Archivo mensual: julio 2008

Cita con el médico

Pues ya tengo cita con el médico de cabecera, para que me mande al psiquiatra. O, más bien, a la psiquiatra, porque probablemente me enviará al Carlos Haya, y allí el departamento de psquiatría de la Unidad de Reasignación de Género (o algo así se llamaba) lo llevan dos mujeres.

Por cierto que, según me han dicho, estas buenas señoras son de temer. La una, creo recordar que se llama Juana, es más dura y desagradable que una magdalena del mes pasado, y la otra, Trinidad, al parecer es la amabilidad en persona, pero te va dando largas, y largas y más largas, hasta vencerte por aburrimiento.

Puestos a escoger, creo que me quedaría con la «dura», pero no se… creo que al final lo mejor será que Dios reparta suerte, a ver si ya me toca un poquito de buena suerte, para variar. Cada uno cuenta la feria según le va, y hasta que no vea personalmente como es la que me toque, será mejor que no opine.

Por otra parte, cada vez lo tengo más claro. Hoy he descubierto una cosa curiosa. Hasta hace poco, tenía la sensación de que en mi interior habían dos partes: una femenina (la dominante) y otra masculina que peleaba por poder expresarse. Sin embargo hoy, mientras recordaba ciertos momentos de mi vida, detalles sobre mi mismo que hasta ahora había calificado para mi como «manías» o «rarezas», he sentido que esas dos partes empezaban a «alinearse» y a formar un todo.

De repente he comprendido muchos aspectos de mi personalidad, especialmente aspectos íntimos que no voy a contar aquí (ya bastante cuento, joder), que hasta el día de hoy no tenían explicación, y nunca había relacionado con una posible transexualidad.

Ha sido una experiencia bastante gratificante.

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Pues va a ser que…

Desde hace mucho tiempo, me vengo diciendo que es posible vivir y ser feliz en mi situación. Luego he preguntado a los pocos trans que he ido conociendo estos días por internet, y me han dicho que no, pero yo erre que erre, que sí. Porque, si he aguantado todo este tiempo ¿por qué no un poco más?

Así que mi intención era la que dije antes. Callarme y tirar pa’lante, intentando manifestar mi personalidad como buenamente pudiera. Pero al final mis sentimientos me han podido y el otro día, sin previo aviso y sin poder hacer nada para evitarlo, se lo conté todo a mi novio.

Tengo que decir que se lo tomó mucho mejor de lo que yo temía. Las veces que lo había tanteado había puesto tal cara de horror al pensar en la posibilidad de que su pareja fuese transexual, que pensé que cuando hablase con él, saldría huyendo. Pero no. En realidad rápidamente asumió la situación y por unos minutos mantuvimos una buena charla de hombre a hombre, que si bien tuvo unos tientes un tanto gays, porque íbamos abrazados y cogidos de la manita, me gustó mucho, a pesar de las conclusiones.

Porque la conclusión es que, aunque yo quiera cambiar de sexo, él no quiere cambiar de acera. Es decir, que no se ve siendo la mitad de una pareja gay, porque le gustan las mujeres, y no los hombres. Quiere una mujer que sea la madre de sus hijos y tener una familia normal. No me atreví a hablarle de matrimonios gays ni de adopciones, aunque no era necesario. Él comprende que yo voy a seguir siendo la misma persona, pero también dice que me quiere tal y cómo soy ahora, y si de repente (bueno, o gradualmente) soy un chico, entonces puede que sea la misma persona, pero distinto.

Pero ¿en realidad quiero reasignar mi sexo? Aun no lo tengo muy claro, y así se lo he dicho. Así que hemos quedado que buscaré un psicólogo, y le avisaré de mi decisión, pero que, mientras tanto, continuaremos con los planes que teníamos previstos. Sólo que ahora, atesoro cada beso y cada caricia, porque es muy posible que algún día se me acaben.

Después de leer esto, creo que es evidente cual es mi problema de pareja. Mi chico es encantador. Me quiere como soy, y nunca me ha pedido que cambie en nada. Yo a él también le quiero con locura y haría lo que fuera por él. Pero el sufrimiento me está matando. Y el miedo.

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Carta abierta para los mios.

Mi amor, mi familia, mis amigos:

Debo deciros que llevo mintiéndoos toda la vida, y muy pronto van a ser ya 29 años, que son muchos. No lo he hecho por maldad, si no por falta de valor, al menos al principio. Y ahora, también, por no haceros daño, sobretodo a tí, amor mío, la persona a la que más quiero, quién más me quiere, que has planeado el resto de tu vida en base a la presuposición de que pertenezco a un sexo y un género que no son los míos de verdad.

Cuando nací me pusieron una etiqueta en función de un criterio arbitrario, y a partir de ahí, todo mi destino tenía que quedar sellado. Debían gustarme unos juegos en concreto, unos colores en concreto, una ropa en concreto, unos tipos de personas en concreto, hacer unos gestos en concreto, llevar el pelo de una forma concreta, tener un carácter concreto.

Y lo he estado haciendo, de manera bastante convincente. En la infancia, porque siempre había alguien dispuesto a mostrarme el comportamiento correcto para mi (incluidos los otros niños y niñas) y yo no conseguía adivinar por qué no terminaba de encajar. En la adolescencia porque lo único que deseaba era que se me aceptase, como todos a esa edad. Después, por un tiempo, pude dejar atrás toda aquella confusión e incluso llegué a pensar en ella como un recuerdo lejano, hasta que, un buen día regresó.

Fue un buen día, desde luego, pues lo necesitaba. Pasé de ser una persona incompleta, que negaba sin saberlo parte de si misma, a alguien entero. Con sentimientos y pensamientos en conflicto, pero también con una nueva fuente de fuerza interior.

Ahora podría volver a intentar suprimir a esa parte en conflicto. En este momento no me hace falta. Pero no quiero. Me gusta sentirme como soy, aunque me haga sufrir. Tampoco me planteo iniciar un tratamiento hormonal, el camino para cambiar de sexo… al menos de momento. Me gusta demasiado como la tengo planteada junto a vosotros. Pero sí que me gustaría encontrar un punto intermedio, en el que pudiese definirme como la persona que soy.

Tengo disforia de género. He leido webs de otras personas que explican como se sienten y es como si hablasen de mis propios sentimientos. El problema es que pienso que nadie que no lo haya vivido lo puede o lo quiere entender. Que la imagen que te devuelve el espejo no se corresponde con la realidad, que ves a personas de otro sexo por la calle y piensas «yo quiero ser como ellos, tener ese aspecto, moverme de esa forma, tener ese tono de voz», que cada vez que hablas, tienes la sensación de estar mintiendo a los demás, diciéndoles que eres alguien que no eres en realidad.

Como veis, sé como empieza esto, pero no sé como va a acabar. Voy a jugar con las cartas que me ha repartido la vida, y quizá siga haciendo trampas durante algún tiempo más. De momento no voy a enviaros esta carta. No voy a contaros la verdad. Se que os iba a doler, y, para que engañarme, si vosotros sufrís, también sufro yo. Nadie va a salir beneficiado.

Pero tengo un plan, que incluye tratar de encontrar un equilibrio. Aun no está perfilado, es sólo un boceto sin detalles, un cuadro casi sin empezar, el guión de una novela. Ya veremos como resulta.

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