Archivo mensual: septiembre 2008

¿Por qué ahora? ¿De qué tienes miedo? (I)

Hay dos preguntas que me han hecho y que no he podido responder satisfactoriamente hasta ahora. Estas preguntas son las siguientes: ¿Por qué ahora? y ¿De qué tienes miedo?

«¿Por qué ahora?» es la pregunta que me hicieron Mic, mis padres y Britrait (aka Gender Bender) cuando les conté lo que me pasaba. Después de 29 años viviendo de una forma, y tras más de 9 años de relación de pareja, justo en el momento en que, por fin, parecía que todo iba bien… ¿echarlo todo por la borda? ¿cortar con todo y empezar de nuevo? ¿por qué? ¿por qué ahora y no antes? ¿por qué tuve que dejar que las cosas llegasen tan lejos?

El miedo y el amor han sido los motivos que hicieron desarrollar toda esa trayectoria dentro de un género que no me corréspondía, durante un periodo de tiempo tan prolongado. Las motivaciones del amor son obvias. Ya lo he dicho antes: sabía que si mostraba a los demás cómo era, les causaría dolor y tristeza, por lo que decidí que prefería joderme yo antes que joderles a ellos. Y tenía miedo. Muchísimo miedo. Un miedo indefinido, no sabía muy bien a qué, pero completamente real y muy abundante.

De modo que, por amor y por miedo estuve durante años librando un combate diario dentro de mi mismo, que consumía casi todas mis fuerzas. A veces, cuando necesitaba de un aporte de energía extra, recurría a esa parte de mí que estaba siempre reprimida y extraía unas cuantas gotas. ¡Suficiente como para hacerme sentir que podia enfrentarme a cualquier cosa! Pero tenía que ser muy cuidadoso, porque sabía que, si me pasaba, no podría volver a guardarlo en mi interior. Mi mente era, pues, como una presa de la que se va dejando salir el agua poco a poco, con mucho cuidado de que no se desborde, procurando constantemente mantenerla aprisionada para evitar una riada. Todos sabemos lo enormes que son las presiones a las que se ven sometidas las presas.

Pero, en un momento dado, necesité aumentar el caudal de agua que dejaba escapar de la presa. Era eso o morir de sed. El momento clave llegó cuando, al suspender de manera muy injusta la oposición, me encontré con que, de repente ya no quería seguir discutiendo conmigo mismo. Necesitaba encontrar soluciones para mi futuro, y tenía que hacerlo empleándome al 100%. Llevaba demasiado tiempo supeditando mi futuro a lo que pudiesen hacer los demás, y eso tenía que terminar. Necesitaba depender solamente de mí. Tenía que convertirme de una vez en una persona adulta, y, según había visto, los adultos utilizan toda su energía para luchar, no sólo una pequeñísima fracción.

¿Y si hubiese aprobado la oposición? ¿Habría seguido viviendo de la forma equivocada para el resto de mi vida? Es imposible saberlo, pero probablemente la respuesta es no. Todo el mundo tiene problemas, y lo de aprobar o suspender una oposición, sinceramente, tampoco es tan grave. De hecho contaba con ello. Lo más seguro es que, tarde o temprano, Pablo habría acabado por salir. De lo contrario, habría llevado una vida bastante miserable.

Así que la respuesta a la pregunta «¿Por qué ahora?» es «Porque ha sido ahora cuando lo he necesitado». Hubo otro momento, hace dos años, en que estuve a punto de darme luz verde y me arepentí al final. Aun creía que en la vida se pueden encontrar soluciones cómodas para ser feliz sin arriesgarse.

Me he extendido mucho. En la próxima entrada explicaré de qué tengo miedo.

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Keane – Everybody is changing

Me paso el día escuchando música. Mic dice que siempre son las mismas canciones, y en parte lleva razón. Supongo que para una persona normal, oir una y otra vez la misma melodía es aburrido… Sin embargo, yo siento que algunas canciones me curan por dentro, otras me hacen sentir bien, y otras, símplemente, están escritas para mi.

¿Cómo renunciar a escuchar esos sonidos?

Aquí dejo una de las canciones que últimamente pienso que están escritas para mi (no hay manera de insertarla directamente en el blog, tendréis que pinchar en el enlace).

Everybody´s changing, de Keane.

Con su letra en inglés:

«Everybody’s Changing»

You say you wander your own land
But when I think about it
I don’t see how you can
You’re aching, you’re breaking
And I can see the pain in your eyes
Says everybody’s changing
And I don’t know why

So little time
Try to understand that I’m
Trying to make a move just to stay in the game
I try to stay awake and remember my name
But everybody’s changing
And I don’t feel the same

You’re gone from here
And soon you will disappear
Fading into beautiful light
Cause everybody’s changing
And I don’t feel right

So little time
Try to understand that I’m
Trying to make a move just to stay in the game
I try to stay awake and remember my name
But everybody’s changing
And I don’t feel the same

So little time
Try to understand that I’m
Trying to make a move just to stay in the game
I try to stay awake and remember my name
But everybody’s changing
And I don’t feel the same

La letra ha sido extraída de www.azlyrics.com

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Google

Llevo dos días enteros en casa sin tener ninguna bronca, sin que nadie se enfade conmigo, sin ver malas caras, y sin que nadie me pida que me resigne a malvivir según corresponde a mi sexo de nacimiento. Así que, aunque vivo asustado esperando a que la tormenta vuelva a estallar de un momento a otro, me he permitido relajarme y perder un rato haciendo búsquedas en Google. ¡¡¡Y me he encontrado a mi mismo!!!

La expresión «encuéntrate a ti mismo» parece que ha cambiado un poco de significado con la aparición de los motores de búsqueda de internet. Ahora es posible localizarte de manera literal. Para encontrarme yo, tan sólo he tenido que introducir la palabra F2M y pedir los resultados sólo en español… ¡voilá! Ahí estaba este modesto blog, en el primer puesto de la lista. También tengo el primer puesto en «transexualidad F2M».

Estar tan arriba en el buscador me ha gustado, pero también me da un poco de corte. ¡¡No me gustaría que algún conocido mío adivinase quién soy yo!! Y, por supuesto, a mis familiares directos y a Mic (al que también considero mi familia) tampoco les haría mucha gracia. Así que a editar tocan…

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Visita a Madrid

El lunes fui a Madrid a una entrevista de trabajo, pero esta vez se trataba de una entrevista seria. No daré muchos detalles de la entrevista, porque no quiero hacerme ilusiones ni desilusiones a lo tonto. Si me hago ilusiones y luego me dicen que no me quieren, me llevaré un disgusto, y si voy pensando en que me salió mal y que no me llamarán, me estaré flagelando gratuitamente sin ganar nada a cambio, por lo que he decidido que es mejor no pensar.

El viaje en si me ha venido bien para tomar un poco de distancia con mi ambiente habitual y pararme a pensar. ¿He sacado alguna conclusión nueva? La verdad es que no. Tengo los mismos convencimientos que tenía cuando me marché. La misma ausencia de dudas. La misma determinación de no volver a plegarme nunca más a los deseos de los demás por amor. El mismo deseo de tomar las riendas de mi vida, de una vez por todas. La misma creencia de que no merece la pena ir contra corriente, pero que sí que es necesario esforzarse para que, en nuestro avance por los océanos de la vida la barca vaya hacia donde queremos, aunque haya que dar algún rodeo.

También es verdad que he vuelto mucho más contento de lo que me fuí, aunque la sesión cinéfila que el domingo tuve con mis amigos ya me había levantado mucho la moral. En Madrid he tenido la oportunidad de conocer a dos chicos del gremio, veteranos ya, con los que estuvimos hablando de todos los problemas que se pueden presentar, y que me explicaron un poco como han ido llevando su transición, no sólo a nivel médico, sino también a nivel legal, social y familiar. No tuvieron que explicarme lo satisfechos que se sentían de haberlo hecho: se les veía en la cara.

¿Estoy más convencido ahora que antes de que estoy siguiendo el camino correcto para mi? No. Aunque pienso que el psicólogo/psiquiatra tendrá que ser el que finalmente determine si lo que tengo es realmente disforia de género y no cualquier otra cosa, también creo que la seguridad sobre la propia identidad de género de cada uno hay que llevarla puesta de casa, antes de entrar en la consulta. Y me temo que yo estoy muy, muy seguro.

Para lo que sí que me ha servido conocer a estos chicos ha sido para ver, una vez más, que puede haber un buen final. No es fácil, pero poco a poco, todo se consigue.

P.D. Entrando en el campo de las supersticiones, llevo varios días encontrando signos de buen augurio por todas partes. He visto dos veces el arcoiris (el arcoiris tiene para mi un significado muy profundo, que algún día explicaré por aquí). A pesar de que ha estado lloviendo por todas partes, a penas he encontrado agua en la carretera. No tuve ni un sólo atasco mientras circulé por Madrid, a pesar de que el lunes, cuando llegué, habían varios kilómetros de retenciones a causa de las inundaciones. Me encontré 10 céntimos en el suelo. Pude devolverle un favor a un amigo con otro favor de diferentes características. Me llamó por teléfono una buena amiga de la que hacía mucho tiempo que no sabía nada. Mientras estuve fuera, encontré todo lo que necesitaba con rapidez y facilidad… En fin, que… parece que Dios me está dando un respiro. Aunque antes he dicho que no me quiero hacer ilusiones, no puedo evitar pensar que esta buena racha sólo viene para presagiar un bien mayor.

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Buscando al psiquiatra desesperadamente.

El otro día fuy por fin al urólogo, y, como era de esperar, el hombre flipó pepinillos. En un momento dado miraba fijamente el informe de mi médico de cabecera, mientras decía: «pero yo… ¿qué esperan que haga?». Totalmente fuera de juego, el pobre.

Entonces le expliqué que diantres hacía yo en su consulta y lo vio todo más claro. Hizo un par de llamadas y se puso en contacto con un tal J.M . Realmente me dijo el nombre de la persona en cuestión, no sus iniciales, pero me han recomendado por ahí que no de nombres concretos, y he decidido seguir dicha recomendación.

Como decía, el urólogo se puso en contacto con el tal J.M. y, después de explicarle que mi médico de cabecera se había deshecho de mí al no saber qué hacer conmigo (esas fueron sus palabras textuales, un poco injustas para mi pobre médico, que se esforzó bastante en enviarme a la persona adecuada, pero ciertas al fin y al cabo) le contó lo que necesitaba y, finalmente, me envió a hablar a mi al despacho de J.M.

Llegar hasta el despacho de este señor fue más difícil de lo que yo pensaba. Me perdí por los pasillos del hospital y di varias vueltas, hasta que al final alguien supo explicarme cómo encontrar el camino hasta los despachos de la administración de manera que yo lo entendiera. A esas alturas ya me lo habían explicado 3 ó 4 veces, pero, ya sabéis, soy cortito con sifón.

Sin embargo, logré localizar el despacho. Lo más impresionante fue que… ¡Tenía dos secretarias! ¡Nada menos! En seguida comprendí que debía ser un pez gordo, y lamenté no haberme puesto una corbata o algo.

Con cierto reparo me aproximé a la secretaria más cercana a la puerta y le expliqué que quería ver al señor J.M. Ella me miró como debían mirar los cortesanos de los reyes a los plebeyos que se acercaban a pedir audiencia, y me dijo que J.M. estaba reunido en aquel momento, y que por favor, esperara.

Así que esperé durante un buen rato, pero como llevaba mes y medio aguardando a la cita con el urólogo, no me iba a ir de media horita, ni de una hora, ni de dos. Iba armado de paciencia en grandes cantidades, un libro y mi mp3. Al final no llegó la espera ni a los 35 minutos.

Finalmente la puerta del despacho de J.M. se abrió y pude entrar a hablar con él. Fue una suerte que no me hubiese puesto la corbata, porque mi interlocutor no la llevaba, y habría resultado sobrevestido en comparación con él. Volví a explicarle la situación, y, por fin, descubrí que había un médico, sólo uno, que había visto a otro transexual antes que a mi. En concreto, según me explicó, a dos chicas, y ambas con el proceso casi terminado, que solicitaban la CRS (Cirujía de Reasignación Sexual). O sea, ambas años luz de mi, que de momento me conformaría con ver al psiquiatra.

Hablar con J.M. me resultó muy tranquilizador. Me habló de procedimientos que han demostrado solucionar casos como el mío. Me dijo que al equilibrar el cuerpo con las necesidades de la mente, la ansiedad acaba. Me dijo que el tratamiento funciona. Pero, por supuesto, sólo en el caso de personas que realmente lo necesitan, y que quién tiene que determinar si es necesario o no es el psiquiatra.

Yo estoy totalmente de acuerdo. Le dije que no me quiero precipitar, pero que quiero que me atienda el psiquiatra de una vez por todas. Él me aseguró que se enteraría de lo que había que hacer y me conseguiría una cita… en una semana o así, más la lista de espera que haya.

Por suerte, tengo una silla para esperar sentado, y mientras tanto, me he puesto delante los apuntes para ir estudiando y así aprovechar el tiempo. Sin embargo, no deja de resultarme extraño que hasta el simple hecho de conseguir una cita con un especialista que obviamente necesito (independientemente de si tengo realmente disforia de género o cualquier otra cosa, el mero hecho de presentar dudas sobre mi identidad sexual ya me hace merecedor de ver a un buen loquero) sea extremadamente difícil. Si tuviese, por ejemplo, dolor de huesos, habría conseguido inmediatamente un volante para el traumatólgo. ¿Por qué el protocolo es diferente para los trastornos de identidad de género? ¿Por qué hasta el sistema médico nos discrimina? ¿No debería ser igual un enfermo que otro?

Ojalá algún día conozca a la persona adecuada para hacerle reflexionar sobre todas estas preguntas.

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Hoy

Hoy mi padre me dijo que me fuera a la mierda.

Hoy mi madre me abrazó y me pidió que tuviese paciencia con ella.

Hoy vi a Mic sonreír y reír. Varias veces.

Hoy un amigo me ha hecho un favor enorme.

Hoy he llorado como hacía tiempo que no lloraba. Ya empezaba a pensar que nunca más podría hacerlo.

Hoy es el primer viernes que ceno solo en varios años.

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Muchas reflexiones.

Traigo muchas cosas sobre las que pensar…

La primera es sobre si no me estaré volviendo un exhibicionista al exponer una serie de cosas muy íntimas en un blog que puede leer cualquiera. La respuesta es que no. Tengo la esperanza de que algún día alguien que esté en la misma situación que yo, llegue hasta aquí y vea que no es el primero ni el último que se ha perdido en esta carretera secundaria por la que nunca pasa nadie.

Porque esa es la segunda reflexión que traigo hoy en la cabeza. Me explico: hay una carretera secundaria muy mala, con una cuesta bastante pronunciada, llena de curvas, y estrecha. Pero en un momento dado llegas al punto más alto, y desde allí se ve el mar. También se ve la otra carretera, la nacional, que es más recta, y también atraviesa paisajes muy bonitos. A menudo, cuando circulas por esa carretera, te preguntas si no habría sido mejor coger la principal, a pesar de que te arriesgabas a encontrarte con un atasco monumental. Pero al final, las dos se encuentran y llegan al mismo sitio. Y a veces, según las circunstancias, merece la pena coger esa carretera secundaria, aunque sea más difícil.

La tercera reflexión es un ejemplo sobre los mecanismos de presión social que hacen que la gente se comporte de una forma o de otra según su sexo. Muchas veces me preguntan porque tengo tantos comportamientos femeninos si me siento hombre. La respuesta es que siempre he deseado agradar a los demás para gustarles y que me quieran. Sirva esto como ejemplo:

Últimamente he cambiado de marca de desodorante. Ahora uso un desodorante masculino porque ese olor es el que me hace sentir cómodo. Personalmente, creo que huele muy bien. Pues bien, ayer mi madre me comentó que antes, cuando me duchaba, echaba muy buen olor, y que sin embargo ahora el perfume de mi desodorante me sienta «como a un santo un par de pistolas», y que incluso le daba un poco de asco. No me ordenó que volviese a la marca que usaba antes, si no que me lo pidió como un favor personal, dejando a mi elección la decisión última sobra la cuestión.

¿A quien le gusta dar asco a los demás? A mi, no. Por un momento (está bien, durante un buen rato) pensé que no me costaba ningún trabajo complacer a mi madre volviendo a mi viejo desodorante femenino. Y así, y no de otra manera, es como vamos quedando obligados, sin saber ni cómo ni por qué, a adoptar los comportamientos correspondientes a nuestro género. Si nos salimos aunque sólo sea un milímetro (fijaos que chorrada más grande es lo del desodorante), recibimos un refuerzo negativo. Si nos introducimos en el comportamiento adecuado, en cambio, recibimos un refuerzo positivo. Igualitos que el perro de Paulov.

Por si alguien siente curiosidad, lo que he hecho es meter el desodorante de la discordia en la mochila en la que guardo todas las cosas que no quiero que nadie de mi entorno vea, y me he comprado otro en crema que es unisex y no huele a nada. Odio los desodorantes en crema, pero es mejor eso que ir oliendo a tía y que encima me feliciten por ello.

La cuarta y última reflexión es sobre esta mochila. Empecé con una mochila pequeña, pero en muy poco tiempo necesité otra mayor. Ahí voy escondiendo una parte de mi que no me atrevo a mostrar a los que me son más allegados, por no hacerles sufrir, y que, sin embargo, me gustaría que todo el mundo pudiese ver. Por ejemplo, mis corbatas. A medida que los días pasan, el tamaño de esta mochila varía. Cuando hablé con Mic y luego con mis padres, pude sacar de ella mis sentimientos. Hoy he guardado en ella el desodorante y una cazadora tejana que me acabo de comprar (joder, que fácil me resulta comprar ropa de hombre que me siente bien. Con la de mujer siempre tenía problemas, pero la de chico la encuentro rápido y sin esfuerzo). En un momento dado esta mochila puede llegar a hacerse demasiado grande, y entonces ya no me cabrá en el armario. Tengo que empezar a actuar sabiendo que eso va a pasar. O voy sacándolo todo poco a poco, o me busco una casa nueva, en la que pueda guardar todas esas cosas en estanterías y cajones.

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Mamá, soy transexual

No es exactamente lo que le dije a mi madre anoche, pero es un resumen bastante bueno. Me lo sonsacó después de que llegara a casa llorando como una Magdalena. Quería saber qué era eso tan gordo que me había hecho dejarlo con mi pareja (jo, hasta escribirlo me duele) y ya empezaba a preocuparse más de la cuenta con respecto a cuales podían ser los motivos.

¿Hice bien en decírselo? ¿Le habría dolido menos permanecer en la ignorancia? Son preguntas que no tienen respuesta.

La cuestión es que, después de hablar un rato, mi madre llegó a dos conclusiones:

1) Soy gilipollas por dejar escapar a alguien como Mic, ya que nunca voy a encontrar a otra persona como él, ya sea hombre o mujer.

2) Estoy como una regadera por ser una mujer que se cree que es un hombre.

Lo peor de todo es que lleva razón en las dos cosas.

Después se lo dijo a mi padre, y al parecer le dió mucha risa. No me hicieron más comentarios al respecto y yo me quedé flipando pepinillos, además de un poco asustado por lo que podría pasar hoy, cuando lo hubiesen asimilado todo.

Esta mañana me he levantado a las 7:00, como todos los días. En casa soy siempre el primero en levantarme, porque aprovecho para estudiar. ¡Cual no sería mi sorpresa al ver a mi padre, a mi madre y a mi perra, sentados a oscuras y en silencio en el comedor!

Sacando el poquito de valor que ayer me prestó Mrs. M, me senté yo también y les pregunté si querían hablar. Y sí, querían. La bronca que ha venido a continuación ha sido monumental… pero en parte me la merezco. Mi padre ha hecho un buen repaso a todos mis errores pasados… y ¡mierda! Ha llegado a la misma conclusión a la que ya había llegado yo solito: que no soy ni un hombre ni una mujer, tan sólo un niño malcriado (bueno, él ha dicho «niña», pero en la infancia esas cosas no son tan importantes). Maldita sea… toda mi vida peleándome con mi padre, que siempre se ha empeñado en poner el dedo en la llaga sobre mis peores defectos, y ahora va a resultar que llevaba razón en todo y desde el principio.

Pero tener consciencia de los puntos débiles de uno mismo es el primer paso para perfeccionarse ¿no es cierto? Además, mientras hablábamos de mi patética situación personal (29 años estudiando para no conseguir nada, y una vida laboral pésima, ya que nunca he sido muy buen trabajador), he recordado a alguien a quién conozco y que estuvo en una situación similar. Años más tarde, ese alguien se ha convertido en un hombre adulto, responsable y apreciado, y en un ejemplo a seguir. Así que aun hay esperanza de que yo me reforme y llegue a ser un hombre hecho y derecho en lugar de un capullo irresponsable.

A parte de eso, en principio parece que a mi padre no le importa si soy hombre o mujer, mientras crezca de una puta vez, que ya va siendo hora.

La perspectiva de mi madre me duele más. Creo que piensa que les he manipulado a todos haciéndoles creer que me iba a vivir con mi chico y aceptando sus regalos, cuando en realidad yo era consciente de que no lo haría. Nunca fue esa mi intención. Si dije que me iba a ir, era porque lo pensaba de veras. Cuando he comprendido que eso no es posible he avisado a todo el mundo en cuanto he reunido el valor suficiente para ello. No sé que otra cosa podría haber hecho.

A medio día mi madre me ha comentado que quiere vender mi ajuar. Yo le he recordado que, en cierta ocasión mi hermana le preguntó si nos prepararía igualmente el ajuar si fuesemos niños, y ella dijo que sí. Su respuesta ha sido esta:

– Pero es que tú no eres un niño, tú vas a ser una cosa intermedia.

– ¿Y las cosas intermedias no tenemos ajuar?

– No.

– ¿Por qué no?

– Porque el ajuar es para cuando uno se va de casa, y tú sola, tal y como está la vida, no te vas a poder ir.

La teoría es que nadie en el mundo puede enamorarse de «las cosas intermedias». Yo he protestado y he dicho que podía buscarme alguna chica que también fuese una «cosa intermedia», pero al parecer la respuesta no era buena porque todas las «cosas intermedias» son promiscuas y no se comprometen con nadie.

– Pobres «cosas intermedias» – he dicho yo al fin -. Con lo difícil que lo tenemos, y ni siquiera tenemos derecho a ajuar.

– Entonces no quieres que lo venda ¿no?

– Pues no.

– Pues ya me dirás donde lo metemos cuando quitemos la tienda.

Me han quedado varias conclusiones. En primer lugar, que mis padres ya se han resignado a que no me vaya nunca de casa, lo que significa que no me van a echar (eso me preocupaba seriamente). En segundo lugar, que ya tengo recorrido el 50% del camino del reconocimiento de género de mi madre. He pasado de «mujer» a «cosa intermedia» (transexual), así que ya estoy mucho más cerca de «hombre transexual». En tercer lugar, que tiene confianza en que me saque las oposiciones a la primera (cuando las saque, ella cerrará la tienda). Si al final conservaré el ajuar de los cojones, aun no me queda claro.

En fin, me voy a estudiar como parte de la tarea de convertirme en un hombre de provecho, funcionario, y a mi madre en una ex-tendera que no sabe donde meter las cajas del ajuar de su «cosa intermedia».

Como me ha jodido que quiera vender el ajuar.

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A veces la vida duele

Nacemos y morimos solos. Quizá sea inevitable realizar esta transición también solo, pues, en cierto modo es una especie de mezcla de ambas cosas a la vez.

Lo único que lamento es que ahora mi chico también se queda sólo. Y el no está transicionando. No tiene la culpa de nada. Solamente pasaba por allí y se encontró enamorándose de la persona equivocada con el género equivocado.

Encima ha tenido la santa paciencia de leerse este blog para comprenderme un poco mejor (si no me entiendo ni yo…).

Lo siento mucho.

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Vaya manera de perder el tiempo…

Aunque a menudo tengo la sensación de que alguien me ha catapultado a un planeta extraterrestre, lo cierto es que sigo en el mismo mundo de antes, incluso en el mismo país, ese al que algunos llamamos todavía España, y en el que la mitad de las cosas que pasan parecen sacadas de un chiste de Eugenio.

Así que hago cosas normales, y a veces me cabreo mucho. Ayer fue una de esas veces en que me enfadé bastante, y como me quedó tan mala leche, he pensado en contarlo por aquí.

El caso es que estoy buscando trabajo y, bueno, es lo típico de estos tiempos: echo muchos curriculums y no hago ninguna entrevista, como todo el mundo. Hasta que antes de ayer ¡por fin! una entrevista. Así que me visto de drag queen (porque soy de los que llevan una doble vida, como Supermán, pero yo llevo la ropa interior por dentro de los pantalones, porque soy mucho más elegante), con maquillaje y todo, cojo el coche y me traslado hasta Granada, a ver que pasa.

La entrevista fue genial, y yo salí muy contento. La entrevistadora me dijo que me anotaba como candidata para el departamento administrativo (al parecer buscaban personal para los departamentos administrativo, comercial y almacén), después de que le comentase que el único trabajo que yo no me veía haciendo era el de comercial.

Aclarado este punto y otros más, me invitó a volver a ir al día siguiente, para hacer un día de prueba, que viese como trabajaban y tal. De modo que al día siguiente repetí la misma operación (disfraz de drag queen, viaje a  Granada, 10 euros de gasolina y madrugón de órdago), y allí estaba, para mi día de prueba.

Cuando llegué, la gente que trabaja en la empresa estaban reunidos, y desde fuera se les escuchaba gritar consignas sospechosas, del tipo: «¡queremos reunión!» «¡Todos somos uno!» y similares. Yo ya iba un poco mosqueado, porque, mirando hacia atrás, me daba cuenta de que en la entrevista nos había faltado hablar de ciertos temas como el sueldo y el tipo de contrato, y todo aquello terminaba de confirmar mis sospechas.

En aquel momento hice una apuesta conmigo mismo: que durante ese día de prueba me iban a poner a vender mierda puerta a puerta. Y gané la apuesta, aunque tardé un buen rato en confirmarlo. Primero me presentaron a un chico que iba a ser mi «entrenador» (un pringadillo de 21 años lleno de acné y entusiasmo a partes iguales), después el pringadillo me presentó a su jovencísima padawan de 20 años, que llevaba 3 días en la empresa y tenía la cabeza llena de sueños. Acto seguido mi maestro jedi echó a andar sin decirme de que iba el trabajo, aunque se lo pregunté directamente, y sólo cuando estuvimos muy, muy lejos, empezó a explicarme que se dedicaban a vender contratos de Tele2 puerta a puerta a comisión, aunque a aquellas alturas yo ya tenía la certeza de que el empleo consistía en algo así. En realidad a aquellas alturas sólo me quedaban dos dudas, el producto que vendían y cuanto tardaría en llegar a mi coche, que estaba bastante lejos.

Tengo que reconocer que durante unos minutos estuve considerando en serio la idea de ponerme a vender contratos de Tele2. La comisión era bastante alta, de 50 euros por contrato, y pude comprobar que era muy factible hacer un contrato al día, lo que sumaría unos 1.000 euros al mes. El jedi acneico aseguraba que él hacía dos contratos al día como mínimo, y yo me lo creo.

Pero, la verdad, me jodió mucho que me tomaran el pelo. Hasta estuve a punto de ir a la oficina a tener unas palabritas con la hija de su madre que me hizo la entrevista, aunque al final me contuve, en primer lugar porque la oficina estaba muy lejos de donde tenía el coche, y en segundo lugar porque la «señora» estaba preñada (vaya usted a saber quién era el padre de la criatura) y está feo ejercer violencia sobre una mujer embarazada, aunque sólo sea violencia verbal, y se lo merezca.

De modo que, tras poner pies en polvorosa de mi «día de prueba» (el maestro jedi insistía en que me quedase hasta las 18:30), regresé a casa justo a tiempo para comer e irme a abrir mi tienda, donde tal vez no gane 1.000 euros al mes, pero al menos no tengo que molestar ni mentir a nadie. Vale, les miento un poquito diciéndoles que soy una chica, pero en esta vida hay que sobrevivir.

Al final será verdad ese refrán derrotista de que «más vale malo conocido que bueno por conocer».

Por cierto, la empresa se llamaba D&L, y está en Granada.

Edit (01/12/2010):

Queridos trabajadores y defensores de B&F:

Tenías que deciros que de vez en cuando uno de vosotros se toma la molestia de enviar una respuesta a este post. Son todas calcadas. Decís que B&F es una empresa seria, donde la gente trabaja mucho para ganar mucho dinero, no tener jefe propio y abrir su propia oficina. Que es un método muy nuevo, que es mejor estar trabajando que estar parado, que es un trabajo digno, pero que no todo el mundo puede acceder a él. Los que no trabajamos en B&F somos vagos/ inútiles/ burros/ analfabetos/ imbéciles. Algunos de vosotros, además, aprovecháis para dedicar alguna crítica o insulto hacia mi humilde persona basandoos en mi identidad sexual. Todos tenéis muchísimas faltas de ortografía. ¡Ah! Y también decís que no se meten en vuestra vida privada ni influyen en vuestra forma de pensar, ni en vuestras relaciones familiares.

Queridos amigos, tenía que deciros que el método de B&F no es muy nuevo. Básicamente vendéis puerta a puerta, a comisión, cosa que es más vieja que el cagar: mi padre ya lo hacía en los años 70, sólo que en lugar de telefonía, vendía enciclopedias. Me parece perfecto si os gusta trabajar de esa manera y me da un poco de pena que no os déis cuenta de que se están aprovechando de vosotros. Este post tiene ya dos años ¿cuantas oficinas hay ahora de B&F o D&L en Granada? Informaros, y si véis que sólo hay una, quizá queráis preguntaros por qué. Los que no trabajamos en esa empresa no es porque nos guste estar en el paro, sino porque no nos gusta que nos estafen. Hay una diferencia entre vosotros y nosotros: casi todos los que comentan que han rechazado el trabajo, o que lo dejaron al cabo de poco tiempo, escriben sin faltas de ortografía. Vosotros las tenéis a puñados. Tal vez para vosotros tener el mínimo de cultura necesaria para expresarse por escrito en vuestro idioma no tenga importancia, pero la realidad es que se trata de un síntoma de buena preparación y sentido común. ¿Habéis visto muchos médicos o abogados con faltas de ortografía?

El que todas vuestras respuestas sean idénticas denota también que os han comido el tarro y os están enseñando a pensar de la misma manera. Es tontería que lo diga, porque por más que insista en ello, vosotros seguiréis pensando que lo que ocurre es que vuestras ideas son tan de sentido común que es normal que todo el mundo piense igual. La realidad es que cuanto más sentido común tiene la gente, más difieren las ideas de los unos sobre las de otros sobre el mismo tema. Si no, mirad a los filósofos griegos, que no se ponían de acuerdo sobre absolutamente nada.

Probablemente no entenderéis ese último párrafo. Vuestros insultos y comentarios respecto a mi identidad sexual revelan que no entendéis la mayor parte de las cosas que leeis. Están tan desatinados, tan lejos de lo que soy, que conseguís hacerme sonreir. ¿Travelo? ¿Que no me vista de drag queen?

En fin. Todo esto es para explicaros que no voy a publicar vuestros comentarios. Si queréis perder el tiempo escribiendo un comentario, sois libres de hacerlo. El filtro antispam de wordpress los recoge y elimina sin que yo tenga que hacer nada, aunque a veces los leo por diversión. No publico nada que contenga insultos, o cuyo contenido me parezca que puede ser potencialmente dañino para los lectores (y animar a la gente para que trabaje en esa empresa, es dañino). Si os molesta, podéis abrir vuestro propio blog, y ahí escribís todo lo que os de la gana.

TQD. Si no, reviento.

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