Archivo mensual: febrero 2009

Todos necesitamos que nos quieran.

Las necesidades afectivas son básicas en el ser humano. Todos necesitamos que nos quieran. Pero no sólo que nos quieran, si no que nos quieran como somos, con nuestros defectos y nuestras manías. Que nos quieran sin exigencias.

El afecto no sólo se recibe de la pareja, también están la familia, los amigos, y a mi me gustaría tener un perro, pero como de momento no puedo, me conformo con un poto, que todavía sobrevive a mis cuidados.

Sin embargo, que te quieran como eres no es tan sencillo. Eso lo saben bien los obesos, los minusválidos, los que tienen alguna enfermedad, los que, simplemente, son muy feos, y las personas transexuales, entre otros. Querer a alguien que es perfecto, que sólo tiene pequeñas manías, es fácil. Querer a alguien que está catalogado como “defectuoso”, requiere un esfuerzo mayor.

Las personas transexuales casi siempre tienen (¿tenemos?) este miedo. ¿Quién me va a querer siendo yo como soy? En el caso de las mujeres la cosa es muy preocupante. Mientras que la sociedad parece ser muy miope en lo que respecta a la transexualidad masculina, las mujeres transexuales son claramente visibles, y tienen un lugar reservado. Artistas, prostitutas, hombres que parecen muferes, pero que no lo son, y, en definitiva, tíos muy maricones que se visten de mujer y se ponen tetas para hartarse de follar. Evidentemente, un hombre que está con otro hombre, aunque parezca una mujer, también es maricón, o al menos, un vicioso pervertido.

No es sólo eso. Hay que tener muchos huevos para salir a la calle al lado de una mujer transexual que no sea pasable, o que sea conocida como tal. O sea, traducido al lenguaje común, al lado de un tío vestido de tía. Porque a saber qué dirá la gente… Sin duda la mierda salpica y nadie se quiere manchar.

De la familia, ni hablamos…

Así que, cuando alguien que se encuentra sólo, rechazado por su familia y amigos, y marcado con una etiqueta que le dificultará tener pareja, encuentra a una persona que le ve y le acepta como realmente es, se enamora de ella inevitablemente.

Creo que, sobre todas las cosas que pueden ser importantes en una persona, esa llega a ser fundamental. No importa si sus valores y principios son distintos de la pareja, o que la relación sea una discusión constante, si cuando discuten se les ve como quieren que se les vea. A cambio de eso, todo se perdona, porque ¿acaso alguien que es tan tolerante puede ser otra cosa que, simplemente, maravilloso?

Es una situación a la que yo no he llegado, pero que veo que ocurre. El llegar a pensar que alguien en concreto pueda ser la única oportunidad que se tenga. Aferrarse a un clavo ardiendo. Amar desde la desesperación y la necesidad.

O a lo mejor es algo que no ocurre con tanta frecuencia como pienso, y sólo veo fantasmas porque temo que me pueda llegar a ocurrir a mi. Incluso que me pueda llegar a pasar a la inversa; no me gustaría que alguien me quisiera sólo porque cree que nadie más le va a querer.

A veces las cosas son tan complicadas que lo mejor es buscar la felicidad en el fondo de un tazón de fresas con nata, aprovechando que ahora es temporada.

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Suicidio laboral

Dentro de unos días tendré una entrevista de trabajo. Dos, en realidad, si tenemos en cuenta que también voy a hacer un examen en un ayuntamiento, aunque no tengo esperanzas de conseguir esa plaza.

Generalmente eso sería un motivo para estar contento, pero la cuestión es que de repente he sentido una gran ansiedad, sin saber bien el motivo. Me he pasado un buen rato dándole vueltas, preguntándome qué rincón de mi cerebro estaba enviando esa desagradable señal. ¿Que era lo que no cuadraba?

Finalmente lo he descubierto. No quiero trabajar como mujer.

A estas alturas, aunque aun no tomo ningún tipo de hormonas, y el 90% de la gente me identifica automáticamente como mujer, si me presento como hombre, se me acepta como tal, sin asomo de duda. Sin embargo, en el ámbito de la búsqueda de empleo, no siempre me presento como Pablo, si no que, dependiendo de las circunstancias, uso una u otra identidad.

En este caso, como el contacto me había llegado a través de alguien de mi pueblo, y allí muy poca gente conoce mi condición (porque no llevo un cartel colgado de la espalda, y paso de estar todo el día dando explicaciones a toda la gente que me conoce sólo de vista), pensé que era mejor usar mi nombre legal. Después me he enterado de que la persona no era del pueblo, así que podía haber dicho que soy Pablo, y ya está, pero en fin, ya es tarde para lamentaciones.

Ahora tengo que etrevistarme con una persona, y tengo tres opcciones. Travestirme y hacer de chica, no travestirme, pero hacer igualmente de chica, o, simplemente, explicarle la situación a mi jefe potencial. La primera opción está descartada de plano, y la segunda me obligaría a tener que interpretar un papel que no me gusta durante cierto tiempo, y, claro, a travestirme a la larga, porque el trabajo es de cara al público. Así que creo que voy a ir, le voy a contar quién soy de verdad, y ya está.

Lo malo es que creo que va a ser un suicidio laboral. Sospecho que en esas condiciones no va a querer contratarme porque, habiendo tanta gente «normal» en paro… ¿para qué va a quedarse con uno que es «rarito»? De cualquier modo, si me presentase con el aspecto que suelo tener, sin maquillaje, que es obligatorio para las mujeres que trabajan cara al público, tampoco creo que tuviese muchas oportunidades de que me contrate.

Por otra parte, el trabajo tampoco es que sea la panacea. El horario es bueno, el trabajo en sí, tampoco está mal, pero el sueldo es de 600 euros miserables por una jornada completa, y tampoco es muy seguro, ya que si el negocio no sale adelante, la persona que al final se lo quede se verá en la puta calle. Y como de momento puedo mantenerme con lo que actualmente tengo, no necesito sacrificar mi identidad  por unas condiciones tan malas.

Si al menos no hubiese dicho de entrada el nombre equivocado… En fin, esto me servirá para no volverlo a repetir. Alguien dijo: «mas vale honra sin barcos que barcos sin honra». Supongo que ese tipo, que creo que era un almirante español, no se estaba ahogando en mitad del mar…

Bueno, de momento yo tampoco me estoy ahogando. Sólo me pregunto si soy orgulloso, imbécil, o si ambas cosas son la misma.

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Disforia de género como enfermedad (y III)

Me ha gustado tanto el comentario de Ariovisto que lo voy a hacer mío (espero que no me cobre derechos de autor). Igual que una pesona que ha quedad desfigurada por unccidente de coche tiene derecho a decigir atención médica para reconstuir su rostro. Las pesonas con disforia de género nos merecemos una atención médica que nos permita adecuar nuestros cuerpos al género correcto (nunca he pensado el ello como un “cambio de sexo”, sin, más bien, como una “rectificación”).

Hasta hace no muchos años, este derecho se se nos reconoía, y todo aquel que tenía que iniciar proceso se veía obligado a hacerla a través de médicos privados (los que se lo podían permitir, claro), dando más vueltas que una noria para encontrar un psicólogo o psiquiatra, y, sobretodo, un endocrino, que los quisiera o supiera tratar.

El gobierno andaluz fue el primero que ofreció un servicio adecuado para tratar a las personas transexuales. En ese momento nos convertimos en los culpables de que losdentostas no entren en la Seguridad Social. “Pues para que hagan cambios de sexo, yo prefiero que metan a los dentistas”, dicen muchos. Como si costase el mismo dinero hacer una cosa que otra.

Poco a poco se han ido creando muevas unidades en las duerentes comunidades autónimas (la UTIG de Madrid, el Peset de Valencia, algo que hay en el Clinic de Barcelona, que no sé si es oficial…) y los políticos quedaron estupendamente. Muy prgres, tolerantes y modenos. Que da gusto, vamos.

Bien, no sé como serán las cosas en las otras unidades de España (bueno, sé de oídas, pero no lo he visto personalmente), aunque la realidad es que aquí en Andalucía la UTIG funciona con muy poco presupuesto y mucha fuerza de voluntad por parte de sus profesionales. Las listas de espera para psicoloía y endocrinología no está mal, pero se agascar en cirugía por falta de personal (tengo entendido que la UTIG tiene asignado un cirujano pero ningún anestesista), lo que es especialmente grave en el caso de los varones, pues al comenzao la hormonación, los órganos teproductors se atrofian, se enquista, y pueden desarrllar tumores, incluso tumores malignos a lo largo de los 4 ó 5 años que están esperando a que los operen.

Sin embargo, lo más desconcertante es lo prolongado del protocolo, y la inseguridad que se hace sentir al paciente. La mayoría de las mujeres consideran que semejante espera no es tolerable y se autohormonan sin ningún tipo de control médico, con las consecuencias que ello puede tener. Los hombres solemos autohormonarnos con menos frecuencia, quizá porque nuestro tratamiento parece más arriesgado de llevar sin control, o porque sentimos una menor presión social hacia la adquisición de rasgos masculinos para poder pasar desapercibidos. Después de todo, a nosotros nadie nos mira por la calle, pues el que ve a una mujer con ropa de hombre, todo lo más que piensa es que es lesbiana, o ni eso.

De todos modos, aunque no nos autohormonemos, si se puede decir que vivimos con cierto grado de angustia constante. El pensamiento de lo que podría pasar si no nos dan la autorización para hormonarnos, y la incertidumbre de desconocer los criterios que se están utilizando para diagnosticarnos y no saber si serán erróneos o acertados (después de todo la psicología es casi como la religión, se puede creer en ella o no, y la mayoría de los que llegan a este punto han pasado ya por las manos de diversos psicólogos y psiquiatras que les han hecho perder la fe por completo), crean ansiedad, depresión, inseguridad, angustia, falta de autoestima.

No comprendo por qué, a una persona mayor de edad y en pleno uso de razón no se le permite tomar la decisión de normalizar su cuerpo. Mentira, sí que lo comprendo, pero no estoy de acuerdo con ello. Con la excusa de “proteger al paciente y evitar que tome una decisión errónea que tiene consecuencias irreversibles”, los médicos tratan de protegerse los unos a los otros, cosa que, por otra parte no sería necesaria si tuviésemos un sistema judicial que, ante las reclamaciones infundadas de pacientes que pidieron tratamientos que no necesitaban y luego reclaman por los efectos obtenidos, se les enviase a casa después de decirles que la próxima vez se lo piensen mejor.

De todos modos, aunque los médicos no se hallasen desprotegidos ante las reclamaciones infundadas, no estoy seguro de que eso hiciese cesar el paternalismo innecesario hacia los pacientes. Desde los tiempos de Hipócrates se considera al paciente como alguien incapacitado, que sólo debe obedecer al médico. Sólo ahora esa presunción de falta de criterio y de capacidad para decidir se está empezando a tomar en cuenta, y es algo que, desgraciadamente, todavía no se entiende demasiado bien.

Pero el paternalismo puede causar mayores perjucios que lo que trata de evitar. Las unidades para tratar a personas transexuales son fábricas de enfermos. El paciente que llega sano, o con una cierta ansiedad y depresión, al cabo del tiempo se encuentra con una depresión y ansiedad mayores, e introduciendo en su cuerpo substancias potencialmente dañinas, sin ningún control médico.

Las personas transexuales sí son enfermas, al fin y al cabo (y en este grupo de momento no me incluyo, ya que, de momento, yo estoy bien de ánimos y aun no me he vuelto lo suficientemente loco como para recurrir a la autohormonación, quizá porque voy teniendo suerte con los médicos que me tocan), pero sus enfermedades son otras, y, muchas de ellas son provocadas o agravadas por los médicos que deberían velar por su salud.

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Disforia de género como enfermedad (II)

Después de haber dado una vuelta a los argumentos que se pueden esgrimir para decir que la disforia de género es una enfermedad, toca ver los argumentos en contra.

Lo cierto es que, después de los comentarios de Dicybug y Ariovisto en el otro post, poco más queda que decir. Si la causa de la disforia de género fuese un desarrollo anormal del cerebro durante la gestiación, esto podría considerarse enfermedad tanto como el que nace con once dedos, o con una pierna o brazo más corto. O como el que nace con los ojos verdes, o negros… Simplemente has nacido así. ¿Como puede pensar alguien que eso es una enfermedad?

También las enfermedades mentales son otra cosa. Decidir si eres hombre o mujer es más parecido a decidir si te gusta o no el jamón serrano, y, aunque parezca increible, resulta que hay personas a las que no les gusta el jamón serrano. De hecho hay personas a las que, simplemente, no les gusta comer. Y a nadie le parece mal, ni les obligan a acudir al psicólogo, ni se enfadan con ellos. Como mucho, se ve como algo raro, pero… ¡es que es raro que haya personas a las que no les guste el jamón! (Cuando me refiero a «raro», quiero decir «poco habitual»).

El problema es que en nuestra cultura tenemos la idea de que el sexo y el género son la misma cosa, y, además, existen sólo dos, y ambos vienen determinados por la biología. Los bebés sólo pueden ser niño o niña, y si son «niño» tendrán género masculino, y si son «niña», género femenino.

No se deja pues lugar a los individuos «dudosos», o que no se encuadran dentro de esas categorías, o que no se sienten cómodos dentro de la categoría asignada. Esto lo saben bien las personas intersexuales (comunmente llamadas «hermafroditas», aunque esta palabra resulta inexacta). El nacimiento de un bebé intersexual suele provocar perplejidad en los padres. ¿Niño? ¿Niña? ¿Ahora de que color le compramos la ropita y las sábanas? ¿Que nombre le ponemos?

La intersexualidad es un fenómeno mucho más común de lo que la gente cree (me parece que una de cada 2.000 personas tiene algún tipo de intersexualidad), y, desgraciadamente la comunidad médica ha desarrollado una estrategia para que esos recién nacidos con los que nadie sabe qué hacer, dejen de ser «individuos dudosos» y se conviertan en personas normales. Esta estrategia es: «bien, si el sexo no viene determinado, lo determinaremos nosotros».

– Enhorabuena, señora, puede usted elegir el sexo de su bebé. Que prefiere ¿niño o niña?

Y luego se corta lo que sobra, se remodela lo que hay, y ya está, problema solucionado.

De modo que, como iba diciendo, el sexo se considera una característica determinada por la biología, y determinante del género. Si la biología resulta ser indeterminada, la determinamos a la fuerza, mutilando bebés, que total, no pueden protestar. Si el sexo asignado no resulta ser determinante, lo determinamos a la fuerza, presionando a quienes desean ejercer su libertad para desarrollar su personalidad como deseen, para que la desarrollen mejor conforme a lo que estaba previsto.

Hay una cosa curiosa con respecto a las personas intersexuales. Como ya he dicho, es práctica habitual (por desgracia) mutilar los genitales de un bebé intersexual para ajustarlo a un sexo determinado. Y a veces la persona intersexual, al llegar a la edad adulta, está acuerdo con el sexo-género que se le ha asignado, y otras no. Yo pensaba que en el caso de que esta persona no estuviese de acuerdo con el sexo-género asignado, nadie se sorprendería, ya que digamos que su biología les permitía ser hombre, mujer o un término intermedio, y supongo que los padres podrían pensar que tenían el 33% de posibilidades de acertar. Sin embargo, lo que al parecer ocurre en realidad es que, cuando al llegar a la edad adulta, la persona intersexual manifiesta no estar satisfecha con el sexo-género que le asignaron de manera totalmente arbitraria, y en contra de su propia biología ¡¡¡tienen los mismos problemas que las personas transexuales!!! Hasta para cambiar sus datos legales, la batalla es inmensa. Hasta tal punto llega la cerrazón de nuestra cultura con respecto a la libertad de elección del propio género, de acuerdo con las caraterísticas de la personalidad, que incluso entre las personas cuya biología podría dar la oportunidad de ser una cosa u otra, si no se adaptan a lo que les han impuesto, en este caso a través de medios artificiales, se convierten en parias.

De cualquier modo, hay un último punto a tomar en consideración. Yo no opinio que las personas transexuales seamos enfermos, pero sí que se que necesitamos tratamientos médicos. Si para que estos tratamientos médicos vengan incluidos dentro de las prestaciones de la seguridad social se nos tiene que considerar «legalmente enfermos», pues que así sea.

Sin embargo, la forma que tiene el sistema de la Seguridad Social de tratar la disforia de género como enfermedad, tampoco es coherente. Eso lo dejo para otro post.

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Disforia de género como enfermedad (I).

En el post anterior no quise entrar en materia sobre la cuestión, no porque no la considerase importante, o porque no tenga opinión sobre ella, si no, simplemente, porque de lo que quería hablar era de las burradas del DSM-IV, y si me pongo a hablar de lo otro, al final me lio y no digo nada.

Lo primero; como dijo Harry el Sucio: “las opiniones son como los culos, todo el mundo tiene una”. Y mi cul… estooo… mi opinión es que la disforia de género no es una enfermedad. Sin embargo, no tengo argumentos muy sólidos para defenderá. Significa que, a pesar de que tengo una convicción al respecto, todavía soy permeable a diferentes opiniones. Mis puntos de vista al respecto aún no se han consolidado y quizá nunca lo hagan.

Hay diferentes posturas al respecto. Empezaré por las que me resultan más lejanas, es decir, las que presentan la disforia de género como enfermedad.

Existen algunas teorías científicas que apuntan a que un incidente durante la gestación puede causar que el fenotipo cerebral del feto no concuerde con su genotipo. Es decir que un feto XX, en determinadas circunstancias podría desarrollar un cerebro de configuración masculina, mientras que un feto XY, podría tener un cerebro femenino. La disforia de género, por tanto, sería una enfermedad física producida por una malformación neurológica. Son bastantes los estudios científicos que apuntan hacia esta teoría como causa del transexualismo, y algunas las personas transexuales que quieren creer que esta es la explicación de lo que les ocurre. Sin embargo, estas teoría, a fecha de hoy, siguen siendo teorías, lo que significa que aún no han sido demostradas, por más que a algunos les gustaría que sí.

Tampoco se puede afirmar que todas las personas transexuales tengamos una configuración cerebral físicamente distinta a las personas no transexuales. Para ello deberían abrirnos el cerebro y examinarlo pieza a pieza. Y no creo que nadie en vida se deje, porque eso luego ya no se puede volver a armar…

Después está el criterio de la OMS, que en 1958 definió la salud como “estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedad”. Lo cierto es que aquellos que sufrimos disforia de género nos sentimos bastante alejados del “completo bienestar físico, mental y social”. Vamos, que andamos bastante jodidos (con perdón).

Más tarde, en 1984, la OMS redefinió la salud como “la capacidad de realizar el propio potencial personal y responder de forma positiva a los problemas del ambiente”. Bien, la capacidad de realizar el propio potencial personal es justo lo que la persona transexual siente que le falta. A lo que no se le permite acceder.

Sin embargo, la OMS ha dado definiciones de salud, pero no de enfermedad. ¿Tengo que dar por supuesto que una persona que no está sana, se encuentra enferma? Entonces, una persona que, por ejemplo, está en un proceso de duelo por el fallecimiento de un ser querido (por ejemplo un hijo o la pareja), que está mucho más jodido, y puede desarrollar su propio potencial y responde mucho menos positivamente a los problemas del ambiente que una persona transexual ¿también está enferma? ¿Y el que un día se levanta con el pie izquierdo y todo le sale torcido, debería ir al médico a pedir la baja? Responda usted mismo.

Dicybug apuntó (sin querer) en este comentario otro de los argumentos a favor de que la disforia de género se considere como una enfermedad. Si es una enfermedad, habrá que curarla ¿verdad?

Así lo veía Harry Benjamin, el endocrino que pensó que medicar a las personas con disforia de género utilizando hormonas correspondientes al sexo contrario al sexo biológico del paciente, y que, ya de paso, acuñó la palabra “transexualismo”, pensaba que se trataba de una enfermedad, aunque no física, si no psiquiátrica. No obstante, después de investigar llegó a la conclusión de que tal enfermedad era incurable (como también se consideraba una enfermedad incurable la homosexualidad), pero que se podía lograr el bienestar del paciente mediante una Terapia de Reemplazo Hormonal, y Cirugía de Reasignación Sexual. Es decir, que no se podría adaptar al mente al cuerpo, pero sí del revés. Una vez conseguido esto, el sentimiento de disforia desaparecía y el paciente estaba curado.

Hay que tener en cuenta que todo esto sucedió en los años 50 y 60, y desde entonces la mentalidad de la gente ha cambiado mucho. No seamos severos con el Dr. Benjamin: teniendo en cuenta la forma de pensar de su época, era un pionero de mente increíblemente abierta.

Pero siguiendo esta línea de pensamiento, mucha gente señala que las personas transexuales necesitamos tratamiento endocrinológico y, en ocasiones , cirugías. La disforia de género es una situación que requiere tratamiento médico, y, por tanto, podría verse como una enfermedad.

Bien, no puedo decir que todo esto no tenga una cierta lógica, pero no acaba de convencerme. Seguiré escribiendo sobre ello.

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DSM-IV

El otro día calló en mis manos el DSM-IV, que, según la omnisapiente, aunque poco fiable Wikipedia contiene una clasificación de los trastornos mentales con el propósito de proporcionar descripciones claras de las categorías diagnósticas, con el fin de que los clínicos y los investigadores puedan diagnosticar, estudiar e intercambiar información y tratar los distintos trastornos mentales.

Yo había escuchado hablar tanto de él, como del CIE-10, que al parecer es el manual que recomienda usar la Organizaíon Mundial de la Salud, y tenía entendido que ambos documentos era un deasatre.

Independientemente de si la «transexualidad» debería estar o no incluida dentro de esos documentos (sólo debería estarlo si considerasemos la diforia de género como una enfermedad mental, consideración sobre la que ahora no voy a entrar en materia), tenía entendido que lo que ponía sobre ella era una sarta de burradas, una detrás de otra, con errores de bulto desde la propia base.

Bueno, ahora que yo mismo lo he leido, ya puedo decir con conocimiento de causa que, efectivamente, el contenido del DSM-IV en lo que respecta a transexualidad estaría mucho mejor impreso sobre papel higiénico. Para empezar, considera a las transexuales femeninas como «varones», mientras que a los transexales masculinos se nos considera como «mujeres». Una falta de respeto completa hacia los hipotéticos pacientes, que demuestra que los «profesionales» que han elaborado semejante majadería, y que de seguro, encima, han cobrado por ello, entienden tanto el fenómenos de la transexualidad como yo sobre física espacial.

A parte de eso, la lectura del DSM-IV me ha hecho sentir bastante bien. Hasta ahora siempre había tenido la sensación de que mi forma de ver las cosas y de relacionarme con el mundo era un tanto «rara», y lo achacaba a que, como soy escritor, los artistas tenemos una forma diferente de comprender la vida. Después de leer el DSM-IV y ver todos los problemas, traumas y experiencias que debería ir arrastrando desde la infancia, me he dado cuenta de que no. En realidad soy una persona completamente normal. Gris. Anodina.

Nunca he «creido» en la psicología, si bien tengo que admitir que hay ciertas cosas de ella que pueden resultar útiles y ayudar a las personas, en según que circunstancias (por ejemplo, la NL es muy útil y práctica), pero leer animaladas como el DSM-IV hace que la falta de fe se convierta en certeza absoluta de que la gran mayoría de cosas relacionadas con la psicología no sólo no sirven para nada, sino que incluso pueden llegar a ser perjudiciales.

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Una sola palabra

Hoy he tenido mi tercera cita con la psicóloga, los que viene a significar que estoy a mitad del proceso de diagnóstico psicológico, o podría estarlo si al final durase los seis o siete meses que me dijo la psicóloga que dura, lo que, por lo que yo sé, muy pocas veces se cumple.

La verdad es que he salido contento, será proque el test que tocaba hoy era sobre un tema que me gusta ¡El sexo!

Lo cierto es que muchas de las preguntas incluidas en el test resultaban bastante embarazosas, y me ha dado un poco de vergüenza responder.  Sin embargo se me ha hecho bastante fácil, pues las preguntas más embarazosas han ido siempre acompañadas de una completa explicación de por qué eran necesarias y para qué se hacían. Es agradable que te traten como a un adulto y te digan lo que quieren hacer contigo.

También he dejado dicha una cosa a la que venía dando vueltas en la cabeza desde la útima visita. ¿Por qué el expediente no tiene nombre? La explicación que me ha dado no me ha resultado muy convincente, ya que me ha dicho que era lo normal, pero no el por qué. Pero bueno… la cuestión es que ya tengo mi nombre escrito en la carpetita. Parecerá una tontería, pero entrar en la consulta y convertirme de repente en un «paciente sin nombre» me causaba cierta desazón.

No hace falta que diga que he salido de la consuta con muy buen ánimo, y sin saber que aún faltaba lo mejor.

Los mejor es que esta tarde, por primera vez, mi madre me ha hablado en masculino. Ha sido sólo una palabra, y tan rápido que áun no se si lo ha dicho de verdad o es que he escuchado mal. Pero no… he oido bien, estoy seguro.

Imagen "robada" de http://soychiquitito.wordpress.com/. Pulsa sobre ella para ir al blog original.

Puede parecer que una sola palabra no es un gran logro. Sin embargo, si alguien fuese de esa opición, deberría imaginarse que trata de empujar una masa de una tonelada y, tras muchos esfuerzos, nota que se ha movido un milímeto. Significa que, al fin y al cabo… ¡se puede mover!

Lo malo es que ahora estoy tan contanto que me pongo a estudiar y no me centro. Y al contrario que cuando estoy mal, que soy capaz de cortar mis pensamientos, en esta ocasión quiero seguir con ellos dando vueltas tanto tiempo como pueda.

Supongo que puedo considerarlo una inversión a largo plazo.

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A la luz de un candil.

En vista de que mi situación económica y laboral no tiene aspecto de ir a mejorar próximamente, estoy planteándome nuevas estrategias para ahorrar todavía más. Por ejemplo, si en vez de estudiar en casa me voy a la biblioteca, ahorraré en electricidad, al no tener que mantener caliente la habitación en la que me encuentre (no es que el piso sea muy grande, pero con el frío que está haciendo este año…). También estoy echando cuetas para decidir si por la noche me sale más rentable encender la luz (con bombillas de bajo consumo que no iluminan tan bien como las otras, pero son baratas) o pasarme a las velas, que son una opción mucho más romántica.

Me puedo imaginar ahí, iluminándome con un candil, como se hacía antiguamente, esforzando la vista para distinguir las letras de mis apuntes (las del teclado no me hacen falta, estoy aprendiendo a escribir sin mirar), o para no tropezarme con alguna pieza del escaso y vetusto mobiliario de mi piso.

Entre tanto, las noticias sobre la crisis continuan. Al igual que mi situación laboral y financiera, esto no tiene pinta de ir a mejorar. Los bancos han cortado el grifo de la financiación, incluyendo las lineas de crédito oficiales (el otro día un amigo fue a pedir un crédito ICO de esos que tanto anuncian ahora, para financiar un proyecto de empresa, y en el banco le dijeron que volviese cuando tuviese un aval o alguna propiedad para respaldarle). El Gobierno cada vez ve más lejana la fecha en que España saldrá de la recesión, y cada vez pronostica cifras de paro más altas. En los EE.UU. tabién se prevé que la situación se agrave… En resumen, una ruina.

Sin embargo, hay una pequeña aldea gala que resiste ahora y siempre al invasor. En este caso, dos, los bancos Santander y BBVA que en tiempos de vacas flacas se pelean por demostrar quien es el que lo tiene más grande. Me refiero al saldo de su cuenta de beneficios, que los coloca entre las mayores entidades financieras a nivel mundial.

No digo que repartan un cachito de su tarta entre los que estamos considerando seriamente el candil como una buena alternativa a la luz eléctrica (supongo que en realidad ya lo hacen a través del pago de impuestos, pero es que soy muy inocente), pero por lo menos podían explicarnos a los demás como lo hacen para sacar dinero de donde parece que no lo hay ¡¡¡que yo quiero aprender a hacerlo!!!

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