Archivo mensual: octubre 2009

Tratamiento de por vida.

El otro día en un foro leí el siguiente post (copiado con permiso del autor):

Hola

Llevo varias semanas con mi primera inyeccion de Reandron, y queria comentaros mi experiencia, y conocer las vuestras.

Para llegar hasta mi situacion actual tengo que remontarme un «poco» en el pasado (con vuestro permiso)

Tengo 41 años, a los 21 me realizaron la histerectomia (junto con mastectomia) sin hormonacion previa. Me ahorro todos los comentarios…me estoy remontando a la era glacial transexual, lo se…

Por cierto, en la farmacia me hacian una pomadita de testosterona al 10% para hacer con ella lo que me diera la gana…la he tenido en vaselina, en colonia, en gel…segun me apetecia….divertido, pero inutil…

Pasados tres meses, creo recordar, de dicha intervencion, empezaron a ponerme una inyeccion de 100 de testoviron depot, que era lo unico que existia, cada 21 dias, y cada tres inyecciones un mes de descanso.

Al cabo de casi un año, me subieron las inyecciones a 250…todo esto sin analisis ni nada, a ojo de buen cubero, que se dice vulgarmente….siguiendo el protocolo.

No paso mucho tiempo, un par de años, empece a tener problemas, dolores de espalda principalmente, a los 24 me descubrieron osteopenia; las hojas de reclamaciones no sirven en estos casos…

Las inyecciones las asimilaba muy mal, no las reabsorbia adecuadamente, incluso en alguna ocasion el liquido se salia….era la caña verlo!!! jajajja

Me cambiaron a textes leo prolongatum, por si era el excipiente….pero no era….

A todo esto una vez que comenzaron a hacerme analisis vieron que yo necesitaba testosterona cada 15 dias, una de 250, claro.

Estuve pidiendo a traves de medicamentos internacionales que me hicieran llegar parches o algun cosa, para no seguir inyectandome, pero poco tiempo despues, los parches llegaron a España, pero, mi gozo en un pozo, descubrí que no podia ponermelos, porque me hacian reaccion y me quemaban, literalmente, la piel.

Con todo esto yo ya pasaba muy mucho de ponerme hormonas, y me las ponia cuando me daba la gana, cuando me encontraba mal o cuando los sofocos me tenian tirado por los suelos.

Aparecieron los sobrecitos de gel….por un lado muy bien, son la solucion idel, comodos, sin picos….pero para mi uno es poco, y dos tengo que estar en el medico cada dos minutos para pedir recetas….o las pido al por mayor pero cuando se acaban paso largas temporadas sin ellos…..

El caso es que me he tirado el ultimo año sin ningun tipo de hormonacion. Varios factores han influido para hacer algo asi: me compre una casa en el campo, lejos del mundanal ruido, en un pueblo donde nadie conoce mi pasado, y donde no me apetecia contarle nada al medico ni a nadie, puse una empresa, obras en la casa…demasiado en lo que preocuparme vamos…

Asi que estuve todo ese tiempo asi: Sin Nada

Los sofocos son muy desagradables, pero nadie se ha muerto nunca por tenerlos.

Pero cuando he acudido al medico por la osteoporosis, me han obligado a comenzar el tratamiento, y, para que no lo abandone me obligan a ponerme el reandron. Como los niños: Obligao!!

Me puse la inyeccion el 1 de septiembre. Me van a hacer analisis a la sexta semana y el ultimo dia, para ver mis picos…pero ya me adelanto yo…

A dia de hoy, cuando llevo ya cinco semanas, sigo teniendo sofocos y no noto nada de dicha inyeccion. Me temo que en mi caso (que siempre he necesitado el doble de la dosis habitual entre nosotros) voy a tener que ponermela mucho antes de los tres meses, si no cada mes y medio poco faltará.

Sabeis de alguien que se la ponga cada tan poco? A alguien no le ha hecho efecto? Cual es vuestra opinion sobre dicha hormona?

Gracias tios!!

PD: Por cierto, por si alguien se lo pregunta por curiosidad, tras mas de un año sin hormonacion mis caracteristicas no han variado ni un apice, tengo barba cerrada, la misma voz, la misma musculatura (ninguna, vamos, jajajaja), ni hay retroceso alguno de nada.

¿Hace falta que explique por qué me llamó la atención tanto como para trasladarlo hasta aquí? Supongo que no, pero si no lo explico, entonces no tendré nada que escribir en esta entrada.

Son varias cosas. La primera, pero no la más importante, es que el autor de este post es la persona que más años lleva de hormonación con la que yo he tenido algún tipo de contacto. Veinte años son muchos años. Hace veinte años (1989) en España prácticamente no se sabía ni lo que eran los homosexuales, así que como para plantearse si quiera la transexualidad… Si ahora las cosas son difíciles para que los médicos te atiendan «debidamente», en aquella época debía ser poco menos que imposible. No hay más que leer el texto para llegar a la conclusión de que en el caso de este chico, no recibió una buena atención.

En realidad, supongo que para unos médicos que nunca se habían encontrado con un caso así, quizá fuese más una curiosidad, una especie de «conejillo de indias» con el que no se sabía muy bien qué hacer. Y, si algo sale mal, en efecto, las hojas de reclamaciones no resuelven nada.

Como «curiosidad» añadida a este relato sobre la «era glacial de la transexualidad» añadiré que el autor me comentó que en aquel momento habían 3 pacientes transexuales (¿en España? ¿en su comunidad autónoma? Eso ya no lo se), y que los médicos ponían especial cuidado en que no se pusiesen en contacto entre ellos.

La otra cuestión que me ha llamado la atención son los problemas que puede suponer la hormonación, en cuestión de salud. Hay gente a la que las hormonas les sientan la mar de bien, y otros que tienen multitud de problemas, desde un acné muy agresivo hasta la osteoporosis, pasando por problemas de hígado. Y uno no sabe qué es lo que le va a tocar hasta que compra un número de lotería.

Finalmente, lo que más me ha preocupado. La TRH (terapia de reemplazo hormonal) es, en principio, un tratamiento de por vida. Especialmente una vez que te han extirpado las gónadas, puesto que el cuerpo necesita tener algún tipo de hormona sexual para funcionar adecuadamente (aunque se sabe de muchos eunucos que tuvieron vidas prolongadas, aunque en la época en que la castración era una práctica «habitual», la esperanza de vida era menor que en la actualidad). No estoy muy ducho en el tema, pero según tengo entendido, en el caso de las personas trans de mujer a hombre (FtM, Female to Male), la falta de hormonas produce los mismos síntomas que la menopausia. Sólo que no es lo mismo tener la menopausia a los 25 que a los 55. En personas trans MtF, no sé muy bien como va la cosa.

¿Qué problemas tiene, a nivel práctico, un tratamiento de por vida? Pues que es un coñazo, y además, requiere una cierta constancia. Si tienes que estar poniéndote inyecciones cada 2 ó 3 semanas, o aprendes a ponértelas tú, o ya sabes que siempre tendrás que elegir entre cuadrar las fechas de manera que puedas ir a tiempo al practicante, o llevarte tus medicinas y confiar en que encontrarás un practicante en el lugar de destino. Si consiste en cremas «a diario», pues nada, siempre acarreando con los sobrecitos (o parchecitos), e intentando echar cabeza para que no se te olviden.

También tienes que ir a comprarlos a la farmacia. ¡Y qué pereza da! Otra pegiguera más, como si no hubiesen bastantes cosas que hacer a lo largo del día. Que si se me acaban, que si no se me acaban, que si he ido y en la farmacia no tenían, y tengo que volver mañana… En fin, que ya tienes que estar pendiente de eso para siempre.

¿Yo tengo paciencia para llevar adelante un tratamiento de por vida? Hace unos 4 años, el médico me recetó tiroxina, en una dosis muy baja, para darle vidilla a mi tiroides, que es un poco perezoso. Las cajas traen pastillas como para dos o tres meses, son muy baratas, y se compran sin receta. Hay que tomarlas cada día, media hora antes de desayunar. No es muy difícil ¿verdad? Pues la mitad de las veces que me voy de viaje, me las olvido, o con el trastorno de cambiar de sitio y de horarios,  olvido tomarlas directamente. O empiezo a olvidar tomarlas cuando vuelvo del viaje. Y cuando se me acaban, pueden pasar perfectamente 3 ó 4 días hasta que me acuerdo de comprar otra vez. ¡Y eso que esto es comparación es mucho más sencillo!

En fin, que entre unas cosas y otras, lo de la hormonación es como para pensárselo dos veces. Desde luego, no me extraña que existan muchas personas trans que decidan que no quieren hormonas ni regaladas. Lo que me extraña es la fijación que parece tener todo el mundo, médicos y legisladores incluidos, con que nos hormonemos y operemos. ¿No sería mejor para todos que la opción de una vida sin TRH comenzase a presentarse como una alternativa igual de buena y apetecible? Además, sería mucho más sano para la economía de la Seguridad Social, que no tendría que pagar el precio de la carísima testosterona, o del carísimo Androcur (eso es un antiandrógeno).

Recordemos que según la ley española, que es una de las más avanzadas de Europa en ese sentido, para cambiar de nombre y sexo legal, es necesario dos años de hormonación.

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Cariotipo.

La semana pasada tuve que ir a Málaga a hacerme un análisis de sangre. Era la única prueba que me faltaba por hacer: el cariotipo, y también la que más se ha demorado. La pedí en marzo, y me la he hecho en octubre. Seguro que los resultados no están listos para cuando vaya a ver a la endocrina, que será el próximo martes.

Si alguien se está preguntando para qué puñetas es necesario ver el cariotipo, puedo deciros que tengo la misma información que cualquiera. Cuando pregunté, me dijeron que era «para descartar algunas enfermedades que pueden provocar un deseo de pertenecer a otro sexo». Yo imagino que es para descartar que sea genéticamente intersexual, en cuyo caso se me aplicarían otros protocolos distintos, ya que la intersexualidad también se considera una enfermedad, sólo que no psiquiátrica, sino física.

A mí lo que me molesta de todo este asunto es que tenga que trasponer a Málaga para que me hagan un puñetero análisis de sangre. Como si aquí no hubiesen agujas, y buenas enfermeras capaces de extraer sangre, y medios para realizar un análisis del cariotipo. En realidad, no me extrañaría que hasta hubiesen más medios que allí.

Pues nada, parce ser que los hospitales no se hablan entre si, de modo que si un médico de Málaga solicita cualquier tipo de prueba, hay que hacérsela en Málaga. No en cualquier hospital de Málaga, sino en el hospital en que trabaja ese médico en cuestión.

Lo bueno es que, casualmente, un amigo mío estaba recién operado, también en Málaga, así que me consolé pensando que al menos tendría una buena excusa para ir a visitarlo.

El análisis en si, no tenía nada. Había oido que a una amiga le habían dicho que para el cariotipo te sacaban una burrada de tubitos de sangre, como 20 ó así. Pero no, tan solo me sacaron uno, y hala, para casa, que llueve. En realidad, tardamos más en hacer el papeleo: tuve que ir a pedir pegatinas, me pidieron dos veces la targeta sanitaria, y una vez el D.N.I. Yo ya estaba preparando también el carnet de la biblioteca, por si acaso hacía falta, aunque al final eso no fue necesario.

Una vez más, me llamó la atención el trato que me dió la persona que me atendía. Estoy seguro de que no soy el primer paciente trans al que se le ha realizado una extracción ahí. Entonces ¿por qué se tienen que referir a mí con la expresión «voy a sacarle sangre a esta niña»? ¿Por qué no se dirigen a mí usando mi nombre, en lugar de «disculpa, pásate por aquí»? ¿Ahora me llamo «disculpa»? No son solo las palabras, sino que en la actitud de la persona que me atendía se reflejaba un cierto deje de incomodidad, incluso un cierto desprecio…

Tengo la teoría de que los médicos del Carlos Haya están en rebeldía. Que se les ha instruido respecto a cuales son sus obligaciones para con nosotros, y sienten que, de algún modo, se está pasando sobre sus derechos. Me explico:

Hace algún tiempo, debatía con Dicybug sobre si en el ejercicio del trabajo de los funcionarios prevalece el «derecho a utilizar el castellano» que aparece en la constitución, o la obligación de tratar a los usuarios del sistema en cualquiera de los idiomas oficiales que existan en la comunidad autónoma. La obligación de hablar en catalán a un usuario que solicite los servicios de un funcionario en cataluña, aparecía como una vulneración de ese mismo funcionario a hablar en castellano.

Hace diez años, cuando empezó a funcionar la UTIG, la mayor parte de la gente tenía un rechazo instintivo a todo lo relacionado con la transexualidad. Era como si tratásemos de usurpar un puesto que no nos correspondía. Prostitución, fealdad, el mundo del espectáculo, llamar la atención… era lo que casi todo el mundo pensaba al pensar en transexualidad. En ese ambiente se intruyó a estas personas, diciéndoles que estaban obligados a tratarnos según el sexo sentido. ¿Y qué hace todo el mundo cuando pretenden obligarle a hacer algo que no quiere? Pues cerrarse en banda. Puede que hagas lo que te dicen sí, pero mal. Y ya no te preguntas el por qué de esa nueva obligación, sino que, simplemente, te centras en lo mucho que te molesta, y en que, en cierto modo, se está pasando por encima de tu derecho a actuar según tus propias convicciones.

En este caso su derecho a actuar según sus convicciones se contradice con mi derecho a desarrollar mi personalidad. Pero cuando hablamos de personas, no todo se reduce al derecho y la ley, sino que entran en juego otras muchas variables.

Estoy convencido de que nadie actúa si sabe que lo que está haciendo perjudica a otros, y a ellos no les reporta beneficio ni pérdida ese acto. Detrás de todo acto suele encontrarse una intención positiva. Pienso que si esas personas supiesen cuanto nos duele que se nos trate así, no sólo por el desprecio que demuestran, sino por todas las cosas a las que hemos tenido que renunciar, y todas las otras cosas que hemos tenido que pelear… Si ellos lo supieran, probablemente su actitud hacia nosotros cambiaría radicalmente.

También es cierto que tiendo a asumir que todo aquel que se dedica a la medicina debe ser alguien generoso y preocupado por los demás. Si no ¿por qué dedicarse a esa profesión? Hay otras que, con menos esfuerzo, dan más dinero.

Después de hacerme el análisis, fuí a visitar a mi amigo, el que estaba en el hospital. Le acababan de operar de masectomía, y yo esperaba encontrarmelo un poco «pocho». ¡Pero que va! Estaba estupendamente bien, con buen aspecto y mejor ánimo, deseando ver como le había quedado la cosa.

En las horas que estuve con él, conocí también a una chica trans, se estaba en otra habitación y también se encontraba de muy bien. Estuvimos hablando de que la gente ya no tiene tantos problemas para aceptar a las personas trans, y que era sorprendente que donde se encuentra una mayor falta de educación (por llamarlo de alguna forma, ya que igual podía decir transfobia) era precisamente entre el personal del hospital. Sin ir más lejos, ella había escuchado a un enfermero referirse a su habitación como «la habitación en la que están los dos chicos que operaron ayer». Y le dieron ganas de tirarle el palo donde se cuelga la bolsita del suero, pero se contuvo.

Cuando volví a casa, estaba cansado, pero contento. Me lo pasé muy bien hablando con mi amigo, nos reimos mucho, y me alegró un montón verlo tan bien. También me da un poco de envidia, pero de la sana, de esa que no hace que uno se vuelva de color verde y desee que algo malo ocurra al envidiado. Es más un sentimiento de ¡yo también quiero!

Me volví también con algo que pensar respecto al personal médico. Debería haber alguna forma de llegar hasta ellos. Quizá la próxima vez que me pase algo similar, aproveche el tiempo que tienen que hacerme pruebas para preguntarles por qué hacen lo que hacen.

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Acto por la despatologización: backstage.

El sábado a las 11 quedamos en el local donde teníamos guardadas las cosas. A saber: pancarta transparente, hecha con mucho mimo y cariño durante la tarde del jueves, un megáfono enorme que nos prestó otra asociación, batas de médico que no se quién nos prestó también (algunas eran de una de las organizadoras), panfletos fotocopiados en cuartillas amarillas, y pegatinas fotocopiadas en papel adhesivo, conseguidos «de estrangis», un par de sillas y una mesa de camping.

Nuestro presupuesto no era muy grande, pero entre unos y otros conseguimos un montón de cosas prestadas, y todo el que pudo aportó también los medios que pudo, o buscó amigos para que nos echaran una mano. Al final, a partir de un presupuesto muy reducido, habíamos conseguido preparar las cosas para hacer algo que esperábamos, quedase bien.

A las 11:30 conseguimos entrar al local. Una puerta cuya llave no teníamos nos impedía hacerlo antes. Por suerte en seguida localizamos a alguien que sí tenía la llave, y luego apareció otra persona que también la tenía, aunque lo ignoraba. ¡Que nervios! Con la mayor parte de las cosas allí dentro, al ver que no podíamos pasar, nos asustamos un poco.

Por fín logramos entrar. El retraso tampoco nos vino mal, porque la mayoría de la gente no llegó hasta que conseguimos abrir la puerta. Aunque, por otra parte, puestos a esperar, seguramente habríamos estado más cómodos sentados en una silla que no en las escaleras.

La cuestión es que poco a poco fueron llegando, no sólo las otras personas que estaban «en el ajo» desde el principio, sino también algunas amigas que se ofrecieron a colaborar con ciertos aspectos de «logística» que no habíamos podido resolver nosotros solos.

Llegamos al sitio donde habíamos pensado realizar el acto alrededor de las 12 de la mañana. Lo primero que vimos al llegar fue que ya había otro acto de protesta, y que, además, era mucho más grande que el nuestro, con un montón de medios, actividades de animación, globos para los niños, un equipo de sonido con altavoces más altos que yo… Era un acto contra la pobreza que organizaban varias ONG, y supongo que al ser más de una organización, por eso disponían de más medios. Pero lo cierto es que al lado de ellos los pobres éramos nosotros. Daban ganas de ir a pedir nuestra parte.

Lo cierto es que no hizo falta. Habíamos medio montado nuestro chiriguito en otra zona de la misma plaza, cuando empezamos a pensar que quizá sería bueno pedirles permiso para ponernos a su lado y así aprovechar un poco el tirón que tenían (realmente era un acto muy bien montado, muy vistoso), cuando una de las personas de allí vino a ofrecernos que nos acercásemos a donde estaban.

Volvimos a trasladarnos y nos colocamos en una zona próxima. La idea era empezar con un pequeño «teatrillo» (me parece que a esas cosas ahora se les llama «performance») en el que una persona hacía de psicólogo/psiquiatra (con bata de médico y todo) y otra de paciente. Detrás habían varios médicos más «supervisando» la acción. Cuando la primera parte acababa, uno de los médicos salía a explicar qué había pasado. Luego otro sacaba a nuevos pacientes de entre el público. Luego otro sacaba una conclusión. Finalmente, se leyó un manifiesto, y también recordamos a la última persona trans asesinada en España (Linsia C.C.), y luego salimos a hablar con la gente que había por allí, a repartir nuestras cuartillas, y a hacerles algunas preguntas de las del «test de Minessota».

Cuando íbamos a encender el megáfono, descubrimos que le faltaban dos pilas. Sin embargo, en el tiempo que tardamos en conseguir unas pilas nuevas, los del acto contra la pobreza nos prestaron su micrófono. Un micrófono estupendo, inalámbrico, gracias al cual se nos oía a través de los altavoces, esos que eran más grande que yo.

Yo no sé como lo hice, porque no me veía. L*s demás compañer*s lo hicieron genial. Entretanto, habían dos personas haciendo fotos, que, por cierto, les han quedado geniales, y otra más grabando un video. Había bastante público, formado en parte por amigos y amigas que vinieron a apoyarnos, pero también por personas a las que les había llegado la convocatoria, y algunos que pasaban por allí y se interesaron.

Una vez que dimos el acto por terminado decidimos ir a tomar una cerveza en algún bar cercano. Fue una gran idea, ya que nos sirvió un poco como «broche de oro». Había muy buen ambiente y se notaba que todos estábamos contentos de como habían salido las cosas, a pesar de que en cierto modo el otro acto nos había eclipsado un poco. Pero también nos habían prestado medios y eran un foco de atención para la gente que pasaba, así que tenía sus pros y sus contras la cosa.

Ahora toca el proceso de «post producción», o algo así. Subir las fotos al blog del acto, montar el video, enviarlo a la Red, desde donde piensan hacer un montaje con el material de los actos que se han celebrado en todo el mundo. Al final creo que fueron 40 ciudades y 200 grupos los que se han adherido a la causa.

En general, lo pasamos bien, y conseguimos hacer algo chulo con el poco tiempo, dinero y personal del que disponíamos. Sin embargo, lo que más me ha gustado, lo que más bonito me ha parecido, no ha sido eso. Lo que más me ha gustado es que entre tod*s los que hemos colaborado, tan sólo tres somos trans. El resto, no, pero allí estaban, apoyando, colaborando en todo lo que podían, para una guerra que en el fondo no era suya. O quizá sí que era suya, porque la patologización de la transexualidad es la patologización de la diferencia. Es decir que si no eres como todos, eres un enfermo, tienes un trastorno de la personalidad. Y, al mismo tiempo, todos los seres humanos somos diferentes los unos de los otros.

A veces escucho decir que no existen las buenas personas. Quienes opinan eso siempre me hacen sentir una cierta compasión. Por una parte, porque significa que ellos mismos no se ven como «buenas personas», y por otro lado, porque no deben haber conocido a la gente adecuada. Sí que existen las buenas personas, y yo conozco a unas cuantas.

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Convocatoria de la acción contra la despatologización

Campaña “Alto a la Patologización Trans  STP-2012”

La transexualidad NO es una enfermedad

CONVOCATORIA DE CONCENTRACIÓN:

17 DE OCTUBRE – 12hs – FUENTE DE LAS BATALLAS, GRANADA

La Campaña “Alto a la Patologización Trans STP 2012” es una iniciativa internacional convocada por la Red Internacional de Despatologización Trans cuya demanda principal es la retirada de la transexualidad de los catálogos internacionales de enfermedades (DSM-IV y CIE-10).

La convocatoria de movilizaciones se lleva realizando desde 2007 cada año en el mes de octubre. En 2009, más de 150 grupos de 17 países de Europa, Latinoamérica, Norteamérica, África y Asia apoyan la campaña, y el día 17 de octubre de 2009 se van a realizar movilizaciones en 30 ciudades:

Ankara – Barcelona – Berlín – Bilbao – Bogotá – Bruselas – Buenos Aires – Campinas – Caracas – Ciudad de México – Corunha – Donostia – Gasteiz – Granada – Las Palmas de Gran Canaria – Jerusalén – Lille – Lima – Lisboa – Londres – Madrid – Montreal – París – Quito – San Francisco – Santiago de Cali – Santiago de Chile – Santiago de Compostela – Valencia – Zaragoza

Consideramos que la clasificación de la transexualidad como enfermedad mental aumenta el riesgo de discriminación y exclusión social.

Por esa razón, demandamos:

  1. Retirada del Trastorno de Identidad de Género de las próximas versiones de los manuales internacionales de diagnóstico (DSM-V y CIE-11).
  2. La retirada de la mención de sexo de los documentos oficiales (DNI, pasaporte…).
  3. La lucha contra la discriminación social y laboral de las personas trans.
  1. La abolición de los tratamientos de normalización binaria a personas intersex.
  2. El libre acceso a los tratamientos hormonales y a las cirugías (sin tutela psiquiátrica).

Las personas trans tenemos que demostrar tener una identidad de género que encaje en los estereotipos sociales de lo que se supone que es ser “mujer” u “hombre”. Nuestra identidad de género depende de un diagnóstico psiquiátrico.

Por no estar de acuerdo con ser clasificad*s como enferm*s mentales, demandamos la despatologización de la transexualidad.

¡Participa con nosotr*s!

Concentración:

17 de octubre de 2009, Fuente de las Batallas, Granada

Convoca:

Red Internacional de Despatologización Trans

Más información

Manifiesto de la campaña: www.stp2012.wordpress.com/about

Convocatoria de Granada: www.octubretransgranada.wordpress.com

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Quien me ha visto y quien me ve…

Yo siempre he hecho un poco de activismo. Activismo moderado… de «segunda fila», por decirlo de alguna manera. Activismo de «pásame ese documento y te lo reviso». Colaboraba como voluntario en «Proyecto Gloria» atendiendo a la gente que se pasaba por el canal #sida del IRC-Hispano, con más buena voluntad que conocimientos médicos (aunque sí que tenía más conocimientos que la mayoría de la gente, que no sabía muy bien cuales eran los canales de contagio del VIH). Cosas así.

Siempre quise implicarme más con asociaciones de mi zona, aunque no terminaba de encontrarme cómodo. Ni con Cruz Roja, ni con Proyecto Hombre, ni… Por una parte, me daba la sensación de que eran ambientes muy impermeables, en los que no lograba tener cabida. Por otra parte, tenía mi trabajo, mi pareja, mi… mil excusas para no comprometerme más con nada.

Y ahora tengo un montón de proyectos en los que participo de forma activa. Empecé reuniéndome con la gente del grupo de Conjuntos Difusos, que es un grupo que prepara actividades sobre no binarismo de cara a las Jornadas Feministas Estatales que se van a celebrar este año en Granada (se organizan cada 9 ó 10 años, aproximadamente). Me invitó Kim Pérez como una excusa para conocernos a pesar de que no tiene demasiado tiempo, y me interesó porque yo siempre había tenido ciertas ideas al respecto, y nadie con quien compartirlas muy seriamente. Ahora, además, veo en «Conjuntos Difusos» la oportunidad de decir una serie de cosas que al final son tan obvias y tan «de cajón» que  en realidad han estado pasando desapercibidas entre ideas mucho más «finas». Es un poco como señalar un montón de árboles y decir «ese es el bosque».

Pensé que de cara a las Jornadas, a mi me pondrían a hacer algo sencillo como, no sé… pegar carteles o estar pendiente de alguna de las actividades de los demás. Pero hacía falta alguien que organizase una de las actividades que se nos habían ocurrido, y como no había nadie más, me ofrecí voluntario junto con otro chico y… Ahora estoy con ello, aunque no tengo mucha idea de lo que me hago ni de lo que me llevo entre manos. Que miedo.

Estando en Conjuntos Difusos, Astrid nos habló de la red de despatologización de la transexualidad, que es una iniciativa que me interesa por razones obvias, pero en la que no podía participar, también por razones obvias de falta de tiempo. La oposición y eso. Pero cuando Astrid nos contó que para el día 17 de octubre se estaban organizando actividades para reivindicar la despatologización de la transexualidad, todos en el grupo pensamos que estaría bien que en Granada también se hiciese algo, aunque fuésemos solo, literalmente, cuatro personas. Bueno, quien dice 4, dice 8 o 10. Un puñadito de gente, en general. Y entre tan pocas personas, está claro que todos tenemos que arrimar el hombro, así que ya me véis yendo a la subdelegación del gobierno a pedir autorización para la reunión, haciendo redacciones y re-redacciones de textos junto con otras personas, ayudando a pensar cómo se puede hacer que siendo muy pocos la actividad llegue a cuanta más gente mejor…

En tercer lugar, hay otra cuestión que me preocupa, y son los protocolos de atención médica a los pacientes transexuales. Los de la Red de Despatologización ya están realizando acciones en ese sentido, pero las ideas que yo tengo (pensadas a medias junto con otras personas, como Kim o Astrid) son otras y me gustaría empezar a moverlas. Y para eso sí que es verdad que no tengo tiempo. Pero quiero hacerlo y confío en que tarde o temprano lo haré.

De modo que, poco a poco, casi sin darme cuenta, estoy pasando del activismo de «andar por casa», más que nada porque lo podía practicar en bata y zapatillas, a un activismo de salir a la calle y dar la cara. Y me gusta. Estoy conociendo a gente estupenda, como Encarna y Loli, Virtudes, Livan, Nikkos, Ana y Miren, las mujeres de la Asociación de Mujeres de Granada, etc… Es divertido e interesante, y me hace sentir que hago algo útil. Por otra parte, si a base de estudiar ya me quedaba poco tiempo libre, con esto ya estoy listo de papeles. Requiere un cierto esfuerzo.

Por otra parte, quisiera tener más tiempo para dedicarlo a mis aficiones, especialmente a los juegos de rol, a leer, y a escribir ese libro que tengo «congelado» desde hace tiempo.

Todo este activismo es necesario porque para las personas transexuales, transgénero, intersexuales, travestis, o como cada cual se quiera definir, es difícil ser «nosotros mismos» (o «nostr*s mism*s», como escribiría Astrid). Que chorrada ¿no? Si a nadie le importase como cada uno quiera definirse, nada de esto sería necesario, y muchas personas nos ahorraríamos mucho trabajo y mucho sufrimiento. Y realmente ¿qué importancia tiene si alguien se ve como hombre, mujer, persona-que-no-encaja-en-ninguno-de-los dos-género, persona-que-encaja-en-ambos-géneros, persona-del-tercer-sexo, persona-del-cuarto-sexo, persona-que-unos-días-pertence-a-un-género-y-otros-días-a-otro…? Lo importante debería ser lo que cada uno hace de constructivo para si mismo y para los demás.

Me da un poco de rabia pensar que si, simplemente, todo el mundo viese esto que es tan evidente, yo tendría más tiempo para leerme el manual de Dark Heresy y diseñar una buena partida de rol para jugar con mis amigos.

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Oposición (III) La estancia y el examen.

Mi primer tabajo apara el sábado fué ir a localizar el sitio donde tenía que examinarme. Aunque iba con GPS (robado a mi padre) tenía buenos motrivos para desconfiar: por alguna extraña razón, los campues nunca aparecne bien colicados en elos GPS.

Esta no iba a ser la excepción. Seguún el GPS, el campus estaba situado en un punto justo entre la autovía y una playa estrechita de arena dorada, con un interesante carril bici y una acera para pasear. No me habría molestado hacer el examen allí, pero algo me decía que ese no era el lugar apropiado.

Tras dar varias vueltas, decidí, por intuición, entrar por una de las salidas de la autovía que daba a una zona que parecía tener edificios que bien podrían ser facultades universitarias. Una vez allí paré, pregunté, y… me costó trabajo encontrar a alguien que supiese dónde estaba el campus. De hecho, en un momento dado ya no preguntaba por el campus, sino por alguien que pudiese saber dónde estaba.

Finalmente una mujer me sugirió que preguntase a un guardia jurado que había por ahí, y el hombre, lo primero que me dijo fue: «tendrás coche ¿verdad?». Le dije que sí (menos mal) y me explicó que el campus en realidad no está en Las Palmas, sino en un pueblo que se llama «Tafira», que no está ni cerca de la ciudad. Ahí fue donde comprendí por qué se llama «Campus universitario de Tafira». Me indicó más o menos por donde ir para llegar al sitio en el que empezaban a haber señales de tráfico que indicaban la dirección. La explicación fue tan compleja, que en la segunda calle ya había girado hacia donde no era.

Pero ya sabiendo que Tafira es un pueblo, lo metí en el GPS, y gracias a esto, y a las indicaciones de otro hombre al que pregunté (nunca he entendido que problema tienen muchos hombres a la hora de preguntar por la dirección de un sitio que desconocen) finalmente… llegué a otra autovía en la que habían indicaciones, primero para Tafira, y luego para el propio Campus.

De todo esto deduzco que el gobierno Canario ha decidido que es inutil poner señales que indiquen la dirección del campus porque habitualmente todo el que necesita llegar hasta un campus universitario ya sabe como llegar sin que se lo indiquen.

Llegué por fin al campus, y me dieron ganas de besar el suelo, como hacía el papa. Pero aún no había terminado. Tenía que buscar dónde estaba colgada la lista de aspirantes y el edificio en el que finalmente me examinaría. Y esta vez no podía preguntar a nadie, porque no había nadie a quién preguntar.

Tras dar un buen paseo, encontré a dos personas, y cuando les iba a preguntar, otro hombre se me adelantó y preguntó si sabían dónde estaban colgadas las listas de la oposición. ¡Y lo sabían! ¡Viva! El resto fue coser y cantar.

Total que «sólo» había dedicado dos horas para encontrar el sitio: una para llegar hasta donde dijo el GPS, y otra para llegar al sitio donde realmente sería el examen.

Eso me dejaba libre la tarde entera, porque a la hora que era, lo que tocaba era ponerme a buscar un sitio donde comer.

Marqué las coordenadas exactas en el GPS y entré en Las Palmas, sin saber muy bien dónde ir, hasta que compré un plano callejero a un señor muy amable que, además, me hizo de informador turístico y me dijo los lugares que él veía más interesantes para visitar.

Pertrechado con el plano y siguiendo los consejos de ese señor, fui andando al centro (yo voy andando a todas partes, porque odio buscar aparcamiento) y ojo avizor para encontrar donde comer. Como es habitual, había un McDonalds facilmente localizable hasta para el turista menos espabilado. Y a unos 20 metros, en una calle cercana, pero mucho menos visible, un bar con menú del día a 7,50€. Está claro… me fuí a por el menú del día. Y eso que todavía no sabía que el menú, de postre incluía un flan de huevo casero (dada mi debilidad por los flanes, este ya habría sido motivo suficiente), y que el café valía 0,80€.

Muy satisfecho por haber esquivado las garras del McDonalds, salí a ver la ciudad un rato más, pero lo cierto es que no me pareció que tuviese nada especial, y le dediqué muy poco tiempo. La realidad es que, de hecho, tenía muy poco tiempo. Estaba seguro que podía dedicar ese tiempo a encontrar cosas mejores. Si tengo oportunidad de regresar, entonces prometo que visitaré todos los sitios que me han dicho que hay que visitar en Las Palmas.

En lugar de eso, decidí irme a ver la zona norte de la isla (recordemos que yo estaba en la zona sur). ¡Ah! ¡Menudo acierto! ¿Recordáis que había dicho que el paisaje canario se parece mucho al de Granada? Pues es totalmente cierto. Pero como no me canso de los paisajes de aquí, tampoco me cansé de los paisajes de allí, y además encontré un pueblo con una playa llena de… una especie de atalayas naturales, formadas por la erosión irregular que el mar ha ido haciendo a lo largo de miles de años en las rocas. Precioso, y, además, según parece, muy buen lugar para pescar con caña. A mí no me gusta la pesca con caña, pero bueno…

Cuando me acuerde de poner las pilas de la cámara de fotos a cargar, colgaré alguna foto de ese sitio.

Tras pasar la tarde de pueblo en pueblo, viendo paisajes y haciendo pocas fotos porque las pilas se me acabaron (no es que no las llevase cargadas, es que mi cámara es una mierda, y si las pilas no están recién cargadas, no funciona). Volví al hotel, bastante cansado, y con la seguridad de que esa noche iba a dormir a pierna suelta, aunque al día siguiente era el examen. Y es que el cansancio es el mejor remedio contra los nervios.

Todavía tuve humor para salir por Puerto Rico y conocer el centro comercial que, según me dijeron, por la noche tenía mucha vidilla. Y sí, es cierto, la tenía… pero también tenía ese aire de las cosas diseñadas específicamente para turistas alemanes e ingleses de mediana edad, y como yo soy español, no me terminaba de sentir demasiado agusto.

Dormí como un tronco.

Al día siguiente, el examen. Me fuí con tiempo de sobras, a pesar de que no es conveniente llegar demasiado temprano a un examen, porque el ambiente de nervios es contagioso, y contraproducente. Pero para eso me había comprado yo dos libros de Mundodisco (escritos por Terry Prachett), con los que me estaba partiendo de risa aproximadamente desde la página 15. Creo que en todo el campus yo era el único que se reía, con cierta frecuencia, y sin ser una risilla nerviosa.

Me fijé que todo el mundo hablaba con acento canario. Es decir, que estábamos muy pocos peninsulares. Bien.

En realidad, estábamos muy pocos. En mi aula faltó un 45% de los aspirantes, y supongo que lo mismo ocurriría en las demás. Me pregunto si eso es habitual en estas oposiciones… Luego repartieron el examen y… ¡hala! A responder.

Tuve un error de principiante en el examen, y es que por no arriesgar demasiado y que me quitaran preguntas bien, arriesgué demasiado poco. Tal vez si hubiese arriesgado un poco más, ahora estaría más tranquilo, con mejor nota. Aunque quizá estaría más tranquilo porque sabría que había suspendido seguro…

Cuando salí estaba hecho polvo, aunque satisfecho por haber hecho ya el examen de una puñetera vez, y no muy mal. Lo único que quería era descansar. Volví al hotel, bajé a la piscina, y ni salí a comer ni nada. Comí allí mismo y dejé que me clavaran 9€, pero tampoco es que fuera del hotel pudiese encontrar nada mejor, y, pensándolo bien, 9€ por comer tampoco es tan caro. Eso sí, para la cena compraría las cosas en el super, mucho más barato.

El camino de vuelta hacia la península fue más o menos lo mismo pero del revés, y sin madrugar tanto. Y sin niños llorando. Me quedé con las ganas de comprar tabaco para mi padre, y mojo picón, pero facturar maleta cuesta 10€, así que iba con una mochila donde me cabía lo justo para los días que iba a estar. Quizá la próxima vez que vaya pueda hacer también esas cosas.

Y hasta aquí el viaje a Canarias, contado por fascículos y poco a poco, ya que sigo estudiando. Aunque ahora no me importa tanto dedicarle un buen rato a teclear en el blog, puesto que el segundo examen incluye «algo» de mecanografía, y conseguir una buena velocidad es sólo cuestión de hábito.

Los rumores dicen que puede que la nota salga la semana que viene, pero yo no lo veo muy claro, puesto que el periodo para impugnaciones acabó el martes pasado. Ahora hay que resolverlas, sacar la plantilla definitiva, y, si han habido cambios, introducir dichos cambios en las correcciones de los exámenes. En fin, cuando sea, será. Yo mientras sigo por aquí estudiando como si fuese a presentarme al segundo examen, y si al final no me presento… pues eso que llevo para el año que viene.

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Las horas que faltan, o por qué se demoran las citas en la UTIG

Hoy no voy a escribir sobre oposiciones. Estaba pensando en que me iba a dormir, porque con el resfriado que he pescado, tardo eones en hacer los ejercicos de word, y pensé que si me iba a la cama temprano, mañana me levantaría mejor, ya totalmente recuperado y fresco como una rosa para seguir estudiando.

Mañana actualizo el blog y termino de contar mi viaje. Eso fue lo que pensé.

Pero entonces me llegó un mail de Astrid, enviándome un archivo en PDF que ya me había enseñado esta tarde impreso en papel. En aquel momento, mi cerebro entumecido por las bacterias y las aspirinas no había atado cabos, pero de repente «¡pling!» el cable rojo y el azul hicieron conexión y he visto una cosa que me ha dejado bastante cabreado.

La última vez que fuí a la UTIG de Málaga, me dieron la siguiente cita, no un més más tarde, como suelen, sino dos meses y medio más tarde, por muy buenos apaños. A una amiga que venía conmigo, se la dieron casi tres meses más tarde, y a un amigo que fué algo después que yo, le dieron para tres meses más tarde.

¿A qué se debe tanta demora? Nos preguntabamos todos. Puede ser porque Trinidad se va de vacaciones en Septiembre. Bueno, también tiene derecho. Pero eso es un mes, no dos. Puede ser porque hay un puente, pero eso añadiría una semana extra de trabajo. ¿Y entonces? ¿Por qué? ¿Dónde se ha formado el cuello de botella? Esto tiene que tener alguna explicación.

Pues mira tú por donde, que sí que la tiene. Los días 16 y 17 de octubre, la UTIG de Málaga celebra sus diez años de existencia por todo lo alto, invitando a los colegas de otras UTIG (no sé para qué, si a día de hoy yo diría que son los que más atrasados van en todo, y peor atención dan al paciente). Dicho en sus propias palabras:

Este mes de Octubre la Unidad de Trastornos de Identidad de
Género (UTIG) de Andalucía cumple 10 años. Es un buen momento para celebrar este aniversario con todos aquellos compañeros del Hospital que día a día han respaldado y colaborado en nuestro trabajo con las personas transexuales y han compartido con nosotros experiencias clínicas, retos terapéuticos e inquietudes desde el lado de la reflexión responsable y con la intención unánime de contribuir
a mejorar la vida cotidiana de estos hombres y mujeres.

Claro, organizar todo esto lleva su tiempo. Ahora ya sé dónde están las horas que me faltaban. Ahora todo cuadra. Colgarse medallitas delante de los colegas es arduo y trabajoso, aunque muy gratificante. Merece la pena quitar horas a los pacientes si es por una causa tan noble como esta.

Se me llenan los ojos de lágrimas de agradecimiento al pensar en todo lo que estos profesionales hacen para mejorar nuestra vida cotidiana. Lo que más me ha gustado es que nos reconozcan como «hombres y mujeres», y no como «pulpo», «animales de compañía», «aberraciones de la naturaleza» o «trastornados». Que buenos son. Creo que hasta voy a regalarles un jamón o algo, como se hacía antiguamente a los médicos de pueblo. O, si me da el punto, a lo mejor empiezo a buscar a otros amigos para, entre todos, comprarles una buena cesta de Navidad.

Lo único bueno de todo esto es que un amigo mío que llevaba más de un año dando por culo para que le operasen de masectomía, ha conseguido por fin quirófano, y ya de paso, van a operar a otros ocho afortunados más. Luego a saber hasta cuando no vuelven a operar a nadie, pero esa es otra cuestión.

Me cago en la mar. Si es que estamos mejor que queremos. Hay que joderse. Cagüentó…

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Oposiciones (II) El viaje.

Como si fuese una película de Tarantino, empiezo en la mitad del argumento, para luego regresar al principio, y, finalmente, llegar a la conclusión, que será… ¡Espero que sea el día que salga la nota del segundo examen! Eso significaría que aprobé el primero…

Lo bueno de la oposición es que, como me fuí a Canarias, al menos tuve la oportunidad de hacer un pequeño viaje. Sí, fui yo solo. Sí, tengo menos dinero que el que se va a bañar, y me lo pasé controlando el gasto hasta el mínimo detalle. Sí, iba algo nervioso por el exámen. Pero sea como sea… fue un viaje al fin y al cabo. Y ha sido la primera vez que salgo de Europa (me refiero a geográficamente hablando).

Mi vuelo salía a las 6:45 de la mañana. Pero claro, hay que estar dos horas antes en el aeropuerto. Y además, iba a dejar el coche en un parking, con lo cual tenía que calcular media hora más. Más dos horas de viaje… Salí de mi casa a las dos de la mañana.

Había dejado el coche cerca de una iglesia. Es una de las iglesias con más devotos de la ciudad, y también una de las preferidas de los anarkistas y ateos. Los anarkistas hacen pintadas en las paredes de la iglesia o alrededores, y los curas las borran, en una eterna lucha entre la luz y la oscuridad, que probablemente no terminará nunca ni tendrá vencedores o vencidos. No sé cual de los dos representa a la luz y cual a la oscuridad, eso lo dejo a la imaginación de cada uno.

Total, que a eso de las dos de la mañana, al llegar a la esquina, veo en la pared de enfrente una pintada nueva: «Engañarse es cuestión de fe». Son muy ingeniosos los anarkistas de por aquí, y no me quedó más remedio que sonreir. Al girar la esquina, encogida cerca de la puerta de la iglesia, había una chica con aspecto abandonado. No pude evitar pensar que necesitaba ayuda, aunque, al mismo tiempo, tuve la sensación de que era el tipo de persona que no se ayuda a si misma. Probablemente estaba borracha, o drogada, o ambas cosas.

Llegué hasta mi coche y busqué las llaves. Entré y, a través del retrovisor vi como un hombre giraba la esquina, obligaba a la chica a levantarse y la zarandeaba, gritándole en alguna lengua eslava (sospecho que no era rumano). Ella no se defendió, ni gritó. Él no le pegó. Yo cerré los seguros del coche. No quiero problemas. Llamadme insolidario, pero lo único que quería era asegurarme de no perder el avión. ¿Debí llamar a la policía? ¿Debí enfrentarme al tipo como un Ernesto Neira cualquiera (con el riesgo de acabar en coma igual que él)? En realidad, ni siquiera sabía lo que estaban diciendo. A lo mejor el hombre era el hermano de la chica, y estaba harto de que robase en casa para drogarse. O a lo mejor era su chulo. Sabe Dios.

Cuando arranqué el coche, el hombre miró en mi dirección y recobró la compostura. Luego, al ver que me marchaba sin más, volvió a zarandear a la chica y medio a rastras se la llevó a un lugar del universo situado de la esquina. Se la llevó medio a rastras, sí, pero no porque ella no quisiera acompañarle, sino porque iba tan colocada que no podía a penas andar.

Después de todo esto no se me quedó muy buen sabor de boca. Pero bueno, teniendo en cuenta que llevaba desde las seis de la tarde intentando dormir algo sin conseguirlo, ya llevaba la boca suficientemente pastosa como para notar una gran diferencia.

La carretera hacia Málaga, como siempre, pero con menos tráfico. Por una vez me alegré de tantos viajes al Carlos Haya, ya que, al conocer de memoria el camino, era imposible que me perdiese. Llevar GPS también ayuda.

Encontré el parking para dejar el coche. A 7 euros el día, la verdad es que merece la pena. La otra opción era ir en autocar hasta Málaga por la tarde, y pasar la noche en el aeropuerto, ya que no quería que nadie se diese la paliza de traerme y llevarme.

Finalmente, el aeropuerto. Como todos los aeropuertos del mundo, aunque este es de los que están diseñados con un poco de mala leche. Mientras que en muchos aeropuertos los bancos son normales y corrientes (es decir, una fila de asientos todos juntos), en el de Málaga cada asiento está «acotado» por dos reposabrazos, debido a lo cual es imposible tumbarse y dormir en ellos. Probablemente lo han hecho así a posta. Sin embargo, con eso no han evitado que la gente duerma en el aeropuerto, sino, simplemente, les obligan a dormir en el suelo. Al parecer yo no era el único que había contemplado la idea de ir en autobús hasta Málaga la tarde de antes y pasar la noche allí.

Aunque no venga al caso, otro de los problemas de poner reposabrazos en los asientos es que las personas obesas no caben, literalmente, o si consiguen embutirse en ellos, lo hacen con mucha incomodidad. Yo, por ejemplo, antes de operarme, habría salido de allí con los muslos bastante doloridos.

Si ser transexual es una putada, ser obeso es putada y media. Yo he tenido la «suerte» de probar las dos cosas, así que puedo comparar…

La cuestión es que tras seguir los trámites habituales subí al avión. Como no había mucha gente, pude viajar solo, en una hilera de tres asientos enteritos para mí. A esas alturas yo tenía un sueño que me moría, y tenía la esperanza de poder dormir en el avión. Es algo que hasta ese momento nunca había hecho, pero… estaba bastante seguro de que en esta ocasión lo conseguiría.

Nada más despegar, un bebé rompió a llorar. Es normal que al despegar los bebes lloren por el cambio de presión, pero se calmen al estabilizarse el avión. Ese debía ser más sensible de lo normal, ya que no dejó de llorar en todo el vuelo. Dos horas y media.

En un momento dado, los padres descubrieron que si lo paseaban, se calmaba. Así que, de las dos horas y media que duró el vuelo, aproximadamente dos se las pasaron caminando por turnos en el pasillo del avión, los pobres. Así consiguieron algo de paz para si mismos y para el resto de pasajeros, y por fin pude dormir.

A cambio de dormir, me perdí un amanecer en el mar visto desde el aire que debió ser espectacular (entre cabezada y cabezada vi algunos rosas y violetas), pero en ese momento lo que menos me importaba eran los paisajes. Además, aún no había llegado.

Cuando nos acercamos a la isla recuperé el interés por los paisajes. Me preguntaba como sería esa isla que todo el mundo dice que es tan bonita. Y sí… es bonita. Altas montañas serradas, con escasisima vegetación, compuesta sobretodo de matojo seco, palmeras ornamentales… Es impresionante ver las formas que la tierra ha adoptado a lo largo de miles de años de acumulación de lava y erosión. Es tan impresionante como mirar Sierra Nevada, las alpujarras, o cualquier otra sierra de la cordillera penibética.

Es curioso como dos orígenes distintos pueden dar lugar a un paisaje idéntico. Gran Canaria es exactamente igual a Granada, sólo que la tierra es ligeramente más oscurita. Tampoco mucho. Y yo que me creí que iba a ver algo nuevo y exótico… vaya decepción.

Como mi hotel estaba diametralmente opuesto a Las Palmas de Gran Canaria (para quien conozca la isla, concretamente en Puerto Rico), que es donde iba a hacer el examen, decidí que alquilar un coche era una buena idea. Por un total de 47 euros (al final fueron un poco más, porque contraté un seguro a todo riesgo, ya que el que iba «de base» no cubría las lunas) tenía coche para tres días. Más no se puede pedir.

Bueno, sí… se puede pedir que el coche sea nuevo, con climatizador, radio-cd, elevalunas eléctrico, cierre centralizado, dirección asistida, 33.000km… o sea, todo lo que no tiene mi coche. Yo que pensaba que por ese precio me darían un coche con ruedas, volante, y un taburete en lugar de asiento… me quedé encantado. Record go, creo que se llamaba la empresa de alquiler de coches, pero si alguien quiere saber el nombre seguro, se lo busco.

El viaje hacia el hotel, estupendo. Hay una autovía que recorre media isla por la costa, y por ahí fuí, todo el rato viendo el mar. En total, tardé unos 50 minutos, y sin rebasar los límites de velocidad (bueno, los rebasé un poquito).

La sensación de estar en una isla es curiosa. Es como si no pudieses perderte porque, vayas donde vayas, al final te encuentras con el mar. El mar está en todas partes, visible de forma casi constante, e incluso cuando no lo ves, lo sientes en el aire. Es raro, sobretodo teniendo en cuenta que yo me he criado en zona costera, y la proximidad del mar es algo que siempre he dado por sentado. ¡Pero es que Gran Canaria es tan pequeña…! Me imagino que en las otras islas, excepto Tenerife, uno no puede dar dos pasos sin mojarse los pies.

Para alojarme había buscado un apartahotel, a 31,50 euros la noche (iba incluido), sólo alojamiento. Los apartahoteles suelen ser cutres, y por ese precio yo me esperaba… pues no sé… una ratonera oscura o algo así. Porque había visto fotos en internet, sí, pero como para fiarse…

Desde luego, no me esperaba un hotel que olía a nuevo, con las habitaciones completamente insonorizadas entre sí, enormes, ya que más que habitaciones en realidad eran suites (para quién no lo sepa, una suite es una habitación con un salón situado en un espacio diferenciado), menaje completo de cocina en perfecto estado de uso, limpio impecable, tarima que parecía que la acababan de poner hacía cinco minutos, una terraza preciosa, con tendedero y todo, y una piscina grandecita, que estaba pidiendo a gritos que te bañaras en ella. ¡Ah! Y, una increible vista del mar.

Si a alguien le están dando ganas de ir, el hotel se llama «Maracaibo», y para conseguir un precio un pelín más barato, hay que comprar unos bonos de hotel que se llaman «Bonoweb», y se encuentran en Ebay a 4 euros 10 talones. Lo curioso es que luego no me cogieron ningún talón, simplemente lo fotocopiaron…

En ningún momento nadie me puso ninguna pega ni cara rara porque el nombre que aparece en mi DNI fuese distinto al nombre que dí a la hora de hacer la reserva.

Para ese momento, aunque estaba alucinando en colores, ya no me importaba ni la playa, ni la piscina, ni el nombre del DNI, ni el tamaño de la habitación. Ya eran las 11:00 hora local, equivalente a las 12:00 en la península, y llevaba nada menos que diez horas de viaje. Lo que quería era dormir…

El colchón, por cierto, era nuevo y tenía la firmeza perfecta. Y aunque hubiese tenido chinches, habría dormido como un tronco.

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