Archivo mensual: diciembre 2009

Año nuevo.

A petición de Arguez (que narices, cuando lo vi en su album de fotos, ya decidí que me iba a copiar) voy a hacer algo muy propio de estas fechas: listas de deseos.

10 SUEÑOS REALISTAS PARA EL 2010

  1. Que me cambie la voz.
  2. Que los camareros dejen de llamarme señora o señorita.
  3. Viajar a Ecuador.
  4. Conseguir o crear un empleo del que pueda vivir (no estoy del todo seguro de que este sea un sueño realista).
  5. Ponerme un poco en forma.
  6. Perder algo de peso.
  7. Alcanzar la media de 50 visitas diarias en el blog.
  8. Aprobar las oposiciones (si es que se convocan)
  9. Mantener a mis viejos amigos y hacer amigos nuevos.
  10. Que mi familia y amigos tengan buena salud.

10 SUEÑOS IMPOSIBLES PARA EL 2010

  1. Publicar algo, que no sea autopublicado y ganar dinero con ello.
  2. Trabajar dando clases.
  3. Que toda mi familia me llame Pablo y me trate en masculino (oye, por pedir que no quede).
  4. Hacerme la masectomia.
  5. Comprarme un audi TTS Roadster.
  6. Ponerme en forma (por completo).
  7. Perder todo el peso que me sobra.
  8. Conseguir documentos legales con mi nombre y sexo legal reales.
  9. Ir a París y a Eurodisney.
  10. Que quien quiera que me quiera me quiera como quiero que me quiera.

SUEÑOS QUE HE CUMPLIDO EN 2009.

  1. Vivir como hombre.
  2. Que me den luz verde para empezar a hormonarme (la hormonación empezará realmente el año que viene, pero cuenta como logro de este año).
  3. Conocer a personas como las que he conocido este año.
  4. Entrar en Conjuntos Difusos (no sabía que era uno de mis sueños hasta que se realizó).
  5. Independizarme de mis padres.
  6. Tener un grupo de rol estable para jugar en mesa.
  7. Lo que cierta persona sabe y no voy a contar.
  8. Que alguien publique algo que haya escrito yo.
  9. Viajar mucho y barato.
  10. Recibir a muchos amigos de visita en casa (me han faltado Drosan y Arguez, a ver cuando se animan).

NO QUIERO MORIR SIN:

  1. Volver a Praga.
  2. Volver a enamorarme.
  3. Transcribir los diarios de mi abuelo.
  4. Publicar un libro.
  5. Tener un trabajo que me guste y me permita vivir de él.
  6. Que se retire la transexualidad del DSM y el CIE.
  7. Que deje de obligarse a las personas trans a recibir permiso de un psicólo/psquiatra para acceder a los tratamientos médicos que necesiten.
  8. Que se pueda cambiar de nombre y sexo legal sin requisitos, o, por lo menos, con los mismos que se exigen para el cambio de nombre normal. O que cada cual se pueda llamar como quiera y que desaparezca la mención del sexo en el DNI. O todo ello al mismo tiempo.
  9. Que un hombre transexual pueda concebir un hijo y nadie se sorprenda.
  10. Soplar una tarta de cumpleaños con, al menos 85 velas, y además tener buena salud física y mental.

A la hora de hacer las listas, me ha resultado más fácil hacer la de «sueños cumplidos en 2009» que la de «sueños imposibles para 2010» (esa ha sido la que más me ha costado). La más fácil ha sido la de «no me quiero morir sin…». Normalmente, al final del año se puede decir que ha sido un año bueno, o «¡que ganas de que acabe ya este puto año!». Para mí, 2009 ha sido una jodida montaña rusa, que unos días me ha llevado a rozar el cielo con la punta de los dedos y otras veces me ha hecho sentir que tocaba fondo. Pero incluso el día que dije «hala, ya está, ya he tocado fondo», me sentí muy aliviado de pensar que a partir de entonces sólo podía subir. Lo que no sabía es que subiría, bajaría, subiría, bajaría, volvería a subir… Hay muchos momentos que preferiría no haber vivido, y que no le deseo a nadie, pero también han habido muchos otros perfectos (y decir perfecto es decir mucho), y creo que han ganado en número e intensidad a los primeros.

En cierta ocasión le comentaba a un amigo que me daba algo de envidia la gente que lleva vidas plácidas y tranquilas. Creo que los rostros redondos y blandos de los funcionarios que estaban presentes en la oposición de la AGE se me quedaron grabados y por un momento pensé ¡Ojalá yo pudiese conocer esa placidez que ellos reflejan en sus caras! Pero mi amigo me dijo muy sabiamente que, salvo accidentes puntuales, fallecimientos y cuestiones relacionadas con la salud de la familia o propia, las vidas de todo el mundo tienen altibajos. Para quienes tienen vidas muy estables, los momentos bajos nunca se alejan demasiado del estado de tranquilidad normal, pero sus momentos altos tampoco son muy altos. Encambio, quienes llevamos vidas más intensas, cuando estamos bajos, estamos muy bajos y lo pasamos fatal (él nos incluía en ese grupo, y es que también lleva una vida muy intensa) pero cuando estamos arriba alcanzamos cotas muy altas y vemos un paisaje que los otros no pueden ni imaginar. No tuve más remedio que darle la razón.

Debe gustarme eso de la montaña rusa, porque para este año que viene no preveo más estabilidad que en el año anterior. Sin embargo, si a principios de 2009 tenía la sensación de encontrarme caminando sobre los cascotes de la vida tan bien montada, que tanto trabajo me había costado conseguir, y que había tirado abajo en tan solo unos meses, con una sola decisión, ahora veo el horizonte lleno de proyectos nuevos y estimulantes. Eso sí, lo nuevo y estimulante suele estar reñido con la estabilidad.

Hala, vamos a por el 2010. ¡¡¡Feliz año nuevo a todos, todas, todes y td*s!!!

P.D. Antes de que acabe el año, le robo una foto a Arguez.

6 comentarios

Archivado bajo Reflexiones

…y de vuelta a la realidad…

Después de las Jornadas, la vida siguió. La vida real está ahí fuera, por más que uno busque maneras de olvidarse de ella durante un rato, o de pensar que puede hacer que las cosas sean un poquito mejores.

En la vida real, tras las Jornadas, encontré a algunas personas que opinan que no sólo no ayudo a hacer que las cosas sean un poquito mejores, sino que incluso contribuyo a empeorarlas. Bueno, no estoy del todo seguro de si eso era la vida real, o continuaba con lo de antes.

No siempre hago las cosas bien, y no me queda más remedio que reconocer que dejé colgadas a algunas compañeras, especialmente a quienes se encargaban del Espacio Difuso. No supe hacerlo mejor, ni tampoco peor, pero eso no justifica que no lo hice como debía. Quizá tampoco fuí el único que no hizo las cosas como debía, y la parte «agraviada» tal vez tenga su parte de responsabilidad en la falta de implicación del resto. Aún así, que otras personas no hagan las cosas bien no justifica que yo no las haga bien.

Muchos se han disgustado con las cosas que he escrito aquí. Son personas con una visión diferente de la mía respecto a lo que es el feminismo. Me han dicho y escrito cosas muy duras, estaban muy enfadados. Otros no se han dirigido a mí, pero sí que han apelado a mis amigos. Es normal, igual que ellos actuaron de acuerdo con sus ideas y convicciones y yo me enfadé, al actuar yo de acuerdo con mis ideas y convicciones he hecho que se enfaden conmigo. Igual que yo me he sentido atacado, incluso insultado, el decirlo ha hecho que se sientan igual. Tengo la sensación de que «ellos atacaron primero» y en ello me justifico. Sólo hablo de lo que veo y describo lo que sentí en esos momentos, porque en el fondo, muy en el fondo, sólo escribo para mí. Se me olvida que otros leen mis lineas, e incluso cuando soy consciente de ello, siento que morderme la lengua es mentirme a mí mismo. En el futuro, cuando quiera recordar un momento, se que releeré las entradas antiguas, y si falseo ahora mi opinión, suavizándola para no herir sensibilidades, estoy falseando mi memoria del futuro.

Quizá debería llevar un diario privado y guardarme mis opiniones para mí. Así seguro que no se enfadaba nadie conmigo. Sería políticamente correcto. Pero entonces mejor cerraría este blog. Porque empecé a escribir para que mis amigos, familiares y, sobretodo, otras personas trans, viesen como me iba, que las cosas son difíciles, duras, pero se sale de todo y luego merece la pena. Si he descrito con todo lujo de detalles como estaba cuando me sentía tocar fondo ¿no voy a expresar lo que siento cuando estoy en la cresta de la ola? ¿No voy a decir a otras personas trans que hay maneras de ser trans y ser increiblemente feliz, a pesar de todo?

El problema, creo, es que este blog ha dejado de ser anónimo, y yo me estoy dando cuenta de ello ahora, a pesar de que A. lleva bastante tiempo indicándomelo con mucho tacto. Escribo y me muestro como soy, y me hago vulnerable, pero también vulnero a otros cuando al hablar de ellos, ellos saben quien les está haciendo referencia. Lo que me consuela es que supongo que de aquí a unos meses volveré a la comodidad del anonimato y podré dejar de plantearme estas cosas. ¿Hacer o no hacer? ¿Expresar o mantenerse en silencio para evitar el confrontamiento? ¿Estoy aprovechándome de la ventaja que representa tener una plataforma de comunicación unidireccional? ¿O, al fin y al cabo, tengo derecho a utilizar la libertad que internet brinda a todo el mundo para hacer escuchar sus opiniones? ¿No son los blogs la máxima expresión de la democracia? Sí, alguien puede ser muy poderoso y evitar que otros hablen en determinados foros, alzar su voz sobre las de los demás, pero luego la red nos da voz a todos, y cada cual lee lo que cree más adecuado.

Yo no quiero representar a nadie en este blog, ni derribar nada, ni atacar nada… eso lo hago en otros sitios. Aquí estoy sólo yo y mis sentimientos y experiencias, totalmente subjetivos. La vida de un hombre transexual como otro cualquiera. Y la vida de un hombre como otro cualquiera.

En mi vida, igual que la de otro cualquiera, los días se suceden y cada uno trae cosas diferentes. Salió la nota de la oposición, y al final no he pasado el corte, aunque muy probablemente entre en bolsa de empleo y tenga la oportunidad de trabajar. Tengo que sacar ánimos para volver a ponerme a estudiar después de Navidad. Mis amigos ya me están animando, y desde la academia también me han mandado un mail. La vida sigue.

En mi vida, dos de mis parientes tienen problemas con el cáncer. Una de ellas está superándolo poco a poco, con el apoyo de todos, como buenamente puede. La otra, aún no sabemos qué tiene dentro exactamente, aunque los médicos nos presentan un panorama optimista, dentro de la precaución. Por suerte, estaba vacunada contra esta enfermedad en concreto, lo que, al parecer, ha servido para minimizar los daños. Esta última, es una pariente muy cercana, y me dió la noticia el jueves pasado.

Por otra parte, veo aparecer algunos proyectos nuevos en el terreno laboral. No quiero hablar de ellos, por la sencilla razón de que, en lo que a eso respecta, nunca he tenido demasiada suerte. En toda mi vida, de las muchas entrevistas de trabajo que he hecho, sólo he superado una, la que hice con Ediciones Rueda, para vender enciclopedias… y luego el trabajo duró muy poco. Pero en el último año he cambiado mucho, y siento que ahora estoy preparado para aspirar a algo mejor. Creo que el aspecto laboral de mi vida va a empezar a mejorar muy pronto, por fin.

Esta semana pasada he creido que un huracán se dedicaba a ponerlo todo patas arriba. Como se ve, no lo he estado pasando muy bien que digamos. Por suerte, una vez más, tenía cerca a varios amigos, que al estar cerca me han trasladado a una zona más tranquila de la tormenta, quizá al ojo del mismo huracán. Es bueno no estar solo.

Mañana me voy de viaje a pasar la navidad con la familia, con esos parientes que me preocupan (y algún otro que también me preocupa, pero del que no he hablado) y con los que no me preocupan pero les preocupo yo a ellos. Veré también a amigos distantes físicamente, pero cercanos emocionalmente, y estaré sin contacto con la red durante varios días. Que nadie se preocupe, estoy seguro de que sobreviviré, y, además, me llevo el teléfono móvil.

¡¡¡¡FELIZ NAVIDAD A TODOS Y PRÓSPERA REALIDAD PARA EL AÑO QUE VIENE!!!!

4 comentarios

Archivado bajo Mundo, Parientes y amigos, Reflexiones

Jornadas Feministas Estatales: tercer día.

El lunes día 7 de diciembre me costó horrores levantarme de la cama. ¡Estaba agotado! Pero al mismo tiempo me sentía feliz por todo lo que estábamos viviendo. No sé si la gente que lleva muchos años en el activismo acaba acostumbrándose, pero en ese momento yo estaba completamente entusiasmado por todas las emociones del día anterior.

No tengo el programa a mano, así que no puedo decir con exactitud los nombres de las mesas a las que fuí ese día, ni de las personas que hablaron. La primera, a las 10 de la mañana, era sobre despatologización de la transexualidad. En ella hablaron Alira Araneta, Belissa Andía, Astrid Suess y Sandra Fernández. Aunque era temprano y probablemente la mayoría de la gente había aprovechado la noche del domingo para disfrutar de la marcha Granadina (cada cual a su estilo, unos en plan tranqui, otros de desfase), y también habían otras charlas muy interesantes al mismo tiempo en otros sitios, hubo bastante gente. Por otra parte, en esta ocasión estábamos en el salón de actos de la facultad de aparejadores, y aquel sitio es bastante grande, con lo que es autidorio estaba algo disperso, o «difuso». La charla estuvo bastante bien, aunque al principio se me hizo un poquito aburrida puesto que la primer ponente decidió darle un enfoque algo teórico para mi gusto. Después habló Belissa, que más que sobre despatologización habló de la incidencia de otras enfermedades en la población trans, y los problemas que aparecen cuando alguien que es trans necesita tratarse, además, otra enfermedad. Me impresionaron especialmente los datos y conclusiones relacionados con transexualidad y SIDA. También habló, muy bien, de la medicalización general de nuestra sociedad, y de la incidencia especial que tiene dicha medicalización sobre los colectivos de personas trans, que estamos medicalizados a tope. Astrid habló sobre la campaña de despatologización, y aunque gran parte de las cosas que planteó ya las conocía, no por ello me resultó menos interesante, puesto que también nombraba cosas de las que no había oido hasta entonces. Finalmente habló Sandra, pero no pude quedarme a escucharla, pues hacía falta que fuese a preparar las cosas para que la siguiente charla pudiese empezar a su hora. Es una pena, porque me han dicho que fue muy interesante, quizá la ponencia más interesante de la mesa… confío en que alguien la grabase y la cuelgue en internet.

La siguiente ya era la última mesa. El aula era un poco más pequeña que las que habíamos ido teniendo hasta el momento, pero estuvo bien, pues no faltó sitio para nadie (bueno, creo que unas pocas personas se tuvieron que quedar de pie, y otras se sentaron en los escalones del pasillo, pero no demasiadas). Se hablaba sobre redes en la lucha social (recuerdo que no tengo el programa a mano, así que no sé exactamente los nombres de las ponencias) y se abordó desde un punto de vista totalmente vivencial y práctico. Laura Bugalho fue la primera en hablar. Yo, que había oido hablar mucho de ella antes de las jornadas, tenía un montón de ganas de escucharla, acrecentadas porque durante los dos días anteriores había hablado con ella y había tenido la oportunidad de conocerla un poco. Su intervención estuvo a la altura de lo que esperaba, y en ella habló de vivencias e incidentes vividos en el activismo. Algunos eran curiosos, otros simpáticos, otros daban rabia, y algunos… daban miedo. Laura es una persona a la que no le importa arriesgarse y mancharse las manos por otras personas. Se trata de algo que yo no haría, y me parece muy valiente y digno de admiración, hasta cuando son causas que no comparto.

Después habló Elisabeth Vásquez, que «completó» su intervención anterior poniendo ejemplos concretos sobre cómo se habían llevado a cabo las acciones de las que había hablado en la mesa de «Construcciones múltiples de cuerpos y géneros». A medida que iba hablando, notaba que me reafirmaba en una idea que había tenido yo hacía tiempo, y que había dejado ligeramente apartada por falta de tiempo, pero también en parte por falta de convicción. Sentada a mi lado estaba Kim Pérez, quién creo que estaba teniendo una serie de pensamientos muy similares a los míos, y me animó a que luego comentase la idea en voz alta. Puesto que, en mi opinión, se trata de algo importante, creo que le dedicaré una entrada del blog sólo a eso.

Finalmente, habló Astrid Suess, que presentó el Observatorio de Personas Trans Asesinadas, que conduce junto a otra persona. Se trata, ni más ni menos, de un intento de registrar los nombres y circunstancias en que han sido asesinadas las personas trans a lo largo y ancho de todo el mundo. Digo «intento» porque casi no existe ningún organismo oficial que proporcione datos fiables respecto a esta cuestión, y las oficinas de policía no suelen registrarlos como casos de crímenes contra grupos sociales concretos. Eso significa que quienes sacan adelante el observatorio prácticamente tienen como única fuente las noticias de los periódicos, que a veces publican las cosas y a veces no, y a veces dicen que son asesinatos de personas trans, y a veces no. La importancia de todo esto es que, a menudo, los crímenes contra personas trans ni siquiera se investigan, y hasta da la sensación de que «ell*s se lo buscaron». Nadie habla de este tipo de violencia, a menudo provocada por la transfobia, el odio irracional hacia los que transgreden los códigos de género. ¡Si en el año 2007 asesinaron a un chico trans que pertenecía a una asociación de hombres transexuales españolas y sus propios compañeros prefirieron silenciarlo no fuera que «salpicara», «se diese la vuelta a la tortilla» o yo que sé que otras excusas! Y no digo ya que no publicasen una nota en el periódico… es que no lo publicaron ni en su propia página web. Pues imaginaros lo que pasa con las personas asesinadas que no pertenecen a ninguna asociación.

El tema del Observatorio, aunque para mí es bastante conocido, siempre me «toca». Hablar de ello, o pensar en ello, me entristece. Precisamente por eso me parece tan importante. Es necesario que se sepa que todas esas personas mueren, y que todos esos asesinatos existen, que el problema está ahí. Y eso que no hablamos ya de palizas o suicidios…

Todas las ponencias fueron deliberadamente cortas para dar lugar a que se hiciese un debate prolongado con el auditorio. Fue una gran idea porque, al hablar de redes de acción, la gente empezó a sentirse implicada en todo ello (imagino que igual que me sentí yo) y a pensar que habían cosas que podían hacer. Salieron psicólogas y una estudiante de psiquiatría, y otras personas que tenían propuestas y querían hacer cosas. Yo mismo planteé mi idea. Y había gente de todas las áreas de interés y todas las corrientes del feminismo (o casi todas, pues son tantas que juntar a todas y ponerlas de acuerdo en algo es casi imposible) en muy buena sintonía unas con otras, y hacia los planteamientos que se habían lanzado en la mesa. Por decirlo sencillamente, fue «guay».

Era la última mesa. Ya sólo nos restaba arrimar el hombro para recogerlo todo y prepararnos para la fiesta de clausura que se iba a hacer por la noche. Algunos se iban esa misma tarde, y la mayoría, al día siguiente por la mañana, y era una pena. Quedamos a tomar café y descansamos un poco, sólo un poquito, aunque estábamos ya que no podíamos con nuestra alma, de tantas emociones, pero también tantas horas haciendo cosas.

La fiesta de clausura… En la fiesta pasó… Ya no sé ni contarlo. Cuando llegamos, vi que sobre el escenario que se había montado en el Palacio de Deporte, donde se iba a realizar la fiesta, estaban preparadas las cosas para que tocase un grupo. De repente, unas personas se subieron y empezaron a recogerlo todo, y otra se acercó al micrófono para explicar que, debido a que no se permitían que los hombres que habían ido a ayudar a montar aquello entrasen en la fiesta, se marchaban. Posteriormente se supo que esos «hombres» eran en realidad parientes de las que iban a tocar, que les estaban echando un cable, no sólo sin cobrar, sino poniendo dinero ellos. Maridos e hijos.

Algunas personas del público se subieron al escenario a pedir explicaciones a la organización, pero nadie de la organización dijo nada, al menos oficialmente. Desde el público se levantaron voces diciendo que les parecía bien que no se permitiese la entrada de hombres. El resto de personas que iban a animar la fiesta (otro grupo y las Dj) decidieron marcharse en solidaridad.

A mí me habría gustado que en ese momento la fiesta se cayese, puesto que habría sido una metáfora de que, sin contar con los hombres, el feminismo no tiene futuro. No se vino abajo, pero sí quedó deslucida, y también es una metáfora. Vale, el feminismo puede sobrevivir sin hombres. Pero no es tan bueno como habría sido con hombres, y además, en parte funciona porque mucha gente no es consciente de lo que ocurre en realidad. Cuando todo eso paso, había muy poca gente, y quienes que vinieron después sólo se enteraron de oidas. Además, si eso no hubiese ocurrido, algunas personas que con todo su trabajo habían organizado la fiesta para que fuese perfecta (o lo más cercano a la perfección), y que opinan que es incluso es insultante que no se permita la entrada a hombres porque parece que se les tenga miedo, no se habrían llevado un disgusto mayúsculo como el que se llevaron.

Mi estupor aumentó cuando ví que en la puerta… La persona que estaba impidiendo que entrasen hombres, era un hombre. Además, era alguien que había estado en nuestro grupo, defendiendo que se permitiese entrar a hombres en las Jornadas delante de un vaso de refresco. El estupor aumentó cuando ví que le acompañaban dos mujeres que hasta ese momento también habían formado parte del grupo, de una de las cuales yo recuerdo haber escuchado la frase: «no os preocupéis por eso de que no van a dejar entrar hombres a las Jornadas, que por las noticias que yo tengo, no va a haber problema con que vayan todos los que estén interesados» y que criticaba el pesimismo de otra de las componentes del grupo que decía que, por la información que ella tenía, era mejor que no estuviésemos tan tranquil*s respecto a ese tema.

Pero la resistencia a la entrada de hombres al feminismo no es exclusiva de los sectores más conservadores (sí, la palabra para referirse a una persona que se resiste a los cambios es «conservador»), sino que dentro de los grupos «transfeministas» (este término a mí no me gusta mucho, la verdad) también hay personas dispuestas a defender a brazo partido la exclusión de los hombres para crear «espacios de seguridad». Como si hubiese que tenernos miedo. O «tenerles» miedo, puesto que estas personas sí que admiten la presencia de hombres trans y gays. Eso me hace pensar que en realidad lo que ocurre es que, en el fondo, no nos perciben como hombres, o quizá nos perciben como «hombres de mentirijilla» o «menos hombres». Esto me parece ciertamente insultante, aunque nadie ha llegado a decírmelo así, y creo que nadie llegaría a reconocerlo en voz alta, ni ante mí, ni ante si misma.

Me temo que, en cierto modo, lo de ser trans está camino de convertirse en una moda. Igual que «no hay guay sin amigo gay». Pero ser trans no es ninguna moda, es una putada como una catedral. No es nada guay, y no se lo recomiendo a nadie. No es que sea algo de lo que presumir. Es como si se pusiese de moda tener una pierna rota y la gente fuese por ahí presumiendo de sus muletas y sus escayolas. No mola.

Creo que no hace falta que diga más para que se vea que todo este asunto me molesta muchísimo, de manera personal y profunda. No sólo como insulto, sino como una acción terriblemente dañina para el feminismo en general. Pero tengo una última pregunta ¿Por qué poner a un hombre en la puerta a impedir que otros hombres entren? ¿Fue casulidad que no había otra persona que pudiese hacer ese trabajo, ni ninguna otra tarea que pudiese cumplir esa persona, o se quería enviar un mensaje? ¿Se hizo a sabiendas o sin pensar? Me parece demasiado evidente la ironía de la situación para que se hiciese sin pensar, y para que esa persona aceptase hacerlo sin darse cuenta de en qué posición tan delicada se estaba colocando. A los ojos de todo el mundo, él formaba parte de una organización en la que se rechazaba a personas como él, y colaboraba rechazando a otros. Como los judíos que trabajaban para los nazis en los campos de concentración, sólo que sin que nadie le obligase a ello bajo amenaza de muerte. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Cual era el mensaje? Posteriormente, esa persona me ha dicho que elige no ser un hombre como yo, pero no creo que lo hiciera por marcar una diferencia con respecto a mí. No soy tan importante. Quizá no llegue a entenderlo nunca.

En el momento en que ocurrió todo eso, decidimos marcharnos de la fiesta, pero posteriormente volvimos porque habíamos quedado allí con personas a las que queríamos ver, de las que esperábamos despedirnos, y con las que no teníamos forma de contactar para decirles que fuesen a otro sitio. Lo cierto es que no teníamos ganas de fiesta, y mucho menos de bailar… de bailar en ese lugar donde algunos de nosotros no éramos bienvenidos por ser hombres (de hecho en la puerta a uno casi no lo dejan entrar, y eso que ya había pasado antes. Yo no tuve problemas, simplemente porque parezco una mujer, especialmente en ese ambiente en el que hay muchísimas mujeres de apariencia marcadamente masculina). Aún así, nos quedamos hasta bastante tarde, charlando entre nosotros, y también con personas que conocimos allí, o que habíamos conocido durante las jornadas. Como dijo una amiga «lo estoy pasando bien, incluso a pesar de la fiesta».

Nota: Editado para corregir los apellidos de Alira y Sandra. ¡Gracias por la información Alira!

5 comentarios

Archivado bajo Mundo

Jornadas Feministas Estatales: segundo día

El domingo día 6… Otra vez tocaba levantarse temprano (vale, relativamente temprano), pero ese día no me costó ningún trabajo porque estaba bastante nervioso.

Durante la noche anterior estuve pensando lo que iba a hacer ese día… Que no iban a ser pocas cosas. Lo cierto es que después he leido otros blogs que comentan que el 30% de las actividades de las Jornadas iban sobre no binarismo y otros temas relacionados con el transfeminismo. Y Conjutos Difusos participaba de un modo un otro dentro de ese 30% de actividades.

Igual que me he quejado de las cosas con las que estoy descontento, también tengo que agradecer las cosas que sí han estado bien. La organización de las Jornadas aceptó todas nuestras propuestas excepto una, y además se las arreglaron para que no nos solapásemos entre nosotros y no tuviésemos que estar en dos sitios a la vez lo que, con tantas cosas como habían, debió ser algo así como hacer encaje de bolillos. No me resulta difícil imaginarme a las responsables de distribuir tiempos y aulas, sentadas bajo una montaña de folios arrugados, tratando de cuadrar todas las cosas cuidando de que una persona no tuviese que hablar en dos sitios a la vez, o que la misma aula estuviese ocupada por dos charlas distintas a la misma hora. Al lado de eso, los sudokus son un chiste.

A las 10 de la mañana empezábamos con la mesa redonda «Construciones múltiples de cuerpos y géneros», en la que en principio iban a hablar Elisabeth Vásquez y Kim Pérez, pero para la que, además, habíamos preparado una intervención «difusa» en la que participábamos otros cuatro miembros de Conjuntos Difusos. Cuando llegamos allí, no había casi nadie. Estábamos los que teníamos que estar, y dos o tres personas más. Eso me tranquilizó un poco, puesto que la gran afluencia de gente que había habido en las otras mesas del día anterior me asustaba un poco.  También nos decepcionó ligeramente, aunque pensamos que más valía estar pocos, pero bien avenidos, que muchos y desinteresados ¿no es verdad?

Tardamos un poco en conseguir entrar al aula y prepararla (los conserjes de la facultad de Ciencias no habían caido en abrir las aulas con anticipación, o no habían tenido tiempo) y mientras tanto, fue entrando algo más de gente.

Primero habló Eli Vásquez, del Proyecto Transgénero y nos contó como había iniciado la «Patrulla Legal» para ayudar a las prostitutas trans de Quito aprovechando sus conocimientos y la ventaja de ser de raza blanca. Nos habló de las leyes de Ecuador, y de la flexibilidad de su sistema político y legal, que no está tan asentado y lleno de polvo como el nuestro. De la increible constitución de Ecuador, en cuya redacción ella había participado, y que contiene tantas cosas que ya casi no hace falta legislar nada más. De los hombres trans de la comarca de Manabí, que no sienten necesidad de pasar por un quirófano para hacerse la masectomía, porque se consideran «varones con pechos», o que paren a sus hijos con toda naturalidad y se burlan del circo mediático que levantó el embarazo de Thomas Beaty… ¡Si en Manabí hay un montón de hombres que han estado embarazados! Nos habló de que allí se pueden encontrar «machas», «hembros», «mandarinas», un señor que se llama «Clítoris»… Que las prostitutuas forman familias que utilizan como apellido el nombre del hostal en que se alojan o de la calle en que trabajan. Nos habló de la muerte de una amiga. De que las trans no van al médico, sino que se aplican los tratamientos unas a otras como mejor saben. De que una prostituta puede dirigirse a un ministro en plano de igualdad. De ser «trans en la cabeza»… Nos habló de tantas cosas que, cuando intento repetirlas, se me vienen todas a la mente a la vez, y al final no puedo decir nada. Y mientras ella hablaba, lo único que yo podía pensar es que quiero viajar a Ecuador y pasarme allí una buena temporada, en ese país donde faltan muchas cosas que aquí damos por sentadas, y donde, sin embargo, son posibles muchas otras cosas que aquí resultan inimaginables.

A veces hay personas que, cuando las conoces u oyes hablar de ellas, te despiertan admiración. Pero hay unas pocas personas que van más allá, y te hacen sentir que quieres (y puedes) ser mejor persona. Hasta ahora sólo he conocido a dos personas así, y Eli es una de ellas.

No sé lo que pensarían los demás que estaban en la charla, pero como se ve, yo alucinaba pepinillos, y, además, alucinaba en colores.

Después, Astrid Suess presentó un resumen de las actividades que Conjuntos Difusos ha estado realizando desde el verano. Este resumen ya lo había presentado anteriormente en otras jornadas, y había tenido muy buena acojida, así que pensamos que sería una excelente introducción para explicar quienes somos y a qué nos dedicamos. A esas alturas, además, el aula ya estaba llena, y algunas personas empezaban a situarse en los pasillos, cerca de la tarima, para escuchar mejor.

Luego habló Kim Pérez, explicando ejemplos concretos de como el binarismo y el no-binarismo pueden influir en la vida de las personas, haciendo que se tome una cierta distancia con el cuerpo, o con la imágen que el espejo nos devuelve y no reconocemos como nuestra. Queríamos que la gente reflexionase sobre sus propias experiencias, porque desde la mujer que odia tener que maquillarse todas las mañanas para ir a trabajar hasta el hombre que soporta insultos por demostrar que tiene sentimientos, todo el mundo, en un momento u otro, ha soportado el peso del binarismo, los convencionalismos sociales, en sus propias carnes. Las experiencias de las personas trans son simplemente eso llevado al extremo.

Para ello, para animar a la gente a que pensase y participara, habíamos planeado un pequeño truco, que consistía en que algunas personas del grupo saliésemos de entre el público para hablar. Yo era uno de ellos y cuando Kim me dió la palabra, salí.

Yo nunca había hablado en público hasta entonces, y cuando subí a la tarima, me quedé sorprendido por toda la gente que había, alrededor de 350 ó 400 paresonas. Sin embargo, estaba tan nervioso, que en realidad no veía a nadie. Me temblaban las piernas, pero aún así, me puse a contar cosas… bastante personales. Por suerte, ahí estaba mi vena bloguera y exhibicionista. Simplemente conté las mismas cosas que escribo aquí, aunque algo más resumidas (de lo contrario, todavía estaría hablando) y al final, leí una poesía que no debía ser tan mala, pues ya había hecho llorar a una amiga mía. Cuando terminé, la gente aplaudió y yo me volví a mi sitio… Sólo que el aplauso duró mucho más de lo normal, y aunque ya llevaba un buen rato sentado, aquello seguía. Me han dicho que hasta se levantó la gente, aunque yo estaba tan nervioso que en lo único que podía pensar era en meterme debajo de la mesa y desaparecer, así que no me dí mucha cuenta. Sí que recuerdo que me pareció que la gente aplaudía mucho rato, y con más fuerza de lo habitual, pero tampoco me quise fiar demasiado de mis percepciones, porque a veces los nervios me hacen perder un poquito el control.

Después volvió a hablar Astrid Suess, que también contó una experiencia muy personal, adornada con unas fotos estupendas y muy emotivas. Dos personas más salieron del público, y, finalmente Mª Ángeles Cantero, también de Conjuntos Difusos, cerró la mesa con un broche de oro, contando también su propia experiencia personal.

Cuando acabamos, la gente empezó a acercarse a feliciarnos, especialmente a Kim y a Eli. Me quedé estupefacto al ver que algunas personas estaban llorando a lágrima viva. ¡No me lo podía creer! Después hubo quien me comentó, además, que había llorado con mi poesía.

De hecho, después de eso, varias personas se acercaron a felicitarme. Lo malo es que no sé comportarme muy bien cuando la gente me dice que hago algo bien, y lo único que supe hacer fue decir gracias y desear que me tragase la tierra en ese mismo momento. Espero no haber dado la sensación de ser muy borde o algo así…

Tampoco tuve mucho tiempo para hablar, porque tenía que ir corriendo nuestra siguiente actividad, el espacio de debate de «Aplicaciones de un feminismo no binario» o algo así, que era justo a continuación, y ni siquiera en la misma facultad.

Se suponía que el espacio de debate lo íbamos a llevar entre otra persona y yo. Esa persona, también iba a participar en la intervención conjunta de la mesa anterior pero… no había aparecido, y tenía el móvil apagado. Por suerte, Astrid andaba por allí y me echó un cable. Vamos que si no llega a estar, no sé qué habría hecho, porque yo, además de no haber hablado nunca en público, tampoco había moderado nunca ningún tipo de espacio de debate.

A esta actividad no acudió mucha gente, pero casi fue mejor, porque al final pudimos hacer un auténtico debate en el que todo el que quiso pudo hablar, y en el que surgieron ideas que iban incluso más allá de los planteamientos a los que nuestro propio grupo había llegado. Realmente, me alegro de que no fuese algo tan multitudinario como todo lo demás.

Por la tarde, Juana Ramos y Asrid Suess llevaban un espacio de debate sobre translesbianismo y otros deseos diversos, que también estuvo muy entretenido, aunque, como tuve que marcharme media hora antes de que acabara, me perdí un video que pusieron y que luego fue bastante comentado. La verdad es que fueron dos horas en las que se trató el erotismo de una manera fresca y divertida, sin caer en la vulgaridad morbosa. Y, como suele pasar cuando se habla de sexo, todos nos pusimos un poquito nerviosos y nos reimos bastante.

Finalmente, la última mesa del día. En ella hablaban Belissa Andía, de ILGA, Kim Pérez, de Conjuntos Difusos, Miriam Solé, del Colectivo Les Tisoras y Miguel Missé, de la Guerrilla Travolaka. A estas alturas, había un pequeño grupo de personas a las que ya nos habíamos acostumbrado a ver, puesto que habían estado asistiendo a todos los espacios en los que habíamos hablado, a pesar de que habían muchas más actividades al mismo tiempo. Todo un honor para nosotr*s. Pero además de estas personas, habían muchas más. En el aula, que era de gran tamaño, se acabaron los asientos y la gente empezó a sentarse en los pasillos, e incluso en la tarima. No se veía ni un trocito de suelo. Era increible.

Belissa hizo un relato muy personal de lo que había supuesto para ella la transexualidad. Relató experiencias muy fuertes, como una paliza que le propinaron cincuenta chicos, a la que sobrevivió porque un hombre la rescató de la melé. También habló de su desagrado cuando se le empezó a exigir que cumpliese los requisitos que se exigen a las mujeres, es decir, sumisión, quedarse bien guardadita en casa, y cosas así. Después Kim expuso la idea de los conjuntos difusos, y estuvo sembrada. Lo hizo con tal sencillez y simpatía que resultó francamente emocionante. Por lo menos yo me emocioné, y no debí ser el único, por que cuando acabó, se levantó un enorme aplauso, que puso en pié a todo el auditorio (y en algunos casos, lo de levantarse era bastante complicado, dado como se habían sentado las oyentes), y parecía que nunca se iba a acabar.

Si yo ya estaba emocionado, en ese momento ya no aguanté más y me puse a llorar como una Magdalena (cosa que en mí, tampoco es que sea muy rara). Después de todos los problemas que habíamos tenido, del miedo, de la tensión, del sentimiento de no ser bienvenid*s en las jornadas de… Después de todo, la gente estaba allí, escuchándonos y dando la bienvenida a la idea nueva de los conjuntos difusos, sin importar que pusiésemos en cuestión a la mujer como sujeto único del feminismo, y otras chorradas de igual calibre (sí, a mí esas cosas me parece chorradas como la copa de un pino). Realmente necesitábamos ese aplauso.

En la tarima, Kim Pérez también se emocionó, y el moderador hacía grandes e infructuosos esfuerzos para no echarse también a llorar.

Después Miriam Solà hizo una genealogía desde los orígenes del transfeminismo hasta la actualidad. Creo que fue muy interesante, pero no me queda más remedio que reconocer que no entendí gran cosa. ¡Ojalá tuviese más cultura para haber podido captar todo lo que ella dijo! Porque, aunque no cogí muchas cosas, las que sí que comprendí, me gustaron.

Finalmente, habló Miguel Missé, que con tan sólo 22 años (cumplió los 23 al día siguiente) fue capaz, de nuevo, de hacer estremecerse al auditorio. Dijo muchas cosas sobre como la sociedad parece querer erradicar a las personas trans. «Estamos en peligro de extinción», concluyó, después de contar como los estados piden como requisito la esterilización de las personas trans antes de permitir que cambiemos de nombre y sexo y legal, y tras comentar también que algunos médicos han expresado el deseo de tratar la transexualidad desde los tres años. Porque para los médicos, tratar la transexualidad no significa trabajar para que nos sintamos más agusto en nuestra propia piel, tal y como somos, sino trabajar para mutilarnos y modificarnos, y que desaparezcamos como han desaparecido las personas intersex. Así nada cuestionará esa falsa idea de que sólo hay dos sexos y dos géneros. También reivindicó el relevo generacional dentro del feminismo, y un lugar para nosotr*s, l*s trans, tanto hombres como mujeres, diciendo que, en cierto modo «somos hijos del feminismo».

Mientras Miguel hablaba, yo observaba al auditorio y veía a las mujeres con los ojos húmedos. Alucinaba de que alguien tan joven pudiese hablar de esa forma (a años luz de donde estaba yo a su edad), y alucinaba con la reacción de la gente. Como era de esperar, una última gran ovación le saludó al terminar de hablar. Fue increible.

Después hubo una gran manifestación que recorrió Granada durante más de tres horas. Una oleada de tres mil mujeres (o más) cortó el tráfico de toda la ciudad y tomó las principales calles. Entretanto, la gente se acercaba a Kim, a Eli, a Astrid, e incluso a mí para comentarnos lo mucho que le habíamos movido los esquemas.

Nosotr*s estábamos emocionados, impresionados. Las cosas habían salido bien, mucho más allá de las mejores expectativas, y todas las dificultades y enfados de los días y semanas anteriores se habían disuelto por si mismas. No podíamos pedir más.

4 comentarios

Archivado bajo Mundo

Jornadas Feministas Estatales: primer día.

El primer día de las Jornadas (sábado, 6 de diciembre) tocaba levantarse temprano. La inauguración no era hasta las once de la mañana, pero nosotr*s habíamos quedado a las 9:30 para terminar de montar el Espacio Difuso, donde todavía quedaba bastante por hacer.

El Espacio Difuso era una actividad pensada como una especie de «tunel del terror», pero sin la parte del terror, claro. Se trataba de una sucesión de «espacios» distribuidos en forma de «U», en cada uno de los cuales se hacía una propuesta a los participantes. Habían dos puertas de entrada, una para «hombres» y otra para «mujeres». En el primer espacio habían percheros con muchas prendas de ropa, marcadas con tarjetitas blancas y negras. L*s participantes tenían que coger dos prendas y, en función de las prendas que cogiesen pasaban al siguiente espacio a través de la puerta marcada como «hombres», «mujeres» o «vaya usted a saber». En el segundo espacio había una presentación de Power Point que hacía un recorrido a lo largo de la historia de la moda, que mostraba como los hombres y las mujeres han ido alternándose en el uso de túnicas, calzones, faldas y pantalones, en ocasiones sin que hubiese ninguna lógica que explicase esta alternancia. También mostraba citas respecto a los atuendos masculinos y femeninos. ¡Había incluso una cita que aseguraba que llevar escotes y minifaldas provocaba graves problemas de salud a las mujeres! Digno de verse ese «power pint». Al tercer espacio se accedía a través de tres puertas: «hombres», «vaya usted a saber», «espera que lo piense», y «mujeres», a la elección de cada cual. A continuación, preparamos un pequeño laberinto en el que el recorrido iba variando en función a las respuestas que se diese a afirmaciones como: «me gustaría ser florista» o «soy muy inseguro». Estas afirmaciones forman parte del «Test de Minnesotta», que se ha utilizado durante mucho tiempo para diagnosticar la transexualidad, y que es, por demás, ridículo e insultante para todo ser humano en general. Finalmente las preguntas del test de Minessotta llevaban al visitante forzosamente a la puerta de «hombres» o «mujeres». En el cuarto espacio estaba la actividad de la discordia que uno de los componentes del grupo utilizó como excusa para dejarnos. Él se marchó dejándola colgada, pero, por suerte, la persona que más ha trabajado en el Espacio Difuso, y de cuya mente salió todo el invento que os estoy contando, se las apañó para terminarla como buenamente pudo… y le quedó bien. Era un video que mostraba como, poco a poco, las fronteras entre lo masculino y lo femenino se van viendo desdibujadas, y a mí me gustó mucho. También en el mismo espacio había un libro «Jo y el vestido rojo», que es un cuento infantil que escribió un profesor alemán de diseño gráfico sobre una niña trans. El libro no está traducido ni publicado en España, así que nosotros lo tradujimos con permiso del autor e hicimos una edición muy bonita en papel plastificado, ideal para ser tocado por mucha gente. Decorando las paredes, se veían varias afirmaciones que suelen atribuirse a las personas en función de su género. La puerta de salida esta vez era una cortina de flecos en la que ponía «yo» en varios idiomas. Finalmente, el quinto espacio tenía un papelógrafo en el que cada cual podía escribir su experiencia, y la puerta de salida era una sola, grande, que ponía «seres humanos».

Si os parece complicado de describir, imagináos lo complicado que fue montarlo. ¡Pero al final lo conseguimos! Y aunque nos perdimos una buena parte de la inauguración, llegamos para ver el final.

Entretanto, A. nos llamó para pedir ayuda, pues estaban habiendo problemas. ¡No se permitía la entrada a hombres! La cuestión de la entrada de los hombres, que nunca estuvo clara, al final se estaba resolviendo de la peor manera posible, puesto que se estaba rechazando en la puerta de entrada a hombres que no sólo habían pagado la inscripción, sino que habían viajado desde lejos para asistir a las Jornadas.

¿Qué puedo decir de esto? Si digo que me parece una medida sexista y retrógrada, completamente incomprensible, que deja al feminismo a la altura del betún, me quedo corto. Si digo que me pareció muy indignante, me quedo corto. Si digo que, como mínimo, podían haber avisado a los hombres de que se les iba a rechazar con anterioridad, me sigo quedando corto. Lo único que sí que puedo decir es que, en mi opinión, eso supuso la imposición de la voluntad de unas pocas personas carcas y retrógradas sobre el deseo de la mayoría.

Me da un poco de vergüenza reconocer que he participado en unas Jornadas así. Igualmente, me da un poco de vergüenza reconocer que el motivo por el que se permitió la entrada a los hombres de nuestro grupo era que las mujeres de la Asamblea de Granada respondían por nosotros. Pero lo que sentí en realidad cuando entré al Palacio de Congresos no fue vergüenza, sino temor.

De repente me veía dentro de un espacio que me era abiertamente hostil, con unas 3.000 mujeres enfervorecidas, coreando eslóganes que a mí en ese momento me sonaban a fascitas y represivos contra todo lo masculino… lo que me incluía a mí.

Llegué a tiempo de escuchar a una cantautora dominicana, que con muy buena voz y sentido del ritmo cantaba canciones que me sabían a feminismo rancio y anticuado, a años luz de las ideas que nuestro grupo quería transmitir. Empezaba a tener la certeza de que nos habíamos equivocado de sitio hasta que Isabel Franc salió a hacer un monólogo de humor feminista (sí, aunque parezca imposible, eso existe) en el que comparaba el feminismo «tradicional», un poquito ñoño y relamido con las últimas tendencias de lo queer y el terrorismo postporno, o algo así era. Habló de libros como «Testo Yonki», «Devenir perra» o «Manifiesto puta», ninguno de los cuales he leido, pero que todos hablan de no binarismo (no sé por qué, parece que los títulos de más de dos palabras no son transgresores), y también de las peleas internas que tienen las feministas. De las dificultades del relevo generacional… Aunque también criticó la entrada de la masculinidad en el feminismo, y no me refiero a que no pudiesen ir hombres a las Jornadas, sino, simplemente, a que hayan mujeres que incluyan la masculinidad en su día a día, y tan contentas. De la participación de los hombres no le hizo ni falta hablar, ya daba por sentado que era normal que no pudiesen ir.

A modo de curiosidad, me gustaría añadir que Isabel Franc también dibuja comics, y que todas las mujeres que salen en ellos parecen tíos. Y los hombres, también parecen tíos. No sé a quién se atrevía a criticar. Pero al margen de todo esto, debo reconocer que el monologo fue divertido y, en general, me resultó muy adecuado porque estaba tocando todos los puntos de conflicto que se preveían para las jornadas de una forma muy jovial.

A medio día terminamos de encontrarnos tod*s l*s amig*s que habíamos venido para estas jornadas. L*s nombraría, pero temo dejarme a alguien fuera, así que baste con decir que éramos much*s. ¡Pero much*s! Y aunque los tres o cuatro hombres que estábamos en el grupo andábamos entre asustados, cabreados e indignados, estábamos contentos y animados. La cosa prometía.

Una de las características de estas Jornadas que aún no he mencionado es que cada hora habían entre 15 y 20 actividades (o más, no las he contado). Lo bueno es que también habían muchas participantes, por lo que seguramente iba a haber asistencia en todas partes.

Nosotros decidimos ir a la charla que dieron las Medeaks, que son un grupo del País Vasco de tendencia queer. En la sala habrían alrededor de 300 personas, y tod*s estábamos entusiasmad*s. Yo, que nunca había entendido demasiado bien las ideas de lo queer, en ese momento las entendí. Que nadie me pida que repita lo que dijeron, o que lo explique, porque no sería capaz, pero en ese momento, lo entendí.

Otra cosa que me pareció chulísima de esa charla fue que, mientras una persona del grupo iba hablando, el resto empezaron a cambiarse de ropa allí mismo, sobre la tarima del aula, y empezaron a vestirse de «drag king», que por si alguien se lo está preguntando, es lo mismo que la «drag queen» pero del revés. Más o menos. Cuando acabaron, todo el público estábamos alucinando pepinillos, aunque no estuviésemos de acuerdo con ciertos aspectos del discurso queer. Yo, con lo que me quedé fue con la idea de «hombres y mujeres diagnosticados al nacer», para  referirse a… bueno, a las personas que «nacen hombre» o «nacen mujer» y así se quedan. Porque realmente es verdad, cuando un* nace, el médico dice «es niño» o «es niña», y ya está, te lo diagnostican y así te quedas. Luego algunos, cuando nos hacemos mayores, decimos que no estamos de acuerdo con ello, y entonces otro médico (o psicólogo) nos vuelve a diagnosticar para que a partir de ese diagnóstico podamos empezar a cambiar nuestros papeles legales y ser hombres o mujeres. Parece que de momento los médicos no saben diagnosticar otras cosas, y eso que las hay, lo que no deja de ser curioso.

Bueno, que me voy por los cerros de Úbeda (en realidad ya me he ido hace rato, porque esto más que una entrada de blog parece un viaje novelado).

Para la siguiente hora, el plan era asistir a la conferencia que se iba a dar en una «mesa central», en la que participaban Juana Ramos (una de nuestras amigas), Gracia Trujillo, y otra persona que, tristemente, no recuerdo quien era. También debe haber ayudado a que no recuerde quien fue el que yo mismo no pudiese ir, ya que en ese momento me tocaba turno en el Espacio Difuso.

Nuestras intervenciones empezaban al día siguiente, y yo empezaba a estar un poco nervioso. Había más gente de la que imaginaba y después de ver la rompedora charla de las Medeaks, lo nuestro nos parecía muy, muy suave.

Deja un comentario

Archivado bajo Mundo

Piden 25 años a dos mujeres por matar a una transexual

Noticia extraida de elmundo.es

La Audiencia Provincial acoge hoy la vista oral contra Dolores R.N. y Ainoa N.B., por varios presuntos delitos de homicidio, coacciones y contra la integridad moral. Les piden 25 años a cada una por la muerte de Concepción G.H., a quienes ellas no sólo presuntamente mataron a golpes, sino que hostigaron aprovechándose, según la Fiscalía, de sus dudas sobre su identidad sexual. Y es que Concepción, en realidad, quería llamarse Roberto.

Los hechos arrancan en 2006, cuando las procesadas se instalan en el domicilio de la mujer «con la idea de ir ganando poco a poco su confianza hasta minar su voluntad», según la Fiscalía. En febrero de 2007, Dolores y Ainoa comienzan a encerrar a Concepción en su casa, y le dan constantemente un trato «humillante y degradante» con la excusa de que la mujer tenía problemas de identidad sexual y había comenzado una serie de cambios hormonales conducentes a hacerse llamar Roberto.

Las vejaciones continuaron. Las mujeres aprovecharon el rechazo que Concepción sentía por su cuerpo y la torturaron desnudándola y grabándola en vídeo, a sabiendas del sufrimiento que eso podría producirle. También le obligaron a vestir ropa femenina.

Concepción, al parecer intentó echarlas de su casa, pero los esfuerzos fueron vanos, tanto que las ahora acusadas consiguieron hacerle firmar un documento por el que las autorizaba a permanecer en el domicilio hasta que consiguieran uno propio y le prometía a una de ellas, Dolores, 1.200 euros.

Los vecinos escuchaban repetidamente gritos y golpes provenientes de la casa, y veían a la mujer por el edificio cada día más taciturna, sucia, con lesiones sin curar y desnutrida. El final de esta brutal historia es igual de dramático: Concepción muere la madrugada del 1 de septiembre de 2007 sobre un colchón del suelo de su habitación, «desnuda y sucia», dice la Fiscalía. La causa, traumatismos en la cabeza y un enorme hematoma. Se encontró su sangre en el marco de la ventana, en la persiana del salón y en el suelo de la habitación.

Texto extraido del foro «El Hombre Transexual» escrito por J.

Roberto era un chaval tímido, bastante callado; casi nunca acudía solo a las reuniones de EL HOMBRE TRANSEXUAL, si no que Yoli, su pareja en aquel momento, le acompañaba incansable. En ocasiones, incluso, cuando a él su trabajo se lo impedía, ella no faltaba a su cita de los sábados.

Roberto era un niño grande, fortachón y buenazo.

Roberto hablaba despacio y bajito cuando te contaba algo suyo.

Roberto era un chico humilde en el trato, desaliñado en su apariencia, sencillo en su forma de ser.

Roberto bajaba la mirada en demasiadas ocasiones, y en cuanto le dabas una palabra de aliento sonreía.

Roberto cuando te daba la mano te la machacaba literalmente, destrozándote todos los huesos; quizá era una manera de sacar algo de su interior, o simplemente su forma de darte un abrazo.

Roberto callaba siempre cuando estábamos todos, y pedía ayuda de forma tímida y en solitario

Roberto se ofrecía a participar a pesar de saber que casi nunca podía.

Roberto dejo un día de ir, y después dejé de ir yo y nunca más supe de él.

Pensé que iría creciendo, que se operaria, que algún día, a pesar de que su vida no era nada fácil, conseguiría ser feliz.

Pero el destino le guardaba un terrible final, el peor que nadie nunca pueda imaginarse.

Espero que murieras rápido y que tu sufrimiento acabara lo antes posible Roberto, es horrible tener que decir algo así, pero el desenlace ya nada puede cambiarlo.

Ojala las personas que te mataron sepan lo que es ver pasar sus días, sus meses, sus años, sus ilusiones, sus fantasías, sus metas, y absolutamente todo entre rejas, y su vida, así, quede reducida a cenizas, como hicieron con la tuya sin piedad.

Me duele tu muerte Roberto. Y el silencio que la asociación a la que perteneciste tanto tiempo ha hecho. No tengo palabras para eso.

Descansa en paz compañero

7 comentarios

Archivado bajo Mundo

Jornadas Feministas Estatales: día 0

Durante este puente (díás 5, 6 y 7 de diciembre) se celebraron en Granada las Jornadas Feministas Estatales, para las que l*s componentes del grupo Conjuntos Difusos habíamos preparado varias actividades.

Inicialmente estábamos entusiasmad*s con ir a las Jornadas a llevar nuestra idea, que esperábamos que fuese muy liberadora para todos aquell*s a l*s que llegase. Creíamos que se trataba de una idea que podía producir una intensa transformación interna para las personas.

A medida que íbamos desarrollándola, nosotr*s mism*s empezamos a notar que nos estábamos cambiando por dentro. Intercambiábamos ideas y experiencias vivenciales, y, no sé los otros, pero yo personalmente sentía que por fin había encontrando justo el lugar donde quería llegar, y en el que poder crecer sin miedo a los cambios que este crecimiento pudiese traer consigo.

Debía ser verdad que nuestras ideas aportaban un cambio, incluso quizá más de lo que éramos conscientes, puesto que poco a poco empezaron a surgir voces que decían que nos estábamos pasando un poco. Las teoría de Conjuntos Difusos parecían amenzar las convicciones de los sectores más conservadores de la organización.

Empezamos a tener un poco de miedo. Aunque inicialmente se había planteado que las Jornadas iban a estar abiertas a todo tipo de personas, comenzaba a surgir con fuerza la propuesta de que no pudiesen asistir hombres. ¡Que injusto y discriminatorio! ¡Que sexista! ¿Cómo podía mantenerse esa idea tan antigua en pleno S. XXI? ¿Cómo esperaban las feministas poder hacer algo si discriminan a la mitad de la población? Y, aún más: ¿cómo íbamos a hacer los hombres que formábamos parte del grupo Conjuntos Difusos para ir a las Jornadas?

También surgieron otras dudas. ¿Cómo íbamos a hacernos oir? ¿Y si nos convertíamos tan solo en «la anécdota de las Jornadas»? Nos veíamos como una gota de agua entre el mar del feminismo, así que empezamos a buscar amigos.

Las ideas que teníamos debían ser bastante buenas, porque muy pronto empezamos a encontrar a estos amigos. Algunos se acercaron ellos solos, y a otros los invitamos y se interesaron. Teníamos ilusión y preocupación a partes iguales.

Una persona del grupo, que al mismo tiempo formaba parte de la Asamblea de Mujeres de Granada (y a quién no voy a nombrar, ya que no estoy del todo seguro de que quiera ser nombrado, aunque le llamaré A.) tuvo la ingrata labor de convertirse en el intermediario entre nosotros y el sector conservador. Lo que esa persona pasó durante los meses anteriores a las Jornadas, no lo sabe nadie, excepto él mismo. Luchó hasta límites que yo no creía posibles, y aguantó todo tipo de broncas y desplantes. Sufrió descalificaciones (dijeron que se le había ido la olla por el estrés), acusaciones de traición, oleadas de llamadas telefónicas y de e-mails recriminando su comportamiento… Pero consiguió hacerse oir, y consiguió que finalmente pudiesen venir todas las personas y grupos que habíamos deseado que vinieran.

Gracias a él, y también a la ayuda de otras amigas de la Asamblea de Mujeres, casi todas nuestras propuestas se aceptaron. Se incluyó a Belissa Andía Pérez en una de las mesas más importantes, y logró que se le pagase el viaje, la estancia y la inscripción. Consiguió que se aprobasen mesas que hablaban sobre la despatologización de la transexualidad, sobre construciones de cuerpos, sobre transfobia y derecho a la diversidad… Convenció a l*s de la Guerrilla Travolaka, la Acera del Frente, vari*s componentes de la Red de Despatologización Trans, un chaval de Barcelona que pasaba por el País Vasco la semana anterior, y algun* más que seguro que se me ha olvidado. Orquestó un «eje del mal» con tod*s ell*s, en el que también se incluían personas de otros grupos, como las Medeak, Itziar Ziga, y no sé cuantos más. Lograr que Elízabeth Vásquez del Proyecto Transgénero de Quito fue casi lo más difícil, aunque al final se consiguió también gracias a la colaboración de otras personas que insistieron hasta persuadirla de la importancia de su intervención, e incluso organizaron una pequeña colecta y pusieron dinero de su bolsillo para pagar el alojamiento y el pasaje de avión.

Pero no fue fácil. Ni para él, ni para nadie. Los problemas aumentaban exponencialmente según se acercaban las jornadas. Empezaron a haber conflictos dentro de nuestro propio grupo.

El jueves, día 4, nos reunimos para los penúltimos preparativos, y discutimos. Una persona acababa de anunciar telefónicamente que abandonaba el grupo, y el trabajo que tenía pendiente con nosotros, a causa de algo que yo le había dicho. Por mi parte, yo no tenía (ni tengo) la sensación de haber hecho o dicho algo ofensivo, aunque no pude evitar sentirme culpable. Curiosamente, esa persona que se había sentido tan despreciada por mí, no me comunicó ese sentimiento, sino que lo habló con una tercera persona, eliminando así toda posibilidad de hablarlo y aclaralo. La tercera persona, por su parte, y sin querer entrar en discusiones, me dijo: «yo no se nada, pero una disculpa a tiempo arregla muchas cosas…».

No me disculpé. Ni siquiera llamé a quién nos había dejado en la estacada. Medio resfriado, con malestar general y algo de fiebre, estuve ayudando a preparar los materiales para la actividad «Espacio Difuso» que se acababa de quedar coja con la deserción, y aguantando el chaparrón. Al final no sólo se iba a pringar A., sino que había para todos.

Ese día volvía mi casa con la sensación de que alguien había tirado un cubo de mierda delante de un ventilador. Cabreado, resfriado, cansado, y diciendo que a partir del lunes me hacía machista. Totalmente desencantado del feminismo, acusándome a mí mismo de creer que el feminismo es un movimiento de liberación e igualdad, en lugar de «lo mismo que el machismo, pero del revés», que dicen todos mis amigos que es. Maldiciendo lo inocente que soy, que me creo que por ahí hasta hay gente inteligente y luchadora que no sólo busca su propio provecho.

El viernes me levanté cansado, pero me puse a limpiar la casa para dejarla presentable. Por la tarde, mientras l*s demás estaban preparando el «Espacio difuso», A. y yo íbamos al aeropuerto a recoger a Belissa. Ahora puedo decir, con orgullo, que llevé a Belissa Andía en mi coche. Lejos de estar molesto por lo de «hacer de taxista», me pareció (y me parece) un privilegio. Lo cual no significa que me hubiese reconciliado con el movimiento feminista, ni que hubiese dejado de preocuparme que nuestro grupo de Conjuntos Difusos dejase de existir.

Después, tocaba ir a echar un cable al «Espacio Difuso». Después, irse de cervezas con l*s otr*s amig*s que ya habían llegado, para prepararnos para lo que se avecinaba. Yo no era el único que estaba preocupado, ni cabreado, con todos los tejemanejes, juegos de poder, etc, que habían salpicado la preparación de las Jornadas. La mierda expulsada por el ventilador había llegado muy lejos.

Por eso, entre vari*s, habían preparado un «Manifiesto Transfeminista» declarando eso, que ya estábamos hart*s de aguantar tonterías, y que el movimiento feminista debe abrirse a las nuevas ideas y sujetos que se acercan a él, o extinguirse.

Personalmente, yo no suscribí ese manifiesto, puesto que presentaba una postura que me resulta demasiado agresiva, y sentía que continuaba excluyendo a los hombres de su discurso. Admitía, eso sí, a «lxs trans», y a las maricas, pero… ¿significa eso que en realidad para quienes escribieron eso, los hombres trans y los gays no somos hombres, o somos menos hombres que los demás, o, directamente, somos mujeres? Por otra parte, tampoco me opuse al manifiesto, y ahora, a toro pasado, reconozco que me alegro de que se escribiese y se leyese, aunque me hubiese gustado que el tono fuese distinto.

Ese día volví a mi casa cansado, menos resfriado, y más contento, aunque todavía preocupado por lo que pudiese ocurrir en los días venideros.

Deja un comentario

Archivado bajo Mundo

Décima visita a la psicóloga: ¡Por fin el informe!

Pues sí, después de diez sesiones a lo largo de todo un año… ¡¡¡Me han dado el informe!!! ¡¡¡Por fin!!!

Este fin de semana estuvo en mi casa una amiga con la que lo pasé muy bien, hasta el punto de que casi se me olvida que el lunes tenía que ir a ver a la psicóloga. Ir a ver a Trinidad siempre me ha producido una cierta sensación de inquietud, aunque en esta ocasión estaba tan tranquilo que temía que al final se me iba a olvidar cuando tenía la cita. A esas alturas, aunque seguía deseando mucho que me diese el informe, lo cierto era que ya casi me daba igual ir a la consulta y hablar otra vez de las mismas cosas, y dar de nuevo vueltas sobre lo mismo, cuando para mí es evidente que el protocolo está mal diseñado y que nadie tiene que decirme si soy trans o no. Simplemente lo veía como un mero acto de trámite «coñazo» que ya me estaba empezando a aburrir en sobremanera. Tanto me empezaba a aburrir, que ya, al pensar en ello, ni siquiera me cabreaba.

Si a este aburrimiento le sumamos que este fin de semana ha sido realmente muy bueno, el resultado es que el lunes, cuando iba a Málaga, lo único que pensaba es que fuesen cuales fuesen las chorradas con que me viniese la psicóloga, me iban a dar igual. Estaba demasiado contento.

Cuando llegué a la sala de espera era un poco más tarde de lo habitual, y estaba abarrotada. Y a la enorme cantidad de gente que allí había (en realidad no cabíamos todos, y tuve que quedarme de pie en la puerta un rato) se le añadía que los dos patéticos fluorescentes que la iluminan se habían fundido, de modo que eso más que una sala de espera parecía una discoteca.

Esperé durante un par de horas, leyendo tranquilamente un libro que me había llevado para el caso, sin prestar atención a mi salud ocular. Observé a las otras personas que habían por allí, y que, por más que me moleste reconocerlo, siempre me desconciertan por la gran diversidad existente en la manifestación física y estética de la transexualidad.

Cuando entré en la consulta, lo primero que hizo la psicóloga fue llamar por teléfono para pedir que arreglasen los fluorescentes. Al parecer ya era la tercera vez que llamaba… Al hilo de esto le comenté la impresión que yo me había llevado de estar en una discoteca. En realidad la compadecí un poco. No creo que sea posible hacer bien el trabajo de psicóloga con tantos pacientes citados el mismo día, y eso no es culpa suya.

Sacó mi ficha del archivador, aunque me fijé que la había sacado de un archivador diferente al que la guardaba siempre. Desde hace bastante tiempo he pensado que, dada la cantidad de gente que tiene, y que no tiene ordenador, debía utilizar algún tipo de sistema para recordar a que pacientes iba a darles el informe en una sesión concreta. Por otra parte, tampoco quise hacerme demasiadas ilusiones, y… ¡Que narices! Estaba demasiado contento como para darle muchas vueltas a las cosas. Que guardase los expedientes donde más le gustase, que a mí me daba igual.

Me pidió que le hablase de mi experiencia con respecto a vivir en un género diferente.

– Todavía tengo que pasarte algunos tests más, pero me gustaría que me hablases de eso – añadió a continuación.

«A esta mujer no se le acaban los test», pensé para mí. Bueno, resignación y paciencia, ya se le acabarán en un momento u otro… Con lo contento que iba, la verdad es que la idea de que tuviese por delante un tiempo indeterminado de hacer tests me resbalaba. Joer, es que iba muy contento.

Empecé a contarle lo que ha sido más o menos el último año y pico, desde que empecé a escribir este blog. Le hablé del miedo que tenía al principio, de lo que me sorprendió que no pasara nada malo, de que tan sólo me habían puesto trabas mis padres y mi pareja, que había decidido que, puesto que el proceso hasta que me diese el informe era largo, tenía que empezar a vivir como quería, aunque fuese sin hormonas, que tengo nuevos amigos y mantengo a los viejos, y que, en general, aún siendo duro, y aún sin hormonas, estoy bien y soy más feliz que antes.

Mientras, ella me iba presentando objecciones, los puntos en los que mi experiencia era similar a la de otras personas trans, y en los que difería de lo habitual (que, en realidad, a mí me parece que tampoco es que difiera tanto de lo habitual, en ninguno de esos puntos). Yo iba respondiendo, «defendiendome» un poco, y, en general, como dice Aniel, con la sensación de estar jugando una partida de poker. Hasta estábamos poniendo cara de poker los dos.

Y, de repente, a continuación de una de las objecciones, y sin dejarme opción a respuesta, va y me dice «te voy a dar paso a la hormonación». Me quedé tan sorprendido que ni siquiera reaccioné. Creo que a lo único que llegué fue a decirle: «vaya, que bien», o algo así.

Los motivos por los que me ha dado el informe son los cambios que he hecho en este último año. Dice que soy muy diferente a como era la primera vez que fui a la consulta. Eso es cierto, sobretodo porque en aquel momento estaba totalmente desubicado y sin saber para donde tirar, y ahora al menos tengo planes que puedo llevar a cabo. O porque ya no me muero de miedo cuando me presento a alguien, y sé qué nombre decir, a que servicio entrar, y puedo buscar ropa en la sección de caballeros sin pasar vergüenza.

En realidad, no soy una persona diferente. Simplemente he cambiado de hábitos y he aprendido a vivir de otra forma… aunque aún tenga dudas en muchos campos.

Sea como sea, al parecer la cuestión es que, si sobre el papel hay dudas sobre si para mí es mejor vivir como hombre o como mujer, la experiencia indica que, en principio lo mejor es que viva como hombre. O sea, como quiero.

Ya tiene cojones que tenga que venir alguien a decir que lo mejor para mí es vivir como quiero. En otras circunstancias, me cabrearía sólo de pensarlo pero… si el lunes antes de entrar en la consulta ya estaba demasiado contento como para eso, ahora estoy que me salgo de la tabla.

Lo primero que hice cuando salí de la consulta fue empezar a llamar a gente para contárselo. Mi madre se quedó muy sorprendida, porque estaba convencida de que no me lo iban a dar, aunque por otra parte, acepta el diagnóstico de la psicóloga, y si ella opina que es lo mejor… será que es lo mejor. Eso me ha dicho mi madre… espero que sea verdad y que confía en el criterio de Trinidad tanto como dice confiar, al menos así este añito de visitas habrá tenido la utilidad de dar tranquilidad a mi familia, y yo lo daré por bien empleado, dentro de lo que cabe.

Dos amigos se echaron a reir en cuanto se lo conté. Muy pocas veces he visto (escuchado, recordemos que eran conversaciones telefónicas) a alguien reir con alegría por una noticia, y cuando pasa es… una de las pocas cosas que en ese momento podían aumentar el alto grado de felicidad que ya tenía. El resto de amigos, familia, etc a los que se lo he ido contando también se han alegrado muchísimo, y yo que me alegro de ello.

El segundo paso fue ir a la endocrina. Ahí he tenido una pequeña pega, y es que los lunes no pasan consulta para la UTIG, así que sabía que no me iban a atender. Quedaba la opción de volver al día siguiente, a ver si había suerte y me cogían en un hueco, aunque también podía haber mala suerte y que me dijesen que no era posible y me volviese por donde había venido. Otra opción era pedir cita, que es lo que hice. Lo malo es que, si la psicóloga está saturada, la endocrina no anda mucho mejor (el mes pasado cuando estuve había una multitud de pacientes en la sala de espera), y lo más pronto que podía darme cita era para el 22 de diciembre. ¡Pero yo ese día me voy de viaje a ver a la familia! Y lo primero es lo primero. Así que el próximo hueco que me han podido encontrar, y por muy buenos apaños (lo juro, he visto la agenda) es para el 26 de enero.

Reconozco que si había algo en ese momento que podía disgustarme, era exactamente eso, que ya que he conseguido el informe tuviese que seguir esperando. Pero el disgusto me duró alrededor de media hora, porque aunque ahora mes y medio me parece una enormidad, en realidad no es nada, y con el paso de los años, ese lapso de tiempo quedará diluido en el olvido. Entonces ¿por qué hacerse la mala sangre con ello? Además, después he comentado el tema con Astrid, que me ha hecho ver que en realidad no me va a venir mal esta espera. Para empezar, podré pasar la navidad tranquilo con mi familia, sin peligro de que tenga cambios de humor raros o sabe Dios que otro tipo de reacciones por culpa de meterme en el cuerpo hormonas nuevas. También doy tiempo a mis padres a que se hagan a la idea. Y, si apruebo el primer exámen de la oposición, podré centrarme únicamente en preparar el segundo, que será antes de la cita con la endocrina. Vale, reconozco que preferiría no tener que esperar todo ese tiempo, pero al fin y al cabo, también tiene sus ventajas.

Bah, en realidad estoy demasiado contento como para disgustarme por esperar un poco más. De hecho estoy tan contento que casi no me lo creo… Y qué peso me he quitado de encima… Se acabó apostarme el futuro en partidas de poker. Empezaba a pensar que no iba a llegar el día.

9 comentarios

Archivado bajo Médicos