Archivo mensual: julio 2012

He decidido hacer una página a parte dentro del blog con toda la información, ideas y consejos que he ido acumulando después de haber gastado bastante tiempo (y, desgraciadamente, dinero) en probar distintas prótesis de paquete. Si os fijáis, tiene un enlace directo más arriba, pero como puede pasar inadvertida, he decidido publicarla también como una entrada de blog «normal». Así, según vaya completándola (de momento está incompleta), iré añadiendo nuevas entradas aquí, y… bueno, supongo que se verá más todo, y será mejor. Digo yo.

Encontrar la prótesis «ideal» es muy difícil, y generalmente no queda más remedio que ir probando varias hasta encontrar la que mejor se adapte a ti. En general, mi consejo es que elijáis la prótesis más barata.

Nota: algunos de los enlaces que encontraréis son enlaces «afiliados», es decir que si compráis alguna prótesis a través de ellos, es posible que yo me lleve una pequeña comisión (sin que a vosotros se os aumente el precio, claro).

Hay muchos tipos de prótesis, en función de lo que vayáis buscando.

Prótesis de paquete.

La prótesis de paquete sólo sirve para hacer bulto y rellenar los calzoncillos. En mi opinión, una buena prótesis de paquete debe permitir que te sientas cómodo ante las miradas de los demás, lleves la ropa que lleves, ya sea ajustada, holgada, de deporte, etc… Con unos pantalones vaqueros, cualquier cosa que te pongas va a quedar bien. Si te gusta el deporte, la cosa se complica. Si te vas a cambiar de ropa en un vestuario y vas a estar en calzoncillos, peor todavía. E incluso hay quien quisiera tener una prótesis de paquete que fuese tan realista que le permitiese hasta quedarse desnudo sin que nadie notase nada.

Dejando a parte las prótesis ultrarrealistas (y ultracaras) que serían las únicas que te permitirían quedarte desnudo (y sobre las cuales tengo bastantes dudas), creo que buscar una prótesis que te quede bien bajo los calzoncillos o la ropa de deporte no es mucho pedir. Para mí hay tres factores que hacen que una prótesis de paquete quede bien:

  1. Tamaño correcto. Ni muy grande, ni muy chica. Tiene que ser un tamaño que te haga sentir cómodo.
  2. Que tengan los testículos redondos. Cuando haces deporte, los pantalones tienden a «ajustarse»  por esa zona, y si los testículos no son redondos, quedan raros. Por desgracia, hay muy pocas prótesis que tengan los testículos redondos.
  3. Que sea blanda. La prótesis blanda se mueve cuando tú te mueves, produciendo un efecto más natural. Y si te ves atrapado en un metro o autobús super lleno, nadie pensará que vas empalmado por la vida…

Un detalle muy importante: para que una prótesis de paquete quede realmente bien, es necesario llevarla con un arnés. Si la llevas suelta dentro del calzoncillo, se mueve, se cae, se pone del revés, y es un auténtico incordio.

Entre todas las prótesis de paquete que conozco, estas son las que más merecen la pena:

1. La prótesis de paquete casera.

Esta es una prótesis casera que he inventado yo, haciendo pruebas con diversos materiales. Tiene sus ventajas, y sus inconvenientes:

Ventajas:

  1. Es muy barata: cuesta unos 3€
  2. Tiene los testículos redondos y es blanda, por lo que queda muy bien bajo la ropa (siempre que uses arnés).
  3. Es segura y resistente (aunque no lo parezca)
  4. Te la puedes hacer a la medida que quieras.
  5. Se hace con materiales muy sencillos de encontrar.

Inconvenientes.

  1. Es fea. Es muy fea y nada realista.
  2. La tienes que hacer. Es fácil, pero laborioso.
  3. Se va endureciendo poco a poco.
  4. Requiere un poco de mantenimiento.

Si quieres aprender cómo se hace, aquí te dejo un tutorial:

2. Mr. Limpy, la prótesis de paquete «de toda la vida».

Esta es la prótesis de paquete que más suele usar la gente. Hace tiempo Mango, una web de productos para hombres transexuales que fue muy popular en su día y que dejó de funcionar de un día para otro (quedándose, de paso, con 20€ que les pagué por una prótesis que nunca me enviaron). También la podéis encontrar en muchos sex shop online, pero el enlace que yo os dejo va directamente a la web del fabricante, que es en el sitio donde la vais a encontrar más barata. Es barata, cómoda, y tiene un aspecto razonablemente pasable. No te engañes, no sería capaz de superar una inspección más o menos atenta, pero por lo menos más pasable que mi prótesis casera sí que es. Se puede convertir en una prótesis para mear de pie muy fácilmente, aunque eso lo explicaré más adelante.

Las prótesis son estas:

Mr. Limpy extra pequeña
Mr. Limpy pequeña
Mr. Limpy mediana
Mr. Limpy grande

En la web no ponen las medidas, pero mi consejo es que compréis la pequeña. La extra pequeña también puede ser aconsejable, según lo grandes que seáis vosotros. Yo usé la mediana, y de mediana no tiene nada. Me hacía un paquete enorme, hasta el punto de que a veces me daba un poco de vergüenza. También es verdad que en aquella época todavía no usaba arnés. Quizá si lo hubiese tenido, habría estado más contento con la mediana… La que no os recomiendo para nada, es la grande, que es exagerada.

Está hecha de Real Feel Superskin, que es un material con textura muy similar a la piel humana. El problema es que se trata de un material poroso, y con tendencia a ponerse pegajoso y absorber la suciedad. A mí me aconsejaron espolvorearlo con harina de maíz para evitar que se ensuciase, pero el remedio era peor que la enfermedad… al final la dejé tal cual, y aunque se oscureció un poco, me parece que lavándola con agua y jabón se queda limpia.

Ventajas.

  1. Es barata.
  2. Relativamente realista.
  3. Es blandita. Queda bien bajo la ropa (siempre que uses arnés), aunque no tan bien como la casera.
  4. Fácilmente convertible en una prótesis para mear de pie.

Desventajas.

  1. El color.
  2. Los testículos no son redondos. Son semicirculares, y según la ropa que lleves, no quedan bien del todo.

3. Soft pack. Como la de toda la vida, pero en colores.

Si la Mr. Limpy no te convence mucho por el tema del color, la prótesis Soft Pack puede ser una buena opción. Las características son similares, pero está disponible en distintos colores. El problema es que sólo la he encontrado en sex shop de los EE.UU., por lo que la web está en inglés, y no sé si los gastos de envío encarecerán mucho el precio (nunca la he comprado).

Hay sólo dos tamaños (1 y 2), y no hay fotos de la diferencia entre una y otra. Respecto al precio, cuestan casi el doble que las Mr. Limpy, pero el tener un color más «pasable» quizá sea importante para alguien. Después de todo, tampoco se que sean super caras… Eso sí, ten en cuenta que cuando la empieces a usar, se va a oscurecer un poco…

La única foto que podéis encontrar en la web donde comprarla, es esta:

Ventajas.

  1. Relativamente realista, con varios colores para elegir.
  2. Es relativamente barata.
  3. Es blandita. Queda bien bajo la ropa (siempre que uses arnés), aunque no tan bien como la casera.
  4. Fácilmente convertible en una prótesis para mear de pie.

Desventajas.

  1. La web está en los EE.UU.
  2. En la web hay muy pocas fotos.
  3. Los testículos no son redondos. Son semicirculares, y según la ropa que lleves, no quedan bien del todo.
  4. Es más cara que la Mr. Limpy.
  5. No la he probado personalmente.

Con esto y un bizcocho, dejo, de momento, esta página. Según vaya teniendo tiempo, iré añadiendo más cosas. ¡Estén atentos a sus pantallas!

4 comentarios

Archivado bajo Cambios

Cuatro años aprendiendo a vivir.

El 24 de julio de 2008 empecé a escribir este blog con una carta abierta para mi familia y mi novio de entonces. Sólo la leyó uno de los destinatarios, y le hizo más mal que bien. Yo sabía que nunca sería capaz de darles a leer esa carta (y quizá por eso, por mi falta de valor, salí del armario de la peor manera posible), pero necesitaba publicarla. Necesitaba que alguien la leyera.

Luego continué escribiendo, en parte porque continuaba necesitando que alguien supiese lo que me pasaba, en parte porque mis amigos empezaron a leer el blog y servía para explicarles cosas que no sabía decirles de otra forma, y en parte porque había estado buscando blogs de otras personas transexuales cuyas experiencias me orientasen, y no existían, de modo que pensé que ya que no había encontrado las experiencias de otros, otros podrían al menos encontrar la mía. También escribía para ordenar mis pensamientos, para expresar sorpresa por las cosas que me rodeaban, por placer…

A lo largo de estos años he visto nacer y, tristemente, morir, muchas iniciativas de chicos trans que empezaron blogs o canales en youtube con objetivos más o menos ambiciosos. He visto nacer varias veces “el primer canal de hombres transexuales en Youtube”, “la primera web FtM en español”, “la primera comunidad FtM”, “el primer grupo de experiencias FtM de España”, “queremos crear un lugar de encuentro para todos los hombres transexuales de la red”, “vamos a proporcionar toda la información sobre transexualidad”… Es como si cada hombre transexual que inicia su transición tuviese que “descubrir la rueda”. Sin embargo, generalmente no sobreviven más de unos meses.

Cuando empecé a escribir, miraba con ilusión las estadísticas de visitas. 3 o 4 visitas cada día. En ocasiones, 10. Al final del primer año eran 20 ó 30. Al final del segundo año, tenía unas 50 visitas diarias. Al final de este cuarto año, sois unas 150 personas las que me visitáis cada día. Muchas veces, gente con la que hablo me dice “he leído tu blog”, y me da mucha vergüenza, pero me gusta. No aspiro a la fama, ni a convertirme en una referencia de nadie, pero sigo mirando las estadísticas del blog con ilusión. Pienso que, por lo menos, estoy contribuyendo a que no todos tengan que “descubrir la rueda” desde el principio. Eso me hace sentir muy bien.

A todxs lxs que me visitáis, comentáis, agregáis al Messenger o a Facebook, o me escribís correos con mensajes de solidaridad, o con preguntas y peticiones de apoyo. ¡Muchas gracias! Y también… ¡tened paciencia conmigo! No siempre puedo dedicaros todo el tiempo que merecéis y que me gustaría (especialmente, a quienes me agregáis al Messenger, ya que no entro casi nunca). También vostrxs hacéis este blog.

Hoy, cuatro años más tarde, quiero recordar aquel primer día con una nueva carta abierta.

Carta abierta para quien acaba de reconocerse como transexual.

Querido amigo, querida amiga, querid* amig*:

Cuando no me quedó más remedio que reconocer que yo no era la mujer que todos me decían que era, y que yo me estaba esforzando en hacerles creer que era, me sentí enloquecer. Tenía muchas preguntas, y la mayoría eran para mí. ¿De verdad era un hombre? ¿No echaría de menos vivir como mujer? ¿No se me estaría yendo la olla? Si llevaba aguantando tantos años ¿no aguantaría un poco más? Siempre pensé que podría aguantar indefinidamente, hasta que llegó un momento en que el cable azul se juntó con el rojo, y todo saltó por los aires.

La pregunta más difícil era ¿Seré capaz de pagar el precio? Yo no quería pagarlo. No sentía que tuviese que pagarlo. Me parecía muy injusto que todas las personas que me rodeaban pudiesen ser ellas mismas de manera gratuita, y yo tuviese que entregarlo todo a cambio.

Mi vida entera estaba basada sobre una suposición falsa: la suposición de que yo era una mujer. Durante una época de mi vida, en la que yo no me había comportado como se esperaba de mí, las cosas habían sido muy difíciles. Después, cuando me plegué a lo que se suponía que debía hacer una mujer, todo fue mucho más sencillo. Yo, que nunca había recibido más que ataques y desprecios, empecé a recibir protección y cariño. Durante mi adolescencia, sufrí el acoso de mis compañeros, con la tolerancia de muchos de mis profesores (afortunadamente para mí, no de todos mis profesores, y quizá por eso puedo hoy contarlo). La culpa era mía porque hacía caso a mis acosadores. “No les hagas caso”, me decían. Pero también me decían “adelgaza”, “ponte otra ropa”, “maquíllate”, “camina con más gracia”. Lo que en realidad querían decir era que los problemas terminarían en cuanto me sometiese.

No soy una persona fuerte. No soy fuerte para nada. Me sometí, y todo empezó a ir mejor. Todos estaban felices conmigo. Y como ellos estaban felices conmigo y me trataban bien, yo era feliz también. El problema era que mi felicidad era de segunda mano. Mi felicidad era la de ellos. Mi precio por ser transexual era que cuando dejase de hacerles felices, yo dejaría de recibir esa felicidad que me transmitían. Peor aún, debía prepararme, porque sospechaba que volvería a la situación anterior: la violencia y el acoso.

Mi vida saltó por los aires en cuestión de tres meses. Me quedé sin novio, sin padres, sin trabajo, sin casa y cambié mi flamante coche nuevo por el viejo Citröen AX que había quedado relegado para desplazamientos menores. Un día, cuando iba por la calle, me di cuenta de que había perdido hasta mi nombre. No me quedaba nada. Fue el mejor año de mi vida.

 No todas las personas trans han tenido que pasar por la experiencia de ver como se destruía todo lo que habían ganado con tanto esfuerzo a lo largo de su vida (unas veces vidas cortas, otras veces, vidas más largas). Muchas han conseguido que sus padres, sus parejas y sus hijos las apoyen (con más o menos esfuerzo), y los más afortunados han logrado un apoyo incondicional, que les ha facilitado muchísimo las cosas. A veces, he contribuido (siempre modestamente) a que esta situación haya sido posible.

 Porque es posible. Se puede ser transexual y no tener que pagar ningún precio. Al cumplir mi primer año de blog, se había añadido un nuevo objetivo en mi vida: que yo fuese la última persona que tuviese que sufrir por ser transexual. Es un objetivo imposible, pero eso no tiene la menor importancia. Lo más importante que he aprendido en estos cuatro años es que puedo hacer cosas imposibles.

 Tú también puedes hacer cosas imposibles. Es imposible que los hombres sean mujeres. Es imposible que las mujeres sean hombres. Pero tú puedes hacer posible ese imposible, y si puedes hacer eso, puedes hacer cualquier cosa. Te lo aseguro.

 Habrá mucha gente que te diga que la transexualidad es una enfermedad. Incluso puede que tú mismx te sientas tentado de pensar eso. ¡Se sufre tanto! Sin embargo, debes recordar que el sufrimiento no lo provoca el ser transexual. El sufrimiento viene cuando no te permiten ser transexual.

 No eres ningún monstruo. No eres ningún bicho raro. Tus problemas no son más que el reflejo de las imposiciones que la sociedad hace sobre nuestros cuerpos y nuestras personalidades. Igual que los gordos no sufren por ser gordos, sino porque no les dejan tranquilos con su gordura, ni los calvos, ni las mujeres con el pecho plano, ni los hombres con las tetas grandes…

 Va a haber mucha gente que intentará evitar que seas transexual. Puedes poner a cada uno de ellos en su sitio. Sólo tienes que saber cómo. Busca a otras personas trans, aprende de sus experiencias, pero evalúa sus consejos a través del filtro de tu sentido común antes de ponerlos en práctica, porque si se equivocan al decirte algo, quien va a sufrir las consecuencias serás tú.

 Se amable, paciente y generoso. Ser generoso ha sido una de las cosas que más me han ayudado en estos cuatro años. La vida te va devolviendo lo que das, aunque no de la misma forma, ni por la misma persona. Dedica tu tiempo a otras personas, y nunca te verás solo. Hazlo sin esperar gratitud.

 Se humilde. Agradece a las personas que te ayuden y te apoyen. Es posible que ellas no necesiten ese reconocimiento, pero es bueno que igualmente se lo des. Te servirá para darte cuenta de que no todo lo que sucede en tu vida es malo. Trata de devolver el favor, ayudando a otros de la misma forma en que te ayudaron a ti. Las personas trans necesitamos que el mundo cambie a mejor, pero no cambiará si no hacemos nada para cambiarlo. Se tú el cambio.

 Estudia. Si estás en lo que comúnmente se llama “edad de estudiar”, aprueba los cursos que te quedan por delante. Ve a la universidad. Termina la universidad. Si esa edad ya pasó, retoma los estudios. Haz un curso de lo que sea, lee libros, sácate los títulos que se te quedaron pendientes. A las personas trans se nos ponen muchas pruebas por delante. Cuantas más cosas sepas, más herramientas tendrás para afrontarlas, y para ayudar a otros a afrontarlas.

 Siempre manten la dignidad. No tienes de qué avergonzarte. Tu cuerpo es perfecto y tu mente es perfecta. No dejes que nadie te diga lo contrario. Enorgullécete de quien eres (sí, se puede ser orgulloso y humilde al mismo tiempo).

 Mucha gente va a venir a decirte quien eres. No se lo permitas. Déjales claro que la única persona que puede decidir quien eres, eres tú. Los datos que aparecen en el DNI no crean tu identidad, sino que deberían reflejarla. Si te llamas Antonia, y en tu DNI pone Juan, eso no significa que te llames Juan en realidad: significa que los datos del DNI son erróneos.

Mucha gente va a querer decirte también como debe ser tu cuerpo y tu vida. Lo que te tiene que gustar, como te debes mover, que ropa debes ponerte, qué cosas puedes decir y qué cosas no puedes decir. Qué puedes desear y qué no. Habrá aburridísimas conversaciones, de horas de duración, en las que terceras personas tratarán de comprender por qué quieres o no quieres operarte. O por qué quieres o no quieres hormonarte. Hagas lo que hagas, alguien te va a pedir explicaciones y va a juzgar tu transexualidad o no transexualidad en función de lo que digas. No tienes por qué darles ninguna explicación. Ni siquiera tienes que hacerles ningún caso. Personalmente, las charlas sobre por qué yo u otras personas se quieren o no se quieren operar me parecen absurdas.

 Disfruta en el camino. La vida de las personas transexuales, a veces es fácil y a veces es difícil. Tal vez tú querías que tu vida transcurriese por un sendero apacible, con suaves colinas y sin grandes sobresaltos, y de repente te has dado cuenta de que estás al pié del Himalaya y tienes que subir a la cima. Subir al Himalaya es mucho más difícil, pero quienes lo han intentado son dignos de admiración. A ti te va a tocar escalar, y probablemente nadie te ha dado opción para hacer otra cosa. Pero ya que estás en la escalada, disfruta.

 Te irá bien. Eso te lo garantizo.

12 comentarios

Archivado bajo Reflexiones

Dando por culo hasta el final.

Perdón por el título de la entrada, pero es que la cosa tiene tela. Empecé el trámite del cambio de nombre y etc el día 1 de marzo, pero como lo envié por correo, no entró en el registro civil hasta el día 5 de ese mes. La magistrada tardó un par de meses en resolver (lo cual, en las condiciones lamentables en que está la administración, es razonable). Ahora llevan dos meses para enviarme la partida de nacimiento nueva, aunque en realidad, desde que me di de alta en la seguridad social, he dejado de tener mucha prisa con este tema, porque al ser legalmente mujer pago un 30% de cuota que si fuese hombre (me ahorro unos 70€ mensuales), y aunque la cosa no compensa… la realidad es que tampoco me viene mal del todo, dado lo triste de mi situación económica actual.

El problema es que no sé cuando van a resolver. ¿Me llegará la notificación mañana? ¿La semana que viene? ¿A principios de agosto? ¿En noviembre? Si tardan más de tres meses, reclamo, pero después de que haya reclamado, tienen otros tres meses para responder, y si para entonces tampoco han respondido, ya casi me costará menos trabajo esperar a navidad e ir yo mismo al registro civil de Barcelona a pedirles la partida de nacimiento.

La consecuencia de ese problema es que tengo que reservar un billete de avión para primeros de septiembre, y no sé cómo me voy a llamar para entonces. La lógica apunta a que lo reserve al nombre actual, y contrate algún tipo de seguro que permita o facilite el cambio de nombre del billete, en caso de que para entonces yo me llamase de otra forma. Eso sería mucho más lógico que pedirlo a un hipotético nombre futuro, y luego tratar de cambiarlo al nombre actual… Eso sería mucho más difícil de conseguir, con muchas probabilidades de perder el billete.

Pero ¿y si me envían la partida de nacimiento nueva justo después de haber comprado los billetes de avión, y la compañía aerea se niega a cambiar el nombre? Teniendo en cuenta que voy a viajar con Ryanair, es lo más probable…

El nombre del billete y el nombre del documento de identidad que se presenta deben coincidir. Si no, no te puedes subir al avión. Y no podría usar mi viejo pasaporte porque, seguramente tendría algún tipo de problema al pasar el control de la Guardia (cuando estudiaba turismo no nos explicaron el protocolo a aplicar en estos casos, pero sospecho que no se pueden tener dos pasaportes legales, a dos nombres distintos, como si fuese un criminal internacional de película americana), con altas posibilidades de quedarme en tierra y de pasar por un desagradable interrogatorio. Así que opción en ese caso sería joderme, y esperar hasta después del viaje para hacerme el DNI nuevo (tienes 6 meses para cambiarlo). Sin embargo, para notificar la rectificación registral de sexo en la Seguridad Social, y empezar a pagar la cuota completa, tengo sólo un plazo de 6 días. Me haría mucha gracia quedarme compuesto y sin DNI, y pagando la cuota completa de Seguridad Social… Una risa…

Deja un comentario

Archivado bajo Identidad, Reflexiones

Recibir correo siendo trans y sin cambiar el DNI: solucionado.

Uno de los principales problemas que me he encontrado a causa de no poder cambiar el DNI son los problemas para recibir el correo (el otro es el mal trato en los hospitales, y el tercero, la falta de reconocimiento de género en la UNED). Con el correo ordinario, no pasa nada, te lo mandan a la dirección que quieras. El problema es el correo certificado, los paquetes, etc… y resulta que desde que he abierto la.trans.tienda, recibo mucho de eso.

La opción fácil parecía poner como destinatario el nombre que aparece en el DNI, pero al no recibir los paquetes en casa, sino en la tienda, los carteros y mensajeros me miraban raro. Algunos no se fiaban, y he tenido que enseñar el DNI. Si recibiese el correo en casa, eso no me pasaría, ya que la norma dice que el correo se puede dejar a cualquier persona que se encuentre en la vivienda (salvo excepciones, como los giros postales, envíos en los que se especifica que debe recibirlos una persona en concreto y nadie más…), pero como una tienda no es una vivienda… podría darse el caso, por ejemplo, de que la dirección estuviese mal, y yo me estuviese aprovechando del equívoco para quedarme con el correo de otra persona.

Poner los envíos a nombre de Pablo, resolvía este problema. Lo malo es que si alguna vez coincidía que el envío no llegaba en mi horario laboral (los envíos tienen la mala costumbre de llegar justo el día que, por lo que sea, no puedo abrir la tienda), conseguir que me lo entregasen en la oficina es muy difícil. En realidad, ni siquiera tienen por qué entregármelo.

De repente, el mes pasado se me encendió la bombillita. ¡Se me ocurrió la solución! ¿Y si pedía que me lo enviasen a los dos nombres? Dicho y hecho, lo probé. En la siguiente compra que hice, pedí al proveedor que realizase el envío a nombre de Pablo y Elena Vergara, «para que podamos recogerlo ambos». Ningún problema. En realidad, todos mis proveedores creen que la persona cuyo nombre figura en las facturas (Elena), y la persona que firma los e-mails (Pablo) son dos personas distintas (¿Hermanos? ¿Matrimonio? Bueno, ya estoy acostumbrado a mantener relaciones incestuosas conmigo mismo…), así que no les resulta extraño que les pida que hagan el envío a nombre de los dos. Para la persona que tiene que entregar el paquete, es tranquilizador ver que la apariencia de la persona que lo recoge corresponde más o menos con lo esperado según el nombre, aunque igual podría recoger paquetes correspondientes a otras personas, porque no me piden el DNI, y si alguna vez me lo pidieran, como el nombre que aparece completo (Elena Vergara) es el de mi DNI, pues… también solucionado. A nivel psicológico mío, también está todo bien, porque realmente soy Pablo y Elena Vergara. Ahora me siento identificado con Ortega y Gasset, que era una sola persona, pero mucha gente cree que eran dos.

Lo difícil puede ser acordarme de decirlo cada vez que tenga que recibir un paquete, pero eso ya depende sólo de mí.

Deja un comentario

Archivado bajo Identidad, Ley 3/2007

Esos pequeños detalles…

El otro día fui a renovarme el DNI (con el nombre de antes, pero es que lo tenía caducado, y nunca se sabe cuando eso puede ser un problema. Estaba «aguantando», a ver si daba tiempo de que me llegase la partida de nacimiento nueva y ahorrarme un viaje, pero como vaya usted a saber cuanto tarda eso… al final no me ha quedado más remedio que renovarlo).

Nada más empezar, la funcionaria se dirige a mí como «Elena». Un cálculo rápido sobre si merece la pena sacarla de su error o no, da como resultado que sí, que merece la pena sacarla de su error,  porque acabamos de empezar, todavía vamos a tener que hablar mucho rato, y mejor una vez colorado que ciento amarillo. Así que le digo que me llamo Pablo, y se produce una situación ligeramente incómoda, en la que la señora no sabe si enfadarse porque me he tomado mal que me llame Elena, o si disculparse. «Es que aquí pone Elena, y no llevas un sello en la frente que ponga Pablo», dice. «Claro, por eso le tengo que decir que me llame Pablo, porque si no, es imposible que usted lo sepa de otra forma», respondo yo, también un poco incómodo, porque ella todavía está optando entre enfadarse o disculparse, y yo no quiero que haga ninguna de las dos cosas. No necesito que se disculpe (lo de que es imposible que sepa como me llamo si no se lo digo, no lo digo por contentarla, lo digo porque es verdad), y, desde luego, prefiero evitar que cualquier persona se enfade conmigo. Al final me salgo con la mía, y ella ni se disculpa, ni se enfada. Todo está amistosamente aclarado.

Me comenta que no sabe muy bien cual es el trámite, pero que, le parece que debe ser difícil cambiar el DNI, y que lleva mucho tiempo. Yo le digo que sí, que llevo cuatro años con ganas, pero que ya me falta poco, y que con un poco de suerte en unas semanas estoy de vuelta por allí para hacerme un DNI nuevo. Ella me cuenta que en Motril ya hay otras personas que lo han conseguido, y que ella misma ha atendido a una chica trans que lo consiguió, cosa que le parecía muy bien ya que el nombre de antes no le pegaba para nada. «Una chica muy guapa, jovencita». Se notaba que se alegraba de que ella hubiese podido cambiar el DNI, y que le gustaría que no fuese tan difícil… creo que en parte porque si nos dejasen cambiar el DNI, ella y el resto de personas que trabajan identificando a la gente con el DNI, se ahorrarían situaciones incómodas e innecesarias. ¡Pues claro que sí! Obligar a la gente a llevar una identificación que no le identifica, no beneficia a nadie. ¡Sólo perjudica! Y no hace falta ser policía para darse cuenta. ¡Es de sentido común! Lo que pasa es que el sentido común suele ser el menos común de los sentidos…

Me indica que ponga el dedo en la maquinita. Hay que ponerlo sobre el cristal y girarlo. Es un movimiento muy sencillo, y ella me lo explica correctamente. Yo no lo entiendo y lo hago mal. Al final ella coge mi dedo y me lo mueve para que vea lo que me quería decir. Luego sonríe y comenta «siempre son los hombres los que no lo entienden. Las mujeres lo hacen bien a la primera…». Ya me ha dejado contento para toda la semana. ¡Qué fácil es hacer felices a las personas trans!

Muchas veces he visto en otrxs esos pequeños detalles que te parecen típicamente masculinos o femeninos, y que es imposible aprender. Los veo especialmente en mi amiga Marta, que es muy bruta para algunas cosas (ella misma lo dice je,je,je), y sin embargo es bruta con un estilo femenino. Es decir, normalmente se considera que «ser bruto» es una característica masculina, y muy poco femenina, pero en ella es una forma femenina de hacer las cosas… con una falta de delicadeza que no verás nunca en un hombre. No sé explicarlo mejor, pero los detalles que ella tiene en su forma de ser la hacen mucho más femenina que los amaneramientos exagerados de algunas chicas trans que se esfuerzan en poner de relevancia su feminidad llevando a cabo comportamientos estereotípicamente femeninos, que, sin embargo, probablemente no se corresponden con su forma de ser mujeres. Veo esos pequeños detalles en muchas de las reacciones de mi amiga Kim, que tanto me recuerdan a la forma de pensar de mis abuelas (pero nunca me recuerdan a mis abuelos). Cosas que me enternecen, y al mismo tiempo me hacen pensar que sí debe haber algo, más allá de las construcciones sociales de género.

Sin embargo, rara vez las veo en mí mismo (porque verse a uno mismo es muy difícil). El otro día, leyendo el blog de Ismael me di cuenta de que también había una coincidencia entre él y yo, que es que los dos decidimos «salir del armario» con las personas más cercanas (él con su madre, yo con mi novio de aquella época) en el peor momento y de la manera más directa y carente de tacto posible. Me ha gustado saber que yo también tengo esos pequeños detalles masculinos que no se aprenden. No sé por qué. Ni siquiera se si será una actitud criticable desde un punto feminista, o si tendré problemas y recibiré burlas y críticas por decir que me agrada ver estos detalles en otras personas y saber que yo los tengo, así que es una suerte que lo teóricamente criticable de mis agrados o desagrados me importe un pimiento. Supongo que las personas que se sienten cómodas con su rol de género (consciente o inconscientemente elegido) encuentran agradable que se les refuerce su «pertenencia» a dicho género. O algo así.

2 comentarios

Archivado bajo Identidad