Archivo mensual: junio 2011

El Orgullo.

Hace unos días tuve una pequeña conversación sobre el Día del Orgullo [Gay] con unas amigas, que creo que se merece una entrada de blog.

Lo cierto es que el Día del Orgullo [Gay] (añado gay entre corchetes porque en realidad se llama «fiesta del Orgullo», a secas, pero casi todo el mundo añade lo de gay, y al final es lo que queda) se ha convertido en una super juerga por todo lo alto, al menos en los dos Orgullos de los que yo tengo más referencias, que son el de Madrid y el de Sevilla. De hecho el Orgullo de Madrid se considera «el mejor Orgullo del mundo». Es decir, la fiesta más guay.

Por eso, yo me pregunto si hacer que gay se convierta en sinónimo de fiesta, extravagancia y banalidad ¿En qué nos ayuda a la hora de conseguir derechos civiles y laborales? ¿Y si, de camino, convertimos transexual en sinónimo de gay con un vestido de noche? ¿Ayuda eso a alguien?

Conste que a mí me parece muy bien que cada cual se pegue las juergas que quiera y celebre las cosas que quiera y como quiera (yo celebro la navidad y soy agnóstico), pero que no me lo vendan como «la lucha por nuestros derechos» o «una acción por la visibilidad» cuando lo que estás mostrando es a muchos hombres gays (¿alguien vió a alguna lesbiana? ¿algun* bisexual? ¿algun* transexual? ¿no es obvio por qué casi todo el mundo lo llama la fiesta del orgullo gay?), jóvenes, presuntamente solteros, con poca ropa y pasándoselo pipa en una fiesta que, como ya he dicho, ha alcanzado fama internacional. Y que no falte una drag queen haciendo algún espectáculo, o como presentadora.

Entonces ¿orgullo de qué? ¿De ser los que hacen las mejores fiestas y tener talento para espectáculos? Pues vale, está muy bien, pero no creo que ninguno de los problemas de las comunidades LGTB consista en que alguien nos considera demasiado aburridos y serios como para ir de fiesta. Más bien el problema es que se nos considera demasiado fiesteros y despreocupados como para hacer cosas serias, tales como educar criaturas o desempeñar un trabajo seriamente. Hacer fiestas y llamar la atención desmarcándose de la norma social está muy bien, pero limitarse a organizar la gran juerga en el único día que alguien nos presta algo de atención (y sin que deje de ser algo anecdótido, de todos modos) me parece desacertado.

Una de mis amigas comentaba que en realidad, en las manifestaciones del Orgullo participan otras muchas personas que además de los hombres gays pintados de colores, los hombres gays daddys leather, los hombres gays haciendo el gamba… que son los que SALEN en las noticias, también hay miles de gays, lesbianas, bisexuales, y resto de identidades o grupos, que no van ni pintados, ni de cuero, ni haciendo el gamba. Familias, familiares, activistas, gente comprometida. Me ponía como ejemplo la manifestación de Bilbao, donde, según cuenta en los tres años que ha salido la mayor parte de la gente eran chicas.

Bien, ahí tengo que reconocer una cosa: hasta el día de hoy, no he tenido la ocasión de ir en persona a ningún Orgullo, y siempre me he enterado por terceros de lo que ocurre. El problema es que entendería que los medios de comunicación sólo enfoquen a lo que más llama la atención (pues «comunicar» no es sinónimo de «informar», ni de «objetividad», ni siquiera de «decir la verdad», y cuando se trata de prensa y televisión, por desgracia, nos tienen habituad*s a que comunicar signifique manipular). Pero es que, además de los medios de comunicación, también las cámaras de mis contactos de Facebook apuntan en la misma dirección. Es más, es que las promociones que se realizan desde las organizaciones apunten en esa misma dirección… y para muestra, un botón. Si alguien no soporta el video entero, no hay obligación de verlo.

Otra amiga tocaba otras dos cuestiones importantes. Por una parte, comentaba que no entendía muy bien por qué hay que estar especialmente orgulloso de ser gay/hetero/trans/bi/x en la vida… metiendo hetero en el saco intencionadamente. Por otra parte, también señalaba que a ella le parecería más lógico que el Día del Orgullo intentase normalizar la convivencia, en lugar de intentar llamar la atención de algún modo por unas determinadas opciones sexuales, o hacer que los demás vean como «diferentes» a los que las toman. Con esto de normalizar no se refería mi amiga  a adaptarse a una norma si no a lograr que cualquiera de las opciones sea considerada como algo «normal» (a falta de una palabra mejor que ni ella ni yo conocemos). Es decir, en realdiad se trataría de modificar la norma para que se adapte a la realidad, de intentar hacer que se vea «normal» lo que ahora muchos no ven de ese modo.

En respuesta, le comentaba que, respecto al concepto del Orgullo en si, no puedo ponerle ninguna pega. El orgullo no es por una orientación o identidad sexogenérica concreta, sino por sobrevivir dentro de una sociedad fuertemente represiva. Mucha gente vive una larga vida y muere en el armario. Otr*s salen del armario y a causa de ello viven una vida corta y difícil. L*s que quedamos podemos estar orgullos*s de sobrevivir sin escondernos. Por eso a l*s homófob*s les da rabia que se celebre, porque también es el día de la vergüenza homofóbica. Seguro que se dicen entre ell*s: «¡Mira cuantos quedan todavía, y encima están orgullosos de su asqueroso estilo de vida!».

En una cosa hay que dar la razón a Intereconomía. El día del Orgullo [Gay] es sólo uno al año, y los 364 restantes no lo son. Eso no debería ser así: todos los días deberían ser del orgullo, porque como también comentaba una de mis amigas, en realidad «orgullo» significa «me siento tan dign* como cualquier otr*».

En cuanto a la normalización, es un concepto un poco problemático, porque generalmente empieza entendiéndose como lo quería expresar mi amiga, pero en la práctica suele terminar interpretándose como «entrar en la norma», y la norma, en la actualidad, configura un sistema heteroblancopatriarcal en el que el capital manda y donde las familias son unidades de producción/reproducción, fabricas de futuros trabajadores/esclavos que generan una dinámica gracias a la cual, la mujer se supedita [todavía] al hombre, y el hombre se supedita a su empleador. Que oye, si lleva tanto tiempo funcionando sin que casi nadie lo cuestione, algo bueno debe tener, y para quien lo quiera, me parece genial, pero personalmente no me parece que la norma sea como para tirar cohetes, y «normalizarme» no entra dentro de mis aspiraciones personales.

Mi opinión (mía y sólo mía, totalmente discutible, que no representa a nadie más, pero que, casualmente, coincidía con las de mis amigas, probablemente porque la gente hace amistad con personas de opiniones afines) es que a lo que se debería tender es a la posibilidad de normalizarse (como, por ejemplo, derecho al matrimonio, adopción, acceso igualitario al mercado laboral, etc), pero también a la posibilidad de no normalizarse y generar comportamientos sociales alternativos y tan respetados y protegidos como los considerados «normales». Es decir, que la normalidad no sea al mismo tiempo la única norma légitima y aceptable. Y aunque pegarse la gran fiesta vestid* como te de la gana en Chueca o donde sea es una buena acción de cara a la visibilidad de la diferencia, eso no responde, al mismo tiempo, a la otra necesidad, que sería la de introducir nuevos modelos sociofamiliares, laborales e identitarios, o permitir la ampliación de la norma existente para incluir en ella a quienes deseen ser incluidos.

En mi opinión se podría, y se debería hacer más, y de otra forma.

(Agradecimientos a Linay y a Unanada por sus aportaciones ^_^)

14 comentarios

Archivado bajo Activismo

Presentada queja al Defensor del Pueblo contra la Experiencia de la Vida Real.

CONJUNTOS DIFUSOS ha presentado una queja  en el registro de la oficina del  Defensor del Pueblo en relación  a la fase de tratamiento que  realiza  la Unidad de Identidad de Género, previa a la intervención quirúrgica de los pacientes transexuales, denominada  “Experiencia de la Vida  Real” .

Durante esta fase del tratamiento se imponen, desde recomendaciones sobre  el atuendo “correcto”, hasta directrices sobre como deben ser las relaciones familiares con la pareja o los hijos. El cumplimiento de estas indicaciones es imprescindible para que el equipo médico considere que la persona es idónea para acceder a la cirugía de reconstrucción genital. En la práctica, esta situación se resume en que si a los facultativos no les gusta como visten sus pacientes, les niegan el acceso a las cirugías.

Aunque la queja se ha presentado bajo el paraguas de “Conjuntos Difusos”, se trata del resultado de un grupo de trabajo compuesto, además, por activistas del movimiento feminista, lesbiano y queer, junto con pacientes de la propia Unidad de Madrid, y de Unidades de otros puntos del Estado Español, demostrando que la lucha por la autonomía y la dignidad de aquellas personas cuya identidad no encaja dentro del binario hombre/mujer no es sólo una cuestión trans. La falta de libertad en todo lo concerniente a nuestra identidad y forma de entender el género afecta de manera más visible y violenta a las personas transexuales, pero no únicamente a ellas, pues el código de género se aplica sobre  toda la sociedad.

Una de las formas de incidir en esta situación, cristalizada en la exigencia de la “Experiencia de la Vida Real” a las personas transexuales, pero generalizada a niveles más sutiles para el resto de la población, es lograr aunar fuerzas, y conseguir que los diferentes orígenes, puntos de vista, intereses y experiencias existentes dejen de ser causa de enfrentamiento y fragmentación para convertirse en fuente de riqueza común.

Mediante esta Queja presentada ante la Defensora del Pueblo exigimos que se elimine inmediatamente una práctica de imposición médica  autoritaria y avasalladora, e invitamos a sumarse a nuestra causa por la libertad a cuantas personas y organizaciones crean que la “Experiencia de la Vida Real” no debe ser considerada un requerimiento obligatorio para acceder a los tratamientos en las U”T”IG’s (Unidades de género de la sanidad pública).

Para  más información o  manifestar sus opiniones pueden contactarnos a través del grupo “Manifiesto contra el Test de la Vida Real” de Facebook, o por e-mail  en autonomiatrans@gmail.com

10 comentarios

Archivado bajo Activismo

El paraguas se ha roto.

En los paises angloparlantes se suele utilizar la palabra «transgender» como término paraguas para referirse a aquellas personas que no se sienten conformes con el sexogénero que se les asignó al nacer. Es decir, englobaría a transexuales, transgénero, travestis, crosdresser, drags – queen o king -, genderqueer, y algun*s intersex.

En España se intentó, y se sigue intentando utilizar el término trans, puesto que «transgénero» tiene la connotación de «cambio de género sin hormonación ni cirugías». Sin embargo la palabra trans no consigue convertirse en un denominador común, y eso que transgénero, transexual y travesti tienen ese sufijo común. También he visto que últimamente se ha empezado a escribir trans* (es decir «transloquesea»), pero no hay modo.

Curiosamente, parece que en los EE.UU. ese término paraguas, «transgender» está empezando a no servir. Algunas (y uso el femenino, porque normalmente son mujeres) transexuales se sienten ofendidas si alguien se refiere a ellas como transgénero. En España ocurre lo mismo con algunas transexuales, que se sienten ofendidas si alguien se refiere a ellas como trans (aunque, paradójicamente, en otras ocasiones ellas mismas usan la palabra «trans» como lema, y corean muy contentas el lema «aquí está la resistencia trans»).

De algún modo los términos paraguas se han ido llenando, de cara a las transexuales «clásicas» (o, más bien, conservadoras), de un matiz de «falsedad». Es decir, están las «verdaderas transexuales», y luego están l*s trans, que son gente que están jugando a no se sabe muy bien qué. Mientras que las transexuales son presa de un profundo sentimiento auténtico, de una feminidad absolutamente genuina, incontestable, sin matices, y, sobretodo y muy importante, natural… l*s trans sólo pretenden provocar y hacer política de cara a la galería. Ni sufren, ni padecen, porque no son auténticas mujeres u hombres, sino un grupito de alborotador*s que un día se cansarán, se quitarán la máscara, se buscarán un trabajo de verdad, formarán una familia, crecerán y se olvidarán de todo.

De este modo, las transexuales conservadoras terminan repitiéndo los más rancios discursos médicos y religiosos esgrimidos por los colectivos homotrasfóbicos. Esto es que cualquier otra manifestación o identidad de género que no sea la auténticamente transexual, no es natural y no merece, por tanto, ser atendida, escuchada, o reconocida. Ellas establecen también los parámetros de qué es natural y qué es una postura política. Casualmente esos parámetros coinciden con sus propias experiencias y necesidades. Generalmente:

1. Que se hayan sometido a una cirugía de reasignación de género, o

2. que deseen someterse a una cirugía de reasignación de género y todavía no haya sido posible hacerlo, o

3. que se estén sometiendo a algún tipo de terapia hormonal, o

4. que dessen someterse en el futuro a algún tipo de terapia hormonal, y

5. que sean indudablemente mujeres u hombres como otros cualquiera.

El quinto requisito es indispensable, pero por si sólo no sirve, sino que debe estar combinado con uno de los otros cuatro. Por cierto, que el orden en que los he escrito no es casual. Quien tiene el requisito 1 está por encima de quien tiene el requisito 2, y así sucesivamente, pero todas las personas que cumplen uno de estos requisitos son auténticas transexuales «naturales». La naturaleza las ha hecho así, de modo que son buenas (y ellos, cuando los hay, son buenos). Los que no cumplimos estos requisitos, no somos «naturales». Actuamos por capricho, y no por un imperativo natural que nos causa sufrimiento, tratamos de usurpar todo el trabajo que han hecho ellas antes de que nosotros apareciésemos, y somos malos.

La diferenciación natural – innatural aparece con la misma fuerza con que aparece en el discurso homófobo. Las palabras que usan son tan parecidas que dan miedo.

Entiendo que es la inseguridad la que les hace hablar de esta forma. Después de mucho tiempo luchando por ser reconocidas como auténticas mujeres, cuando por fin se empieza a conseguir, aparece un grupo de personas diciendo que son trans, y que no se consideran ni hombres, ni mujeres. Eso a ellas les da muchísimo miedo, porque temen que, de golpe, se desmonte todo lo que han logrado, y vuelvan a la etapa inicial. Creo que, en algunas ocasiones, esta necesidad nace de ellas mismas. Llevan tanto tiempo intentando legitimarse como auténticas mujeres ante sus propios ojos… que no pueden permitir que alguien vuelva a hacerla dudar ni un sólo instante.

A mi modo de ver, las diferencias que tenemos son muchas menos, y menos importantes, que las similitudes. Lo siento por ellas, pero en realidad ni siquiera sus propios aliados creen que sean mujeres de verdad. El otro día escuché a una persona no trans, pero muy implicada en el movimiento trans, con completa buena fe y convicción, decir «parece mentira que Fulano diga tal cosa, cuando a su lado tiene a una persona que no es del sexo que parece» (refiriéndose a una transexual clásica, de la que es amigo).

Tenemos los mismos problemas de reconocimiento de la identidad de género, y más problemas a nivel médico y legal que ellas. La solución de los problemas trans, facilitaría enormemente la vida de las transexuales. Creo que lo lógico sería que tod*s hiciésemos por entendernos y por buscar un término paraguas que nos englobe, con nuestras diferencias.

Sin embargo, esto cada vez parece más difícil, y yo cada vez estoy más convencido de que tal vez deberíamos hacer lo que nos piden. Dejarlas en su lucha, no buscar más su apoyo e incluso tratar de desmarcarnos por completo, para que a nadie le quepa duda de que somos completamente diferentes a ellas, porque puede que lleven razón, y seamos completamente diferentes a ellas. Claro que sospecho que acabaría llegando un día en que ya nadie quisiese ser reconocid* como transexual y constreñido dentro de esa terrible camisa de fuerza que se empeñan en autoimponerse. Tengo ganas de que llegue el futuro para ver cómo será.

5 comentarios

Archivado bajo Activismo, Identidad

Hoy he quedado.

2 comentarios

Archivado bajo Activismo

Seguir buscándose la vida.

¡Por fin he terminado los exámenes de junio! Ahora ya puedo empezar a preparar los exámenes de septiembre. Más allá de leyes, días de, protestas, manifiestos y cuestiones diversas, la rutina sigue y hay que buscarse la vida en estos tiempos en que las cosas son cada vez más difíciles.

Estoy bastante contento con cómo me van saliendo las cosas con el Grado de Derecho en la UNED. Creo que ya he comentado lo diferente que es estudiar con 30 años de estudiar con 20. La diferencia entre no tener experiencia y tenerla, estudiar porque es tu obligación y estudiar porque quieres, estudiar algo que pensabas que te podía gustar y algo que realmente tenías muchas ganas de aprender. Lo que más me molesta es que cuanto más aprendo, más me doy cuenta de lo poco que sé.

Los exámenes de febrero me salieron muy bien. Saqué un notable en los dos que hice, y me dejé uno a caso hecho para septiembre, en parte porque cogí un gripazo de los de 40º de fiebre (seguramente la gripe A, que aun no la había pasado), y en parte porque pensé que era mejor esperar a septiembre, estudiar un poco más, y sacar más nota. Ahora me alegro, porque durante el segundo cuatrimestre he aprendido algunas cosas que me van a ir bien para reforzar esa asignatura. Los exámenes de junio creo que me han ido también bien, aunque sobre uno de los dos tengo serias dudas… Habrá que esperar las notas.

Entre tanto, he estado buscando trabajo. Como siempre. En España no hay. ¿Cómo voy a conseguir trabajo si el paro, en vez de disminuir, aumenta? Mientras cinco millones de españoles estamos en paro, los bancos, las grandes empresas y sus altos directivos obtienen beneficios multimillonarios proveninentes de la especulación financiera (un casino en el que si sale rojo ganan ellos, y si salen negro, perdemos nosotros, porque sus pérdidas las paga el Estado, o sea, tú y yo), y de la explotación laboral de sus trabajadores. La solución, según Rajoy (nuestro, al parecer, futuro presidente del Gobierno) pasa porque trabajemos más y cobremos menos. En mi caso, lo de trabajar más es fácil, porque no trabajo nada, pero lo de cobrar menos, lo veo jodido. Como no ponga dinero de mi bolsillo… cosa que mi madre, por ejemplo, todavía tendrá la oportunidad de hacer, puesto que tiene un negocio, y paga unos impuestos que no siempre están relacionados con sus niveles de beneficios. ¿Y porqué hace falta que hagamos eso? Porque todo el dinero que antes estaba en nuestros bolsillos ahora está en los bolsillos de los grandes directivos empresariales (Emilio Botín – Banco Santander Central Hispano, Timofónica aka Vomistar). Se lo ha dado Zapatero, nuestro actual presidente del Gobierno. Así nos van las cosas.

Entre tanto, los «artistas» y la ministra Sinde insisten en llamarnos piratas y ladrones, y en exigir que paguemos por las series, películas, música y libros que consumimos. A mí me parece muy bien, hace siglos que no voy al cine y me gustaría volver por allí un día de estos. Señora Sinde ¿aceptan billetes de Monopoly? ¿No? Pues ya me dirá usted como espera que pague, si mi último día de trabajo fue el 6 de agosto de 2010, y desde entonces no he vuelto a ver ni un eurito más.

He empezado a buscar trabajo en el extranjero. Paco «el vienés» me ha hecho el favor de traducirme el currículum al alemán, porque mi alemán está más oxidado que una bisagra de hierro después del Diluvio (aunque hoy he leido un texto bastante complejo y he sido capaz de enterarme más o menos de lo que ponía ^_^), y yo mismo me lo he escrito en inglés. Lo malo es que buscar trabajo en el extranjero desde tu propio país es bastante jodido.

De momento, como fruto de mi búsqueda de trabajo en España, Alemania y Reino Unido llevo varios intentos de timo. Hay que ver como está el patio. A parte de la ya conocida modalidad «secta comercial», donde hace mucho que no pico porque ya los huelo de lejos. Me he encontrado con el que se ofrece a hacer de intermediario por un módico precio, y me asegura que me ha encontrado un trabajo guay, con la academia que pone un anuncio falso, cuando en realidad lo que quieren es que vayas a hacer una «entrevista» para que, una vez allí, te digan «no, el puesto de trabajo no existe, pero si quiere le podemos ofrecer un curso para superar entrevistas de trabajo». También me he encontrado con el más peligroso de todos: el que te ofrece un trabajo como «asistente» intermediario, reenviando dinero u objetos, y que te convierte en cómplice de alguna mafia (generalmente de paises de europa del Este). Aunque realmente no hay ningún timo laboral que no conlleve un gran riesgo.

La enorme proliferación de todas estas actividades es un muestra de lo desatendido que está el mercado laboral. No existe ningún control sobre las actividades que en él se realizan, y que van desde empresarios saltándose a la torera los contratos, los convenios laborales, e incluso las leyes, hasta lo que he escrito en el párrafo de arriba.

Al menos hay una buena noticia y es que, después de dos años de sequía opositora, el Ayuntamiento de Madrid ha convocado muchísimas plazas de Auxiliar Administrativo (siempre que hay elecciones, hay oposiciones). Suerte que me avisó una amiga, pues de lo contrario no me habría enterado… Y mientras repaso temas, o preparo los temas que no coinciden con los de mi oposición (que era del Estado) me he dado cuenta de que estoy muy por encima del nivel que tenía cuando las preparaba la última vez. Ahora se más cosas y entiendo mejor el contenido de los apuntes, que sólo es una versión simplificada de lo que he estado estudiando a lo largo de todo este año en la UNED.

La otra buena noticia es que las cosas están tan jodidas que ya es difícil que empeoren. Siempre se puede ir a peor, claro, pero empieza a ser difícil.

2 comentarios

Archivado bajo Reflexiones

IDAHO (International Day Against Homophobia and Transphobia)

El Día 17 de mayo es el IDAHO, día internacional contral la homofobia y la transfobia, que en los paises hispanoparlantes se está convirtiendo en el día contra la LGTB-fobia, lesgabitransfobia, y otras denominaciones similiares que creo que no terminan de satisfacer a nadie, por motivos obvios.

No me gusta los «días de», porque suelen ser la excusa para recordar algo puntualmente, y luego olvidarse de ello el resto del año. De hecho han pasado tres semanas desde ese día, y ya tengo la sensación de que escribir sobre fobias hacia las distintas formas de manifestación de identidades y orientaciones sexuales que no sean heterosexuales resulta inoportuno. Más razón para escribir sobre ello.

El mes pasado me apunté a clase de 12 pares, es un arte marcial filipino, del que nunca había oido hablar, que se puede practicar con espada, puñal, manos o armas improvisadas. Un amigo mío, cuando se enteró me comentó que cómo se me ocurre apuntarme a cosas de esas. Me conoce lo suficientemente bien como para saber que la coordinación no es mi especialidad, y que tampoco soy una persona especialmente agresiva.

Sin embargo, yo llevaba algún tiempo con ganas de practicar artes marciales, y si no lo había hecho antes, fue por falta de oportunidad. En realidad, no quiero pegar a nadie, y nunca me he peleado con nadie (me refiero a agresiones físicas), al menos durante mi vida adulta. El problema es que de vez en cuando, una vez cada dos o tres meses, salta a los periódicos la noticia de una agresión a un gay, lesbiana, o persona transexual, en España. Una personas trans muere asesinada cada tres días. El mes pasado, una chica trans de los EE.UU. recibió una paliza al entrar al baño de señoras en un McDonalds, ante la mirada impasible de clientes y trabajadores. Sólo dos personas (el encargado y una señora mayor) la defendieron.

Este año también hemos podido ver el video de una mujer transexual asesinada en Brasil

Ya hablé de Evelyn Ormeño, en Quito.

De vuelta a España, hace unos meses una pareja de lesbianas fue expulsada de la discoteca granadina «Buda», y, ya en la calle, los guardias de seguridad les dieron una paliza. Una lesbiana en Ceuta recibió otra paliza hace unos meses. En la pasada feria de Abril una pareja de gays fue expulsada de la caseta por querer bailar juntos, aunque al menos nadie les pegó. A un amigo mío, al salir de su trabajo, unos chicos subidos en una moto le lanzaron una botella de cristal, al grito de «maricón».

Un día alguien va a venir a pegarme a mí, porque es un crimen terrible ser transexual y no ocultarlo. O tal vez el día que me peguen sea por motivos de orientación sexual, vaya usted a saber. A lo mejor nadie intenta pegarme nunca, pero no puedo saberlo, y no puedo evitar preguntarme cuando me tocará el turno a mí. Por eso quiero aprender a defenderme, para que, aunque no llegue a ser un auténtico virtuoso de las artes marciales, golpearme no sea algo tan fácil que lo pueda hacer cualquiera, sin riesgo. Eso es lo que pensaba el miércoles pasado, mientras mi maestro me enseñaba llaves para parar un golpe y, de paso, luxar el brazo, desarmar al rival, y quedarte tú con su arma. También pensaba que si alguna vez viene alguien a atacarme de verdad con un arma, necesitaré tener mucha más destreza de la que tengo ahora para defenderme, y que aún así, no importa lo bueno que pueda llegar a ser yo, porque siempre habrá alguien que sea mejor. O que venga con una pistola. O con cuatro amigos.

Es transfobia que los periodistas descalifiquen la validez de Carla Antonelli como política porque es transexual, como si por ser transexual una persona no pudiese hacer nada relevante (aunque, claro, las personas transexuales somos trastornadas mentales, así que no se puede dejar en nuestras manos ninguna tarea que requiera gran responsabilidad).

Las lesbianas que pretenden acceder a los servicios de reproducción asistida que ofrecen los servicios sanitarios públicos están teniendo problemas. Ya han habido algunas parejas que han sido rechazadas porque eran parejas de dos mujeres. Supongo que si la pareja solicitante tuviese un componente transexual, también sería rechazada… fuese la pareja heterosexual o no, fuese transexual la persona a embarazarse o no. Si quieres apoyar la campaña para la igualdad de derechos reproductivos de las lesbianas, puedes colaborar firmando esta petición.

Es homofobia que el PP haya recurrido al Tribunal Constitucional el matrimonio homosexual, y que prometan que cuando ellos gobiernen (no «si ellos gobiernan») cambiarán la ley (no han explicado si lo harán con efecto retroactivo, y qué ocurrirá con las parejas homosexuales que ya existen). Es homofobia que haya muchas personas a las que esto les parezca bien, y para las que esto sea un motivo más que las incline a votar al PP.

Es homofobia que en cada país en el que se debate si debería permitirse el matrimonio homosexual, se esgrima el argumento de «¿y los niños? ¿qué pasará con lo niños?», reconociendo la incompetencia de una pareja homosexual, ya sea de hombres o de mujeres, para la crianza de sus hijos o hijas. También es homofobia que algunos paises se nieguen a entregar en adopción criaturas a parejas homosexuales. Probablemente creerán que están mejor atendidos y que son más amados en un orfanato que debe hacer juegos malabares con su presupuesto. En cierta ocasión un responsable de adopciones ruso le dijo a una pareja gay que preferiría que los niños muriesen congelados por dormir en una parada de autobús antes que entregarlos a una pareja homosexual.

Es transfobia inolerable que en este país, que nos creemos que estamos en la Europa del S. XXI, y seguimos en el África del S. XIX, hayan madres a las que se amenaza con quitarles la custodia de sus hijas e hijos por vestirlos con ropa del género que no toca, llamarles y tratarles en función del género que sus hij*s piden ser tratad*s, y exigir al personal del centro docente al que asisten que les traten de igual forma, respetando las preferencias de la niña o niño en cuestión. O que el hijo biológico de un hombre transexual, entre en la escuela llamándole «papá» y salga llamándole «mamá» porque la maestra dice que es lo correcto.

Podría estar así hasta mañana, y se me olvidaría algo seguro. Pero el miércoles tengo un examen, así que lo dejaré aquí de momento.

1 comentario

Archivado bajo Activismo, Identidad