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Globos sonda

En los últimos días, hemos ido observando que algunos medios de comunicación han empezado a dejar caer que el Gobierno podría empezar a imponer el copago en breve para «las operaciones de cambio de sexo», junto con las vasectomías, la inseminación artificial, y las operaciones de varices (¿¿¿que tienen que ver las varices en todo esto???). Una afirmación poco realista, si la pensamos como algo inminente, al menos en lo que a atención a las personas transexuales se refiere, puesto que el tratamiento médico de la transexualidad no está incluido en la cartera de servicios mínimos de atención sanitaria a nivel del Estado, sino que las ofertan las Comunidades Autónomas, haciendo uso de las conferencias que se le han transferido en sanidad (que son casi todas las competencias).

Para la sorpresa de los pocos que empezamos a preocuparnos por esta cuestión, cuando empezamos a alertar a otros colectivos (gays, activistas trans reconocidas, etc…) tan sólo recibimos apatía, con suerte. Carla Antonelli ha ido más allá, no sólo no actuando para cortar de raiz lo que puede llegar a ser un problema, sino incluso actuando para llamar a la calma, la tranquilidad… la inacción. No lo entiendo. Lo que se está viendo amenazado es una serie de derechos… por los que ella luchó durante años, en primera fila, de manera incansable. Derechos que yo he podido disfrutar gracias a Carla Antonelli (entre otrxs). Cuando mi amiga Kim me explicó que Intereconomía estaba lanzando amenzas sobre la asistencia sanitaria de las personas trans, lo primero que se me ocurrió fue que llamara a Carla. Estaba seguro de que ella sería la primera que se movilizaría… ¡Nunca se me habría ocurrido que, al contrario, recomendase públicamente no prestar la menor atención a esta cuestión! No lo puedo entender. Me siento decepcionado.

¿De verdad podemos estar tranquilxs, conformándonos con pensar que, ya que las Unidades de Identidad de Género las gestionan las Comunidades Autónomas, el Gobierno Central no las podrá tocar?

¿No hemos visto como se reducen nuestros derechos como trabajadores? ¿Nos vamos a quedar de brazos cruzados ante la amenaza de reducir nuestro derecho a la salud?

En mi opinión, la campaña mediática anunciando la restricción a las prestaciones sanitarias para las personas trans (mal llamadas «operaciones de cambio de sexo» por los medios de la derecha) son globos sonda… para ver cuales son los sectores de la población más sumisos, a los que se les podrá meter la tijera de recortar en el futuro, y que no sólo no se quejarán, sino que tal vez hasta se alegren, llevados por un un síndrome de Estocolmo que les haga pensar que la reforma sanitaria que les quite derechos es «buena y necesaria, ya que la gente abusa de lo que es gratis».

Por suerte, otros sí se han preocupado por este asunto. El artivista Shangay Lily refleja en su columna del diario Público nuestra preocupación por este asunto. También ha creado una petición en actuable, que tú también puedes firmar, si, como a nosotrxs, te preocupa todo este asunto (yo ya la he firmado).

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Como distinguir entre un gay y una mujer.

Me han comentado que una de las psicólogas de la UTIG de Málaga (Juana, conocida por sus pacientes como «la loca», y cuyo apellido todo el mundo parece ignorar) pregunta a sus pacientes cómo saben que son mujeres, y no hombres gays. Posiblemente a día de hoy habrá recibido muchas respuestas, pero ninguna satisfactoria. El motivo de ello es que, salvo algunas personas con un ingenio excepcional, el común de los mortales nos quedamos bloqueados cuando alguien nos dice un disparate de cierta magnitud, y, encima, espera que le respondamos.

Por ello, por que hace esta pregunta con bastante frecuencia (señal de que todavía no conoce la respuesta) y yo he tenido tiempo suficiente para reflexionar, voy a responderle desde aquí, con la esperanza de que, un día, las mareas del internet proceloso le hagan navegar hasta este blog.

Estimada señora, la diferencia entre un gay y una mujer, es esta:

       

¿Se da usted cuenta? Si no lo ve claramente, puede examinar las fotos durante tanto tiempo como considere necesario, y puede acceder a la web cada vez que lo desee, para consultar de nuevo (hasta que el dueño de la foto me denuncie y me obliguen a retirarlas del blog). ¡Ánimo! Estoy seguro de que con un poco de esfuerzo, hasta usted podrá comprender la diferencia entre una mujer (heterosexual) y un hombre homosexual. Y cuando haya superado esta lección, podemos pasar a la siguiente: como distinguir entre una mujer lesbiana y un hombre. Es mucho más sencillo de lo que imagina. Más pistas: ¿cómo sabe usted que es una mujer, y no un hombre gay? ¿Lo ha pensado ya? Bien, ahora vuelva a pensarlo sin introducir su vagina en la explicación, y cuando lo tenga… pues esa es la respuesta. Lo de la vagina lo digo sobretodo porque cada vez que hace usted esa pregunta, está poniendo, figuradamente, el coño sobre la mesa. Se lo aseguro: el 100% de sus pacientes está pensando en su coño, y es un pensamiento desagradable y obsceno. De verdad: nadie tiene interés en sus genitales. Nadie quiere pensar en ellos. Ahorre a sus pacientes ese mal trago, y aumente de paso en dignidad propia. Todos saldrán ganando. Un saludo, y espero haberle sido de utilidad para resolver su duda.

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Dos años de hormonación (I)

El día 26 de enero cumplí los dos años de hormonación, lo que significa que ya tengo el otro requisito necesario para pedir la rectificación registral de sexo y cambio de nombre. ¡Por fin!

La verdad es que estoy muy contento, y hasta me he pillado pensando que, cuando tenga mi carnet de identidad con los datos correctos, si a alguien se le ocurriese decirme que no soy un hombre, ya hasta podría sacarlo y decirle «pues aquí pone que sí. Mira, mira.» Porque, en realidad, de eso es de lo que va todo esto. De acumular pruebas para demostrar a los demás que eres un hombre o una mujer, y así lograr que te traten como tal. Porque no todo el mundo puede tener el privilegio de ser hombre, o de ser mujer: es necesario cumplir ciertos requisitos. Dios-la naturaleza-la biología-la medicina-la ley-la sociedad- así lo establece, y sus normas son inmutables e incontestables (bueno, no tan inmutables, de hecho cambian muy rápidamente, pero los imbéciles del mundo no se dan cuenta y creen que lo que es, ha sido siempre, será siempre, y es cierto para toda la especie humana, pues tienen la certeza de que sus creencias tienen la capacidad de transformarse en realidad. ¿No es cierto, Dra. Esteva? Usted sí que sabe quienes pueden ser mujeres, y quienes hombres, con total seguridad. ¿A que sí?)

De esta forma, lo que parece una cosa muy sencilla (cambiar de nombre y sexo legal, mediante un trámite administrativo para el que se requieren tan sólo dos requisitos) llega a convertirse en una auténtica gymkana con la que una persona transexual puede «divertirse» a lo largo de varios años.

Unx empieza con la siguiente certeza: «soy un hombre», «soy una mujer», aunque todos los indicios y las opiniones de las personas que están a su alrededor indiquen lo contrario. Si opinas una cosa distinta a esas dos, ya la has cagado antes de empezar: nuestro registro civil sólo admite dos posibilidades. Pero puedes nacionalizarte en Australia… allí admiten tres. En Pakistán, han empezado a admitir recientemente cinco (hombre, mujer, hombre transexual, mujer transexual, y Khunsa-e-mushkil, aunque no se permite cambiar de hombre «a secas» a mujer «a secas». Podrás cambiar sólo de hombre a mujer transexual o Khunsa-e-mushkil).

Total, que tú dices «soy hombre» o «soy mujer», y te convences a ti mismx en primer lugar, que es lo más difícil de conseguir, porque hasta el día de hoy no existe ningún rasgo o característica exclusivamente masculina o femenina que puedas encontrar para asegurarte. No hay pruebas que te puedas dar a ti mismx, tan sólo puedes confiar en tu propio criterio, y eso tampoco es tan fácil, sobretodo porque cuando das el paso de asumir que tu identidad de género no se corresponde con la que te han asignado los demás, no te encuentras precisamente en tu mejor estado de ánimo. En realidad te sientes más proclive a creer que se te ha ido la olla de verdad, total y definitivamente.

Sin embargo, mirando atrás, quizá ese haya sido el momento más especial de toda mi vida. Un momento que las personas que no son trans difícilmente pueden tener: el momento en que decides seguir viviendo, cuando ya no querías vivir. Escribiré sobre ello en otra ocasión.

Una vez que te convences a ti mismx (lo que en mi caso ocurrió entre julio y agosto de 2008), tienes que convencer a lxs demás. A tu familia. A tu pareja. A tus amigos y amigas. A tus hijos e hijas, si es que tienes. A tus padres, si aun viven. Evitar que te echen de casa (se de una chica trans que fue denunciada por su pareja por violencia de género, pues la pareja consideraba que decirle que era transexual suponía acoso moral. Un juez imbécil admitió la denuncia. Gracias a eso, esta chica perdió su trabajo y desde entonces está en paro. Curiosamente, al final se reconcilió con su pareja, que ahora tiene que ganar dinero ella sola para mantener a toda la familia). ¿Y cómo les convences? Con los mismos argumentos que usaste para convencerte a ti, contra toda evidencia.

Luego, tienes que convencer a un psicólogx o psiquiatra. Con los mismos argumentos que a todxs lxs demás. Los que usaste para convencerte a ti. Por suerte a estas alturas, ya dominas la situación. Ha pasado mucho tiempo, has dado muchas explicaciones, has respondido muchas preguntas, y has hablado, gracias a internet, con muchas personas trans, que te han ayudado. Consigues el diagnóstico psiquiátrico, que es el primer requisito que te pide la Ley, y que, además, es la «llave» que te permite pasar a la siguiente prueba de la gymkana: las hormonas.

Ahora, con el diagnóstico, ya es mucho más fácil demostrar que eres un hombre o una mujer ante quienes no confiaban en tus argumentos. Puedes mostrárselo y decir «¿Ves? no es algo que me haya inventado yo. Aquí tengo un papel que certifica que soy unx taradx mental en toda regla, y que eso que venía diciendo todo este tiempo era verdad.»

Edit: este post ha sido publicado sin terminar, porque le di al botón de «publicar» en lugar de al de «guardar» como era mi intención, y como lo tengo puesto para que se autopublicite en Twitter después de cada publicación, pues… así se va a quedar. De todas formas, ya era bastante largo.

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EVOLUCIÓN DEL REQUISITO “EXPERIENCIA DE LA VIDA REAL”

EVOLUCIÓN DEL REQUISITO LLAMADO

“EXPERIENCIA DE LA VIDA REAL” (“TEST DE LA VIDA REAL”)

EN LA U.T.I.G. DE MADRID, ENTRE LOS AÑOS 2010 Y 2011

Mediante este comentario tratamos de hacer patente el cambio evolutivo que ha sufrido la definición del concepto denominado “Experiencia de la Vida Real” (EVR) en los documentos públicos de la “Unidad de Trastornos de Identidad de Género” (UTIG) de la Comunidad de Madrid, en el periodo que va desde el año 2010 al presente año 2011.

AÑO 2010

Comenzando con los documentos públicos de la UTIG firmados en el año 2010, podemos observar claramente que la llamada EVR se ajusta perfectamente a la definición, por un lado, de requisito previo a la cirugía genital (CRS), y por el otro, de fase del tratamiento posterior al diagnóstico, y paralela a la administración hormonal, de duración mínima de 2 años.

Hemos extractado dichos documentos (por demás, accesibles fácilmente en los buscadores de internet), entresacando los enunciados que se refieren indudablemente (en nuestra opinión) a la llamada EVR, con el fin de hacer más fácil y automática la comprensión de la mencionada “evolución” del concepto que queremos resaltar.

19 de Mayo de 2010

“ABORDAJE MULTIDISCIPLINAR DE LA TRANSEXUALIDAD: DESDE ATENCIÓN PRIMARIA A LA UNIDAD DE TRASTORNOS DE IDENTIDAD DE GÉNERO DE MADRID (UTIG MADRID)

N. Asenjo-Araque, J.M. Rodríguez-Molina, M.J. Lucio-Pérez y A. Becerra-Fernández

(…)

Fase I: Protocolo de abordaje interdisciplinar de la transexualidad

(…) Una vez en la UTIG, tras la valoración inicial, se inicia la fase de evaluación psicológica. Se elabora la historia clínica biográfica del paciente… y se recaban datos específicos respecto a la identidad de género del paciente… Tras la administración y corrección de las pruebas… se convoca una sesión clínica donde están presentes todos los profesionales que componen la unidad. En ella se emite un juicio clínico acerca del diagnóstico de identidad de género del paciente que avanza en su caso a la siguiente fase…

Fase II: Tratamiento hormonal y «experiencia de vida real»

(…) el médico endocrinólogo examina al paciente… Si no existe contraindicación alguna, procede a la prescripción del tratamiento hormonal (TH) … En la fase de tratamiento hormonal, la intervención psicológica consiste fundamentalmente en acompañamiento terapéutico y se basa en la denominada ‘‘experiencia de vida real’’ o ‘‘prueba de vida real’’. Durante esta fase el paciente comienza a adecuar su imagen al sexo sentido (ropa, maquillaje, depilación, lenguaje, lenguaje no verbal, etc.)…

En todo caso, pasar a la fase quirúrgica exige 2 años de tratamiento hormonal y también haber superado satisfactoriamente la experiencia de vida real.

Fase III: Cirugías para modificar las características sexuales secundarias

Transcurrido un periodo mínimo de 2 años de hormonación controlada por el médico endocrinólogo (no de autohormonación), así como de realización de la experiencia de vida real de acuerdo al sexo sentido, se procede a realizar las canalizaciones necesarias (a través de la gestora de pacientes) para las intervenciones quirúrgicas demandadas por el paciente…

Fase IV: Cirugía de reasignación de sexo

Cuando el paciente ha realizado las fases anteriores y se ha conseguido la adecuación de su imagen exterior al sexo elegido, con experiencia de vida real en el entorno inmediato y comunitario, es cuando se pasa, solo si el paciente así lo demanda, a la cirugía de reasignación de sexo (CRS).

(…)

11 de Noviembre de 2010.

DR. ANTONIO BECERRA FERNÁNDEZ, COORDINADOR DE LA UTIG:

“”Cuando una persona transexual inicia el tratamiento, éste consiste básicamente en dos tipos de aspectos simultáneos:

Por un lado, el Tratamiento Hormonal controlado y por otro la Experiencia de Vida Real. De esta forma la persona en tratamiento va adoptando poco a poco la apariencia y los roles del “sexo deseado”. Este proceso transexualizador previo a las Cirugías de Reasignación de sexo debe durar como mínimo dos años, según diversos protocolos internacionales.

Antiguamente se hablaba de test de vida real, en el sentido de que la persona debía probarse a sí misma que estaba identificada con el sexo que decía sentir. Hoy se usa más el término Experiencia de vida Real. Durante este proceso los pacientes van adoptando paulatinamente la apariencia y roles del sexo sentido. El ritmo de este proceso depende del entorno social, familiar y laboral de cada persona. Así, algunos pacientes pueden adoptar inmediatamente el aspecto del sexo deseado, mientras que otros deben antes solucionar problemas laborales, familiares o de pareja.

En todo caso es imprescindible que antes de las cirugías de adecuación anatómica que son intervenciones irreversibles, la persona haya adoptado en gran medida la apariencia y roles del sexo al que dice pertenecer.””

No creemos necesario tener que resaltar que, en estos documentos publicados en 2010, es patente la identificación del concepto de la llamada “Experiencia de la Vida Real” que usa la UTIG de Madrid, con la de los protocolos de la WPATH (World Professional Association for Transgender Health), llamados “Standards of Care-6”, de los que transcribimos:

“” El acto de adoptar completamente un nuevo papel de género, o uno en desarrollo, durante la vida cotidiana se llama la experiencia de la vida real. El diagnóstico, aunque siempre puede ser reconsiderado, precede a la recomendación de que los pacientes emprendan la experiencia de la vida real.

Criterios de Elegibilidad. (para las variadas cirugías genitales)

(…)

3. 12 meses continuos de experiencia exitosa de la vida real, por tiempo completo.””

AÑO 2011

Pero, ¿qué sucede en el año 2011 para que se produzca un cambio tan llamativo en la definición del concepto de EVR de los documentos públicos de la UTIG-MADRID?

Lo primero, para poder comprender esta evolución que luego veremos, tal vez sea introducir y describir un concepto muy utilizado en Psicología Social, llamado “Historia de Vida”:

“” Siguiendo a Ruiz Olabuénaga (1989) podemos decir que en la historia de vida, una persona refiere en un largo relato el desarrollo de su vida desde su propio punto de vista y en sus propios términos. Acompañado de un experto «sonsacador», el sujeto va desgranando mediante entrevistas, acompañadas de grabaciones magnetofónicas, redacciones propias, visitas a escenarios diversos, entrevistas a familiares o amigos, fotografías, cartas… los episodios o etapas de su vida.

Se trata, por supuesto, de un relato puramente subjetivo, una perspectiva detallada y concreta del mundo que eventualmente podrá resultar errónea en no pocas de sus partes.

Cuatro objetivos principales justifican el uso de historia de vida como método de investigación:

.- Captar la totalidad de una experiencia biográfica en el tiempo y en el espacio, desde la infancia hasta el presente, desde el yo íntimo hasta cuantos entran en relación significativa con nuestra vida.

.- Captar la ambigüedad y cambio.

.- Captar la visión subjetiva con la que uno mismo se ve a sí mismo y al mundo.

.- Descubrir las claves de interpretación de no pocos fenómenos sociales de ámbito general e histórico que encuentran explicación adecuada a través de la experiencia personal de los individuos.

Una historia de vida puede elaborarse sobre la base a un documento escrito por el propio sujeto (autobiografía, unas memorias, un diario), pero no corresponde a la metodología aquí explicada en la que el investigador interviene directamente en el relato. Sólo captando los procesos y los modos en los que los individuos captan y crean su vida social, podremos captar el significado subjetivo que las cosas poseen para ellos. El investigador sabe que cada persona cuenta y echa mano de una teoría implícita para explicar sus propios comportamientos y actos, y sabe también que él mismo, como investigador, recurre a teorías explícitas en la entrevista.

La entrevista y su ulterior elaboración consisten en una lucha por equilibrar estas dos series de teorías explicativas: la del propio sujeto y la del entrevistador, de manera que se alcance un balance entre las teorías supuestamente válidas del investigador y las explicaciones reales del sujeto.

Tres grandes capítulos encierran el contenido básico de una historia de vida:

.- Las dimensiones básicas de su vida: biológica, cultural, social.

.- Los puntos de inflexión o eventos cruciales en los que el sujeto altera drásticamente sus roles habituales, se enfrenta a una nueva situación o cambia de contexto social.

.- Los procesos de adaptación y desarrollo a los cambios, que se suceden en el proceso de su vida.””

¿Por qué creemos que es trascendente familiarizarse con el concepto de “Historia de Vida” en este preciso instante?…

Vamos a leer los extractos de los documentos públicos de la UTIG-MADRID en el año 2011, y tal vez encontremos la respuesta a esta cuestión:

7, 8 y 9 de Julio 2011

IX Congreso Nacional de Psicología Clínica

EVALUACIÓN DE LA EXPERIENCIA DE VIDA REAL EN PACIENTES TRANSEXUALES EN LA UNIDAD DE TRASTORNOS DE IDENTIDAD DE GÉNERO DE MADRID (UTIG-MADRID)

Nuria Asenjo, José Miguel Rodríguez, Raquel García, Belén López, Antonio Becerra.

(…)

Dentro de la amplia evaluación que se realiza en la UTIG- Madrid a personas transexuales, es de obligada revisión la experiencia de vida real como mujer o como hombre, según el sexo sentido, que haya desarrollado el/la paciente… para determinar en que fase de la experiencia de vida real se encuentra el paciente, contribuyendo, en este caso, a enriquecer y determinar el diagnóstico de transexualidad… una vez evaluada dicha experiencia vivencial, se interviene con el paciente, a través de sesiones de psicoterapia, para adecuar comportamientos, imagen, estilo personal,…etc. con el fin de mejorar el ajuste a su “nuevo” rol social.

Método

(…) son básicas las experiencias diarias vividas como mujer u hombre, de cara a superar adecuadamente las fases de tratamiento de la transexualidad, tal y como está publicado en los criterios de la Asociación de Harry Benjamin…(Nota de los autores: Es así como se llamaba la WPATH antes de cambiar su nombre en el año 2006)

Posteriormente, se completa la fase de evaluación con entrevistas clínicas y se mantienen sesiones clínicas multidisciplinares, hasta elaborar un diagnóstico y juicio clínico consensuado.

En este momento, los psicólogos clínicos intervenimos más específicamente para definir la experiencia de vida real de la persona bajo el sexo sentido, es decir: sus vivencias, experiencias, sentimientos y emociones bajo el sexo con el que siempre se han vivido… recogemos aspectos biográficos específicos, entre los que se encuentran los primeros recuerdos de vivencias de imagen corporal, periodos de socialización, cómo interiorizaba su imagen corporal, cómo se vivieron los cambios puberales: la menarquía (en el caso de chicos transexuales), el cambio de voz, las primeras erecciones y eyaculaciones involuntarias (en el caso de chicas transexuales), etc.

Resultados

En nuestra experiencia clínica, la utilización de dichos criterios para evaluar la experiencia de vida real bajo el sexo sentido, nos ayuda a aclarar y definir mucho más el diagnóstico de la persona con Disforia de Género.

Tras su empleo sistemático, validaremos y elaboraremos la Guía de Evaluación para la Experiencia de Vida Real (GEVR), que publicaremos dentro de los instrumentos de evaluación de la UTIG-Madrid.

Conclusiones

Como conclusión, destacar que es básico desarrollar una evaluación completa y exhaustiva para establecer el diagnóstico clínico. Esta evaluación no sólo puede residir en pruebas objetivas complementarias a las entrevistas clínicas sino completarse con una extensa recogida de datos biográficos sobre la experiencia de vida real de la persona según su sexo sentido.

Como ya hemos mencionado, actualmente, en la UTIG de Madrid, estamos concretando la elaboración de una Guía para la Evaluación de Experiencia de vida Real (GEVR) que se nutre de los criterios citados anteriormente y que a buen seguro constituirá un instrumento imprescindible en la Evaluación Clínica de personas transexuales.””

EXPERIENCIA DE VIDA REAL EN UNA PACIENTE TRANSEXUAL FEMENINA

Belén López-Moya, Nuria Asenjo-Araque, Raquel García-Romeral, José Miguel Rodríguez-Molina y Antonio Becerra-Fernández.

(…)

La paciente comenzó en la UTIG en octubre de 2008… Tras pasar por una fase de evaluación y diagnóstico la paciente pudo pasar a la fase de EVR y Tratamiento hormonal, cuya duración protocolizada es de un mínimo de dos años, para poder pasar a las Cirugías…

Desde el comienzo de la etapa de EVR tuvo que realizar una serie de pasos, entre los que entraban informar a las personas de su entorno del proceso por el que iba a pasar, elección de nombre, los trámites para el cambio de nombre y sexo en los documentos legales, modificación de la imagen externa de una forma progresiva,… al inicio de la EVR nos comenta que comenzó el cambio de imagen en casa, extendiendo cada vez a más contextos. Lo inició en casa con ropa de rol femenino (pijama femenino,…) … sesiones de láser, eliminación del vello facial… eligió nombre de mujer… esperó a que el láser hiciera efecto para el cambio de imagen…

Valora de forma muy positiva la EVR, para ella no es una experiencia, si no un paso más que hay que dar. “Con la EVR te vas deshaciendo de las etiquetas que tenías antes y que no te pertenecían”.

En el momento actual se encuentra muy satisfecha… Se sigue trabajando en las sesiones de seguimiento la EVR a espera de finalizar las CRS…

Discusión y conclusiones.

(…)

Se debe de considerar que este caso no es el más común (chica joven, con apoyo social,…). Muchas de las mujeres transexuales tienen una situación difícil para lograr llevar a cabo la EVR

Son muchas las realidades posibles en las mujeres transexuales y por tanto diferentes las formas en que se debe de plantear la EVR y el cómo ir dando los pasos para que se lleve a cabo de la mejor forma posible…

EXPERIENCIA DE VIDA REAL EN UN PACIENTE TRANSEXUAL MASCULINO

Raquel García-Romeral, Nuria Asenjo-Araque, Belén López –Moya, José Miguel Rodríguez –Molina y Antonio Becerra-Fernández.

Introducción

Se presenta la Experiencia de Vida Real (E.V.R.) en un paciente transexual masculino…

…incluiremos algunas anotaciones previas para aclarar a qué nos referimos con persona transexual masculina y Experiencia de Vida Real… Para concluir, se enfocará la E.V.R. de este paciente como un proceso integrado a lo largo de su biografía.

Método

(…)

En la U.T.I.G. de Madrid accedió como paciente en 2009, hace aproximadamente dos años.

… respecto a la intervención, se centró en el apoyo de E.V.R. y en el manejo de la ansiedad.

La Experiencia de Vida Real de una persona transexual masculina suele entenderse a partir del momento temporal en el que el paciente vive como hombre en todos sus contextos y áreas vitales, incluyendo el empleo del nombre masculino elegido para que se le designe.

… un proceso integrado dentro de un protocolo de evaluación. Además, es requisito previo que se cumpla durante al menos dos años junto con la terapia de hormonación para optar a cirugías masculinizantes…

Resultados

A continuación se estructura por etapas ontológicas la información recogida en relación a la E.V.R

Infancia: (…) se sentía niño y quería hacer “cosas de niños”… comenzó a percibir que le “miraban mal”… Era considerado “diferente” tanto para las pandillas de niñas como para las de niños…

Pubertad: (…) Recuerda rezar por las noches para levantarse como chico… a la edad de 10 años, percibió el aumento del volumen de sus pechos… la menarquía le reafirmó que su cuerpo se desarrollaba de modo femenino y sin vuelta atrás.. se refugiaba en juegos de imaginación donde se visualizaba como un chico… regulaba su vestimenta para pasar desapercibido… había reflexionado que su fisionomía no cambiaría y su objetivo se centró en entablar relaciones de amistad… para pasar desapercibido, incluso seguía las orientaciones de su familia dejándose el pelo largo… llegó a la conclusión de que <>… tras los cambios de desarrollo puberal anticipó que su vida no sería la deseada y reorientó sus objetivos vitales a la consecución de una vida estándar que le asegurara estabilidad y certidumbre…

Juventud: (…) el ambiente académico le presionaba para definir aún más su imagen e identidad… ajustó su imagen de forma más femenina y retomó las imaginaciones planificadas de cómo sería su vida ideal… Su apariencia femenina no le facilitó encontrar pareja… pronto sintió que le atraían las chicas heterosexuales…

Adultez: (…) ansiaba llegar a la edad adulta como forma de conseguir la estabilidad que le equilibrara las carencias que percibía respecto a su condición… Sus intentos por equilibrar su vida, primero a través de los estudios, el atletismo y luego mediante el gimnasio se fueron derrumbando… influyó en su estado anímico: actitud irascible, sentimientos de frustración, búsqueda de aislamiento social, anhedonia, abandono de su cuidado personal, etc.

Entonces…compartió por primera vez la inquietud respecto a su identidad como hombre… luego buscó ayuda profesional… le derivaron a la U.T.I.G. de Madrid, donde inició su proceso… tras dos años de terapia hormonal masculinizante, se encuentra a la espera de los trámites para el cambio de nombre y sexo en su D.N.I. y pendiente de las cirugías de mastectomía e histerectomía… Actualmente, su identidad sexuada de varón la expresa externamente con su apariencia masculina y en todos los contextos de su vida, ya sin tener que encubrirla o disimularla.

Conclusiones

(…)

En el análisis de este caso concreto, la E.V.R. no se trataría de una prueba o test, ni de un mero protocolo sociosanitario, ni siquiera de un periodo concreto de apariencia masculina… la E.V.R. ha sido un proceso biográfico de su identidad… aunque haya estado presente desde la infancia, las expectativas y exigencias sociales suscitadas por su anatomía de nacimiento han ido modulando, ocultando o disfrazando su expresión…

Aunque este caso se refiere a una persona concreta y no pueden extraerse conclusiones generales, al menos si puede servir como punto de inicio para el planteamiento de una Experiencia de Vida Real no evaluable de forma rígida.

Si las entrevistas psicológicas iniciales contemplan la vivencia referida de la identidad sexuada en vez del comportamiento manifiesto de ésta, se podrá entender la E.V.R. desde un enfoque más comprensivo y coherente con la biografía del paciente.

Nota Importante: Un párrafo del principio del texto «Evaluación de la Experiencia de Vida Real (…)», de 2011, nos preocupa muy seriamente.

Es el que dice así, y nos permitimos glosarlo para subrayar la gravedad de sus conceptos:

«… una vez evaluada dicha experiencia vivencial [o «Historia de vida», es decir, después de elaborarla] se interviene con el paciente, a través de sesiones de psicoterapia [tendente a la modificación de conductas] para adecuar [para conseguir una actitud conformista] comportamientos, imágenes, estilo personal [puede ser patético llamar «personal» al estilo resultante]…etc, con el fin de mejorar el ajuste a su «nuevo» rol social » [¿se considera la UTIG legitimada para definir y medir cómo debe ser la inserción verdaderamente personal en la sociedad, cuando sabemos que en la sociedad actual hay innumerables estilos alternativos, y cuando se trata, sobre todo, de respetar la libre determinación de cada persona sobre su forma de vida?]

La UTIG-MADRID, en suma, pretende continuar imponiendo «comportamientos, imágenes, estilo personal», conformes con los criterios de la Unidad, so capa de una pretendida solicitud por las personas transexuales, imposición que oculta una visión autoritaria sobre gestos, arreglos y expresión personal, que resulta asombrosamente única dentro de las sociedades democráticas y libres.

No se olvide que de ese «juicio clínico» de los resultados de las «sesiones de psicoterapia», imponiéndose sobre los «comportamientos, imágenes, estilo personal» decididos libremente por cada cual, depende la posibilidad de acceder o no a los tratamientos de la Seguridad Social, deseo y aun necesidad acuciante para las personas transexuales, que ven en ellos la esperanza de su expresión real de género y del bienestar que se ha probado que pueden conseguir.

NUESTRAS CONCLUSIONES FINALES

No nos cabe la más mínima duda de que el significado que le otorgan al concepto “EVR” (“Experiencia de la Vida Real”), los integrantes de la UTIG-MADRID, ha sido modificado desde los documentos del año 2010 a los publicados en el año 2011.

En estos últimos (2011), nos parece evidente la pretensión de solapar el concepto “EVR” y el concepto “Historia de Vida” (de forma, por demás, bastante burda), y con propósito desconocido.

Pero la “Historia de Vida” de un paciente (según todas las definiciones académicas) comienza con sus primeros recuerdos, y no implica una imposición sobre su atuendo, comportamiento o actitudes ante la vida. Por el contrario, la “Experiencia de la Vida Real” (según las definiciones de la UTIG): “…suele entenderse a partir del momento temporal en el que el paciente vive como hombre (o mujer) en todos sus contextos y áreas vitales, incluyendo el empleo del nombre masculino (o femenino) elegido para que se le designe.”

Habría que preguntar directamente sobre el particular a los integrantes del equipo multidisciplinar de la UTIG-MADRID: “¿Hasta qué punto son identificables Experiencia de Vida Real e Historia de Vida?”

Por otra parte, y paralelamente, es patente un intento (incoherente) de mantener el anterior “status” de la “EVR” como: 1º.- Requisito previo a las cirugías genitales; y 2º.- Fase determinada (2 años), conjunta con la hormonación, dentro del tratamiento protocolario de la UTIG.

Creemos que tales pronunciamientos contradictorios, procedentes de los componentes del equipo multidisciplinar de la UTIG-MADRID, podrían tener como causa dos motivaciones principalmente:

1,- LOABLE: El deseo de dejar atrás el ominoso (por ilegal) concepto de “EVR” que manejaban en el año 2010 y anteriores, pero tratando, al mismo tiempo, de no eliminar físicamente la expresión “EVR” de sus documentos protocolarios. El mecanismo elegido sería el de vaciar de contenido el requisito protocolario “EVR”, solapándolo y confundiéndolo con un concepto mucho más abierto e inocuo, “Historia de Vida”, para quizás superarlo y postergarlo definitivamente en una etapa posterior.

2,- CRITICABLE: La disimulada intención de confundir y engañar a los profanos en los protocolos del tratamiento de la Transexualidad, para que, de cara al exterior, todo el que se acerque piense que la “EVR” no es nada más que algo tan inocente e inevitable dentro de una evaluación psicológica como una “Historia de Vida” (Anamnesis), mientras, hacia dentro de las paredes de la UTIG-MADRID, perseveran en la manipulación de las vidas de esas personas transexuales, que siguen considerando desvalidas.

Esta última hipótesis se vería justificada por la gran cantidad de protestas recibidas por los componentes de la UTIG , y de quejas presentadas ante distintos organismos (que se van a seguir interponiendo) por parte de esas personas “desvalidas” (que sería tanto más triste que lo fueran en realidad), tratando de que se respeten y garanticen los derechos fundamentales de las personas transexuales, al nivel de cualquier usuario de la Sanidad Pública en España.

Como conclusión, esperamos sinceramente que el propósito expresado al comienzo del presente comentario (hacer patente el cambio evolutivo que ha sufrido la definición del concepto denominado “Experiencia de la Vida Real” (EVR) en los documentos públicos de la “Unidad de Trastornos de Identidad de Género” (UTIG) de la Comunidad de Madrid, en el periodo que va desde el año 2010 al presente año 2011), haya sido suficientemente cumplido.

En todo caso, se pueden facilmente consultar los documentos originales sacando cada cual sus propias conclusiones. Empero, sí nos gustaría que estas hipótesis y conclusiones finales tuvieran la suficiente difusión entre los colectivos LGTBIQ, para que a nadie le resulten una dolorosa sorpresa más tarde.

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Presentada queja al Defensor del Pueblo contra la Experiencia de la Vida Real.

CONJUNTOS DIFUSOS ha presentado una queja  en el registro de la oficina del  Defensor del Pueblo en relación  a la fase de tratamiento que  realiza  la Unidad de Identidad de Género, previa a la intervención quirúrgica de los pacientes transexuales, denominada  “Experiencia de la Vida  Real” .

Durante esta fase del tratamiento se imponen, desde recomendaciones sobre  el atuendo “correcto”, hasta directrices sobre como deben ser las relaciones familiares con la pareja o los hijos. El cumplimiento de estas indicaciones es imprescindible para que el equipo médico considere que la persona es idónea para acceder a la cirugía de reconstrucción genital. En la práctica, esta situación se resume en que si a los facultativos no les gusta como visten sus pacientes, les niegan el acceso a las cirugías.

Aunque la queja se ha presentado bajo el paraguas de “Conjuntos Difusos”, se trata del resultado de un grupo de trabajo compuesto, además, por activistas del movimiento feminista, lesbiano y queer, junto con pacientes de la propia Unidad de Madrid, y de Unidades de otros puntos del Estado Español, demostrando que la lucha por la autonomía y la dignidad de aquellas personas cuya identidad no encaja dentro del binario hombre/mujer no es sólo una cuestión trans. La falta de libertad en todo lo concerniente a nuestra identidad y forma de entender el género afecta de manera más visible y violenta a las personas transexuales, pero no únicamente a ellas, pues el código de género se aplica sobre  toda la sociedad.

Una de las formas de incidir en esta situación, cristalizada en la exigencia de la “Experiencia de la Vida Real” a las personas transexuales, pero generalizada a niveles más sutiles para el resto de la población, es lograr aunar fuerzas, y conseguir que los diferentes orígenes, puntos de vista, intereses y experiencias existentes dejen de ser causa de enfrentamiento y fragmentación para convertirse en fuente de riqueza común.

Mediante esta Queja presentada ante la Defensora del Pueblo exigimos que se elimine inmediatamente una práctica de imposición médica  autoritaria y avasalladora, e invitamos a sumarse a nuestra causa por la libertad a cuantas personas y organizaciones crean que la “Experiencia de la Vida Real” no debe ser considerada un requerimiento obligatorio para acceder a los tratamientos en las U”T”IG’s (Unidades de género de la sanidad pública).

Para  más información o  manifestar sus opiniones pueden contactarnos a través del grupo “Manifiesto contra el Test de la Vida Real” de Facebook, o por e-mail  en autonomiatrans@gmail.com

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Visita psicóloga, endocrina y… ¡sorpresa!

El martes pasado me tocó ir a la UTIG para una revisión. Las revisiones son cada seis meses (más o menos) e incluyen, como mínimo, una visita a la endocrina y otra a la psicóloga (sin contar las otras veces que tenga que ir para hacerme, por ejemplo, análisis de sangre u otras pruebas que sena necesarias).

Lo de ir a ver a la endocrina… es obvio, teniendo en cuenta que estoy en tratamiento con testosterona. También, una vez al año, tengo que ir a ver a mi otra endocrina que me controla como voy desde que me operé del estómago. Son gajes que tienen los tratamientos médicos… que hay que ir a ver al médico con cierta frecuencia para que te vaya diciendo como estás.

Lo de ir a ver a la psicóloga, creo que va «de serie». Los protocolos de atención a la transexualidad incluyen «terapia psicológica», y sospecho de que entra en el pack de manera irremediable, quieras o no quieras. Tengo que reconocer que en realidad no está mal contar con el apoyo de una psicóloga… por ejemplo, en esta ocasión yo lo necesitaba, y pasar por la consulta de Trinidad me ha resultado muy útil. Pero me gustaría mucho, mucho más, si esto no fuese como las lentejas, que, aunque dicen si quieres las comes, y si no, las dejas, ocurre que habitualmente este refrán te lo dice tu madre para comunicarte que te las tienes que comer sí o sí. Vamos, que lo ideal sería contar con el apoyo psicológico, pero que si quieres vas, y si no, pues no vas. También es verdad que si entras en la consulta y le dices a Trinidad que estás bien, saldrás de allí casi tan rápido como entraste, de modo que si formalmente no es opcional, materialmente sí lo es.

Como se ve, estoy mucho menos beligerante con la UTIG de lo que solía. No es raro: lo que ahora recibo de ellas es lo que quería recibir desde el principio: atención médica, orientación piscológica y eventualmente cirugía. El trato que tengo ahora es muy amable, interesado, e incluso participativo. Se me pregunta como estoy y qué necesito. Se me dan explicaciones claras y detalladas, se tienen en cuenta mis percepciones (por ejemplo, al comentar a la endocrina que noto que la dosis me va un poco corta me dijo que podía deberse a que, en efecto, me fuese corta, pero que también pasa que al principio del tratamiento se tiene esa sensación, y con el paso del tiempo va desapareciendo. Aprovechando que estoy cerca de la próxima inyección, me pidió un análisis, me indicó que no debía «juntar» las inyecciones por mi cuenta, y que llamara por teléfono para, en función de los resultados, juntar las inyecciones un poco), se me pregunta qué clase de tratamiento quiero, dentro de los que ofrecen… Vamos, todo excelente.

¡Pero yo necesitaba todo eso hace un año! Cuando llegué por primera vez estaba muy preocupado, asustado, perdido, y tratando de manejar una situación muy difícil para la que nadie me había preparado (es más, había aprendido que esa situación no debía llegar a darse nunca jamás de los jamases). Ahora necesito todo lo que me están dando, pero antes lo necesitaba todavía más. No es justo tener que «ganarte» un «certificado de calidad» en base a unos criterios y procedimientos que desconoces para poder recibir los servicios que estás necesitando.

Ahora entiendo por qué, en los pasillos de la UTIG se puede ver que hay tres tipos de pacientes: los que aún no reciben tratamiento, nerviosos y tristes, y los que sí lo recibimos, que oscilamos entre el buen humor por nuestros progresos y el aburrimiento de las revisiones rutinarias. Yo estoy en la fase del bueno humor, pero eso no sirve para que olvide o perdone todo lo anterior. (Echo la culpa de todo, o al menos el 80% a que la transexualidad se considere todavía como una enfermedad mental: hasta que no recibimos el «aprobado» no somos gente de fiar.)

Volviendo al tema… como ya he dicho, esta vez me fue muy útil la consulta de la psicóloga. Luego, pasé a ver a la endocrina. Le comenté los problemas ulceriles que he estado teniendo, comentamos como me iba llendo el tratamiento, los resultados de los análisis… Finalmente me preguntó cómo me sentía yo respecto a los cambios que estaba habiendo en mi cuerpo, y le dije que estaba muy contento (que es la verdad). Entonces me comentó que quizá había llegado la hora de plantearme la cirugía de pecho, si es que yo quería operarme (además, cosa muy importante, recalcó la voluntariedad de la operación, preguntando directamente «¿quieres operarte?»). Como yo sí quiero operarme, me faltó tiempo para decirle que sí. ^_^

Además de todo esto, me hizo una revisión física que, por si otros pacientes de MªCruz Almaraz se lo están preguntando, tiene el requisito indispensable de quitarse la ropa. En mi caso tenía un componente «vergonzante» añadido en forma de padawan: un estudiante muy guapo (como todos l*s estudiantes que van por allí… no sé que les darán de comer en la facultad de Medicina de Málaga, pero si lo llego a saber, habría ido más amenudo cuando estudiaba en el campus de Teatinos), y muy probablemente, gay, que andaba por allí escuchando todo, viendo todo y sin decir ni pío. Por suerte, a mí no me da mucha vergüenza desnudarme donde haga falta, así que no pasé un mal trago.

El siguiente paso: ir a sacarme sangre. No sé cuantos tubitos me sacaron, pero tampoco es que me importe. He sido donante de sangre… y he tenido una vía enganchada a la vena yugular durante cinco días, así que ya estoy bastante curado de espanto en lo tocante a pinchazos en las venas. De todas formas, un poco aprensivo sí que soy todavía, pero el truco (para mí) consiste en no mirar lo que me hacen, y mientras, que me den conversación.

Último paso: ir a pedir hora con el cirujano. ¡¡Por fin!! ¡¡Cirujano!! ¡¡Mastectomía!! ¡¡Viva!! Lo que no me esperaba era que me diesen la cita para el día siguiente. Como la encargada de las citas me vió dudar, me comentó que podía darmela para otro día «a partir de mañana, el miércoles que quieras». Yo recordé que el miércoles había quedado por la mañana con mi hermana, y por la tarde para una reunión de Conjuntos Difusos, pero… pero… «no, no, mañana está bien.» No fuera a ser que alguien cambiara de idea.

Hasta ahí todo bien. Lo difícil era… lo de siempre: contárselo a mis padres. Se lo dije a mi madre, cuando nos quedamos solos después de comer. Ella se puso muy triste e intentó convencerme de que no me operase, pero, las cosas como son, lo intentó con bastante menos entusiasmo y convicción con que hacía este tipo de cosas al principio. Aún así, me quedé preocupado. ¿Qué reacciones vendrían después? ¿Enfado? ¿Rechazo? ¿Incomprensión?

Como viene siendo habitual en mis relaciones con mis padres respecto a este tema, no di ni una. Parece mentira que, mientras en otras cosas soy capaz de prevér su reacción al milímetro, con esto no acierto ni de lejos. Cuando volví a casa por la noche, el trato volvía a ser normal, como si nada, y al día siguiente, fue aún mejor. Pero eso queda para la próxima entrada.

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Acertada coincidencia.

Durante una de las visitas que hice a la UTIG, un poco antes de que me diesen el diagnóstico de transexualismo, Trinidad me comentó que las nuevas consultas donde se ubican ahora están compartidas con una unidad de tratamiento de la obesidad mórbida. Gracias a eso, habían recibido una dotación en tecnológica de la que antes no disfrutaban, y que originalmente iba destinada a los de obesidad.

Nunca he sabido si el hacer coincidir ambas cosas en un solo lugar fue casualidad, o si lo hicieron a caso hecho. Si fue a caso hecho, los directores del hospital Carlos Haya de Málaga se han ganado mi respeto.

Mientras que la transexualidad no es una enfermedad (para los directores del Carlos Haya quizá sí lo sea, y crónica) la obesidad mórbida sí que lo es, y crónica. La obesidad va degradando tu organismo muy rápidamente, destrozando huesos y articulaciones, dañando el hígado, el páncreas y el corazón, aumentando la presión arterial, haciendo que las gónadas se hagan disfuncionales y poniendo todo tu sistema endocrino patas arriba. Llegados a cierto punto, perder peso de manera “natural”, es decir reduciendo la ingesta calórica y aumentando el consumo de calorías del propio cuerpo es imposible: el organismo del obeso ya no funciona adecuadamente, y los mecanismos para transformar la grasa en energía van mucho más “despacio” de lo que deberían. El estómago se ha agrandado y simplemente comer una cantidad de comida normal te deja insatisfecho. Hacer ejercicio es imposible, e incluso perjudicial. ¿Alguien ha probado a intentar correr con una mochila de 50 ó 60 kilos colgada a la espalda, después de haberla llevado colgada durante todo el día, incluso mientras estaba durmiendo o comiendo? Pues que no lo pruebe, porque se posible que se acabe haciendo daño.

La sociedad rechaza más a las personas obesas que a las trans. Para las personas trans que son “visiblemente” trans, el insulto y la burla en la calle es demasiado habitual, incluso se podría decir que constante, pero también hay muchas personas y muchos lugares donde encontramos respeto y apoyo, o simplemente “normalidad”. Las personas obesas no sólo deben soportar la burla callejera y desde la televisión, constante, sino que, además, no existe ningún lugar donde puedan estar bien. Como mucho, lo máximo que van a encontrar será compasión. Personalmente, he sentido mucha más discriminación como obeso que como trans.

Por supuesto, las personas obesas no encuentran trabajo por cuenta ajena. Ni pareja. Ni una ropa. Si como persona trans me encuentro que vivo en un mundo diseñado para personas que no son trans, donde los lugares “para hombres” y “para mujeres” son exclusivos y perfectamente delimitados, y uno no sabe muy bien dónde ponerse, como persona obesa me encontraba en un mundo diseñado para “delgados”. Las sillas son estrechas, los aseos públicos, ridículamente pequeños, no se cabe en las butacas de los cines, ni en los columpios de los parques de atracciones (especialmente las montañas rusas y similares), y de las tallas de ropa, ni hablamos. Lo de la ropa, además, ha ido a peor, pues ahora muchas tiendas compran en mayoristas asiáticos, y las tallas son ridículamente pequeñas.

A los ojos del mundo, las personas trans podemos ser viciosos, desviados, caprichosos, lascivos… Los obesos somos golosos, perezosos, descuidados, indolentes, lentos y estúpidos. Cualquiera puede ver que nos hemos ganado a pulso el desprecio de la sociedad

Los tratamientos médicos pasan por fases similares: terapia psicológica, aunque la terapia no es excluyente en el caso de los obesos, ni siquiera se aplica en todos sitios. Yo, por ejemplo, sólo tuve una sesión. Para algunas personas, es un coñazo, y a otras les viene bien. Es una manera de llenar el tiempo que permaneces en lista de espera, no una manera de alargar la espera, que es lo que ocurre con las personas trans. También hay que acudir al endocrino, y por supuesto, al cirujano. De cualquier modo, las personas obesas, al contrario que las trans, llegamos al cirujano con bastante miedo y respeto. La cirugía no es nunca nuestra primera opción, ni nuestro mayor deseo, sino el último, lo que haces cuando ya no te queda más remedio, y sabes que te puedes morir en el quirófano, o quedarte con el aparato digestivo mal para siempre, pero te arriesgas porque la vida que llevas, no es vida.

Siempre me sorprende que las personas trans acudimos al cirujano con mucha más alegría y despreocupación, a pesar de que las operaciones que demandamos no son menos difíciles ni delicadas, ni mutilativas de lo son las cirugías bariátricas. Todavía no comprendo de donde viene esa diferencia.

Normalmente el uso de las instalaciones UTIG – obesidad mórbida es alterno. Es decir, trans y obesos no coincidimos en el mismo lugar. Sin embargo la última vez que estuve, sí nos encontramos. Juntos, pero no revueltos, viendo los otros a los otros (no los unos a los otros, porque ahí todos éramos los otros, los raros, observadores y observados) sin hablar entre nosotros.

Es una pena, porque tenemos muchas cosas que contarnos. Tenemos que hablar de discriminación social, pero también de que tu cuerpo te traicione constantemente, de nuestras experiencias con los espejos (las personas trans no solemos vernos en los espejos, y para los obesos toda superficie reflectante se convierte en un espejo que nos devuelve una imagen que no queremos ver), de los problemas para encontrar trabajo, de salir a la calle y sentir que todas las miradas se te clavan como dardos.

Seguramente las personas obesas podrían dar una lección de modestia a las trans, en el sentido de que los trans no somos ni los únicos ni los que más sufrimos por nuestros cuerpos y por la discriminación (aunque sean sufrimientos y discriminaciones distintas), y las personas trans podrían dar a las personas obesas una lección sobre como organizar la lucha por conseguir derechos y dignidad. Aprender como distintas situaciones pueden llevar al mismo lugar, y dejar de estar centrados en nuestros ombligos y hacernos un poco más amplios de miras para observar la vida con una perspectiva más amplia.

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Rescatadles.

A continuación, el texto que ha escrito una amiga. Hace unas semanas, cuando hablaba de las Jornadas Feministas Estatales, comenté que tenía ganas de empezar un nuevo proyecto. Para ello, no estoy solo, y espero que poco a poco vayamos siendo más.

Si alguien pudiese redifundir el anuncio, lo agradecería.

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La situación de Haití puede ilustrar la de otras personas que también necesitan rescate. También ellas están vivas, aunque en un agujero negro. También sobre ellas han caído determinados escombros, por errores humanos que a veces son tan inevitables como los hechos naturales. Pero en este caso, no gritan, no llaman. Están ahí sufriendo muchísimo, pero no se las detecta. Y su rescate sigue siendo humanamente posible.

Estamos empezando a hacer una convocatoria para quienes han visto denegada su solicitud de tratamiento médico en alguna unidad o por algún profesional, de manera que podamos formar un grupo de rescatados y rescatadas. En este caso, de buena fe desde luego, el peso de numerosos errores es lo que les ha caído encima.

Errores, también desde luego,  que no son achacables a las propias unidades sino a los supuestos que han seguido hasta ahora la Medicina y la Psicología al acercarse a las personas transexuales.

Sabiendo la fuerza del sentimiento transexual, de la necesidad de cambio, es fácil imaginar la angustia de quien, sintiéndolo, puede haberse visto con el paso cerrado a su forma de ser.

Más aún, cuando habiendo superado mil miedos y toda la represión cultural que tenemos interiorizada desde hace siglos, hemos creído llegar a buen puerto, a un medio amistoso, y nos encontramos con que es precisamente en él (y no de mala fe) donde se da un golpe dolorosísimo a nuestra esperanza.

No sabemos cuántos ni cuántas transexuales se han visto en esta situación, no sabemos cómo se les ha argumentado la denegación del servicio público, no sabemos cuáles son las razones que erróneamente se han utilizado, pero a la vista de los criterios que se usan en algunas unidades, nos tememos que quienes han sufrido esa dura prueba sean muchos y que no esté justificado objetivamente, de modo alguno, que se les haya cerrado la puerta.

¿Cómo ha salido de la unidad o de la consulta del profesional aquella persona que esperaba orientar por fin su vida?

¿Qué ha sentido al pasar por la sala de espera y ver a sus compañeras y compañeros con la sensación de que ya no los volverá a ver, que ha sido separada de su lado?

¿Cómo ha vuelto a su casa, a su oscuridad, al armario en el que podía encontrarse, después de haber intentado salir y ver que otras personas le niegan el derecho a hacerlo?

¿Cómo está siendo su vida? ¿Ha conseguido seguir adelante con la fuerza de la rebeldía o se ha sentido hundida y sin saber qué hacer a partir de ese momento?

¿Se ha hecho algún estudio de seguimiento de estas personas para reevaluar la denegación y sus consecuencias? Puede ser, aunque habrá sido difícil, porque una persona rechazada no vuelve con gusto a donde ha sufrido, por lo que me temo que, de hecho, no.

Los criterios que parece que hemos detectado en algunas unidades, por conversaciones con sus usuarios, son a veces profundamente erróneos y deberían ser objeto de una no menos profunda revisión.

Me pregunto si estos criterios, variables desde luego según las unidades, han podido ser los siguientes:

=Exclusión por enfermedad mental. ¿Ha habido personas que hayan sido simplemente excluidas al detectárseles unos síntomas psicopatológicos? ¿Se ha tenido en cuenta que en este caso, el criterio indicado es resolver primero la enfermedad mental y después atender a la demanda de la persona candidata? ¿Ha figurado en el protocolo una atención secundaria mientras durasen los cuidados psiquiátricos? ¿Se ha practicado el seguimiento lógico y necesario, en estas historias de vida más que en otras?

=Esquema binario del sistema sexogénero, que sólo ahora, es verdad, se empieza a comprender que es la causa cultural de muchos prejuicios ¿Pero se ha pensado que, si no se quiere ser hombre, hay que ser mujer, o viceversa? ¿Se ha pretendido que la persona candidata cumpla con unos modelos de masculinidad o feminidad muy definidos? ¿Se han usado tests de masculinidad-feminidad basados en criterios de los años cincuenta o sesenta que, simplemente, hoy ya no están vigentes?

=Esquema binario de la orientación sexual. ¿Se ha desconfiado de las personas que en su asignación de origen mostraban una orientación hacia el mismo género deseado? ¿Se ha supuesto o primado que, después de la reasignación, las relaciones preferidas fueran las de hombres con mujeres o mujeres con hombres?

=El llamado test de la vida real. ¿Se ha creído que esta llamada prueba es decisiva? ¿Se ha supuesto que la vida real admisible debería consistir en un ingreso en la vida convencional de mujer u hombre? ¿Se ha tenido en cuenta que la transición social es, con mucho, el paso más difícil, mucho más que la transición hormonal o quirúrgica, porque puede tener consecuencias demoledoras en lo familiar o lo laboral? ¿Se ha respetado el derecho de cada persona candidata a valorar por sí misma sus opciones prácticas o el ritmo de su transición? ¿Se ha insistido en poner esa prueba al principio, cuando la persona no está habituada a vivir de acuerdo con el nuevo género y cuando no ha experimentado cambios hormonales que le ayuden con su imagen? ¿No es ese intento, cuando sea posible hacerlo reversiblemente, una posible ayuda para la autoevaluación,  pero no la prueba irrenunciable que todas las personas candidatas deben pasar?

=Argumentos estéticos y éticos. ¿Se ha valorado a las personas candidatas por su apariencia o por la feminidad/masculinidad de sus gestos y, paternalistamente, por sus supuestas posibilidades de hacer el cambio social? ¿Se ha reconocido el derecho de cada cual a bregar por sí en la vida, aunque tenga que ser con mil dificultades?

En este aspecto, ¿se ha pensado que los modales, gestos, frases, interjecciones, pueden variar mucho de unos grupos sociales a otros, de manera que  evaluarlos como femeninos o no desde las propias referencias puede ser un rotundo error?

=Prioridad a teorías sobre la transexualidad, todas insuficientemente elaboradas todavía, más que a la práctica. ¿Se han seguido consideraciones sobre la “transexualidad primaria o secundaria”, sobre la “verdadera transexualidad” (¿es que hay una falsa? ¿O es una diferente?), sin tener en cuenta los profundos cambios, las transformaciones y autodescubrimientos en muchas de las evoluciones transexuales, el impacto teórico y práctico del binarismo de género?

=Atención  a las propuestas de la persona candidata. ¿Han sido tenidas en cuenta proposiciones como el cambio de sexo sin cambio de género, que pueden depender, o bien de una necesidad personal (no- binaria), o bien de dificultades objetivas e insuperables en los terrenos familiar o laboral? ¿O el cambio de sexo parcial, limitado a la eliminación de las gónadas, lo que también puede responder a una adaptación no-binaria o al simple realismo de quien sabe lo que puede esperar y lo que no, y sus costes en la práctica de la vida?

Constituir un grupo numeroso de personas transexuales rescatadas de esos posibles errores, o de otros que todavía no hemos visto, es pasar de la impotencia en soledad al compañerismo y la fuerza, vida y eficacia social. Además, es presentar ante la sociedad entera el variado cuadro de la realidad transexual, de la verdadera libertad de género.

No es formar una asociación, no lo somos ni queremos serlo. Es formar un grupo o una red, un contacto, una lista que libere del aislamiento y donde puedan ir surgiendo iniciativas en libertad, en la solidaridad trans.

Por eso es tan importante que se constituya este grupo, o esta red, que ya está funcionando porque algunos amigos y amigas nos hemos comprometido con esta cuestión. Sabemos que aquí puede renacer la esperanza y, sobre todo, que cada cual sea reconocido o reconocida tal como es, con los matices de su transexualidad.

Si estás implicado o implicada en esta temática, por favor, comenta en este mismo blog, para ponerte en contacto con personas como tú o que sienten fuertemente la necesidad de que se respeten nuestros derechos, o bien escribe a autonomiatrans@gmail.com

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Décima visita a la psicóloga: ¡Por fin el informe!

Pues sí, después de diez sesiones a lo largo de todo un año… ¡¡¡Me han dado el informe!!! ¡¡¡Por fin!!!

Este fin de semana estuvo en mi casa una amiga con la que lo pasé muy bien, hasta el punto de que casi se me olvida que el lunes tenía que ir a ver a la psicóloga. Ir a ver a Trinidad siempre me ha producido una cierta sensación de inquietud, aunque en esta ocasión estaba tan tranquilo que temía que al final se me iba a olvidar cuando tenía la cita. A esas alturas, aunque seguía deseando mucho que me diese el informe, lo cierto era que ya casi me daba igual ir a la consulta y hablar otra vez de las mismas cosas, y dar de nuevo vueltas sobre lo mismo, cuando para mí es evidente que el protocolo está mal diseñado y que nadie tiene que decirme si soy trans o no. Simplemente lo veía como un mero acto de trámite «coñazo» que ya me estaba empezando a aburrir en sobremanera. Tanto me empezaba a aburrir, que ya, al pensar en ello, ni siquiera me cabreaba.

Si a este aburrimiento le sumamos que este fin de semana ha sido realmente muy bueno, el resultado es que el lunes, cuando iba a Málaga, lo único que pensaba es que fuesen cuales fuesen las chorradas con que me viniese la psicóloga, me iban a dar igual. Estaba demasiado contento.

Cuando llegué a la sala de espera era un poco más tarde de lo habitual, y estaba abarrotada. Y a la enorme cantidad de gente que allí había (en realidad no cabíamos todos, y tuve que quedarme de pie en la puerta un rato) se le añadía que los dos patéticos fluorescentes que la iluminan se habían fundido, de modo que eso más que una sala de espera parecía una discoteca.

Esperé durante un par de horas, leyendo tranquilamente un libro que me había llevado para el caso, sin prestar atención a mi salud ocular. Observé a las otras personas que habían por allí, y que, por más que me moleste reconocerlo, siempre me desconciertan por la gran diversidad existente en la manifestación física y estética de la transexualidad.

Cuando entré en la consulta, lo primero que hizo la psicóloga fue llamar por teléfono para pedir que arreglasen los fluorescentes. Al parecer ya era la tercera vez que llamaba… Al hilo de esto le comenté la impresión que yo me había llevado de estar en una discoteca. En realidad la compadecí un poco. No creo que sea posible hacer bien el trabajo de psicóloga con tantos pacientes citados el mismo día, y eso no es culpa suya.

Sacó mi ficha del archivador, aunque me fijé que la había sacado de un archivador diferente al que la guardaba siempre. Desde hace bastante tiempo he pensado que, dada la cantidad de gente que tiene, y que no tiene ordenador, debía utilizar algún tipo de sistema para recordar a que pacientes iba a darles el informe en una sesión concreta. Por otra parte, tampoco quise hacerme demasiadas ilusiones, y… ¡Que narices! Estaba demasiado contento como para darle muchas vueltas a las cosas. Que guardase los expedientes donde más le gustase, que a mí me daba igual.

Me pidió que le hablase de mi experiencia con respecto a vivir en un género diferente.

– Todavía tengo que pasarte algunos tests más, pero me gustaría que me hablases de eso – añadió a continuación.

«A esta mujer no se le acaban los test», pensé para mí. Bueno, resignación y paciencia, ya se le acabarán en un momento u otro… Con lo contento que iba, la verdad es que la idea de que tuviese por delante un tiempo indeterminado de hacer tests me resbalaba. Joer, es que iba muy contento.

Empecé a contarle lo que ha sido más o menos el último año y pico, desde que empecé a escribir este blog. Le hablé del miedo que tenía al principio, de lo que me sorprendió que no pasara nada malo, de que tan sólo me habían puesto trabas mis padres y mi pareja, que había decidido que, puesto que el proceso hasta que me diese el informe era largo, tenía que empezar a vivir como quería, aunque fuese sin hormonas, que tengo nuevos amigos y mantengo a los viejos, y que, en general, aún siendo duro, y aún sin hormonas, estoy bien y soy más feliz que antes.

Mientras, ella me iba presentando objecciones, los puntos en los que mi experiencia era similar a la de otras personas trans, y en los que difería de lo habitual (que, en realidad, a mí me parece que tampoco es que difiera tanto de lo habitual, en ninguno de esos puntos). Yo iba respondiendo, «defendiendome» un poco, y, en general, como dice Aniel, con la sensación de estar jugando una partida de poker. Hasta estábamos poniendo cara de poker los dos.

Y, de repente, a continuación de una de las objecciones, y sin dejarme opción a respuesta, va y me dice «te voy a dar paso a la hormonación». Me quedé tan sorprendido que ni siquiera reaccioné. Creo que a lo único que llegué fue a decirle: «vaya, que bien», o algo así.

Los motivos por los que me ha dado el informe son los cambios que he hecho en este último año. Dice que soy muy diferente a como era la primera vez que fui a la consulta. Eso es cierto, sobretodo porque en aquel momento estaba totalmente desubicado y sin saber para donde tirar, y ahora al menos tengo planes que puedo llevar a cabo. O porque ya no me muero de miedo cuando me presento a alguien, y sé qué nombre decir, a que servicio entrar, y puedo buscar ropa en la sección de caballeros sin pasar vergüenza.

En realidad, no soy una persona diferente. Simplemente he cambiado de hábitos y he aprendido a vivir de otra forma… aunque aún tenga dudas en muchos campos.

Sea como sea, al parecer la cuestión es que, si sobre el papel hay dudas sobre si para mí es mejor vivir como hombre o como mujer, la experiencia indica que, en principio lo mejor es que viva como hombre. O sea, como quiero.

Ya tiene cojones que tenga que venir alguien a decir que lo mejor para mí es vivir como quiero. En otras circunstancias, me cabrearía sólo de pensarlo pero… si el lunes antes de entrar en la consulta ya estaba demasiado contento como para eso, ahora estoy que me salgo de la tabla.

Lo primero que hice cuando salí de la consulta fue empezar a llamar a gente para contárselo. Mi madre se quedó muy sorprendida, porque estaba convencida de que no me lo iban a dar, aunque por otra parte, acepta el diagnóstico de la psicóloga, y si ella opina que es lo mejor… será que es lo mejor. Eso me ha dicho mi madre… espero que sea verdad y que confía en el criterio de Trinidad tanto como dice confiar, al menos así este añito de visitas habrá tenido la utilidad de dar tranquilidad a mi familia, y yo lo daré por bien empleado, dentro de lo que cabe.

Dos amigos se echaron a reir en cuanto se lo conté. Muy pocas veces he visto (escuchado, recordemos que eran conversaciones telefónicas) a alguien reir con alegría por una noticia, y cuando pasa es… una de las pocas cosas que en ese momento podían aumentar el alto grado de felicidad que ya tenía. El resto de amigos, familia, etc a los que se lo he ido contando también se han alegrado muchísimo, y yo que me alegro de ello.

El segundo paso fue ir a la endocrina. Ahí he tenido una pequeña pega, y es que los lunes no pasan consulta para la UTIG, así que sabía que no me iban a atender. Quedaba la opción de volver al día siguiente, a ver si había suerte y me cogían en un hueco, aunque también podía haber mala suerte y que me dijesen que no era posible y me volviese por donde había venido. Otra opción era pedir cita, que es lo que hice. Lo malo es que, si la psicóloga está saturada, la endocrina no anda mucho mejor (el mes pasado cuando estuve había una multitud de pacientes en la sala de espera), y lo más pronto que podía darme cita era para el 22 de diciembre. ¡Pero yo ese día me voy de viaje a ver a la familia! Y lo primero es lo primero. Así que el próximo hueco que me han podido encontrar, y por muy buenos apaños (lo juro, he visto la agenda) es para el 26 de enero.

Reconozco que si había algo en ese momento que podía disgustarme, era exactamente eso, que ya que he conseguido el informe tuviese que seguir esperando. Pero el disgusto me duró alrededor de media hora, porque aunque ahora mes y medio me parece una enormidad, en realidad no es nada, y con el paso de los años, ese lapso de tiempo quedará diluido en el olvido. Entonces ¿por qué hacerse la mala sangre con ello? Además, después he comentado el tema con Astrid, que me ha hecho ver que en realidad no me va a venir mal esta espera. Para empezar, podré pasar la navidad tranquilo con mi familia, sin peligro de que tenga cambios de humor raros o sabe Dios que otro tipo de reacciones por culpa de meterme en el cuerpo hormonas nuevas. También doy tiempo a mis padres a que se hagan a la idea. Y, si apruebo el primer exámen de la oposición, podré centrarme únicamente en preparar el segundo, que será antes de la cita con la endocrina. Vale, reconozco que preferiría no tener que esperar todo ese tiempo, pero al fin y al cabo, también tiene sus ventajas.

Bah, en realidad estoy demasiado contento como para disgustarme por esperar un poco más. De hecho estoy tan contento que casi no me lo creo… Y qué peso me he quitado de encima… Se acabó apostarme el futuro en partidas de poker. Empezaba a pensar que no iba a llegar el día.

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Novena visita a la psicóloga y segunda a la endocrina.

Ya hace tanto tiempo que he tenido que mirar el cartoncito donde me apunta las citas para contar cuantas citas llevo ya con la psicóloga. Nueve citas, once meses… que largo se hace, y todavía no hemos terminado.

Esta vez, tocaba visita doble: endocrina + psicóloga. Tenía hora con la endocrina a las 9:30, y llegué a esa hora en punto. Sin embargo, por determinadas circunstancias que no vienen al caso, terminaron cogiéndome a las 11:30. Dos horitas esperando… En fin, esto es la seguridad social.

Yo no sabía muy bien a qué iba a la endocrina, aunque suponía que era para recoger los resultados de las pruebas, que me dijese que estoy muy bueno, y que volviera cuando tuviese el informe. No iba muy desencaminado, aunque, además de eso, me echó la bronca por no estar llendo a otro endocrino a hacerme revisiones de otro asunto médico, y me hizo una revisión física completa, incluyendo… ehm… exploraciones que requirieron que me quitase toda la ropa. Y cuando digo toda, me refiero hasta a los calzoncillos.

Por suerte a mí no me da vergüenza ninguna desnudarme, ni siquiera que me toquen, así que no lo llevé muy mal. Pero para el que se esté pregutando qué te hacen en la segunda visita a la endocrina… ya lo sabe. Que se vaya preparando.

Luego, lo de siempre. Coger el coche e ir al otro hospital, que no está ni cerca, a ver a la Psicóloga. Al menos, aparcar cerca del Carlos Haya es muy fácil.

Una vez en la consulta, otra horita de esperar a que me tocase. Cuando entré en la consulta, ya eran las 12:45 de la mañana.

Lo cierto es que esta vez no tenía ni idea de qué íbamos a hacer, y tengo que reconocer que me quedé un poco fuera de juego. Yo que pensaba que ya se habían terminado los tests para mí… pues no, ese día tocaba test. Concretamente se trataba de uno en el que se me preguntaba sobre las edades en que aparecieron o se consolidaron ciertos comportamientos. Yo sobre qué es lo que se espera o no se espera en ese campo, no tenía ni idea, así que… bueno, hice lo de siempre, responder con sinceridad y cruzar los dedos a ver si las respuestas sirven para encajarme dentro del dichoso modelo de comportamiento establecido para las personas transexuales de mi edad.

No hace falta que vuelva a decir que me parece ridículo que se considere que todos tenemos que ser iguales…

Cuando terminó de pasarme el test, en lugar de despacharme hasta la próxima vez, Trinidad me pregunta qué me ha parecido. Yo le respondo que el test me ha resultado muy difícil de responder porque las preguntas son «de hilar muy fino», referidas a cosas que han ocurrido muy gradualmente, y que te pedían que concretases mucho.

– No, me refiero a qué opinas de todo esto en general – dijo Trinidad cuando terminé de hablar.

Tengo que decir, antes de continuar, que la penúltima vez que fui a ver a la psicóloga, me quedé con la mosca tras la oreja. Por un momento me pareció que había leido mi blog y que sabía quien era yo, pero me parecía improbable y hasta paranoico. Claro, como si ella no tuviese otra cosa que hacer que leer las cosas que a mí se me ocurren, y, además, yo fuese tan importante como para que me recordase entre todos sus pacientes.

Cuando Trinidad me preguntó eso, me asusté un poco. ¿Donde quería llegar? No es que sea el tipo de persona que habla por charlar un rato, o al menos, no lo es durante sus consultas.

Decidí continuar siendo prudente, aunque sincero, de modo que le respondí que no estaba de acuerdo con como se hacían las cosas. Claro, ella quiso saber por qué, y yo traté de ser todo lo prudente y diplomático posible, sin entrar en terrenos de los que luego no pudiese salir. En estos casos lo que mejor funciona es pecar de modesto. En realidad, no mostrar a los demás las cosas que sabes suele ser una buena idea, así les resulta más difícil pillarte.

– Bueno… Yo de estas cosas no sé, porque no he estudiad… – empecé a decir.

– De esto sí que sabes.

Mierda. Leñes. Me ha pillado. Joer… Bueno, esa táctica ya no servía, así que ya solo me quedaba la diplomacia pura y dura, que no es precisamente mi especialidad. Sin embargo, para mi sorpresa, después de que yo hablara, cuando ella me respondía, lo hacía como si hubiese dicho en voz alta ciertas cosas que en realidad no había dicho, pero que sí estaba pensando.

Ante esto, tan solo hay tres explicaciones. O Trinidad sabe leer la mente a la gente, o los test esos son demasiado buenos, o ella lee el blog y sabe quién soy. Y la más plausible de las tres es la última. No puedo estar 100% seguro pero… En fin, Trinidad, si estás leyendo esto, un saludo.

¿Debería preocuparme por ello? Yo creo que no. Para empezar, muy poca profesionalidad demostraría si se dejase llevar por las opiniones personales que le puedan suscitar una serie de documentos que yo no le he entregado, y que se han hecho fuera de la consulta. Como no tengo la impresión de que sea poco profesional, sino de que es estrictamente profesional, eso no debería quitarme el sueño.

Al contrario, que una persona utilice su tiempo libre para buscar información, y siga algo escrito por alguien no profesional, sin autoridad ninguna, y lo tenga en cuenta, e incluso logre identificar a autor entre la multitud de pacientes que tiene, me parece extraordinario. Demuestra interés por su profesión, interés por los pacientes, e incluso que lo que escribo a lo mejor es hasta interesante.

Un amigo mío dice que de hecho, si en efecto Trinidad leyese por aquí, no sólo no es malo, sino que le parece perfecto, puesto que demuestro un lado humano frente al estudio sistemático realizado por los profesionales.

Finalmente tengo que decir que no fui el único que expresó sus puntos de vista y sus opiniones en la consulta. Ella también me habló, y lo hizo con una sinceridad y una confianza que me dejaron atónito. Hasta llegó a decirme cosas que desde el punto de vista de su posición como funcionaria pública no debería haber dicho. Ha pasado una semana, y por más que pienso en ello, no dejo de sorprenderme.

También me dijo que no tiene claro que yo sea transexual, que tiene una duda razonable sobre mí… aunque de eso voy escribir en la próxima entrada.

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