Archivo mensual: abril 2011

Manifiesto contra el test de la vida real.

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MANIFIESTO CONTRA EL TEST DE LA VIDA REAL

El sistema de salud público de la Comunidad de Madrid alberga, todavía hoy, en pleno S. XXI, tras décadas de lucha feminista y del movimiento GLBT, un reducto en el que el binarismo de género y los más rancios tópicos y estereotipos de género se imponen con la violencia de una coacción sobre los cuerpos y las identidades de las personas transexuales.

Este reducto es la mal llamada Unidad de “Trastornos” de Identidad de Género (UTIG), cuyo equipo médico, liderado por el Dr. Antonio Becerra, especialista en Endocrinología, llega a ejercer de hecho, no sólo como policía, sino como tirano del género, con capacidad para imponer a sus pacientes una forma de vestir, comportarse o relacionarse en su entorno familiar y laboral, bajo amenaza de no permitirles el acceso a tratamientos tales como la hormonación o las cirugías si no cumplen con sus exigencias.

Como excusa para imponer esa tiranía utilizan el “test de la vida real” (TVR), práctica que ha sido amplia y reiteradamente reconocida como obsoleta y no exigible, remozada ahora, en un torpe intento de disimulo que a nadie engaña, con el nombre de “experiencia de la vida real” (EVR), que se convierte fácilmente en una voluntad de vida irreal.

La EVR consiste en exigir a cada paciente que asuma el rol del género elegido como condición imprescindible antes de ser consideradx idónex para someterse a la cirugía de reconstrucción genital. Para ello se requiere que adapten su comportamiento a los criterios y prejuicios arbitrarios de lo que, en opinión de quienes forman parte del equipo médico, debe ser una mujer o un hombre, dictándoles unas pautas de comportamiento a seguir en ámbitos de la más estricta intimidad personal, como es el familiar, o en el ámbito laboral. Se toma un estilo convencional de ropa y arreglo como el único aceptable, excluyendo las preferencias y las adaptaciones personales. En el caso de las mujeres, se les indica explícitamente que deben adquirir la ropa en tiendas de mujer, o en la sección femenina de las tiendas mixtas, prefiriendo las faldas a los pantalones, y las prendas ajustadas y escotadas a las amplias y ambiguas, exigiendo la utilización de bolsos, maquillaje y tintes de pelo, descartando la utilización de mochilas, señalando que, además, el resultado conjunto debe darles, al equipo, la impresión subjetiva de que se está ante una mujer, y llegando incluso al extremo de permitirse hacer observaciones respecto a la adecuada proporción del tamaño de los senos.

Además, se suma la opacidad inesperada e inaceptable de un sistema de salud público que no garantiza sin embargo que a lxs pacientes les sean facilitados por escrito los protocolos médicos, cerrándoles toda vía de reclamación en el caso de que las prácticas médicas no se adecuen a dichos protocolos, o en el caso de que los protocolos vulneren sus derechos, por no poder apoyar sus reclamaciones en ninguna prueba excepto su propio testimonio. Esta situación de indefensión deja a las personas trans a merced de los caprichos de unos médicos con una concepción binarista, anticuada y sexista de lo que es un hombre y una mujer. Por todo ello, lxs pacientes de todas las U “T” IG del Estado Español, y en concreto de la UAIG de Madrid, temen que si protestan o se enfrentan a lxs facultativxs, se les denegará, en represalia, el acceso a los tratamientos, o que este será pospuesto una y otra vez de manera indefinida con cualquier excusa.

Después de décadas de la lucha feminista y del movimiento GLBT, estamos cansadxs de que los cuerpos en transición, continúen siendo el campo de batalla por la lucha de la supremacía heteropatriarcal y binaria. Estamos cansadxs de la colonización de nuestros cuerpos e identidades, de que se nos nieguen derechos fundamentales como el libre desarrollo de la personalidad, la libertad de expresión, el honor, la intimidad y la propia imagen. Estamos hartxs de que se nos arrebate la autonomía y el control de nuestros cuerpos si no es para encarnar a través de ellos la imagen de la virgen, la madre, la amante esposa, el descanso del guerrero, la esclava, la sierva o la seductora.

Por todo ello exigimos:

– Eliminación del test o experiencia de la vida real, o cualquier otro requisito previo al acceso a los tratamientos médicos que impida a lxs pacientes el disfrute de los derechos que les han sido reconocidos tanto por la Constitución como por cualquier otra disposición normativa.
– Que las U “T” IG dejen de ser lugares de vigilancia, adoctrinamiento e imposición del género binario, incluyendo el cese de la violencia de las coacciones normativas ejercida sobre aquellas personas con identidades de género no binarias.
– Que se retire a los equipos médicos de las U “T” IG la atribución del papel de juez, juradx y verdugx en todo lo referente a las decisiones sobre el cuerpo de las personas trans, considerando que lxs únicxs legitimados para decidir son, precisamente, lxs destinatarixs de dichos tratamientos.
– Que se facilite a lxs pacientes trans lo que sí necesitan: acompañamiento, apoyo e información a lo largo de su proceso de transición, posibilitando la toma de decisiones meditadas, con autonomía y libertad.
– Información veraz, completa, y precisa, en términos comprensibles para cualquiera que carezca de conocimientos médicos, de los protocolos a seguir en las UTIG, garantizando que dicha información se proporcionará a los pacientes de forma oral en todo caso, y por escrito siempre que así lo soliciten

¡Por el no-binarismo!

¡Por la liberación del género!

¡Basta de colonización de los cuerpos trans!

=Pablo Vergara Pérez,  Conjuntos Difusos, Motril

=Kim Pérez Fernández-Fígares, Conjuntos Difusos, Granada

=María José Belbel,  Investigadora feminista, Madrid

=Maribolheras Precarias

=Gabrielle Esteban, Colectivo Sentimos Diverso, Quito-Ecuador

=Alira Araneta,  Acera del Frente, Madrid

=Mercedes Belbel Bullejos, Psicóloga, Asamblea de Mujeres de Granada

=María Unceta Satrústegui,  Periodista, Madrid

=Desiré Rodrigo García,  Socióloga, Barcelona

=Edurne Monreal, Presidenta Lamias, Mujeres Jóvenes Navarra, Ciudad Iruña

=Antonio Oria de Rueda Salguero,

=Catalina Baños Sánchez, Asamblea de Mujeres de Granada

=Teresa Franco Jiménez,

=Manuel Gualda Jiménez,  Huelva

=Marikarmen Free (David Martínez),  Trans-Block, Barcelona

=Ana Orantes, Activista Lgtb en Acera del frente y Colectivo Amigo, Madrid

=Pedro L. Mendoza Bayà,  NOS, Asociación Andaluza LGTB, Presidente, Granada, Andalucía

=Juan José Fuentes Gonzalez,  Málaga.

=Eugenia Fernández Morales, Granada

=José Luis Gualda Jiménez, Cantante, Granada

=Oihana Cordero Rodríguez, Granada

= Acera del Frente

=Sebastián Becerra Jiménez, Empleado Banca, Málaga

=Ana Mª Susino Bueno, Madrid

=Mar F. Cendón, Mondariz Balneario

=Miguel Benlloch Marín, BNV producciones, Sevilla

=Elda Munch Comini,  Traductora de Inglés, Docente, Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Rosario, Santa Fe, Argentina

=Colectivo mdm,  Bilbao

=Irene Saavedra Valero, Vocal Junta Directiva de Xega (Xente LGTB Astur), Xixón

=Federación de colectivos de liberación sexual de Bilbo (Hirukigunea» (mdm, ehgamBizkaia, Bizigay y Euskalhartzak),

=Soraya Vega Sandín, Terapeuta – Coach, Barcelona

=Eva Irazu Pantiga,

=Sandra Fernández Garrrido, activista LGTBQ

=Josué González Pérez,  trabajador social y activista feminista queer

=Carmen Romero Bachiller, Profesora, Fac. CC. Políticas y Sociología, Universidad Complutense de Madrid

=Lola Callejón Acién, Asamblea de Mujeres de Granada

=Cristina Isasi Landa, Asamblea de Mujeres de Granada

=Transgresión área Transexual de XEGA,

=RQTR, Facultad de CC. Políticas y Sociología, Universidad Complutense de Madrid

=Raquel (Lucas) Platero, docente, presidencia de RQTR

=Alejandro Bernaldez Merchand,  Conjuntos Difusos, Almendralejo.

=Jorge David Santana Erazo, Carpintersex. Quito-Ecuador.

=Rede transfeminista galegaTRANSGALIZA, Compostela

=Somos de_generando, Vigo

=Jose Manuel Regueira Maroñas Presidente de la Peña Deportivista Turuto de A Coruña

=Héctor Acuña (Frau Diamanda) Artista Visual Transgénero, Lima, Perú

=Gracia Trujillo, Activista transfeminista y profesora de Sociología, UCLM

=Martín de Mauro,  Encuentro por la diversidad, Córdoba, Argentina

=Agustín Fuchs, Cofundador de Indeterminad*s

=Miriam Cabezas Ayala, Badajoz

=Juan Casares Bernal,  Conjuntos Difusos, Palencia (Residente en Granada)

=Ana Maeso Broncano,  Granada

=Virtudes Martínez Vázquez, Profesora de la Universidad de Granada

=José S. Cabrera Pérez, Coordinador del Área Bisexual de Algarabía, Tenerife (España)

= Maider Fernandez Beristain, Donostia

=Ana Burgos García,  El Grito de las Brujas, Madrid

=Cristina Adrover, Consejo hispanoparlante de la OII Organización Internacional Intersexual, La Plata, Buenos Aires, Argentina

=Proyecto TRVNSGEN3RO – Cuerpos Distintos, Derechos Iguales Quito-Ecuador

=CONFETRANS, organización nacional con Secretaría en Guayaquil-Ecuador

=Itziar Oñatibia Bagues

=Mariana Soledad Alvarez,  Abogada, Coordinadora legal de Crisalida Jus, Organización Crisálida, Biblioteca Popular de Género, Diversidad Afectiva Sexual y Derechos Humanos, San Miguel de Tucumán, Argentina

=Norma Deluca, Buenos Aires, Argentina

=Nikkos Reinosa Quintana,  Activista diverso, Granada

=Matilde Córdoba Fernandez,  Asamblea de Mujeres de Granada

=Victoria Gil Lavado,  Artista visual, Sevilla

=Beatriz Bremón Fernández-Ayala, Barcelona

=Buck Angel. Buck Angel Entertainment. Los Angeles – California. USA

=Ainara Martínez

=Amets Suess,  Granada

=Cecilia Fallesen, La Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina

=Lola Callejón Acién, Secretaría de la Mujer de USTEA

= Verónica Pidal Pardo,  Integrande de la Asociación Sen Papeis da Coruña, Arteixo – A Coruña

= Pablo Andrade Taboada, activista queer , A Coruña

= Silvina Monteros Obelar,  Investigadora feminista, Madrid

= Manuel Bernáldez Merchán, Almendralejo (Badajoz)

= Pilar Mendieta Segura

= Carolina Arcoya Pérez, Granada

= M. Carmen Ribés Guill, Granada

= Cristina Garaizábal Elizalde,  Psicóloga Clínica.

= Almudena Cabezas González,  Feminista, Profesora UCM ,  Madrid

=Panteras Rosa, Lisboa

=Gina Serra Insúa, Barcelona

= Eva Pinheiro Nunes, Independente, A Coruña, Galiza

=Adolfo Jiménez Hernández , Médico-Psiquiatra. Col. nº 29-22467, Málaga

=.Maria Laura Gutiérrez,

=Juana Ramos,

=Olatz Oyanguren,  Irun (Euskal Herria)

=Associació Dinamitzadora de la Xarxa Feminista, Barcelona

=Paloma Tome Diaz , Enfermera Atención Primaria,  A Coruña  

=Pilar Amor García, I-Life  (Trasmulas) Granada, Vicepresidenta y voluntaria

 =Juan Carlos Ríos Carrégalo,   Psicólogo Clínico, Granada

=Marlene Wayar, Coordinadora General de Futuro Trans-Genérico, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina

= Sylvia Jaén Martínez, feminista, activista lgtb, Gran Canaria

= Juan Lorente Fuentes,  Madrid

= Antonio J. Iáñez Aspizua, Granada,

= Ximena Riffo, Fotógrafa Activista, Santiago de Chile

= Sergio Figueroa Martín, Colectivo Acera del Frente

= Marta Mojica Lopez, Madrid

= Rodrigo Requena, comunicador social, Acera del Frente, Madrid,

= Zuriñe Martínez Baztan, Vitoria-Gasteiz

= Javier Valverde López,   Asociación ASEESU (Asociación de Estudiantes de Educación Social de la UNED) – Presidente, Las Palmas

= Sara Lafuente Funes,  Madrid

= Raquel Centeno Cueva, Madrid

=ALEAS, Área de Libertad de Expresión Afectivo-Sexual de Izquierda Unida

=Elena Tóxica, Toxic Lesbian, Madrid

=Claudia Truzzoli, Psicóloga (autónoma),  Barcelona

=Mercedes Sánchez Sáinz,  Subdirectora de Formación Permanente del Instituto de Ciencias de la Educación. Universidad Complutense de Madrid.

=Angela Munuera Bassols,  Feminista, psicóloga, escritora. Valencia

=Belén de la Rosa, Secretaria de juventud y cultura de la federación estatal de CCOO,  Madrid

=María Espinosa de la Llave,  Madrid

=Julián Carlos Carranza Cobo,   Madrid

=Coordinadora Estatal de Organizaciones Feministas

=Asamblea Feminista de Madrid

=Clara Serrano García  

=Alvaro Salcedo Rufo,  Madrid

=Olmo Morales Albarrán,

=Olmo Morales Albarrán, Hybris Investigación e Intervención Social S. Coop. Mad., socix cooperativista.

=Tejedoras, Madrid

=Azucena Vieites García, Artista visual, Donostia-San Sebastián / Madrid  

= Isabel Martín de la Cruz,  

= Eustaquio Macías Silva,  Madrid

=Jaime Moreno Gracia, Madrid

= MaJo Torres Costa, Colectiva Feminista Les-Tisores, Barcelona

= Lyga Sierra Norte,  Horcajo de la Sierra (madrid)


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Transespaña

Ayer por la tarde me apetecía no hacer nada en particular, y decidí ver una película. Entre las muchas que hay en mi disco duro, elegí Transamérica. No sé por qué, si hace semanas que quiero ver Schrek 3…

Abro un inciso para hacer notar que, en efecto si puedo permitirme ver estas películas, es porque las he bajado gratis de internet. Pero que nadie piense que si no hubiese podido bajarlas las habría comprado, o ido al cine. No. Si no las hubiese bajado, seguramente habría hecho cualquier otra cosa que no me costase dinero, como, por ejemplo, pintar miniaturas que ya tengo compradas desde hace tiempo. Eso se debe a que quién no tiene ingresos, no puede consumir. Probablemente una mejora económica global, con el consiguiente aumento del empleo, serviría para que la industria cinematográfica española tuviese más ingresos. Sería una medida mucho más efectiva que todas las leyes Sinde del mundo.

Volviendo al tema… es la segunda vez que veo Transamérica. La primera vez la vi con mis padres, antes de empezar mi transición. Esa película tuvo la virtud de hacer que mis padres se conmoviesen. Cuando la protagonista va a casa de sus padres, y su madre la humilla, mi madre dijo «pobrecita», y mi padre asintió con la cabeza. Transamérica les llegó, y para mí fue el primer (y único) indicio de que, tal vez, si algún día llegase a ser capaz de tirarlo todo por la borda y salir del armario, pudiesen comprenderme. Por eso recuerdo con muchísimo cariño esta película.

Posteriormente, muchas personas no trans me han hablado de ella «claro, en Transamérica sale una escena similar donde…». Realmente es una buena película, a la que no tengo nada que reprochar, excepto las voces del doblaje en español, que me parece que casi todas las hacen actrices, lo cual hace que se pierda una parte de la imagen que las mujeres transexuales transmiten, y que suele chocar mucho a la gente.

Sin embargo, esta segunda vez que he visto la película, he visto, además, que es la historia de una mujer chantajeada por su psicóloga. Al inicio de la película, se ve que la protagonista miente, con gran soltura, a un psiquiatra, para conseguir que le firme una autorización para hacerse una reconstrucción genital. Después, va a hablar con su psicóloga para lo mismo. La psicóloga ya le ha firmado la autorización, cuando se entera de que hay un posible hijo por ahí, y entonces se la retira y la obliga a hacerse cargo de él. «Quiero que cuando llegue el momento estés preparada de verdad».

La protagonista no tiene opción. Tiene que recorrer prácticamente un continente para ir a buscar a ese chico que dice ser su hijo. Luego, obligada aún por la psicóloga, tiene que hacerse cargo de él, realizando un viaje que pone en peligro su operación, y que, además, no se puede permitir porque no tiene dinero.

Más allá de las consideraciones morales sobre las responsabilidades que una persona debe tener sobre sus propios hijos (sean o no deseados) y de mi opinión sobre si alguien debe hacerse cargo de un hijo que no deseaba tener, Transamérica se basa en una serie de actos obligados por una tercera persona que ordena a la protagonista cómo debe manejar su vida familia «por su propio bien», como si esta señora, que ya tiene los cuarenta años largos, fuese una niña a la que hay que obligar a adquirir buenos hábitos. Yo admitiría que la psicológa le orientase, que le aconsejase, que le hiciese sentir remordimientos… pero no es eso. ¡¡¡La obliga a ir bajo amenaza de no permitir que haga con su cuerpo lo que le apetezca!!!

Entre tanto, ayer un amigo me decía que el activismo debería ir encaminado a aportar soluciones a las personas trans. Yo no le respondí a esto directamente, porque necesitaba algún tiempo para pensar, pero hoy me he dado cuenta.

Cuando empecé mi transición tuve muchos problemas. Sufrí mucho. Lo pasé muy mal. En este blog podéis encontrar las entradas de los seis primeros meses, y os aseguro que no son agradables. Yo, cuando las releo, me pregunto como lo hice para sobrevivir.

Pues bien, mi amiga Marta, de 18 años por aquel entonces, fue una de las personas que me ayudó a sobrevivir. Porque ella y yo pasábamos por lo mismo, el mismo dolor, los mismos miedos, los mismos problemas… solo que ella es 9 años menor que yo. Así que me decía a mí mismo una y otra vez que si ella podía, yo también podía. Pero, sobretodo, me decía que era imperdonable que alguien tan joven como Marta tuviese que sufrir tanto. Comprendía que yo tampoco merecía sufrir tanto, y me decía a mí mismo que haría todo lo que estuviese en mi mano para que ella y yo fuésemos los últimos, y que después de nosotros, no sufriese nadie más.

Es un objetivo imposible. Sin embargo, de vez en cuando me renuevo esa promesa. Voy a hacer todo lo posible para que nadie que venga después que yo sufra y pase lo que yo he tenido que sufrir y pasar.

Esto no se consigue dando soluciones. ¡Se consigue evitando que aparezcan los problemas! En el mundo al que yo quiero llegar, en el que quiero que nazcan y crezcan lxs trans de mañana, es un mundo en el que Transamérica sea una película sin sentido. Un mundo en el que nadie pueda obligar a nadie a manejar sus relaciones familiares de una forma u otra utilizando el propio cuerpo como moneda de cambio. Un mundo en el que las personas trans no tengan que romper con su vida anterior, como si hubiesen muerto y renacido, porque morir debe ser una cosa muy jodida (precisamente hoy, que es viernes santo, se recuerda la muerte de Jesús de Nazaret, y aunque luego, según la tradición, Jesús resucitó, el viernes santo, el día de la muerte, no es un día sin importancia, sino un día de luto para todxs lxs cristianxs. Así que, sí, eso de morirse es muy chungo, incluso cuando no es una muerte definitiva). Un mundo en que nadie ser sorprenda de que una persona trans tenga hijos biológicos, y en el que un padre o una madre pueda decir a sus hijxs, sin avergonzarse ni avergonzarles, ni mucho menos traumatizarles, que es transexual.

Me gustaría un mundo en el que no fuesen necesarias las soluciones, por no haber problemas. Donde ser transexual y solicitar un tratamiento médico no fuese un problema a solucionar, sino un procedimiento rutinario, igual que cualquier otro. Donde cambiar de nombre y sexo legal no fuese un problema, sino una fecha en la agenda: «mañana, registro civil, 10:00 am». Donde decir «soy transexual» fuese algo tan irrelevante como decir «soy de ciencias y no de letras». No se trata de conseguir que las familias nos acepten, sino de hacer que nunca se planteen rechazarnos. Que no haya que discutir en que condiciones se nos ha de dar atención sanitaria, porque se de por sentado que se nos debe proporcionar.

Pero, en realidad… ¿No es lo que nos gustaría a todxs?

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¿Re? Descubriendo mi sexualidad.

Parece que tengo que trabajar hasta el más mínimo aspecto de mi personalidad, y de la forma de relacionarme con el resto de las personas. Ahora toca con la sexualidad.

Pensé (ay, inocente) que era una cuestión bastante sencilla. No tengo grandes problemas relacionados con el sexo. Mi orientación sexual me ha resultado siempre tan natural, tan sencilla, que no ha requerido ningún tipo de elaboración. Me gusta todo tipo de personas, excepto las muy masculinas y las muy femeninas, y esto se debe simplemente a que las personas que están muy pendientes de desempeñar correctamente su rol de género, dedican demasiado tiempo a ello, y se vuelven aburridísimas y predecibles. Lo «bueno» de los roles de género, es que te ahorran pensar, ya que todo comportamiento está más o menos previsto. Lo malo es que te impide pensar.

Al margen de esto, mis experiencias sexuales han sido muchas, variadas, diversas, con múltiples parejas… aunque con algunas restricciones: sólo he estado con hombres y mujeres heterosexuales o bisexuales, de raza blanca, y, en el 99% de las ocasiones, actuando yo en el papel de mujer. Eso sí, siempre me había considerado bastante satisfecho con mis experiencias sexuales, a pesar de que me sintiese fuera de lugar en el papel que me tocaba.

Desde que inicié mi transición, he estado con muy pocas personas (muy, muy pocas), pero no me voy a quejar por ello, ya que, después de pasar bastante tiempo protestando, he llegado a un punto en el que no me queda más remedio que admitir que uno de los principales motivos de mi soledad es que en realidad tampoco quiero estar con nadie. Como me dijo una vez una amiga, tengo puesto el cartel de «en obras» y estoy esperando a que las obras acaben.

Pues bien, quizá las obras están a punto de terminar, y empiezo a preguntarme qué voy a hacer con las instalaciones una vez terminadas. Y es difícil, por muchos motivos. En primer lugar porque me cuesta trabajo admitir que, a pesar de que creía ser una persona muy deshinibida sexualmente, tengo un montón de cuestiones reprimidas que necesito liberar. En segundo lugar, porque el sólo hecho de admitir esto me ha supuesto un gran esfuerzo: reconocerse a uno mismo que se ha estado engañando es bastante duro, ya que, por una parte te sientes estúpido por haberte dejado engañar, y por otra parte, te sientes mal por haber estado contando mentiras. En tercer lugar, porque no encuentro referencias a las que agarrarme. De la sexualidad en los cuerpos no binarios, se habla muy poco, en muy pocos lugares, y quienes sí se atreven a hacerlo, lo hacen desde una perspectiva reivindicativa que, si bien es necesaria (hablaré de ellos después), a mí no me resulta útil en el plano personal.

¿Qué referencias puedo tener? Me gusta la pornografía en la que intervienen personas transexuales, pero una gran parte de esta simplemente muestra a las mujeres trans como un fetiche. Bueno, al resto de hombres y mujeres que aparecen en cualquier película porno, también se les trata como fetiches. La pornografía es ficción, y hay que entenderla como tal… con ciertas prevenciones de las que voy a hablar en seguida. El post porno, es de muy difícil acceso (al menos para mí, que no soy capaz de encontrar producciones post porno de libre distribución en la red), y las pocas veces que  ha llegado algo de eso a mi pantalla, me resultaba tan normativo y alejado de mi realidad como la pornografía normal.

Al final, un día que alguien me preguntó qué es lo que busco, me quedé sin saber qué responder. No tengo ni idea de qué es lo que busco… porque no sé lo que me gusta. Ni siquiera sé qué puedo hacer con mi cuerpo. Todas mis experiencias con otras personas han quedado sesgadas por los prejuicios de esas personas, y mi falta de seguridad en mi mismo me ha impedido reconducirlas hacia un juego más abierto, más tranquilo, más libre y más divertido.

Mis experiencias con mujeres hetero han estado bien. Ellas pueden verme como hombre, sin reparos. El problema es que hay partes de mi cuerpo que se niegan a tocar. Con el pecho, todavía se animan, pero los genitales… parece que es ir demasiado lejos. No obstante, es mucho más de lo que he conseguido con otro tipo de personas.

Sobre mujeres lesbianas, y mujeres y hombres trans, no puedo escribir, puesto que mis intentos de ligoteo han sido tan escasos que carezco de información para ello. No es que no me atraigan, es que casi siempre que me encuentro con ellas y ellos  es en lugares en los que el intento de ligue está completamente fuera de lugar (al menos a mi parecer) y claro, así no hay modo.

Alguna vez me he topado con hombres heteros y «bisexuales» (en chats. Sí, a veces entro en chats). Lo primero es que no saben lo que es un hombre trans, pero su ignorancia suele ser tan profunda, que aunque se lo expliques con pelos y señales, e incluso un pequeño diagrama, siguen sin coprenderlo. Para ellos transexual = hombre que parece una mujer, con tetas gordas, y dispuesta a cumplir todas sus fantasías sexuales. Esta imagen se la debemos al cine porno convencional (esa es una de las reservas que mencionaba antes, y las otras son de tipo similar), que muestra a las mujeres trans como unas adictas al sexo increiblemente versátiles, con una orientación sexual  hacia todo lo que se mueva, y sin ningún límite. Por eso creo que está muy bien, y es muy necesario, que se reivindique la sexualidad de los cuerpos no binarios, y se rompan los estereotipos, y se presuma de lo mucho y bien que se folla, e incluso que se hagan películas post-porno en las que los límites suelen ser muy evidentes. Para que se vea que a nosotrxs también hay cosas que nos gustan, y cosas que no estamos dispuestxs a hacer.

Superada la ignorancia casi infinita y los diversos filtros de percepción que los hombres heteros y «bisexuales» suelen llevar puestos, el siguiente paso es asumir, de forma natural, que yo soy, al fin y al cabo una mujer, y que estoy dispuesto a ejercer con ellos un papel femenino/pasivo. El tercer paso es explicarles que están equivocados (hasta el máximo que sus abotargados cerebros puedan aprehender), y despedirme. Ahí no hay nada que hacer.

Finalmente están los gays y bisexuales, que generalmente rechazan de plano cualquier relación que tenga que ver, ni remotamente, con una persona trans. A veces los que son «bisexuales» y «activos» hacen lo que he explicado en el párrafo anterior. Los pasivos opinan que me falta una característica muy importante para resultar aceptable (el pene, obviamente), y el resto creo que pasan de «cosas raras». De cualquier modo, parece que los hombres gays que me he ido encontrando han sacado todos sus clichés sexuales de películas porno de lo más binarias, así que no puedo ofenderme especialmente porque no piensen en mí como una persona. Alguien que te define con dos o tres preguntas (¿edad? ¿activo o pasivo? ¿tienes pluma? ¿estás en el armario?) obviamente sólo busca satisfacer su apetito sexual del mismo modo rápido y artificial que el que va al McDonalds a comerse una hamburguesa. Y, por absurdo que parezca, hay mucha gente que va al McDonalds, aunque las hamburguesas son caras y saben a plástico. ¡Hasta yo voy a veces!

No digo que todo el mundo sea así, pero… todos los que yo me he ido enconrando hasta ahora, sí. Sin excepciones. Espero encontrar las excepciones más o menos pronto. Es más, si alguien está pensando ahora mismo que él o ella no es así, y que estoy siendo injusto, le invito a que se ponga en contacto conmigo.

De todos modos, ya lo he dicho antes: en parte mi soledad es una soledad autobuscada. Alguna vez alguien se ha puesto en contacto conmigo y me ha hecho propuestas potencialmente interesantes, que no he conseguido que me interesasen. Lo achaco a lo que he dicho antes: en realidad, no sé lo que quiero, porque ni siquiera sé qué me gusta, o que puedo hacer.

Así que últimamente estoy practicando yo sólo. Igual resulta un poco patético eso de escribir una entrada de blog de 1500 palabras para explicar que te estás matando a pajas… Por otra parte, a estas alturas creo que ya he escrito aquí cosas mucho más íntimas que esto, así que volverme tímido ahora, no tiene ni pies ni cabeza.

Sí, practico el onanismo con generosidad y entusiasmo, y estoy bastante contento porque estoy epezando a descubrir qué cosas me gustan, y cuales no. Incluso estoy descubriendo que puedo hacer cosas que no creía que pudiese, y que están tan relacionadas con algún rincón de mi personalidad con el que todavía no he conseguido llevarme bien, que casi resulta absurdo. No obstante, no creo que sea el único que siente y busca lo mismo que yo, y tampoco me he impuesto la tarea de autoregañarme por hacer cosas que a cualquier persona normal le parecerán estúpidamente incomprensibles. Así que sigo experimentando, intentando, de camino, autoperdonarme tantos años de autoengaño, a ver si dentro de un tiempo, cuando alquien me pregunté qué busco o qué me gusta, le puedo respnder.

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Matrimonio y transexualidad.

Rajoy a veces promete, a veces propone, y a veces sugiere cambiar la ley del matrimonio, para que los matrimonios heterosexuales se llamen matrimonio, y los matrimonios homosexuales, se llamen unión civil (no sé yo que manía tiene este señor con cambiar una ley que no hace daño a nadie, y sí beneficia a muchas personas, pero no viene al caso).

Lo que no aclara Rajoy, ni, de paso, ninguno de los detractores del matrimonio homosexual, es qué es un matrimonio homosexual. Obviamente, no lo aclaran porque creen que no es necesario: un matrimonio homosexual es un matrimonio entre personas del mismo sexo.

Si a alguien se le ocurriese preguntar qué criterio se va a elegir para decidir cual es el sexo de una persona, seguramente habría un instante de duda, y luego se respondería que, no sin ciertos reparos, que el criterio sería el sexo registral. Al margen quedarían, pues, las clasificaciones que pudiesen hacerse según otros criterios. Por ejemplo, en mi caso, la Iglesia católica sostiene que soy indudablemente mujer, mientras que mi propia percepción es la de que soy un hombre (aunque a veces no tan hombre). Según mis médicos de la UTIG, cuando terminen conmigo, seré un hombre transexual, y entendiendo la intersexualidad de manera amplia, soy intersexual, pues mi cuerpo presenta características tanto de hombre como de mujer.

Pero aceptamos barco como animal acuático, y sexo registral como sexo a efectos del matrimonio. Entonces ocurren dos cosas, que, al parecer, todo el mundo olvida cuando habla de matrimonio homosexual, y es que:

1) Hay personas que están en disposición de elegir su sexo. Aquellas que cumplen con los requisitos necesarios para solicitar la rectificación de sexo legal, pero no están obligadas a hacerlo.

2) Hay personas que, efectivamente, cambian o rectifican su sexo registral.

El sexo registral no es inmutable, sino que puede cambiar al menos una vez a lo largo de la vida (no sé qué ocurriría si alguien “retransicionara”, pero supongo que los requisitos serían los mismos cuantas veces se hiciese la transición). Además, puede cambiar independientemente del estado civil de la persona.

Esto último que he dicho, no es cierto en todos los países europeos. Hay países en los que para cambiar la mención registral de sexo no se puede estar casado. El Comisario de Derechos Humanos de la Unión Europea, así como diversas organizaciones, han denunciado una y otra vez esta clara violación de los derechos humanos de las personas trans. Pero en España, el estado civil no se considera como un factor a tener en cuenta para solicitar la rectificación de la mención de sexo en el Registro Civil.

De modo que una persona que se hubiese “matrimoniado” con otra de distinto sexo, podría cambiar su sexo civil, convirtiendo ese matrimonio en un matrimonio “irregular”. Lo mismo podría ocurrir a una persona que se hubiese “unido civilmente” a otra del mismo sexo, y que cambiase de sexo, haría que su unión civil fuese también “irregular”.

En Reino Unido han solucionado este problema declarando nulos los matrimonios anteriores a la rectificación de sexo, por incapacidad de uno de los contrayentes, con la consiguiente desprotección de los hijos, división patrimonial, etc.

Supongo que la base de esta idea es que al “rectificar” el sexo, el Estado está admitiendo que la mención inicial era errónea, y que la persona siempre había sido hombre o mujer. Y puesto que se reconoce que fuiste hombre o mujer desde el momento de tu nacimiento, significa que contrajiste matrimonio sin poder contraerlo. Si te casaste con una mujer, siendo tú mujer, y aprovechando un error del registro para ello, ese matrimonio es nulo.

Lo que no te explica nadie es cómo debiste casarte en primer lugar para hacerlo bien y que no fuese nulo, teniendo en cuenta que rectificar la mención registral de sexo no es tan fácil. ¿Tal vez el Gobierno británico opina que debemos esperar a formar una familia hasta que decidamos que sexo registral definitivo queremos tener?

Se puede dar entonces un caso como el de aquella mujer transexual alemana, que, tras haber intentado cambiar su sexo registral sin conseguirlo, decidió casarse con su pareja, otra mujer, que, además, legalmente es mujer. Siendo dos mujeres, decidieron que lo mejor era solicitar una “unión civil”, pero ¡oh sorpresa! Resulta que si el matrimonio es exclusivo para los heteros, la unión civil es exclusiva para los homos, con lo cual dos personas de distinto sexo no pueden acceder a esta forma de “casamiento”, lo que, en este caso hacía todavía más evidente que una de las dos personas que componían esa pareja es transexual.

Podrían darse incluso situaciones, como, por ejemplo, un matrimonio entre un hombre y una mujer, transexuales ambos, pero que en el momento del matrimonio ninguno de los dos hubiese rectificado su sexo registral. Luego, uno de ellos podría realizar esta rectificación, con lo cual habría que cambiar el matrimonio por una unión de hecho, al ser dos personas del mismo sexo, y luego, el otro podría hacer su propia rectificación, con lo que nuevamente deberían regresar al matrimonio. O justo lo contrario: una pareja homosexual, en la que uno de los dos cambia de sexo, y luego cambia el otro, creando una secuencia “unión civil” – “matrimonio” – “unión civil”. Este tipo de relaciones ocurre con una frecuencia relativa, así que no es un imposible, sino una situación que debe tenerse en cuenta…

…y eso que no he hablado de la posibilidad de “retransicionar” y cambiar de sexo dos veces.

Todo esto me lleva a que la idea de cambiar el nombre para “preservar el significado del matrimonio”, no sólo no es inocua, sino que, podría conllevar muchos problemas a las personas trans, que ya tenemos suficientes sin necesidad de resucitar asuntos que ya estaban resueltos. También muestra lo estúpidamente ridículo y estrambótico que es basar el nombre de un estado civil en el sexo de una persona, como si eso supusiera alguna diferencia. ¿No se supone que todos los españoles somos iguales sin que quepa discriminación por razón de sexo?

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Lo sagrado en la Universidad.

COMUNICADO LEÍDO DURANTE LA PERFORMACE DE LA CAPILLA DE SOMOSAGUAS.

La iglesia católica ha sido y continua siendo una de las instituciones patriarcales por excelencia, desde tiempo inmemoriales ha emprendido una “cruzada” contra toda forma de orientación sexual diversa a la oficial. En la Edad Media quemaban en la hoguera a las diferentes, hoy les linchan en el terreno mediático.

La iglesia es una institución basada en códigos anti democráticos y machistas, dentro de la cual las mujeres ocupan un papel secundario y los homosexuales no existen.

Pero la iglesia no se limita a regirse por normas obsoletas y misóginas sino que intenta extrapolar su concepción de mujer, sexualidad y familia al resto de la sociedad. Ayer, hoy y siempre la iglesia nos cubre y nos ataca:

1. “No es el hombre que decide, es Dios el que decide quien es hombre y quien es mujer” (Benedicto XVI, Papa)

2. “¿No sabéis acaso que los injustos no heredarán el Reino de Dios? ¡No os engañéis! Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, heredarán el Reino de Dios” (1 Corintios 6, 9-10).

3. “La Unesco tiene un plan para los próximos 20 años hacer que la mitad de la población mundial sea homosexual, destinada a romper con el “plan de Dios” para la familia, que consiste, en la unión estable de un varón y una mujer.” (Demetrio Fernandez, Obispo de Córdoba)

4. «La mujer escuche la instrucción en silencio, con plena sumisión. No consiento que la mujer enseñe, ni domine al marido, sino que ha de estar en silencio» (1ª carta a Timoteo).

5. “Los matrimonios canónicamente constituidos tienen menos casos de violencia doméstica que aquellos que son parejas de hecho o personas que viven inestablemente”, (Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares)

6. La prueba científica para explicar la imperfección somática, sensorial, intelectual y moral de la mujer es que su constitución es más húmeda, más abundante de humores. (TOMÁS DE AQUINO)

7. Creo que el fenómeno de la homosexualidad es algo que perjudica a las personas y a la sociedad. A la larga pagaremos las consecuencias como las han pagado otras civilizaciones. (Bernardo Álvarez, Obispo de Tenerife)

8. Si tu marido sugiere la unión, entonces accede humildemente, teniendo siempre en cuenta que su satisfacción es más importante que la de una mujer. Cuando alcance el momento culminante, un pequeño gemido por tu parte es suficiente para indicar cualquier goce que hayas podido experimentar. Si tu marido te pidiera prácticas sexuales inusuales, sé obediente y no te quejes. (Sección femenina)

9. Puede haber menores que sí lo consientan y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan. (Sobre el abuso de menores, Bernardo Alvarez.)

Por sus declaraciones sexistas y homófobas, por su moral puritana y opresiva, porque su discurso caduco y reaccionario tenemos que soportarlo cada día en los medios de comunicación, en las calles y los colegios, por su intolerable presencia en una universidad pública, hoy, nos apropiamos de su espacio para gritarles que somos quiénes queremos y nos reímos de sus identidades excluyentes y obsoletas:

Ni impura ni virgen, libre!

Transmaricabollo!

Viciosa!

Maricón!

Puta!

Deseante!

Autónoma!

Lesbiana!

 

Yo no estuve en la dichosa capilla, y, la verdad, no me creo que las chicas que llevaron a cabo esta «performance» fuesen un grupo de pacíficas y sumisas corderitas que a nadie  dañaron. Más bien sospecho que fue el «la vamos a liar» que todos y todas, y todes, hemos hecho alguna vez cuando teníamos veinte años, con una motivación distinta. Yo me metía a hacer botellón en el cementerio de mi pueblo. Otro se subió al campanario de la iglesia de su pueblo y despertó a todo el mundo a las 4 de la mañana. Vírgenes, santos, cristos y calices han sido blanco, en un momento u otro, de las expresiones de rebeldía de much*s jóvenes de este país, porque, cuando uno tiene veinte años, lo que tiene que hacer es rebelarse. Rebelarse a los veinte años es natural, necesario, y muy divertido.

La violencia no tiene por qué ser sólo física. Puede ser verbal. Puede ser acoso. Sé que muchos católicos se sienten acosados por practicar su religión, y eso no está bien. Que la Iglesia nos haya acosado y nos sigua acosando todavía no justifica que nosotr*s podamos tomarnos la revancha asumiendo el papel de acosador*s. Eso está mal. Significa ponernos al mismo nivel de la Iglesia, lo que es caer muy bajo.

El texto que he copiado sobre este mío es el manifiesto que se leyó en la capilla de Somosaguas de la Universidad Complutense de Madrid. El 80% de ese texto está compuesto por citas de la biblia o de altos cargos de la Iglesia (además, son textuales, podéis buscarlos en internet y los encontraréis tal cual). También es verdad que las participantes se desnudaron de cintura para arriba y se besaron. Además, también corearon algunos lemas feministas y antieclesiásticos. ¿Eso es ahora blasfemia? ¿Sacrilegio? ¿Profanación? ¿Delitos contra la libertad de culto?

Pues sí, porque se hicieron dentro de la capilla. Si se hubiesen hecho, por ejemplo, en la cafetería, no habría pasado nada. Si se hubiesen hecho en un pasillo, no habría pasado nada. Si se hubiesen hecho en el aula magna, no habría pasado nada. Pero no, se hicieron en la capilla, que es un lugar mágicamente protegido por las fuerzas divinas, consagrado a Dios, y que debe mantenerse puro. Es un lugar sagrado.

Yo, que soy agnóstico, no creo que haya una fuerza sobrenatural que se vaya a ofender si pisamos el suelo que está mágicamente protegido por ella. Si existe Dios (eso es lo que diferencia a los agnósticos de los ateos, ese «si» condicional), probablemente se manifestará de maneras más sutiles, y no será un ser tan susceptible como cualquier hijo de vecina, o incluso más.

Es más, yo que soy agnóstico, sí que creo que hay cosas sagradas, y una de ellas es el saber. La ciencia, el conocimiento, el uso de la razón sí que son sagradas, y las Universidades son sus templos. Introducir una capilla, que es la manifestación de la «fe», es decir, la creencia irracional sin base ninguna, sí que es profanar lo sagrado de la Universidad. En la Universidad se deben dar respuestas basadas en la lógica y la observación de la realidad, y se debe enseñar a las alumnas y a los alumnos, a hacer más preguntas, incluso cuestionando, si es necesario, las respuestas anteriores. Preguntar, cuestionar y hallar las respuestas, es justo lo contrario que aceptar respuestas inventadas, incuestionables e intangibles. La Universidad debe enseñar a ser libres, mientras que la religión enseña a ser siervos. ¿Qué coño hace una capilla en una Universidad pública?

Las autoras de la «performance» de la capilla de Somosaguas dicen que fue «creativa y pacífica». Pacífica no fue, aunque no hubiese habido violencia verbal. Creativa, tampoco. Están repitiendo el clásico «por mis cojones» que a los españoles se nos da tan bien, sólo que ellas dijeron «por mis tetas». Hacer alguna barrabasada en nombre de las gónadas, o de los caractéres sexuales en general no es nuevo, ni creativo. Creativo sería, por ejemplo, convertir la capilla en una librería. Iros todas a estudiar allí. La capilla a rebosar de mujeres y/o lesbianas, trans, maricas, putas, perras, o lo que sea… estudiando. Y luego os dejáis allí vuestros libros. El manifiesto contrasexual de Beatriz Preciado, manifiesto puta, de Beatriz Espejo, las obras completas de Judith Butler, o lo que más os apetezca. Y al día siguiente, más. Podéis estudiar matemáticas, física, biología, sociología, pedagogía, derecho… lo que más os guste, o esa asignatura tan dura que no hay forma de sacarla ni pa’lante ni pa’tras. Nunca he oido que se haya hecho nada así en ninguna parte. Eso sí sería original, y creativo. Además, sería muy interesante ver que hacía el párroco con toda esa literatura ¿Tirarla a la basura? ¿Quemarla? ¿Substituir con ella el papel higiénico?

Pero no… estudiar es aburrido. Estudiar es someterse al sistema. Estudiar es lo contrario a liarla. Liarla es mucho más divertido. Ya podéis decir lo que queráis: que sois serias, que sois pacíficas, que estáis reapropiándoos de vuestros cuerpos, y que sois performativas. No me lo creo. Queríais protestar, pero también queríais liarla.

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¿En un cuerpo equivocado?

Hace algún tiemp escribí una entrada comentando lo estúpido que me parecía la gente que dice haber nacido «en un cuerpo equivocado». Pues bien, he empezado a cambiar de opinión, y como rectificar es de sabios, allá voy.

Durante mucho tiempo he estado partiendo desde una perspectiva «no biologicista», que viene a tener como consecuencia que la biología no influye sobre nuestro caracter o identidad de género, sino que las influencias vienen de la educación, el entorno, el contexto en que crecemos y nos desarrollamos, y aprendemos lo que se entiende por ser hombre o mujer.

En el Proyecto Transgénero, en cambio, sí toman en cuenta la biología. No es que se apeguen a ella en el sentido literal de que la biología determina nuestro pensamiento por completo, pero tampoco la descartan como un factor que no merece ser tenido en cuenta. Allí fue donde alguien (no digo el nombre, porque no sé si esta persona quiere ser citada. Si quiere, que me avise y corrijo) me dijo «tu postura de rechazar la biología, también es biologicista». Esto, que parece un contrasentido, me obligó a plantearme muchas preguntas. Asumir que la biología no influye en nuestro caracter puede ser una hipótesis de partida para ayudarnos a elaborar teorías, pero tiene el mismo fallo que la hipótesis de que la biología lo configura todo: se contradice con lo que vemos a primera vista. Para conciliar las perspectivas puramente biologicistas o puramente no biologicistas con la realidad, es necesario elaborar una teoría que explique porque lo que ocurre no es lo que en teoría debería ocurrir. ¡No vamos a dejar que la realidad nos estropee todo el trabajo!

No me quedó más remedio admitir que parece mucho más lógico pensar que el resultado final de nuestra identidad de género viene determinado por tres factores a la vez: biológico, cultural y biográfico.

Con esa idea ya rondando en la mente, llegó hasta mi ratón (iba a decir «llegó a mis manos» pero no es muy correcto) el enlace a este artículo, donde se habla de que unos científicos españoles han conseguido enconctrar, por primera vez, semejanzas entre los cerebros de hombres transexuales y de hombres no transexuales, y entre los cerebros de mujeres transexuales y mujeres no transexuales, en pacientes vivos y que no se han sometido a ningún tratamiento hormonal para modificar sus cuerpos. Me quedé un poco sin saber qué hacer con esa información, pues lo que viene a decir es que todas la mujeres tienen el cerebro igual y eso las hace mujeres (sean o no sean trans) y todos los hombres tienen el cerebro igual, y eso los hace hombres (sean o no sean trans). Vamos que si nos tomamos eso al pie de la letra, bastaría con hacer un escaner cerebral para «diagnosticar» el sexo de un niño o niña, y educarlo o educarla en función de eso. Lo mismo que se hacía antes con los genitales, pero con el cerebro.

El artículo que he enlazado no saca conclusiones, se limita a describir el resultado del estudio, pero esta entrevista con el Profesor Antonio Guillamón sí va en ese sentido. En una charla que dió Gabriel J. Martín, en la que defendía a capa y espada la postura biologicista, este llegó a decir (parafraseo)  «el género de un niño o niña viene predeterminada por su cerebro, por lo que la educación no influye en nada». Es decir que ya podemos dejar de perder el tiempo con el feminismo y la educación en la igualdad. Enseñemos a las niñas a cuidar del hogar y la familia, y a los niños a trabajar y ser científicos, ya que en su cerebro (y no en sus genitales) viene preinscrito qué cosas podrán hacer con su vida, y de nada sirve tratar de ir contra eso. (Por si alguien no lo ha captado, todo esto me parece una barbaridad, y además, muy peligroso.)

A pesar de todo esto, yo sentía que esa información debía servir para algo. No la podía descartar así como así.

Los comentarios de la entrada «La advertencia de Mauro Cabral». Ágenla decía «yo siento realmente que partes de mi cuerpo no tienen que ver conmigo», y Dicybug añadía «aunque pueda parecer algo absurdo está “bien” si es lo que esas personas eligen libremente». ¡Claro! Si una persona siente que partes de su cuerpo no tienen nada que ver con ella, es normal que elijan líbremente deshacerse de ellas o cambiarlas. Pero ¿por qué? ¿Y por qué unas personas sí y otras no?

En ocasiones he oido declaraciones de personas intersexuales que decían que aunque fueron «diagnosticadas» como niñas en su infancia, ellas siempre supieron que eran niños y deseaban que al hacerse mayores su cuerpo cambiase y llegasen a ser hombres, no mujeres. Al entrar en la pubertad, este deseo se hacía realidad. También han habido casos de personas intersexuales que, por tener una ambigüedad genital, habían sido asignadas como niñas… lo que incluyó una cirugía para tomar ese órgano que no se sabía si era un clítoris o un pene, y convertirlo cláramente en un clítoris (lo cual requiere, obviamente, reducir el tamaño). Esas personas, a medida que iban creciendo, desarrollaron una personalidad masculina que incluía el deseo de tener pene… ¡Y se lo habían cortado en su infancia! Esto no ocurre en todos los casos, pero sí con bastante frecuencia, y es algo muy parecido a lo que nos ocurre a muchas personas transexuales en la relación con nuestro cuerpo.

Es posible que la explicación esté, precisamente, en esa formación más o menos masculina, o más o menos femenina, del cerebro. ¿Y si nuestro cerebro «supiese» cual es la forma que debe tener nuestro cuerpo? De hecho, lo «sabe», pues si podemos movernos o tener sensaciones es porque nuestro cerebro está conectado con el resto del cuerpo. Por eso, cuando a una persona se le amputa un miembro aparece la sensación de tener un miembro fantasma. El cerebro sabe que ese miembro debería estar ahí.

¿Y si el cerebro de una persona transexual supiese como deberían ser sus características sexuales, primarias y secundarias? La sensación de miembro perdido no existe, porque no se crearon las redes nerviosas a esos puntos que no se han desarrollado, pero tal vez no se pueda evitar un fuerte desconcierto entre lo que nuestro cerebro cree que debería haber, y lo que en realidad hay.

Lo que ocurre es que, si los cerebros de las mujeres son similares entre si, los cerebros de los hombres son similares entre si, y puede darse un desarrollo «cruzado» entre el sexo del cerebro y el del resto del organismo, tiene que ser posible, de forma obligada, que este cruce sea más o menos pronunciado. Es decir, que la feminización o masculinización de un cerebro no siempre va a ser al 100%, sino que puede tener más o menos grados. Pensar que todos los hombres por su lado, y todas las mujeres por el otro lado, tienen un cerebro igual, sería como creer que hay una máquina que fabrica dos modelos de cerebro «en serie», perfectamente acabados en todos sus detalles, y luego los inserta en cuerpos «artesanales» más o menos desperfectos. Sería negar la individualidad de las personas, y afirmar que la enorme diversidad que existe en todos los ámbitos de la naturaleza queda exceptuada en el desarrollo sexual del cerebro humano.

Todo esto para llegar a la conclusión de que, aunque no es mi caso, es posible que haya personas que «recuerden» como debería ser su cuerpo, y «comprendan» que el cuerpo que tienen no es de esa manera. Que perciban con fuerza que hay algo mal, que han  sido encerradas en un cuerpo equivocado. Un error que es imprescindible corregir para poder vivir dentro de ese cuerpo. Visto de esta forma la idea de «nacer en un cuerpo equivocado» cobra un sentido pleno.

Eso no significa que la experiencia de todas las personas transexuales tenga que ser así. Hay muchos componentes que influyen en que alguien llegue a sentirse en desacuerdo con el género asignado, y el factor biológico es sólo uno de ellos. Muchas combinaciones diferentes pueden llevar al mismo destino a través de rutas distintas, y ninguna es mejor o peor que las demás.

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