Archivo mensual: marzo 2013

Estoy bien

Escribo desde el móvil, así que va a ser una entrada breve. Me operaron el miércoles 20, y me dijeron que estaría ingresado hasta el sábado o domingo, pero me he recuperado muy rápido y el viernes me dieron el alta.

Todavía me queda bastante para recuperarme del todo, y ahora el peligro es que se infecte la herida, pero estoy con mis padres que me cuidan bien (^_^), así que seguro que todo irá evolucionando bien.

No estoy como para ponerme delante del ordenador, y facebook me cansa especialmente, pero volveré cuando pueda.

P.D. Tengo comentarios pendientes de aprobar y responder. También lo haré cuando pueda ¡Muchas gracias!

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¡¡Por fin la mastectomía!!

Ayer (día 14 de marzo) me llamaron de la UTIG para decirme que había un quirófano libre. En la última cita con la endocrina me dijeron que sólo tenía a 4 personas delante que estuviesen pendientes de mastectomía, pero que los quirófanos se repartían entre las mastectomías, las histerectomías y las genitoplastias, así que realmente no sabían cuando me operaría, pero probablemente en enero, febrero o marzo (y, más bien, febrero o marzo).

Así que, en vista de que a Marzo ya no le quedaban muchos días, cuando vi que la pantalla del teléfono me mostraba un número largo, pensé que podría ser del hospital. Pero en ese momento a mi teléfono le dio por ponerse en huelga, y me cortó la llamada él mismo. Eran como las 11 de la mañana, yo estaba en la tienda, y me entraron ganas de agarrar el primer martillo que se me viniera a la mano y darle un buen martillazo a ese teléfono inoportuno. En lugar de eso, cogí el cable y lo puse a cargar, porque estaba un poco flojo de batería el pobre, ya que si me liaba a martillazos, iba a ser difícil que me volviesen a llamar, mientras que cargándolo, facilitaba las cosas. Esto demuestra que, generalmente, intentar que todo esté en las mejores condiciones, sirve mejor para conseguir lo que quieres que actuar con agresividad y violencia.

Sería la una y cuarto cuando me volvieron a llamar. Y sí, era del Hospital. “Es un poco precipitado…” me dijo la secretaría, en tono de disculpa, “pero es que ha quedado un quirófano libre”. “No te preocupes por la precipitación, que yo soy autónomo y en un momento echo el cierre y me voy para el hospital.” “Pues tenemos un quirófano para el miércoles día 20”.

Yo, que normalmente no sé en qué día vivo, y cuando estoy nervioso lo se menos todavía, pensé que en realidad no era tan precipitado. Cuando me dijo que tenía que ingresar el lunes, entonces me di cuenta de que estábamos hablando de la semana que viene. Era jueves. La operación era para el miércoles. Es decir, en menos de una semana iba a estar operado.

Ahí sí que me puse nervioso. La secretaria me avisó de que me llamarían de cirugía plástica para darme los datos, que hiciera el favor de tener el teléfono operativo ¡Claro!  ¡El personal administrativo de los hospitales trabaja por las mañanas, y la mañana del jueves ya se había acabado, así que sólo quedaba la mañana del viernes para que me avisaran! ¡Un solo día laborable antes de ingresar! Eso significaba que… tenía que dejarme las cosas pendientes listas en un día y medio. Como si los nervios por la operación no fuesen bastante por si solos.

Un rato más tarde, el mismo día, me llamaron para confirmar el ingreso. Tengo que ingresar el lunes a las 4 de la tarde. Lo que significa que el lunes por la mañana ya no podré trabajar, ya que si quiero llegar a las 4 a Málaga, debo coger el autobús por la mañana. A las 10:30, concretamente.

Nervios creciendo. En el camino a mi casa iba contando lo de la operación a algunxs amigos por whatsapp, con lo que no prestaba demasiada atención al tráfico, y no me atropelló ningún coche de milagro.

También empecé a pensar. Pensé en qué sentiría cuando me viese sin pecho por primera vez, y recordé las grandes frases de alivio que había leído en foros, hace tiempo. Pero eran frases de gente que realmente necesitaban deshacerse de esa parte de sus cuerpos como única manera de entender su identidad. Para ellos, los pechos era agobiantes, humillantes, una especie de esclavitud que a duras penas podían soportar. Para mí, las cosas no son así.

Entonces me asaltó la duda ¿Y si yo no sentía ese gran alivio? ¿Y si en realidad no me sentía identificado con lo que veía en ese momento? ¿Y si era una especie de shock que no sabía manejar? Realmente pienso que mi deseo de esta operación no viene de mi interior, sino de fuera. Si yo pudiese ir a la playa, o quitarme la camiseta en público, o cambiarme en un vestuario, o nadar en una piscina, o no tener que preocuparme de si se nota o no se nota… seguramente no me operaría. Si el verme sin camiseta no supusiese una especie de trauma psicológico a las personas con las que he tenido relaciones sexuales (son pocas, son pocas, que dicho así parece que esté todo el día de picos pardos, y no), y mis pechos no fuesen algo que debo esforzarme por ocultar al mundo, probablemente no sentiría ninguna necesidad de librarme de ellos. Pero las cosas son como son, y realmente quiero operarme. No con obsesión, no desesperadamente, pero sí con firmeza. Tal vez en el futuro mucha gente decida no operarse, porque esta necesidad que viene del exterior no exista, pero hoy en día, esto es así.

El pensamiento no dejó de darme vueltas en la cabeza, pero iba acompañado de otros muchos más pensamientos. Contárselo a mi madre, que se lo ha tomado muy bien, dentro de la lógica preocupación que es que operen a un hijo (ese sería otro motivo por el que desearía no tener que operarme… no preocupar a mi familia). Qué y como tengo que preparar las cosas. El trimestre se acaba en abril, así que debo dejarme las cuentas hechas para poder presentarlas en hacienda por internet cuando llegue su momento. Recoger el ordenador, que estaba en el técnico. Ir a la policía a resolver una cosa que ya contaré más adelante. Ponerme la inyección de testo, que tocaba justo ese día. Cargar libros en el lector de libros electrónicos. Luego me ha dicho mi madre que mejor me lleve el mp5, que ya no uso, en vez del Kindle, no vaya a ser que me lo roben… y como lleva toda la razón, pues lo voy a hacer así ¿Me llevo el ordenador? Por la misma regla de tres, ni ordenador, ni netbook ¿Y qué hago con las clientas de la.trans.tienda que tengo por responder, o con las consultas que me lleguen? Pues es un problema ¿no? Por cierto, si estoy de baja, no puedo trabajar, pero el sistema de recepción de pagos está automatizado. Otra cosa que hay que resolver, ya que puedo cobrar, pero no puedo realizar envíos. A ver si me van a multar por trabajar estando de baja…

Mil cosas. Al final del día, por fin me senté un rato a ver una serie. Mientras la veía, bajé la vista y vi el bulto de mi pecho, disimulado por la camiseta compresora, pero todavía ahí, y sentí un leve picor de disgusto. No fue una sensación consciente, sino una especie de subrutina que se estaba ejecutando en la parte “de atrás” de mi mente. Un pensamiento que normalmente me habría pasado desapercibido… pero esta vez no. Esta vez no, porque en unos días, eso ya no estará ahí, y ese pensamiento reflejo será una sensación de alivio. La subrutina del disgusto dejará de existir. Me voy a sentir liberado.

Es un poco absurdo todo. Realmente, más que los pechos, es como si fuese a extirparme los problemas. No los resuelvo, me los hago cortar por un cirujano, y lo peor es que no hay otra manera de hacerlo, o si la hay, yo la desconozco (bien, podría aprender a tomármelo de otra manera, y hacer que la opinión que los demás tengan sobre mí no me importase, pero creo que aún estaría mi opinión sobre mí, que fue la que sentí esa noche, estando a solas en mi casa, sin hacer nada especial).

Voy a estar un tiempo sin ordenador, pero intentaré postear algo en cuanto me sea posible. Con fotos.

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Después del viaje a Liverpool.

Me habría gustado escribir cuando volví de Liverpool, para contar como me fueron las vacaciones, pero no tuve tiempo.

Me habría gustado escribir sobre las novedades políticas, pero no puedo (y, sin embargo, lo haré).

Habría querido hablar de lo triste que estoy porque esa amiga sigue disgustada conmigo, cada vez más, y cada vez más cerrada a una posibilidad de arreglar las cosas, pero no tenía fuerza. En lo único que puedo pensar es que, en ocasiones, es necesario abrir tu mano y dejar caer lo que tenías en ella, aunque sea otra mano que llevas sosteniendo desde hace mucho tiempo. Aunque sea la mano de alguien que pensabas que estaría siempre en tu vida. No te queda más remedio que dejarla ir, y pensar que nunca va a poder irse del todo, pues se lleva mucho de ti, y tú te quedas mucho de ella.

Los acontecimientos van cayendo uno tras otro, durante mis horas de trabajo, mientras estoy estudiando, y también en los ratos en que me pregunto como voy a hacer para pagar el sello de autónomos, y las facturas de mis proveedores, sin tener que dejar de comer. Sigo tan saturado como en el último año (o quizá, los últimos dos años), y una y otra vez me digo (y le digo a todo el que quiera escucharme) que así no puedo seguir.

El viaje a Liverpool me sentó tan bien, que el segundo y el tercer día estaba mareado la mitad del tiempo. Me pasa cuando me baja la tensión. Lo que significa que, por lo general, suelo tener la tensión más alta de lo que debería. Lo que significa que me estoy quitando tiempo de vida a base del estrés. Así que he decidido intentar tomarme las cosas con más filosofía. Cada día hago una lista de las cosas que tengo que hacer, y voy tachándolas a medida que las hago. Me gusta: por una parte, me causa satisfacción ir comprobando que mis horas no pasan en balde, que soy productivo. Por otra parte, me sirve para ir empezando a medir cuantas cosas puedo hacer en un día y medirme. No comprometerme (ni siquiera conmigo mismo) a hacer más de lo que es posible. También es verdad que ahora no estoy trabajando 12 ó 14 horas al día, como suelo. Estoy haciendo jornadas de 8 horas, y para de contar. En caso de necesidad extrema, podría hacer más. De hecho, ahora mismo, debería hacer más. Sin embargo, no puedo vivir siempre como si estuviese en caso de necesidad extrema.

Funciona. Llevo dos días notando de nuevo esos mareos de tener la tensión un poco baja. Son molestos, pero al cabo de unos días de mantener una tensión arterial así, se quitan por si solos. Estoy más relajado, y hoy que es jueves, no me siento exahusto, como si llegar al viernes fuese una especie de maratón que debo correr cada semana. Ya me va haciendo falta un poco de fin de semana, pero lo normal.

Además, he empezado a escribir un libro. La idea la tuve este verano. Llevaba ya tiempo dándole vueltas, desde que mi amiga Lluvia Beltrán me dejó que leyese el borrador-casi-definitivo de su novela. Hablando sobre el proceso de escribirla, y la evolución que había seguido en las diferentes reescrituras, sentía que había algo que podía aprovechar para mí, hasta que, de repente un día, viendo una película de Woody Allen, saltó la chispa.

El caso es que desde entonces hasta que me puse a escribir, pasaron varios meses. Además, no me atreví a contarlo a nadie al principio, porque no sabía si la podría seguir. Luego, sólo se lo dije a algunas personas, porque sentía que estaba a punto de dejarla. Esto fue cuando llevaba unas 20 páginas: lo suficiente para quitarme el gusanillo de escribir, pero demasiado poco como para que dejarlo supusiera un gran problema. Empecé a notar que me daba pereza sentarme delante del ordenador, y pedí que me ayudaran, aunque fuese sólo preguntándome cómo iba la cosa. Ahora ya voy por la página 47, y mi novela “se ha hecho mayor”. Es curioso, porque no tiene mucho que ver con la idea original, y tampoco con la película de Woody Allen, o con Fotografiar la Lluvia (la novela de mi amiga, que, por cierto, está en proceso de edición). Sin embargo tal vez el nexo común es que, simplemente, me he puesto a escribir sobre lo extraordinarias que son las vidas ordinarias. Simplemente, escribo sobre cosas que conozco, y los personajes son las sombras de personas que están o han estado en mi vida. Incluso hay uno que se parece a mí, y no, no es el protagonista.

Voy despacio, como con todo. Intento sacar cada día un ratito para escribir al menos 300 palabras, pero no siempre lo consigo. Otras veces, consigo escribir más. Entre unas cosas y otras, para lo que casi no tengo tiempo es para escribir entradas en el blog… ¡Pero seguiré anotándolo en mi libreta-diario de cosas que hacer!

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