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¡Feliz 2014!

10 SUEÑOS REALISTAS PARA EL 2014

  • Que se apruebe la ley trans de Andalucía
  • Aumentar mi sueldo en un 25%
  • Que me den la beca para estudiar en la universidad.
  • Que al acabar el año, K. todavía no se haya cansado de mí.
  • Que una editorial haya aceptado mi libro para publicarlo.
  • Aprobar todos mis exámenes de la universidad (con buena nota)
  • Tener más tiempo libre
  • Joder bien jodido al Dr. B. y a la Chusa. Este año no os escapáis (Fijaos que no lo pongo en “sueños imposible”. Sí, tenemos un plan. MUAHAHAHAHAHAHA.)
  • Participar en la creación de una organización nacional de personas trans.
  • Alcanzar las 150 visitas diarias en la.trans.tienda.

10 SUEÑOS IMPOSIBLES PARA EL 2014

  • Cerrar la ferretería porque ya no necesite trabajar ahí.
  • Tomarme dos semanas seguidas de vacaciones (eso incluye perder el móvil y el ordenador de vista).
  • Comprarme un coche nuevo.
  • Tener un perro (o un gato, pero prefiero un perro).
  • Irme a vivir a otro sitio.
  • Viajar por placer.
  • Visitar a Andrea, y a otras amigas y amigos lejanos.
  • Que se publique mi libro durante 2014
  • Que se apruebe una ley de identidad de género estatal
  • Que la.trans.tienda se convierta en un portal de referencia en la comunidad trans hispanohablante.

SUEÑOS QUE HE CUMPLIDO EN 2013.

  • Enamorarme de una persona que también se ha enamorado de mí.
  • Operarme de mastectomía.
  • No agobiarme tanto por el trabajo.
  • Que la.trans.tienda empiece a funcionar
  • Llegar alguna vez a final de mes sin preguntarme cómo voy a pagar todas las facturas.
  • Que una de mis amigas escritoras publique su libro (no es un mérito mío, pero me hace ilusión igual. Además, aparecía en la lista de deseos imposibles para 2012)
  • Que entre las personas trans empiece a hablarse de la autodeterminación del género sin diagnóstico psicológico ni tratamientos médicos de ninguna clase, como algo lógico y natural.
  • Aprobar todos mis exámenes con buena nota
  • Pelearme con menos activistas trans.

NO QUIERO MORIR SIN:

  • Que se apruebe una ley de identidad de género a nivel nacional que garantice el derecho a la libre autodeterminación del género y la igualdad de derecho de todas las personas sin que pueda haber discriminación por razón de transexualidad.
  • Publicar un libro.
  • Que la.trans.tienda prospere y se convierta en un negocio que de trabajo a varias personas y atienda a miles de personas en todo el mundo.
  • Que un hombre transexual pueda concebir un hijo y nadie se sorprenda.
  • Soplar una tarta de cumpleaños con, al menos 85 velas, y además tener buena salud física y mental.
  • Volver a Praga.
  • Volver a Ecuador.
  • Transcribir los diarios de mi abuelo.

Desde diciembre de 2009 vengo publicando mi lista de sueños realistas, sueños imposibles y sueños cumplidos, aunque el año pasado me tomé un respiro, porque, por una parte, estaba saturadísimo de trabajo, y por otro lado, estaba dedicando una gran cantidad de mi tiempo (y esfuerzo) a una persona que no lo merecía. También, todo hay que decirlo, el año 2012 fue un año muy duro para mí, con mucho trabajo y pocas satisfacciones.

Este año 2013 también ha sido difícil, pero por primera vez en dos años he conseguido algo que ya pensaba imposible: controlar mi tiempo. Ahora tengo tanto trabajo como antes, pero ha aprendido a no agobiarme (gracias al libro Getting Things Done, que en español se titula “Organízate con eficacia”, de David Allen. En serio, si sientes que la carga de responsabilidades en tu día a día es agobiante, leetelo. Descubrirás que hay una manera de poner orden en el caos, y que en el mundo hay mucha gente que está mucho más ocupada que tú), por lo que estoy más relajado, y también más descansado.

Además, he ido recogiendo los resultados del esfuerzo de estos años anteriores. Pienso que el 2014, las cosas seguirán en la misma linea.

Las cosas más horribles que me han pasado este año están relacionadas con la política, y por eso mismo no puedo hablar de ellas ahora. Quizá no pueda hablar de ellas nunca. Si te dan una puñalada por la espalda, duele. Si te la dan tus amigos, duele aún más. Si te la da una de las personas a las que más has querido, es como una herida en el corazón que sangra y sangra sin parar. Sin embargo, recuerdo haber estado una noche en una sala repleta de personas que habrían preferido que yo no estuviese allí (esta no ha sido una pelea individual, sino una batalla con bandos, en la que nos estamos jugando el futuro de las personas trans del Estado español),  mientras que a doscientos kilómetros había otra persona que sí habría querido estar conmigo en aquel momento. Cuando me di cuenta de eso, además de preguntarme qué narices estaba haciendo allí, con quienes no me querían, en lugar de estar con quienes sí me querían,  me di cuenta de que la opinión de toda aquella gente me importaba un pimiento.

Estamos en una guerra, y yo he llegado sin armas. No tengo fuerza, ni poder ninguno. No soy nadie. No tengo nada, pero tampoco pido nada para mí. Tan sólo libertad, igualdad y autonomía para las personas trans. Pienso que es posible conseguirlo para 2014.

En este año me he enamorado de una persona que me hace sentir cosas que nunca había sentido, y me enseña cosas que no sabía que ignoraba. Después de sentirme vacío durante tantos años, ahora me siento lleno. Voy a hacer todo lo posible, y lo imposible también, para que esto siga así.

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La transexualidad y la muerte

La transexualidad y la muerte son dos cuestiones que, por desgracia, van unidas con mucha frecuencia. No es la primera vez que escribo al respecto, seguramente tampoco es la última.

La semana pasada muchos medios de comunicación se hicieron eco de que Nathan Verhelst, un hombre transexual, había solicitado someterse a la eutanasia (y lo consiguió) convirtiéndose así en «la primera persona de Bélgica que decide morir después de practicarse un cambio de sexo» (porque claro, hasta ahora ninguna persona trans se había suicidado en Bélgica… Luego me dirán que soy un gruñón y que tampoco es para tanto, pero leñes… la cosa tiene mucha tela).

Esta noticia tenía todos los componentes necesarios para saltar a los medios de comunicación y ocupar un puesto destacado, porque en ella se mezclan muerte, medicina y transexualidad. Morbo al cubo ¿qué más se puede pedir? Mucha menos repercusión tuvo, sin embargo, el suicido de Gabriela Monelli en Brasil.

Gabriella tenía 21 años cuando se suicidó, pero se prostituía desde los 15 años. Sin necesidad de ir a Brasil, aquí en España conozco a una chica que hace trabajo sexual desde los 14. No me lo puedo ni imaginar, pero tampoco puedo imaginarme qué clase de depravado paga a una niña para follar con ella (o folla con ella sin pagar). A ella, además, le dolía la falta de aceptación «nunca vamos a ser 100%»

Nathan pidió que le matasen porque después de la operación se veía a si mismo como un monstruo. También para él estaba presente ese pensamiento de no ser 100%.

No deja de ser curioso que, después de la eutanasia de Nathan, su madre declarase «Cuando vi a Nancy por primera vez  [después de dar a luz], mi sueño se hizo añicos. Era tan fea. Puse un monstruo en el mundo, un fantasma. Para mí, este capítulo está cerrado. Su muerte no me molesta. No siento dolor, no hay duda, sin remordimiento. Nunca fuimos una familia, así que no se podía romper «. Tanto él como su madre usaron la misma palabra: monstruo.

Supongo que en una decisión tan importante como la de quitarse la vida, entrarán en juego muchos factores. Una mala relación con la familia (en ambos casos), rechazo de la sociedad (en el caso de ella), pero, sobre todo, la sensación de que nunca podrás llegar a ser realmente quien quieres ser. Ser tú mismx de verdad.

En el caso de Nathan, creo que se puede hablar claramente de una estafa. La sacrosanta medicina, que no miente porque es una ciencia, que no manipula, que no vende, le prometió que haría de él un hombre. El cirujano, como Pigmalión, le esculpiría para darle una nueva vida, y cuando despertase de la anestesia, habría vuelto a nacer. Un discurso que no sería tan efectivo si no estuviese además coreado por una gran parte de personas trans, como, por ejemplo, el deportista Baliam Buschaum.

Sin embargo, lo cierto es que los cirujanos lo único que hacen es retirar tejidos, o cambiarlos de sitio. No vas a volver a nacer. Cuando despiertes de la cirugía seguirás siendo tú, pero con algunos trozos menos. Nunca serás 100%, tú lo sabrás, y la sociedad te lo recordará constantemente, a no ser que realices un gran esfuerzo para olvidarlo.

Cada vez que leas una noticia sobre «el primer transexual qué», verás que le tratan con el género equivocado. Si eres de los que se regodean, además leerás los comentarios donde muchas personas utilizan unas palabras y unas expresiones terribles para vomitar opiniones que más que crueles, son inhumanas. Tú sabrás que esas personas, en su vida cotidiana jamás se atreverían a hablar de esa forma a una persona transexual, pero en el fondo de tu corazón una vocecilla te dirá «se merece que hablen así de él, o de ella, y yo también me lo merezco». Pensarás que tú también te mereces todo lo que te pase.

Por eso muchas personas trans, deciden suicidarse. Porque los médicos pretenden venderles una panacea, que como todas las panaceas es barata y no funciona, sin mencionar que, además de con dinero y con tiempo, van a pagar con su propia carne y su propia sangre. Nos advierten de que si no somos verdaderamente transexuales, el tratamiento no funcionará y habrá arrepentimientos. No nos advierten de que si somos realmente transexuales, el tratamiento tampoco funcionará.

Los tratamientos médicos funcionan, pero no sirven para cambiar de sexo. Si quieres que se te agrave la voz, que te salga barba, tener más vello, más masa muscular y, en general, un aspecto más masculino, la testosterona es un medicamento maravilloso. Si quieres que se te desarrollen los senos y deje de salirte barba, los estrógenos y los antiandrógenos hará su función. Si necesitas que tus pechos desaparezcan, o necesitas perder de vista tu pene y que sea substituido por una vagina más o menos bien construida, la cirugía funciona. Incluso funciona si lo que necesitas es tener un pene y no eres muy exigente al respecto. Todo eso sí lo puedes conseguir. Lo que no puedes conseguir es «transexualizarte» (lo digo porque ahora nos están queriendo vender el «proceso transexualizador», que es la expresión más estúpida del mundo), ni reasignarte a otro sexo (la sociedad no lo aceptará), ni podrás volver a nacer, ni mucho menos te convertirás en hombre o en mujer.

Entonces ¿no hay salida? Sí que la hay, pero no está en la medicina. Puedes reflexionar durante años, hasta encontrar tu propia definición de ti mismx, aquella con la que te sientas más cómodx. Puedes pensar que el sexo y el género están en el cerebro, y tu cerebro es del sexo al que perteneces. Puedes leer teorías feministas, y llegar a comprender que querer ser es lo mismo que ser, porque la identidad de género forma parte de tu personalidad, no de tu cuerpo (así es como lo pienso yo). Puedes buscar en otras religiones, otra espiritualidad. Hace un tiempo, una chica comentó en este blog que había seguido su propio ritual para reencarnarse en mujer en esta misma vida, desligándose por completo de su pasado, viviendo  una muerte muy real y renaciendo como mujer de nuevo (un ritual durísimo, porque morir es duro y nacer también lo es).

Busca amigos, busca a otras personas trans (escríbeme si quieres, aunque a veces tarde un poco en responder), busca información (la que sea, mientras te haga sentir bien), huye de la violencia, no permitas que tus ideas vuelen y el diálogo interno tenga su propia vida en tu cabeza. Enamórate (de una persona, de una profesión, de un arte, de un deporte, de un paisaje, o de un animal). Porque hay muchas maneras de realizarte en la vida, como mujer o como hombre, y ninguna de ellas pasa por las manos de un médico.

Por cierto, tampoco me parece bien que ahora la medicina pretenda vender la eutanasia como la cura definitiva al sufrimiento psicológico. Me parece bien que una persona que 1) lo solicite, 2) sufra mucho, 3) sea imposible que su situación mejor y 4) no pueda quitarse la vida por si misma, reciba la eutanasia, pero no veo bien que se le ofrezca este servicio a una persona que se puede suicidar. Hay cosas que cada cual debe hacer por si mismo, y matarse es, en mi opinión, una de ellas.

En cualquier caso, descansen en paz, junto con todos los otros que murieron por ser trans.

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Crisis y pérdida de derechos de las personas trans.

Hace un tiempo (varias semanas, me temo), aguillotinados, dueño del blog «Los recortados«, sobre los efectos de los recortes que se están realizando con la excusa de la crisis (lo que nos da una idea de cuales son los verdaderos objetivos de los mismos, ya que, en su maayoría saltan bastante a la vista) me preguntó cuales eran los efectos de la crisis sobre los derechos de las personas trans. Es decir, si a causa de los recortes se había producido una pérdida de derechos.

La respuesta es muy fácil: para perder derechos es necesario, en primer lugar, haberlos tenido alguna vez.

Las personas trans, básicamente, no tenemos derechos.

Actualmente, a nivel nacional, el reconocimiento de género de las personas trans se realiza mediante el procedimiento, y con los requisitos, establecidos en la Ley 3/2007, sobre la que no hay polémica ni discusión fuera de los ambientes trans (en los ambientes trans, sí, y de hecho, en mi opinión, podría ser anticonstitucional, pero da un poco de grima plantear ese tipo de cosas, ya que la consecuencia podría ser que quedase derogada y se retornase a la situación anterior, que era todavía peor).

Esta ley, no establece un derecho a ver reconocida la propia identidad de género de manera universal, pero sí un cauce para acceder a dicho reconocimiento en caso de cumplir ciertos requisitos, que son:

1)      Obtener un diagnóstico psiquiátrico o informe psicológico de padecer un trastorno de identidad de género.

2)      Haberse sometido durante un periodo continuado de 2 años a algún tratamiento médico de modificación corporal (puede ser demostrado con informe médico, o con la intervención de un médico forense).

No obstante, aunque esta posibilidad de obtención de un reconocimiento de la propia identidad de género no está puesta en tela de juicio, obviamente se ve afectada por los recortes que se realizan en materia de salud, y también por los recortes en materia de tutela judicial.

En materia de salud, podría habernos afectado el repago en las prótesis, pero como nuestras prótesis no sólo no las cubre la seguridad social, sino que a todo el mundo le dan un poco de risa, nos da igual. Nuestros gastos no se costeaban antes, y no se costean ahora (tampoco es que antes la financiación de prótesis fuese una maravilla, para qué nos vamos a engañar).

Respecto a la supresión de ciertas especialidades en los servicios sanitarios, hay que señalar que la discriminación por razón de identidad de género es la norma habitual, de modo que las personas transexuales tenemos muy restringido el acceso a servicios sanitarios que ya existían y se venían prestando a toda la población, antes del comienzo de esta “crisis” (o, mejor, estafa). Mientras que las mujeres cisexuales pueden acceder a terapias hormonales para regular sus niveles de hormonas sexuales hasta lo que se considera “normal” para una mujer, las mujeres trans no. Mientras que un hombre puede acceder a terapias hormonales para elevar sus niveles de testosterona hasta alcanzar niveles “normales”, un hombre trans, no. Y ya, no digamos en caso de que una mujer deseara acceder a tratamientos hormonales para elevar sus niveles de andrógenos, o un hombre para bajar sus niveles de andrógenos o elevar sus estrógenos.

La discriminación, por cierto, va más allá incluso de la determinación del sexo legal, ya que un hombre transexual, que esté registrado como hombre, continúa teniendo que acudir a procedimientos “especiales” que no serían necesarios en caso de no ser trans. Esto se evidencia con mucha fuerza en lo tocante a las cirugías. Por ejemplo, las cirugías genitales para personas cisexuales se consideran de máxima urgencia y necesidad, mientras que las mismas cirugías para personas trans, se consideran prescindibles, optativas, cosméticas, caprichosas y, sobre todo, no sólo pueden, sino que deben ser demoradas durante muchos años “por el bien del paciente”, incluso cuando el sexo legalmente asignado del paciente no se corresponde con el sexo médicamente asignado a su aparato genital (porque aquí todo va de quién asigna qué sexo a dónde).

En este contexto, la discriminación puede ir un paso más allá, estableciendo unidades segregadas de atención a pacientes transexuales (se las llama “unidades especializadas”, que queda mucho mejor que “unidades segregadas”), evitando así que una persona trans pueda ejercer el derecho a la libre elección de especialista, limitando en gran medida la posibilidad de obtener una segunda opinión médica, y, sobre todo, controlando la capacidad de protesta de las personas trans, ya que en estas comunidades autónomas, los gobiernos autonómicos utilizan la prestación de servicios sanitarios como moneda de cambio para evitar que las personas trans exijan otros derechos. Ante cualquier conato de protesta, aparece la amenaza de que entonces “se puede quitar la UTIG”, lo que basta no sólo para acallar las protestas por medio del miedo, sino también para que las personas trans más conservadoras se ocupen de silenciar a quienes se atrevan a elevar la voz.

Una Comunidad Autónoma donde se ofrecía este tipo de servicios centralizados era Castilla y León (que, por otra parte, no ofertaba cirugías de reconstrucción genital para personas transexuales, pero sí para personas cisexuales). Recientemente la UTIG de esta Comunidad Autónoma ha sido clausurada, para consternación de muchas de las personas trans que recibían tratamientos sanitario allí.

No obstante, nos estamos empezando a dar cuenta de que la oferta de los mismos servicios sanitarios segregada por razón de identidad de género es discriminatoria. En muchas comunidades autónomas las personas trans están empezando a acudir a los mismos médicos a los que acuden las personas cis, y están recibiendo sus tratamientos con una mayor igualdad respecto al resto de la población (aunque el resto de la población no necesita un diagnóstico psiquiátrico para recibir tratamientos endocrinológicos, pero bueno…). Probablemente muy pronto empezaremos a observar este mismo fenómeno en lo referente al acceso a las cirugías, puesto que algunas personas ya están empezando a plantearlo como una estrategia para evitar las malas prácticas médicas que se vienen realizando en las UTIG (especialmente en Madrid, Andalucía y Asturias). Tres sentencias favorables (una en el TSJ de Galicia, otra en el TSJ de Asturias, y una tercera del TS, que era recurso de la de Galicia) indican que posiblemente este sea el futuro del acceso a la salud de las personas trans.

Por tanto, aunque se están produciendo recortes en las prestaciones sanitarias para el resto de la población, las personas trans estamos en una fase de ampliación de derechos al estar pasando de no tener acceso a los servicios sanitarios en absoluto, o bajo condiciones fuertemente discriminatorias, a acceder en las mismas (malas) condiciones que el resto de la población. Habría sido mejor que, además, las condiciones para la población en general fuesen buenas, claro…

Por último señalar que en mayo de 2012, el Gobierno amenazó (oficiosamente) con obligar a las comunidades autónomas a dejar de ofertar cirugías de reconstrucción sexual para las personas trans. Esta iniciativa finalmente fue bloqueada gracias a la acción de un puñado de personas (entre 5 y 10, frente a la pasividad del todo el llamado “colectivo LGTB”), y en mi opinión fue decisivo el ejercicio del derecho de petición a los órganos de gobierno de la Unión Europea. Uno de los pocos recortes que se han evitado desde 2008, lo que es decir mucho.

Hay dudas respecto de si los tratamientos de reproducción asistida estarán vetados para las mujeres de que sean pareja de hombres trans (a consecuencia del último recorte para dejar fuera a las parejas de lesbianas y a las mujeres sin pareja). No me queda duda, en cambio, de que un hombre trans que tuviese como pareja a una mujer, sí quedaría excluido de los tratamientos de fertilidad. También tengo dudas de qué pasaría si el tratamiento de fertilidad fuese solicitado por una pareja de mujeres, una de las cuales fuese trans, o por una pareja de hombres, uno de los cuales fuese trans. En mi opinión, deberían tener posibilidad de recibir esos servicios, pero habría que verlo.

Por supuesto, nos afecta tanto como al resto de la población (o quizá más) que se deje de considerar a las personas inmigrantes desempleadas como beneficiarias de los servicios sanitarios, especialmente teniendo en cuenta que muchas personas trans, ante el riesgo de ser asesinadas en su país, se ven forzadas a emigrar, y una vez en España, con el doble estigma de inmigrantes y transexuales (puesto que no existen mecanismos de reconocimiento de la identidad de género para los extranjeros), o triple en el caso de ser mujeres, lo tienen realmente complicado para que alguien les haga un contrato. Es casi como empujarlas a la prostitución. El aumento de las listas de espera también nos afecta, y más teniendo en cuenta que, como ya he señalado anteriormente, nuestras operaciones, a diferencia de las mismas operaciones realizadas a personas cis, se consideran de baja prioridad.

El hospital Clínic de Barcelona, donde está la UTIG de Cataluña, parece tener una vía de pago para quien pueda permitirse ahorrarse las listas de espera. La duda es si los pacientes que acceden mediante esta vía de pago ralentizan la lista de espera de los demás (es decir “se cuelan”), o si hay dos listas, una de pago y otra gratuita, que no se influyen mutuamente. Sospecho que es lo primero, pero no dispongo de información fiable al respecto (otra duda: teniendo en cuenta que en Barcelona hay varios grupos trans muy fuerte y reivindicativos ¿Por qué no hay más información al respecto?).

La reforma laboral que permite que se pueda despedir a quienes acumulan 9 días de baja en un mes, hace que ninguna persona trans que se vaya a operar pueda estar segura de que mantendrá su puesto de trabajo. Varias empresas se han visto obligadas a readmitir a personas que habían sido despedidas por ser trans, ya que eso sí que está prohibido, pero nada impide que una persona trans sea despedida en un ERE, o simplemente por coger una gripe un poco fuerte, o por estar hospitalizada con tres huesos rotos después de que la atropelle un conductor borracho. La nueva legislación laboral amplia las posibilidades de disfrazar la discriminación de despidos procedentes por cualquier otro motivo.

Las terribles tasas de paro que afectan a la población en general, no afectan especialmente a las personas trans. De hecho, cada vez menos personas trans se ven obligadas a prostituirse. Hemos pasado de un 90% de personas trans desempleadas o en la prostitución, a una cifra mucho más razonable de “sólo” el 40% (aproximadamente). La cifra sigue siendo mayor que la de la población en general, pero sin duda estamos mejor que hace 10 años.

Los recortes en los presupuestos para políticas activas de empleo, no nos afectan. Nunca se nos considero como grupo en riesgo de exclusión social (estamos discriminados hasta para que se nos considere discriminados), y seguimos igual. Las políticas para la población en general no nos ayudan (si nos ayudasen, no habríamos estado manejando unas cifras tan terribles de desempleo cuando había más ayudas en este sentido).

La congelación del empleo público es un duro golpe. Era una de nuestras mejores posibilidades para conseguir trabajo, ya que en las oposiciones no se viene generando discriminación por razón de identidad de género.

Seguro que me dejo cosas, o bien porque se me han pasado, o bien porque ya llevo escritos cuatro folios, o bien porque no soy consciente de ellas, pero con esto creo que ya da para hacerse una idea más o menos de la situación que, básicamente no ha empeorado porque ya era bastante difícil llegar a estar peor (aunque las detenciones arbitrarias en Grecia, los asesinatos en Italia y Turkía, o las leyes anti gay de los paises de la antigua Unión Soviética ponen en evidencia que siempre se puede estar un poco peor).

P.D. En el blog de Aguillotinados faltaría la sección de robos y choriceos varios, y gastos en idioteces como los carísimos retratos de los ministros y consejeros autonómicos salientes, o los Iphones para sus señorías, para poder establecer una correlación entre el dinero que se nos está robando, y el dinero que se está recortando. Por aquello de ver quien está viviendo por encima de nuestras posibilidades.

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Proyecto Gloria

En el día mundial del VIH-SIDA, me gustaría que conocierais al Proyecto Gloria, una de las organizaciones más altruistas que he conocido. Durante dos años, yo mismo fui voluntario de este proyecto (aunque el grupo está en Madrid, y los contactos sólo eran virtuales), dando asesoramiento y acompañamiento a las personas que lo requerían desde el canal #sida del IRCHispano, con Trankilo-, y una médica muy simpática y paciente, que no recuerdo como se llamaba, y otros amigos y amigas con los que poco a poco perdí el contacto.

En este día, también me acuerdo de mi primer novio. Se llamaba Juan (supongo que se sigue llamando igual) y era seropositivo. Era mayor que yo: yo tenía 17-18 años, él tenía 30-31. Era el año 1997 (unos 10 meses), y él estaba en Barcelona, y yo en Málaga. En aquella época, Internet era algo que existía solo en algunas facultades, y en los carísimos cibercafés. La velocidad de la red de entonces, con modems de 56kb, se consideraría hoy ridícula, hasta de cara a conectarse con un teléfono móvil, aunque en realidad, nadie tenía internet en su casa, así que daba igual. Teníamos que pagar las llamadas de teléfono. Nos gastábamos un pastón. Él estaba en paro: era albañil, y contrabandista de tabaco, pero había dejado la albañilería, porque le daba miedo que perjudicase su salud, y el contrabandismo, porque su socio era su ex-suegro, y claro… ¡Menuda joya de chico fui a buscar! Él mismo me lo decía, y precisamente por eso, me dejó muy pronto. En aquella época no lo entendí, pero ahora que tengo la edad que él tenía entonces, sí lo entiendo, y me doy cuenta de que actuó con honradez. Me dejó a finales de noviembre, y el 1 de diciembre, con todo el mundo hablando del VIH, no podía dejar de pensar en él. La última vez que le vi, le estaban saliendo esas manchas oscuras en la piel. Mala señal. Luego le ofrecieron un tratamiento experimental, que él aceptó, y unos mese más tarde (cuando ya lo habíamos dejado, pero todavía éramos amigos)… ¡Carga viral indetectable! En su casa hicieron una fiesta con champán. Algún tiempo después, dejamos de hablar.

Se ha avanzado y se ha retrocedido mucho en lo tocante a VIH-SIDA. Ahora sabemos como se contagia, y como se previene el contagio. Sabemos como se desarrolla la enfermedad. En los primeros años de Proyecto Gloria, siempre había que lamentar la muerte de algunos compañeros a los que el virus les ganó la partida. Hoy en día, en los países con un alto nivel económico, ya nadie se muere de SIDA. El los países más pobres, sí. Incluso en aquellos países pobres en los que los gobiernos se comprometen a ofrecer tratamientos, estos llegan tan tarde, que cuando por fin comienzan, ya no son necesarios. Aproximadamente desde 2003-2004, morirse de SIDA, pasó a ser «cosa de pobres» en un país como España, en el que empezábamos a creernos ricos. Si la gente ya no se moría de SIDA ¿Para qué hacer campañas de prevención?

También es posible que las empresas farmacéuticas hayan podido convencer a alguien de que es más rentable no invertir en campañas de prevención. La rentabilidad funciona así: el político de turno no invierte en campañas de prevención, y la compañía farmacéutica en cuestión comparte con él los beneficios que obtiene vendiendo sus productos a un número siempre creciente de enfermos crónicos de la Seguridad Social. Todos ganan. En este contexto, la crisis trae una muy buena excusa para recortar en campañas de prevención. Las farmacéuticas estarán encantadas.

Por otra parte, muchas veces el dinero destinado a «campañas de prevención» se ha quedado en asociaciones de gays que compran preservativos, imprimen un par de carteles, y lo tienen todo dentro de su sede. Y digo asociaciones de gays, porque hasta ahora sólo una vez he visto un preservativo femenino en una campaña contra el VIH promovida por una asociación: extremadura entiende, que es una asociación de lesbianas, mujeres bisexuales y mujeres transexuales. Es decir, sin gays.

Las subvenciones de la lucha contra el SIDA, también en países pobres, han servido para proporcionar un medio de subsistencia cómodo a algunos llamados «activistas» que se han lucrado muy bien a base de no hacer lo que se supone que deberían estar haciendo.

Como suele decirse, entre todos la mataron, y ella solita se murió. Por supuesto, hay grupos que trabajan de verdad contra el VIH-SIDA, por ejemplo, Proyecto Gloria, y hay personas que se esfuerzan muchísimo sin obtener nada a cambio. Las subvenciones no suelen ser para ellos, y cuando les llega algo, es el trozo más pequeño de la tarta, si es que hay tarta. Sin embargo, parece que en lo tocante al VIH, como en la mayoría de las cosas, el auténtico problema que lo dificulta todo, es, sobre todo, la codicia, la ambición, y las ganas de aparentar ser más que los demás. Otra enfermedad, que afecta a las personas que no la padecen, y para la que hasta ahora no hay cura.

En fin, poniendo mi pequeño granito de arena, aquí van algunos consejos sobre el VIH que pueden ser útiles para cualquiera:

– Para evitar el contagio, sigue esta regla: si se moja, cúbrelo. La saliva, el sudor y las lágrimas no pueden trasmitir el VIH, pero los otros fluidos corporales, sí. Condones, film de cocina, y guantes de latex, te pueden ahorrar varios disgustos… porque, además, existen otras enfermedades que también son graves, y se contagian con mucha mayor facilidad que el VIH.

– Si has realizado una práctica de riesgo, hazte la prueba del VIH. Haztela a los 3 meses, y de nuevo a los 6 meses. Sí, que te digan que tiene VIH es jodido, pero más jodido es tener en tu cuerpo un virus que te puede matar, y morirte por no saberlo, cuando se podría haber evitado perfectamente.

– Si crees que podrías estar contagiado, además de hacerte las pruebas, no leas nada sobre el VIH. Como decía trankilo- en #SIDA, si lees que el primer síntoma del SIDA es que te sale un grano en el culo, al día siguiente tendrás un grano en el culo. No falla. Deberías haberte informado antes de tener esa práctica de riesgo. Harás bien en informarte después, porque está claro que te hace falta. Pero entre que sospechas que puedas estar infectado, y recibes los resultados, mejor que ni leas, ni escuches nada.

– Si eres paciente de la UTIG de Málaga, que sepas que te hacen la prueba del VIH y de la hepatitis B sin avisar. Desconozco la política que siguen en cuanto a informar de los resultados (creo recordar que hacer esas pruebas sin avisar, no es muy legal, pero no estoy del todo seguro, así que tal vez me equivoque), pero basta con pedir tus análisis para ver con tus propios ojos si estás infectado o no.

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Si no fueses mujer, seguirías viva.

El 20 de noviembre es la fecha para el Transgender Day of Remembrance (TDOR), una fecha en la que se recuerda a las víctimas trans de asesinatos. Como todos los años desde 2009, en esta fecha el TMM  (Trans Murder Monitor u Observatorio de Personas Trans Asesinadas) publica una actualización de datos, en la que España no tenía ningún dato nuevo que aportar.

Estaba pensando que este año podría escribir una entrada un poco más optimista, hasta que el domingo, al entrar en Facebook, me encontré con la noticia de que una mujer transexual ha sido asesinada en Fuengirola (Málaga).

La primera noticia que he leído, ha sido esta: “muere apuñalado un joven transexual en Málaga”, del ABC de Sevilla. Después, investigando más, localicé otras noticias, y otras redacciones, donde se aclaraba mejor el suceso.

El primer paso: escribir al TMM para informar de este nuevo caso de una persona trans asesinada. El equipo está formado por Carla Lagata y Jan Hutta, y ambos son alemanes, pero hablan bastante bien en español (aunque el idioma preferente de comunicación es el inglés). Si tienes que enviarles alguna vez un informe de este tipo, podéis hacerlo escribiéndole a  investigación (arroba) transrespeto-transfobia (punto) org. Normalmente yo suelo enviar el informe de los asesinatos que conozco en España o Ecuador, pero puede que algún día se me pase, o ya no tenga tiempo para estas cosas, y más vale que reciban la noticia duplicada a que no reciban nada, así que cuando te llegue alguna noticia de este tipo, escríbeles.

Segundo paso, investigar en los periódicos, para tratar de averiguar cuantos más datos mejor. Cada periódico ofrece una visión parcial de lo sucedido. Cada uno hace hincapié en unos datos más que en otros. En algunos, hablan en masculino de esta chica asesinada. En otros la tratan bien, y dan mucha información.

Buscaba su nombre. Me habría gustado poder escribir al TMM y decirles el nombre de ella, para que en su próximo informe apareciese así recordada. Sin embargo, no ha sido posible: su nombre no aparece por ninguna parte (días después he leído que Mar Cambrollé dice que la chica se llamaba Sabrina, pero desconozco cual es su fuente, así que no estoy 100% seguro de la información).

He sabido que ella era una inmigrante de origen árabe, pero no de qué país venía. Tenía 30 años y vivía con su novio, un chico rumano. El viernes 16, a las 00:30, un vecino que pasaba por la puerta escuchó ruidos de pelea, y llamó al 112 para informar de que el novio se había puesto agresivo y estaba rompiendo y tirando cosas. Según uno de los periódicos, cuando la policía llegó, el vecino todavía estaba en la puerta, impotente. Pero ya era tarde. Se la encontraron con una herida de arma blanca en el pecho (quizá un simple cuchillo de cocina). En algún momento llegó un ambulancia y se intentó reanimarla, sin éxito. Murió poco después. Su novio se encontraba todavía en el hogar, y fue detenido por la policía.

Si no hubiese sido una mujer, seguiría viva. Muchas personas trans tienen como objetivo simplemente ser mujeres y hombres como otros cualquiera. En este caso, ser una mujer como otra cualquiera se ha reducido a ser asesinada como muchas otras mujeres, a manos de su pareja, un varón heterosexual.

Me puedo imaginar la alegría que tendría ella, al llegar a una tierra donde podía ir por la calle sin que la metiesen en la cárcel, o la agrediesen, y recibiese atención sanitaria, e incluso se encontrase con la oportunidad de tener un novio, un compañero que la quisiera y con el que formar una familia ¿Le contó, sonriente, a sus amigas, que le gustaba un muchacho? ¿Les dijo que le daba miedo que la rechazase por ser transexual, y luego les habló feliz cuando él le dijo que no le importaba? ¿O tal vez era una trabajadora sexual que convivía con su proxeneta, o que había iniciado una situación sentimental con su cliente? ¿Le habría disculpado por todas aquellas veces que él le gritó, y le insultó, porque la comida estaba fría, o salada, o sosa, o porque no sabía cocinar sus platos favoritos, sino principalmente comida de su país? ¿Le parecía normal que la maltratara, y estaba agradecida de que a pesar de la clase de mujer que era, él la quisiera? ¿Bailaría ella en las bodas con las demás mujeres? ¿Habría soñado con casarse alguna vez? ¿Tal vez adoptar niños?

Si no hubieses sido una mujer, ahora estarías viva. Y mientras tu cuerpo se enfría a la espera de que algún médico forense lo examine, o tal vez esté ya en una fosa común. Desconozco si tienes familia que se vaya a hacer cargo de tu entierro, pues los cuerpos trans son, muchas veces, tan deshonrosos para las familias como lo fueron sus hijos e hijas trans en vida.

No es fácil humillar a una persona trans en vida, porque decidimos vivir cuando ya no queríamos seguir viviendo, y una vez que has tomado esa decisión, todo cambia para siempre. Pero es fácil denigrar un cuerpo trans. Las familias nos entierran bajo lápidas en las que ponen el nombre que ellas quieren, los periodistas se atreven a referirse a las mujeres trans asesinadas como “hombres”, incluso cuando han tenido un tipo de muerte que está tan solo reservada a las mujeres.

Algunos discuten si este caso debe considerarse, o no, violencia de género, como si fuese importante excluir a las transexuales muertas de los juzgados reservados únicamente para mujeres, no vaya a ser que se ensucien los expedientes de los Juzgados de Violencia de Género. Es una cuestión de importancia capital, la de discernir si podemos considerar que esta persona era una mujer, o si será mejor denigrar su memoria, al menos en la muerte, para poner una pica en Flandes en la lucha contra la igualdad de las personas trans. Ya que cada vez resulta más difícil negar que las persona transexuales vivas tenemos los mismos derechos que las demás, al menos, poder negárselos a sus cuerpos muertos.

Un debate absurdo y machista. Una vez que la víctima está muerta, la única consecuencia relevante de que este crimen sea juzgado como un asesinato convencional sería que el asesino tenga una condena más breve (¿cómo va a ser la misma condena por matar a una mujer normal que a una de estas mujeres?), y que no tenga antecedentes penales por violencia de género, para que así salga antes de la cárcel, pueda volver a tener pareja, y tenga la oportunidad de maltratar a una segunda mujer.

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¡Enhorabuena Argentina! ¡Y gracias!

El día 8 de junio el Senado argentino aprobaba por unanimidad (50 votos a favor, 1 en contra, ninguna abstención) la Ley de Identidad de Género. El debate social había tenido lugar mucho antes, cuando el proyecto se encontraba en el Congreso, y una vez aprobado ahí, el paso por el Senado parecía bastante pacífico.

Han sido muchos años de trabajo por parte de lxs activistas trans argentinos. Una de las personas que impulsaron que esta Ley llegara a hacerse realidad, murió en el intervalo de tiempo transcurrido desde su aprobación en el Congreso hasta su aprobación en el Senado, que de tan largo como fue, empezaba a resultar inquietante.

Pero, finalmente, el proyecto se ha convertido en Ley, y es, sin lugar a dudas, la mejor Ley del mundo. No sólo eso, es una Ley que desafía muchas cosas.

– Reconoce explícitamente el derecho a la identidad de género: al reconocimiento de la identidad de género, al libre desarrollo de la personalidad conforme a su identidad de género, y a ser tratado conforme a su identidad de género, yendo mucho más allá de la simple interpretación de la identidad de género como una faceta del libre desarrollo de la personalidad, o del tratamiento conforme a la identidad de género como una faceta dentro del difuso ámbito del respeto.

– Define identidad de género como «la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente, la cual puede corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo. Esto puede involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios farmacológicos, quirúrgicos o de otra índole, siempre que ello sea libremente escogido. También incluye otras expresiones de género, como la vestimenta, el modo de hablar y los modales.» Va más allá de la simple concepción de que una persona trans es aquella «cuyos sentimientos no corresponden con los genitales», que «ha nacido en un cuerpo equivocado», y el resto de tópicos que, pudiendo ser ciertos para muchas personas, no son ciertos para todas, y que no pueden significar una gradación en el acceso a los derechos civiles de la persona.

– No exige más requisito que el ser mayor de 18 años. Lxs menores de 18 años, podrán solicitar el reconocimiento de género con el consentimiento de sus representantes legales. El texto de la Ley no exige la nacionalidad argentina, por lo que supongo que aquellas personas que residen allí pero no tienen la nacionalidad, se verán amparadas por ella.

– Admite la posibilidad de sucesivas rectificaciones registrales, pero sólo si cuenta con autorización judicial.

– Reconoce el derecho al acceso a tratamientos hormonales y quirúrgicos a través de los diferentes sistemas públicos de salud. El único requisito que se exige es el consentimiento informado. No se exige diagnóstico psiquiátrico. No se exige la intención de someterse a ningún tipo de cirugía para acceder a los tratamientos hormonales. No se exige haber recibido tratamiento hormonal para, ni, desde luego, haber superado la Experiencia de la Vida Real para acceder a las cirugías de reasignación genital. Sólo queda una cosa que añadir: chuparos esa WPATH, y APA. (Y mis recuerdos para la Dra. Esteva y el Dr. Becerra, que supongo que estarán muy preocupadxs pensando en las hordas de personas que «se van a equivocar» y van a «cambiar de sexo» sólo para descubrir dentro de unos años que han cometido un terrible error. ¿Qué será de todxs esos transexuales trastornados y medio tarados, si no están los médicos benefactores para impedir que se sometan a tratamientos médicos perjudiciales? Yo digo que lo que ocurrirá será que, a partir de ahora, todxs lxs trans argentinos ganarán en tranquilidad y estabilidad emocional, pero… quien lleva razón, lo veremos a no mucho tardar.)

Esta Ley es «hija» de la Ley 3/2007 española. Nuestra Ley, que en su momento fue revolucionaria, se ha quedado anticuada en tan sólo cinco años. La práctica ha demostrado, además, que el proceso continua siendo demasiado largo, dependiente de la arbitrariedad de los médicos, y, en ocasiones, también dependiente de la arbitrariedad de lxs jueces de los Registros Civiles, quienes tienen la capacidad de paralizar el proceso por el método de exigir requisitos tales como que se confirme la autenticidad de los informes médicos. En mi caso, con una ley como la de Argentina, yo habría solicitado la rectificación en enero de 2009, que fue cuando asumí una identidad de género masculina y tuve libertad suficiente para poder manifestarla públicamente. Con la actual Ley, tres años, cinco meses, y doce días más tarde, todavía no he podido cambiar los papeles. Tres años durante los que cualquier mínimo contacto con las administraciones públicas se ha convertido en una tragedia que ha desembocado en un reguero de reclamaciones a mi paso (una vez más, lo digo… reclamad. Reclamad por todo, hasta por lo más mínimo. Las reclamaciones funcionan, y no tenéis por qué ser tolerantes con quienes no os toleran.)

La Ley 3/2007 de España se ha quedado anticuada al lado de la argentina. Pero igual que la Ley argentina ha sido hija de la nuestra, ahora podemos pensar que llegará un día en que nosotrxs tendremos una ley que será hija de la Ley argentina, y será tan buena como ella, e incluso más completa, atendiendo los problema que probablemente surgirán cuando la Ley argentina comience a llevarse a la práctica. Así que, sólo por eso… ¡Muchas gracias!

También muchas gracias por otra cosa. Hasta hace poco, las transexuales conservadoras decían tontamente que «exigir dos años de hormonación es demasiado… seis meses estaría bien». Este debate estuvo sobre la mesa en las jornadas sobre transexualidad que la FELGTB organizó el año pasado (en marzo, según creo recordad). Muchas, pero muchas, de las personas presentes sostenían que había que retirar la exigencia de diagnóstico para solicitar el reconocimiento legal de género, pero que había que manener un cierto periodo de hormonación, porque si no, cualquiera podría cambiar de nombre y sexo, y esto sería un sindios que «confundiría a la gente» y haría que creciese la violencia sobre las transexuales, que al ser puestas dentro del mismo saco de otras personas que no son verdaderamente transexuales, sufrirían la consecuencia de que nunca tendrían un reconocimiento social de su género. Podría mencionar a activistas trans, con nombre, apellidos, y enlaces a textos suyos defendiendo semejante estupidez, pero… errar es humano, y rectificar es de sabios. Dejemos que rectifiquen.

Gracias a la aprobación de esta maravillosa Ley argentina, ese debate ha quedado cerrado definitivamente. Las mismas personas que antes defendían a muerte todo ese cúmulo de disparates, y nos atacaban con saña a quienes defendíamos que la identidad de género debía ser reconocida sin requisitos médicos previos, ahora ensalzan la Ley argentina como «la mejor Ley del mundo», y miran esperanzadas a un futuro en que España tendrá una ley así. La celebran y la ponen como ejemplo a seguir. ¡Muchas, muchísimas gracias a lxs argentinxs!

Por último, un país entero se atreve a desafiar las normas de cuidado de la WPATH y de la APA, y van a demostrar, sin necesidad de retórica ni de discusión teórica alguna, a través de la práctica pura y dura, que las personas transexuales no somos un puñado de perturbadxs mentales que estamos tan locxs que sólo podemos ser tratados tras una serie de pasos muy especiales, difíciles, calculados y correctamente orquestados, no por un sólo médico, sino por un equipo pluridisciplinar completo. Pues no. Podemos decidir por nostrxs mismxs lo que necesitamos, lo que no necesitamos, y cómo lo necesitamos, y por fin, en sólo un lugar del planeta, algunxs de nosotrxs estarán libres de la tutela médica que nos convierte en menores de edad. Cuando el mundo no se hunda, no quedarán argumentos para continuar controlándonos como se ha venido haciendo hasta ahora, igual que ocurrió cuando algunos paises comenzaron a permitir el matrimonio homosexual (España fue pionera), y se vió que los demonios no ascendían del infierno para llevarnos a todos con ellos. Así que, por eso también… ¡Muchas gracias!

Podéis encontrar el texto completo de la ley aquí.

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El guión.

Uno de los trabajos de los políticos (y de los medios de comunicación afines a ellos, que son todos los grandes y muchos pequeños) es escribir un guión con lo que debe pensar la gente. A la gente le (nos) viene muy bien ese guión, ya que evita tener que pensar. Todas las ideas vienen ya pensaditas, machacaditas y bien hiladitas, para que el cerebro sólo tenga que hacer un pequeño esfuerzo de memorización (tampoco mucho).

En lo que respecta a la reforma sanitaria, y la eliminación de los servicios sanitarios para personas transexuales (“operaciones de cambio de sexo”, como les gusta llamarlas, aunque es evidente que se refieren a cualquier clase de atención médica), el guión es el siguiente.

Guión: así que cuando el PP hace recortes protestáis, y cuando los hace el PSOE, nadie dice nada.

Respuesta: llevo tres años como activista, de los cuales los últimos cuatro meses han sido con un gobierno del PP, y el resto, con un gobierno del PSOE. A los del PSOE les he metido bastante caña, pero… los del PSOE nunca me han acusado de ser la causa de la inestabilidad del sistema sanitario, ni me han tachado de caprichoso por exigir asistencia sanitaria relacionada con la transexualidad, ni han fomentado el odio contra mí. Los del PP, sí, y esa es una diferencia importante y objetiva.

Guión: yo no estoy de acuerdo con que a los transexuales los operen de cambio de sexo por la seguridad social. Si se quieren operar, que se operen por privado.

Respuesta: Pues pagamos impuestos como todos los demás.

Guión: Sí, pero sólo se deberían ofrecer las cosas que realmente sean necesarias (esenciales).

Respuesta: Bueno, para nosotros eso es esencial.

G: Sí, pero también hay muchas cosas que hacen falta y no se cubren, como las gafas, el dentista… ¿Por qué para los demás no, y para los transexuales sí?

R: Yo pago mis gafas, y mi dentista. No recibo ningún trato especial. Además, también tengo derecho a recibir las prestaciones sanitarias que necesito, como todos los demás.

G: Pero las operaciones no son tan necesarias.

R: La transexualidad produce un malestar clínicamente significativo que puede llevar a muchos trastornos, desde la depresión y la ansiedad, hasta la adicción a drogas o los trastornos de la alimentación. En los casos más graves, puede llevar al suicidio. Es una cuestión de salud. Las personas transexuales tenemos derecho a la salud ¿no?

G: Sí, pero…

R: No, dejémoslo claro. La salud es un derecho humano. ¿Las personas transexuales somos humanas?

G: Sí…

R: Entonces tenemos derecho a la salud ¿verdad?

G: Sí, pero es que esas operaciones son muy caras. Requieren muchos medios y máquinas que se podrían invertir en otras cosas más precisas (como cirugías cardiacas).

R: A ver ¿Cuánto crees que cuestan, anualmente, todas las operaciones que se realizan en el Estado español?

G: Esa no es la cuestión

Llegados a este punto, debo señalar que, hasta ahora, ninguna de las personas con las que he hablado, y que seguían el guión, han mostrado el menor interés en saber cual es el montante total destinado a las cirugías de reaconstrucción genital para personas transexuales. Es más, han intendado siempre desviar la conversación para que no se lo diga. Para mí, esto es una muestra de que saben perfectamente el escaso presupuesto que se destina a esto (aunque sólo sea porque realmente somos muy pocas personas transexuales), y que eliminar la atención a las personas transexuales no va a arreglar absolutamente ningún problema (pero es justo hacerlo, porque son operaciones de capricho, completamente innecesarias, y aquellos que las recibimos estamos aprovechándonos del resto de los contribuyentes). Para quien le interese, el coste de estas operaciones está estimado en unos 750.000€. Esta cifra no me la he inventado, sale de multiplicar el coste máximo de una cirugía de reconstrucción genital en la clínica del Dr. Mañero (un máximo de 15.000€, incluyendo la técnica más cara, anestesista, hospitalización, y retoques en caso de ser necesario), por el escaso número de cirugías realizado el año pasado (50, según el último artículo publicado por la Dra. Esteva y otros en la Gaceta Sanitaria a principios de 2012). 750.000€ es el equivalente del sueldo anual de un solo cargo de confianza, de esos que cobran mucho para no hacer nada (ni siquiera son médicos, y no saben más de medicina de lo que sabemos tú o yo). Si el Gobierno pretende ahorrar 10.000. millones de euros (es decir 10.000.000.000€), el coste de estas operaciones supone un 0,0075% del ahorro total. Sin embargo, en el guión “esa no es la cuestión” (palabras literales que he oido más de una vez).

G: La cuestión es que hay muchos tratamientos médicos que no entran, y muchas medicinas. Por ejemplo, hay medicamentos para el cáncer que no entran en la Seguridad Social.

R: Señal de que no se puede recortar, sino que se deben ampliar los tratamientos, ya que todavía son insuficientes.

G: Sí, pero eso es más importante.

R: Todo es importante. No podemos establecer una gradación en la aplicación de los derechos humanos, puesto que sería considerar que hay seres humanos de primera y de segunda categoría. Que no se incluyan ciertas prestaciones necesarias no significa que no se me deba atender a mí. ¡Significa que hay que cubrir esas prestaciones que no se cubren! El derecho a la salud, es un derecho de máximos: los máximos estándares de salud posibles. No de mínimos: mientras se quede una persona sin atender, no atendemos tampoco a las demás. Si hay una persona que necesita un tratamiento y no se le ofrece… ¡Que se le ofrezca! ¡Pero que no me quiten mis tratamientos a mí! ¡Que amplien las prestaciones en lugar de recortarlas! Además ¿crees que por quitarme los tratamientos a mí, van a darle tratamientos a quienes no se los están ofreciendo?

G: No, pero es que el sistema no se sostiene, porque la gente abusa. Mucha gente va al médico sin necesitarlo. Los hospitales están llenos de gente que va a pasar el tiempo.

R: Así es. Mi abuelita, que tiene 91 años, tiene en su caja cuatro cajas de Ibuprofeno, que nunca se toma, pero ahí están. Si no tiene más, es porque se le han caducado. Sin embargo, no es la mayor fuente de derroche que hay actualmente en la Seguridad Social. Por ejemplo, estoy seguro de que en el centro médico donde va mi abuela hay al menos una persona que cobra más de 2.000€ mensuales, que no es personal sanitario, y que nadie sabe cual es su trabajo en realidad. Si una caja de Ibuprofeno cuesta unos 5€, con un mes de sueldo de esa persona mi abuela y todas sus vecinas ancianitas podrían acumular tantas cajas de Ibuprofeno como desearan.

G: Es verdad, se van millones y millones de dinero desperdiciados en cargos políticos, cargos de confianza, relaciones públicas y demás. ¡Muchísimos millones! Pero la gente abusa.

R: Bueno, si cuando se hayan quitado a todas esas personas que no hacen nada pero cobran mucho, continuan habiendo problemas de financiación, ya veremos qué hacer.

Quisiera añadir, que me parece fatal la criminalización que el Gobierno está haciendo de nosotros, los usuarios de los servicios de salud, pero lo que realmente me parece alucinante es el síndrome Estocolmo que a algunos les ha llevado a dejarse convencer de que, sí, nosotros tenemos la culpa. Es muy fácil, muy agradable, creerse superior a los demás y pensar que los otros lo hacen mal, y nosotros bien. También es muy reconfortante pensar que nosotros tenemos el control, y que si hiciésemos las cosas bien, no habría problema. Bien, nosotros no tenemos el control: no están estafando, y deberíamos empezar a admitirlo. Si eres de los que se han aprendido el guión, en lugar de pensar con su propia cabeza, además de estafarte, te han engañado. Respecto a los supuestos abusos de la sanidad, creo que uno de los principios sanitario debería ser “es mejor atender a mil personas sanas, que permitir que un enfermo quede desatendido”.

A continuación, la última parte del guión, recientemente añadida.

G: ¿Y qué opinas de que las personas con rentas más altas paguen por ir al médico?

R: Me parece fatal. Para empezar, habrá que ver qué se considera “renta alta”, porque en un país con un salario mínimo de unos 600€, en el que para vivir necesitas 1.000€ al mes, es evidente que los que mandan tienen una percepción distorsionada de lo que es tener mucho dinero y lo que es tener poco dinero. Siguiendo la lógica que vienen manteniendo nuestros políticos, ganar más de 600€ mensuales, podría ser una renta alta. O ganar el doble, o el triple, por unidad familiar. A mí que no me fastidien: una familia que gana 1.800€, como mucho se puede pagar un seguro médico normalito para todos sus miembros. Y si tienes que operarte de algo, o necesitas un tratamiento caro, o tienes una enfermedad crónica, o eres anciano, olvídate de los seguros médicos: estas empresas tienen como objetivo ganar dinero, y no aceptan clientes que no sean rentables. Por tanto, los seguros médicos no son una opción para las clases medias.

Si la sanidad pública tuviese una limitación por renta, por supuesto, sobrarían hospitales y médicos, que se podrían privatizar. Por supuesto, las personas que no pudiesen recibir atención sanitaria pública, y tuviesen que pagar un seguro privado, muy pronto empezarían a exigir que sus impuestos se dedicasen a cosas más rentables (aunque todos sabemos que el “ahorro” sanitario se va a destinar a que nuestros queridos políticos se vayan de vacaciones a lugares exóticos y vistan modelitos caros, a “salvar” a los banqueros que se suben el suledo y tienen millones de beneficios, y a que la Familia Real nos robe y se ría en nuestra cara), y empezarían a pensar que los hospitales públicos son sitios de beneficencia.

 

En cuestión de muy poco tiempo, estos nuevos sitios de beneficencia tendrían una financiación marginal, pequeñísima, porque a nadie le importa mucho lo que les pase a los pobres. Si quieren atención sanitaria digna, que se jodan y paguen un seguro, como ya estarían haciendo todos los que pudiesen.

Sería el fin del sistema público sanitario, tal y como lo conocemos hoy en día. Hola, sistema de salud estadounidense. Si alguien tiene dudas sobre las bondades del sistema sanitario de los EE.UU., le recomiendo que vea la serie “Breaking Bad”, en la que un honrado profesor de química, que tiene seguro sanitario y gana 40.000$ anuales se convierte en narcotraficante para poder pagarse un tratamiento para el cáncer.

Quisiera hacer notar, que la última persona con la que hablé que se había aprendido el guión, es hija de un médico. “Hay que reformar el sistema sanitario para evitar que la gente abuse”, decía. Como no considera necesario pensar por si misma, no se ha dado cuenta que “recortar” por el método de ofrecer menos servicios significa “contratar menos médicos”. Ahorramos, porque atendemos menos gente, y como atendemos menos gente, necesitamos menos médicos. Recortar significa menos trabajo para los profesionales sanitarios de los servicios de salud públicos. Menos dinero para estos trabajadores (altamente cualificados, muy sacrificados, y que, por cierto, no están retribuidos como se merecen, sino que ganan mucho menos de lo que deberían).

Como minipunto extra, sin relación con todo lo anterior, esta chica fue la misma que me dijo que le he engañado por no decirle que soy transexual. Aquel día me quedé hecho polvo. Hoy, le doy las gracias por evitarme invertir tiempo y sentimientos en ella. Tengo la teoría de que ser transexual es un buen filtro que te ahorra involucrarte en relaciones sentimentales con personas que no merecen la pena (especialmente útil para las personas que, como yo, tenemos bastante mal ojo a la hora de elegir parejas potenciales). A veces dudo de que mi teoría sea cierta, o pienso que he encontrado una excepción, pero hasta ahora el tiempo siempre termina dándome la razón.

La conversación con esta chica terminó con ella afirmando «yo hablo de manera global, y tú te refieres a un colectivo». Le iba a decir que los colectivos no existen, sino que están formados por personas individuales, para cada una de las cuales, la desaparición de las atención sanitaria es una tragedia de grandes proporciones. Pero no tenía muy claro que ella pudiese entender tal cosa. Sería demasiad.

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Globos sonda

En los últimos días, hemos ido observando que algunos medios de comunicación han empezado a dejar caer que el Gobierno podría empezar a imponer el copago en breve para «las operaciones de cambio de sexo», junto con las vasectomías, la inseminación artificial, y las operaciones de varices (¿¿¿que tienen que ver las varices en todo esto???). Una afirmación poco realista, si la pensamos como algo inminente, al menos en lo que a atención a las personas transexuales se refiere, puesto que el tratamiento médico de la transexualidad no está incluido en la cartera de servicios mínimos de atención sanitaria a nivel del Estado, sino que las ofertan las Comunidades Autónomas, haciendo uso de las conferencias que se le han transferido en sanidad (que son casi todas las competencias).

Para la sorpresa de los pocos que empezamos a preocuparnos por esta cuestión, cuando empezamos a alertar a otros colectivos (gays, activistas trans reconocidas, etc…) tan sólo recibimos apatía, con suerte. Carla Antonelli ha ido más allá, no sólo no actuando para cortar de raiz lo que puede llegar a ser un problema, sino incluso actuando para llamar a la calma, la tranquilidad… la inacción. No lo entiendo. Lo que se está viendo amenazado es una serie de derechos… por los que ella luchó durante años, en primera fila, de manera incansable. Derechos que yo he podido disfrutar gracias a Carla Antonelli (entre otrxs). Cuando mi amiga Kim me explicó que Intereconomía estaba lanzando amenzas sobre la asistencia sanitaria de las personas trans, lo primero que se me ocurrió fue que llamara a Carla. Estaba seguro de que ella sería la primera que se movilizaría… ¡Nunca se me habría ocurrido que, al contrario, recomendase públicamente no prestar la menor atención a esta cuestión! No lo puedo entender. Me siento decepcionado.

¿De verdad podemos estar tranquilxs, conformándonos con pensar que, ya que las Unidades de Identidad de Género las gestionan las Comunidades Autónomas, el Gobierno Central no las podrá tocar?

¿No hemos visto como se reducen nuestros derechos como trabajadores? ¿Nos vamos a quedar de brazos cruzados ante la amenaza de reducir nuestro derecho a la salud?

En mi opinión, la campaña mediática anunciando la restricción a las prestaciones sanitarias para las personas trans (mal llamadas «operaciones de cambio de sexo» por los medios de la derecha) son globos sonda… para ver cuales son los sectores de la población más sumisos, a los que se les podrá meter la tijera de recortar en el futuro, y que no sólo no se quejarán, sino que tal vez hasta se alegren, llevados por un un síndrome de Estocolmo que les haga pensar que la reforma sanitaria que les quite derechos es «buena y necesaria, ya que la gente abusa de lo que es gratis».

Por suerte, otros sí se han preocupado por este asunto. El artivista Shangay Lily refleja en su columna del diario Público nuestra preocupación por este asunto. También ha creado una petición en actuable, que tú también puedes firmar, si, como a nosotrxs, te preocupa todo este asunto (yo ya la he firmado).

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Me va a dar un tabardillo

Me he dado cuenta de que hace algún tiempo que no cuento como me va la vida.

Sigo viviendo en casa de mis padres, aunque a principios de verano se fueron a la casa de la playa, con intención de volver en septiembre. En agosto me dijeron que ya volverían mejor en octubre. En octubre, mi madre pensó quedarse allí indefinidamente, que están más tranquilos y agustito, y que, si acaso, ya se irán pasando por aquí de vez en cuando para arreglar papeles y cosas. Dicen que tal vez vuelvan en noviembre a hacer algunas cosillas, y luego ya verán si se vuelven a marchar.

En resumen: mis padres se han emancipado de mí, que es el tipo de emancipación que empieza a darse en el S. XXI, cuando los padres tienen más de una propiedad, mientras que los hijos no tenemos posibilidad de adquirir ninguna. No soy el primero del que se emancipan sus padres, y probablemente tampoco seré el último. Esta emancipación, de todas formas, es un poco precaria, ya que a lo mejor en invierno les entra el frío y deciden volverse para acá, que se está más calentito… También es verdad que hoy en día toda emancipación es precaria, y que muchos hijos están volviendo a casa de sus padres… acompañados por sus cónyuges y por sus propios hijos.

La emancipación de mis padres incluye también dejarme el negocio familiar. Así que ahora mismo llevo casi cuatro meses trabajando. No es que esté ganando mucho dinero, pero estoy ganando el suficiente para mantenerme (cosa fácil sin pagar alquiler, ni facturas), pagar mis gastos, redirigir a la hucha cada céntimo que me llega, como su fuese el último (porque uno nunca sabe cuando va a ser el último céntimo de verdad, y menos tal y como está el patio). Finalmente, reinvierto también parte del poco dinero que consigo en empezar un nuevo negocio.

La idea de este nuevo negocio no fue mía, sino de una amiga, que la tuvo y me la regaló para que yo la pusiera en marcha. Habrá a quien no le parezca gran cosa eso de ir regalando ideas, pero las ideas son las que impulsan el mundo hacia adelante. No recuerdo quien dijo que el genio es 10% inspiración y 90% transpiración. Pues bueno, ese 10% será un porcentaje pequeño, pero es completamente imprescindible.

El 90% de transpiración, lo estoy poniendo yo. Se trata de crear una tienda online (todavía no es el momento de decir qué venderé, pero espero que podréis verlo dentro de poco), con lo que la inversión es muy baja, y casi no hay que pagar impuestos. Si intentáis poner una tienda, o cualquier otro tipo de negocio, de manera presencial, tenéis que ir al menos con 3.000€ por delante, para impuestos. Si la ponéis online, no (hasta que se les ocurra poner impuestos y cortar los últimos restos de iniciativa empresarial al alcance de los pobres).

Entretanto, ya ha comenzado el nuevo curso, y toca ponerse a estudiar. Este año tengo 5 asignaturas, igual que el año pasado, pero una es anual, mientras que en año pasado todas eran cuatrimestrales. Esto significa que tengo 3 asignaturas distintas cada cuatrimestre. Supongo que el final de esto será aprobar 2 en febrero, 2 en junio y 2 en septiembre, aunque, por otra parte, ahora todo me resulta mucho más fácil.

El año pasado leía los apuntes y tenía la sensación de que me había vuelto tonto de golpe, porque no entendía nada, y debía releerlos una, y otra, y otra vez más… y después de todo eso, seguía teniendo la sensación de que no me había enterado muy bien.El problema es que, además, en la UNED no hay clases, así que no tenía la oportunidad de que un profesor me lo explicase todo bien explicadito, y eso me facilitaba las cosas, precisamente. Por suerte la mayoría de mis tutores (un profesor de refuerzo a cuya clase puedes ir una vez a la semana, voluntariamente, y que no es la persona que te corrige el examen) eran muy buenos, y en sólo unas sesiones consiguieron explicar los puntos más difíciles o más relevantes. Gracias a eso, a principios de enero empecé a ver la luz y de repente entendía lo que estaba leyendo… En fin, que eso ya no voy a tener que hacerlo este año. Una ventaja que ya me está permitiendo estudiar mucho más rápido.

Y eso me lleva a que todavía tengo una oposición rondando por ahí. Antes del verano pensé que este año se convocarían oposiciones a la Administración General del Estado, pues cuando hay elecciones se convocan más oposiciones, para tener a la gran masa de opositores contentos y que voten al partido en el Gobierno. Sin embargo, al adelantar las elecciones y situarlas antes del final primer trimestre del año, que es cuando se hacen las previsiones de plazas y oposiciones, el que hayan o no hayan oposiciones es irrelevante. Puesto que la situación económica es cada vez peor, y de hecho se está despidiendo a funcionarios interinos, parece improbable que se realice convocatoria alguna. No van a estar despidiendo a los trabajadores que ya tienen para contratar a personal nuevo ¿verdad?

Sin embargo, el Ayuntamiento de Madrid sí que ha convocado oposiciones a Auxiliar administrativo, y me he apuntado. Se rumorea que el examen será en abril, así que yo voy estudiando con laboriosidad de hormiguita que, además, se tiene que hacer su propio temario, porque no le llega la pasta para comprarlo y no lo encuentra gratis en Internet. Si alguien lo tiene y lo quiere compartir, se lo agradecería enormemente, aunque ya se sabe que los opositores no suelen dedicarse a ayudar a la gente que está en su misma especialidad, por considerarlos competencia. En mi opinión esa es una idea egoísta y errónea, que sólo conduce al fracaso, puesto que el trabajo en equipo suele dar un resultado más alto que la suma del esfuerzo de cada uno de sus integrantes. Colaborar con otro opositor puede proporcionaros a los dos (o tres, o cuatro) una ventaja respecto al resto de la masa de opositores solitarios. Os lo dice un tío que lleva ocho años opositando y nunca ha sacado plaza (ehm… bien, quizá mis consejos no sean muy valiosos).

Además de todo esto, también me gusta pasar tiempo con mis amigos, hablar con los amigos que tengo lejos, quedar con los que están cerca, jugar a rol, leer un rato… Sigo con algunas actividades relacionadas con el activismo trans (ya contaré), especialmente respecto al test de la vida real. Escribo e-mails. Como. Duermo. Lavo la ropa. Intento actualizar el blog. Voy al gimnasio.

Si no actualizo con mucha frecuencia, no os respondo a los e-mails, no contesto los comentarios, no chateo, no leo vuestros blogs, o no os llamo por teléfono, ya sabéis por qué es. Y si dejo de hacerlo durante mucho tiempo, entonces es que me ha dado un infarto. Hago todo lo que puedo, pero es que ya no puedo más, de verdad… no es por falta de interés.

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Conversaciones de mujeres

Hay gente que, cuando va por la calle, mira a los demás, y por eso se dan cuenta de que son mirados. Yo rara vez miro a nadie, excepto a ese grupo de tres viejecillos que toman el sol y echan de comer a las palomas sentados en un banco, en silencio, a las cinco y media, cuando paso de camino a la tienda. Por eso no sé si la gente me mira a mí, a no ser que alguien me lo indique.

Lo que sí hago, es escuchar a la gente. Quizá porque tengo el oído muy fino, y me es inevitable oír muchas cosas que nadie imagina que puedo oigo. Hoy llevo todo el día escuchando a mujeres, que hablan de sus hijos.

Mientras tomo café por la mañana (ya que se me olvidó comprar para desayunar en casa, y me ha tocado ir a la calle) dos mujeres hablan de sus niños. Por lo que dicen, son todavía pequeños, y se intercambian con orgullo anécdotas sobre sus progresos en la casa y en la forma de entender el mundo. Una comenta una frase ingeniosa, la otra se ríe de un exceso de ingenuidad, luego comparten cosas que les han comentado los maestros y los progresos escolares que van observando. Los deberes que hacen. Las palabras nuevas que han aprendido.

A media mañana, una clienta me habla de su hija. Estudió turismo, como yo. Y estaba en el paro, como yo. Pero se le ocurrió hacer un curso puente de auxiliar de farmacia en Málaga, y ahora no le falta trabajo. Antes de que se le acabe un contrato en un sitio, ya la están llamando de otro. Se la ve muy contenta, y me anima a que haga lo mismo, en caso de que las cosas sigan mal.

Algo más tarde, en la cola del supermercado (para poder desayunar mañana) la cajera comenta con la clienta que va detrás de mí que su hija le ha dicho que pronto va a recibir una cita para una reunión de padres, “para hablar de nuestro mal comportamiento”, según puntualizó la hija. Ambas hablan de los problemas que está dando un grupo de gamberros descontrolados que con sus continuas bromas impiden con frecuencia que el resto de alumnos reciba clase. Los profesores están atados de pies y manos para remediar la situación, y lo único que se les ocurre es ponerles exámenes sobre la materia que deberían haber estudiado, y que no han podido trabajar, supongo que para “castigar” a los gamberros, a quienes no debe importarles nada el castigo, puesto que ya están repitiendo. Tal vez esperan que los alumnos que sí quieren aprobar hagan presión sobre sus compañeros para que dejen de molestar. ¡Que ilusos! Mientras guardo la compra con cuidado en la mochila, las madres intercambian protestas de indignación. “¡Eso ya es pasarse! El otro día hicieron vomitar a una niña. Se entiende que son jóvenes y están en la edad de gastar bromas, pero hay bromas y bromas…”.

Ya por la noche, desde el interior de la tienda, escucho a dos mujeres mayores hablar de sus hijos. Hablan de paro, de hipotecas y coches por pagar, de que no les salen las cuentas para dar de comer a tanta gente. De manos ociosas y hombres jóvenes que no saben qué hacer. “Allí en la casa lo tengo”, repite la mujer. Hablan del subsidio del paro, de las ayudas para desempleados que, o bien no llegaron a cobrar sus hijos, o bien las cobraron y se han terminado antes de que termine la situación de desempleo. “Tengo que ayudarle yo a pagar la hipoteca, porque él no tiene ninguna ayuda. Y allí en mi casa lo tengo”. Hablan de las pensiones, y las bajadas de las pensiones. “Veintisiete años he cotizando. Una pila de años y luego no te dan una mierda”. “Una mierda, eso es lo que nos van a dar. Tanto pagar, pa’ ná”, enfatiza la otra. Hablan de precariedad laboral, de los cinco jornales que ha podido trabajar otro de sus hijos en el campo, y gracias a los cuales han podido arreglar una cañería que perdía agua.

Luego oigo a los Rubalcabas, Rajois, Zapateros, y al resto de ricos que nos mandan, hablando de mercados, de recortes, de sacrificios, de resurgimientos, de crisis hipotecaria, de rescates a los bancos, de despedir maestros y médicos, de ipeceses y de cifras de paro, y me doy cuenta de que no merece seguir escuchándoles, pues no hablan de nada importante. Los españoles nos hemos vuelto todos unos expertos en economía, y manejamos conceptos económicos que hasta hace poco nos sonaban a chino, porque nos importaban un pimiento, como quien maneja la lista de la compra de su casa. Supongo que se debe porque, a falta de dinero para hacer la lista de la compra, los políticos nos entregan todos estos conceptos para explicarnos por qué hemos pasado del progreso, al regreso.

Quizá deberíamos todos apagar las televisiones, las radios y cerrar los periódicos y los internetes, y escuchar más a las mujeres. Sus análisis sobre lo que está ocurriendo son mucho más realistas.

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