángela y yo (aunque luego ATA, de manera paralela, también realizó algunas acciones). Nuestros supuestos aliados gays, estaban demasiado preocupados por cualquier sandez que dijo un obispo, y que ya nadie se acuerda qué era. Sólo 3 nos ayudaron, con nombre y apellidos: Shangay Lili, que habló del tema en su conocidísimo blog, Pablo Andrade, que lo difundió en las redes activistas (encontrando un silencio sepulcral como respuesta) y Jorge Puchol, que escribió una carta y enviarla a todos los diputados del Congreso. Sin embargo, creo que la carta que yo escribí en inglés, y Ángela envió a todas las instituciones europeas habidas y por haber, fue fundamental. Con estas pocas fuerzas, creo que somos de lxs pocxs que hemos evitado que el PP hiciera uno de sus adorados recortes. Porque todavía sigo pensando que lo iban a hacer.

Desde entonces, no estamos tranquilos, y seguimos con atención (y con horror, porque los recortes generales también nos afectan a nosotrxs, en la misma medida que a lxs demás, o tal vez más, al partir de una situación más débil) las noticias sobre sanidad, esperando que el día menos pensado podamos llevarnos otro susto. Pero ¡que coño! ¡Estoy muy orgulloso de mí mismo, y de mis amigxs!

A finales de noviembre, fui a la UTIG, a mi revisión periódica. Me dijeron que estaba el número 4 en la lista de espera para la mastectomía. Puesto que hacen, más o menos, una mastectomía al mes, me llamarán para enero, febrero o marzo, y según me comentó la endocrina “para el verano estás operado seguro”. No tuve tiempo de escribirlo, porque inmediatamente eché cuentas y vi que… ¡Seguramente me llamen para justo antes de, o durante, los exámenes de febrero! Así que ahora he redoblado mis esfuerzos estudiando.

Me dijeron más cosas, pero espero que, más adelante, tendré un rato para escribirlas… o quizá no. Son curiosas, pero no son importantes.

Fue también muy duro, cuando conseguí cambiar el nombre en el DNI, y tuve que tomar la decisión sobre si decírselo a mis padres o no. Por miedo, decidí que no. Al final se lo dije unos meses más tarde, en noviembre, y eso también fue muy duro. Sin embargo, desde entonces las cosas están mejor en casa (¡Sí, parecía imposible, pero mejoran!) y ahora me siento muy feliz cada vez que me piden el DNI, o el carnet de conducir, y no tengo que preocuparme de si tendré algún problema o qué. Eso no significa que ya me vaya a retirar de la lucha por este tema, pero al menos ya no me afecta tanto.

Esto ha ocurrido antes de haber podido conseguir que la UNED establezca un mecanismo interno de reconocimiento del género previo a la rectificación registral de género, pero en eso poco es lo que yo puedo hacer. Sin embargo, dice Belén de la Rosa que es posible que el asunto quede cerrado para antes de que termine el curso ¡¡Ojalá!! Aunque yo ya no lo pueda disfrutar, otrxs llegarán detrás que sí lo aprovechen (y tal vez otras universidades tomen ejemplo y hagan lo mismo…).

También fue jodido el momento en que casi, casi, se nos cae el proyecto de la ley trans para Andalucía. De repente, parecía como si hubiese una enorme batalla de egos, en la que la única que iba a perder era la propia ley (y las personas trans cuyos derechos reconocerá, en caso de que se apruebe). Por suerte, creo que en realidad todo el mundo quería que la ley saliese adelante, y finalmente me parece que conseguimos encontrar una forma de poner de acuerdo a todxs sin que nadie haya tenido que ceder, porque… ¡En realidad todxs queremos lo mismo!

El día 19 de diciembre estuvimos en el Parlamento andaluz, para asistir al registro de la Ley. De Conjuntos Difusos fuimos Kim, Ángela y yo… Aunque parezca mentira, porque nos conocemos desde hace años, y nos queremos mucho ¡era la primera vez que nos veíamos en persona! En el próximo periodo de sesiones (de febrero a junio) se iniciará el trámite de la propuesta. Tenemos esperanzas de que la cosa irá bien. Incluso en ocasiones me permito soñar con que se aprobará por unanimidad y sin cambios ¿Os imagináis? Sería increíble. Fuentes no oficiales nos han dado a entender que el PSOE la apoyará, y dicen que el PP también. IU es quien la presenta (gracias, gracias, gracias), y ya no hay más partidos, así que… Quizá en 2013 tengamos un buen motivo para descorchar una botella de champán.

En estos momentos, me preocupa no ser capaz de aprobar todas mis asignaturas. Ya sé que siempre digo que voy mal, y que luego siempre apruebo (a veces con nota). Ya sé que incluso algunas veces digo que “esta vez sí que voy mal”, y entonces es cuando mejor nota saco. Pero es que voy mal de verdad… y estoy muy agobiado de tiempo. Me veo todo el verano con varias asignaturas a cuestas… Pensar en tener que pagar la matrícula de las asignaturas repetidas, me pone los pelos de punta.

Una vez más, conocí a alguien que me parece especial. Una vez más, las cosas son mucho más complicadas de lo que podrían serlo. Vuelvo a vivir situaciones que ya conocí con otras personas, que no entendí en su momento, y sigo sin entender ahora… solo que ahora, empiezo a pensar que el fallo es exclusivamente mío. Quizá me he convertido en una persona demasiado difícil como para poder tener pareja.

En fin, el 2012 ha sido un año bueno, pero complicado. Creo que también ha sido un año de sembrar muchas cosas… Quizá el 2013 traiga los frutos, y para el año próximo por estas fechas, esté mucho menos estresado, con varios temas cerrados. Sobre todo, a ver si en 2013 la crisis empieza a darnos un respiro. El dinero no da la felicidad, pero… ¿Y lo tranquilo que te deja mirar una cuenta bancaria sana? (Eso sin contar con que mi viejo Citroën AX de 18 años y 200.000km está a punto de morir…)

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