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En respuesta a Xomorro

Hace unos días, Xomorro dejó un comentario en el que hacía diversas preguntas. Como la respuesta ha sido bastante larga, y creo que además puede interesar a otras personas, he pensado hacer una entrada con ella. Podéis ver la pregunta aquí. A continuación, la respuesta.

Kaixo Xomorro!

Lo primero es que no sé con qué género dirigirme a ti, ya que a veces usas la x, otras el femenino, y me ha parecido ver que en algún lugar usabas el masculino, así que a falta de que me digas lo que prefieres (si es que prefieres algo), voy a usar la x, aunque tengo ciertas reservas hacia esta forma «agenérica» porque en la comunicación verbal no sirve… lo cual nos indica que está ideada sólo par ser utilizada en ambientes académicos o virtuales, en los que la comunicación es predominantentemente escrita.

Planteas un montón de preguntas, algunas claramente, y otras de manera «tangencial», a ver si puedo abarcarlo todo.

Cuando le dije a mi hermana que soy trans, yo no entendía muy bien qué era lo que me pasaba, o por qué sé que soy un hombre, o por qué lo estaba pasando tan mal. Mi hermana me lo explicó en unas pocas frases «tantos años aguantando que la gente te trate de una forma que no te gusta, y sin poder decir nada», o algo así fue lo que me dijo. Porque a mí lo que realmente me gusta es que me traten como a un hombre. Luego habrá cosas puntuales que me molesten, pero como a todo el mundo…

Nunca he pedido a nadie que me entienda, sólo que me trate bien, esto es, que me trate como yo deseo. Es cierto que me da pena que muchxs de mis amigxs más antiguxs, por más que se esfuerzan no pueden dejar de ver principalmente a la mujer que también hay en mí, mientras que mi parte masculina les resulta más difícil de asumir. Sin embargo lo intentan, y con eso ya es bastante.

No tienes por qué entender a las personas transexuales. Si no lo haces, no pasará nada. Lo que sí tienes que hacer es no cuestionar la legitimidad de sus sentimientos o de su identidad (no estoy diciendo que en la actualidad lo estés haciendo).

Ahora bien, comentas que te gustaría empatizar con esa experiencia y preguntas qué es ser mujer u hombre, cómo se define… Lo curioso es que la gran mayoría de la población se define y se siente mujer u hombre, sean o no sea trans. Sin embargo, a una mujer cis nadie le pregunta por qué sabe que es una mujer, por que se siente mujer, y por qué es feliz siendo mujer. Simplemente «son» mujeres y se asume que eso es algo «natural».

Ser mujer u hombre, desde luego, no viene definido por cosas externas como la ropa o las aficiones, pero sí es verdad que la feminidad o masculinidad de una persona puede ayudarle a demostrarse a si mismx que pertenece a ese sexogénero. «Soy mujer, porque soy femenina» – «Soy hombre, porque soy masculino». En mi opinión, medir la propia identidad con el rasero de la propia masculinidad o feminidad es totalmente legítimo, aceptable, y una forma de hacerlo tan buena como otra cualquiera.

Otras personas utilizan como indicador su biología. Soy mujer/hombre por mis genitales, lo que lleva a algunas personas trans a operarse, aunque no todas las que se operan lo hacen por ese motivo, algunas lo hacen porque no soportan su cuerpo tal y como es, y esperan que será más soportable si lo reconstruyen. Es la forma de pensar más extendida, la mayoría de la gente cree ser mujer u hombre porque tienen vagina o pene. Para que te des cuenta de hasta que punto este pensamiento está extendido, a las operaciones de reconstrucción genital se las llama comunmente «operaciones de cambio de sexo», «cirugía de reasignación de sexo», o «cirugía de reasignación de género», incluso, y especialmente, entre médicos, cirujanos y psicólogos especializados en el tratamiento de la transexualidad. De un tiempo a esta parte (y confío en que yo he contribuido bastante a ello) estoy empezando a escuchar cada vez más la expresión «cirugía de reconstrucción genital».

Otros indicadores de la biología que se usan para demostrarse a unx mismx su pertenencia a un sexogénero concreto son los cromosomas (ver comentario de Alexander). Hay gente que se basa en que el cerebro es «sexuado», es decir, que el cerebro de mujeres y hombres es distinto, y que son hombres o mujeres porque su cerebro es de hombre o de mujer. También hay personas que se basan en la morfología de su cuerpo (por ejemplo, mujeres con cromosomas XY y resistencia a la testosterona, que son externamente femeninas), y, como no, quienes se basan en que en su cuerpo existen o existieron gónadas de uno de los dos sexos oficialmente reconocidos (que no únicos). Esto de las gónadas es tan importante, que es el argumento que habitualmente usa la Iglesia Católica y sus afines para «demostrar» que las personas transexuales no podemos pertenecer realmente a otro sexo que no sea el «de nacimiento», puesto que no es posible que nuestros cuerpos alberguen gónadas del sexo «de llegada». En fin, cualquiera de estas ideas es tan buena como cualquier otra a la hora de explicarse a unx mismx. El problema es cuando se pretende usarlas como baremo para medir al otrx. Es decir, si yo baso mi «hombría» en que mi comportamiento es masculino, y exijo que cualquiera tenga un comportamiento igualmente masculino para considerarlo hombre, lo estoy haciendo mal. Si yo baso mi «hombría» en la necesidad de adquirir caracteres sexuales primarios o secundarios, y exijo que cualquier otra persona acomode sus propios caracteres sexuales para admitirla como hombre, también lo estaría haciendo haciendo mal.

¿Y cual es mi posición al respecto? Mi posición es muy simple: el origen de la transexualidad es la heterosexualidad. Buscamos respuestas para tratar de comprender la «experiencia transexual», porque pensamos que lo «normal» es ser heterosexual, lo cual incluye, de paso, no ser transexual. De modo que al final la respuesta te la diste tú en tu propia pregunta: la identidad no se explica, se vive. La identidad es, y es por influencia de todo. No necesito saber qué ha influido en mí para que me considere un hombre, o mayormente un hombre (no siempre me considero un hombre), y para que NECESITE muy intensamente modificar mi cuerpo. No necesito saber qué es lo que está mal en mí para que yo no sea una persona normal.

Pasando a la segunda parte de tu comentario, me hablas de que estás distanciándote de un amigo, y de que no ves con buenos ojos a las otras personas trans «por ideología». Allí en el País Vasco, al igual que en Cataluña, tenéis un reducto de transexuales conservadorxs que se empeñan en establecer una normativización estricta, medible y pesable de qué y cómo tiene que ser una persona trans para ser aceptable. Básicamente la idea es muy sencilla: para ser aceptable, la persona trans tiene que adaptarse a un modelo. Ese modelo son ellxs mismxs. Bien por ellos. Debe ser un subidón para la autoestima creerse tan perfecto que puedes convertirte en el centro y modelo del universo. Seguro que nunca necesitarán tomar antidepresivos, hacer meditación, o practicar deporte para levantarse el ánimo. Debe bastarles con pensar «soy el ser que sirve de referencia y modelo para el resto de la humanidad» y les dará un subidón de la hostia.

En Cataluña y en el País Vasco tenéis otra cosa en común: hay mucha gente que cuando se encuentra con alguien a quien no puede convencer, o contra la que no puede argumentar, en lugar de respetarla, o retirarse hasta que se le ocurra un argumento mejor, simplemente caen en la descalificación. Da igual que te digan «facha» o «transfóbica». Es descalificación. Hace poco, Mauro Cabral reflexionaba sobre todas esas personas que usan alegremente la palabra «transfóbico» para (des)calificar a otrxs, y que, sin embargo, no cesan de repetir, enérgicamente, que ellxs no son trans. De ninguna manera. Puede que quepa dudas sobre otras cosas, pero lo que no son en ningún modo, es trans. ¿No será, más bien, que lxs transfóbicxs son ellxs? Lo mejor, en mi experiencia, es no hacerles mucho caso y mantenerse apartadx de ellxs. Si tu amigx se deja convencer, supongo que ya es mayorcito para saber lo que hace. Es triste ver como un amigx se aleja, pero a veces la vida es triste.

Por lo demás, creo que sí hay muchas actitudes y expresiones de las personas trans(exuales) que pueden ser ofensivas para alguien en tu situación (¿ves? porque existen personas como tú «cis-anormales» me resisto a usar la expresión «cisexual», que contiene una cierta carga de «estar feliz con el sexo asignado al nacer», que no siempre es cierta. Es como decir que están lxs guays, lxs que transitan, y lxs conformistas medio lelxs, que se quedan como están). Por una parte está lo que comentaba antes de pretender imponer a otrxs el baremo personal e íntimo que uso para mí. Por otra parte, hay una cuestión muy importante: cuando la identidad se convierte en política.

Porque la identidad propia es algo muy íntimo, aparentemente personalísimo, que no afecta o no debería afectar a terceras personas. La realidad es que sí lo hace. Nuestro juego con respecto a quienes nos rodean cambia por completo en función del género dentro del que se nos percibe. Las personas ambiguas, que no sabemos en qué género situar, generalmente nos causan inquietud, incluso a mí. De modo que algo que es, en principio, intimísimo, se convierte al mismo tiempo en una cuestión política, que, además, en este momento está también politizada. Muchas personas transexuales conservadoras (no clásicas, no. Conservadoras) acusan a aquellas personas que no os sentís bien dentro de la categoría de hombre o de mujer de utilizar la identidad como un arma ideológica para hacer política. Como un medio de provocación social. No como una auténtica identidad, sino como un atuendo del que un día os despojaréis, como quien pertenece a una tribu urbana durante la adolescencia, y luego deja de pertenecer a ella.

Te digo lo mismo que antes: aléjate. No vas a conseguir convencerles de nada. No vas a conseguir que te respeten. Sólo vas a sacar disgustos, acusaciones, puede que insultos, e incluso peleas. Si a tus amigxs les va ese rollo, entonces quizá no sean como creías que eran. Una persona que le va el rollo de creerse mejor que otrxs, de erigirse como modelo, de portar ideas y opiniones en todo mesiánico, despreciando a quienes no comulgan con sus ideas… no es una persona a la que merezca la pena dedicar mucho tiempo. Sí, creerte mejor que otrxs, pensar que formas parte de una élite elegida, es muy alagador y agradable, pero hay otras formas constructivas de sentirse bien, y la gran mayoría de la población las conoce.

Es una pena. No es fácil despedirse o poner distancia con las personas a las que quieres o has querido, pero si van por ese camino, no es conveniente que las siguas. Intenta razonar con ellas, pero si ves que no… pues entonces dedica tu esfuerzo a otras cosas, y pon tus afectos en quienes lo merezcan.

Muchas gracias por leer y por tus comentarios, y cualquier otra pregunta que tengas, no te cortes en hacerla.

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El paraguas se ha roto.

En los paises angloparlantes se suele utilizar la palabra «transgender» como término paraguas para referirse a aquellas personas que no se sienten conformes con el sexogénero que se les asignó al nacer. Es decir, englobaría a transexuales, transgénero, travestis, crosdresser, drags – queen o king -, genderqueer, y algun*s intersex.

En España se intentó, y se sigue intentando utilizar el término trans, puesto que «transgénero» tiene la connotación de «cambio de género sin hormonación ni cirugías». Sin embargo la palabra trans no consigue convertirse en un denominador común, y eso que transgénero, transexual y travesti tienen ese sufijo común. También he visto que últimamente se ha empezado a escribir trans* (es decir «transloquesea»), pero no hay modo.

Curiosamente, parece que en los EE.UU. ese término paraguas, «transgender» está empezando a no servir. Algunas (y uso el femenino, porque normalmente son mujeres) transexuales se sienten ofendidas si alguien se refiere a ellas como transgénero. En España ocurre lo mismo con algunas transexuales, que se sienten ofendidas si alguien se refiere a ellas como trans (aunque, paradójicamente, en otras ocasiones ellas mismas usan la palabra «trans» como lema, y corean muy contentas el lema «aquí está la resistencia trans»).

De algún modo los términos paraguas se han ido llenando, de cara a las transexuales «clásicas» (o, más bien, conservadoras), de un matiz de «falsedad». Es decir, están las «verdaderas transexuales», y luego están l*s trans, que son gente que están jugando a no se sabe muy bien qué. Mientras que las transexuales son presa de un profundo sentimiento auténtico, de una feminidad absolutamente genuina, incontestable, sin matices, y, sobretodo y muy importante, natural… l*s trans sólo pretenden provocar y hacer política de cara a la galería. Ni sufren, ni padecen, porque no son auténticas mujeres u hombres, sino un grupito de alborotador*s que un día se cansarán, se quitarán la máscara, se buscarán un trabajo de verdad, formarán una familia, crecerán y se olvidarán de todo.

De este modo, las transexuales conservadoras terminan repitiéndo los más rancios discursos médicos y religiosos esgrimidos por los colectivos homotrasfóbicos. Esto es que cualquier otra manifestación o identidad de género que no sea la auténticamente transexual, no es natural y no merece, por tanto, ser atendida, escuchada, o reconocida. Ellas establecen también los parámetros de qué es natural y qué es una postura política. Casualmente esos parámetros coinciden con sus propias experiencias y necesidades. Generalmente:

1. Que se hayan sometido a una cirugía de reasignación de género, o

2. que deseen someterse a una cirugía de reasignación de género y todavía no haya sido posible hacerlo, o

3. que se estén sometiendo a algún tipo de terapia hormonal, o

4. que dessen someterse en el futuro a algún tipo de terapia hormonal, y

5. que sean indudablemente mujeres u hombres como otros cualquiera.

El quinto requisito es indispensable, pero por si sólo no sirve, sino que debe estar combinado con uno de los otros cuatro. Por cierto, que el orden en que los he escrito no es casual. Quien tiene el requisito 1 está por encima de quien tiene el requisito 2, y así sucesivamente, pero todas las personas que cumplen uno de estos requisitos son auténticas transexuales «naturales». La naturaleza las ha hecho así, de modo que son buenas (y ellos, cuando los hay, son buenos). Los que no cumplimos estos requisitos, no somos «naturales». Actuamos por capricho, y no por un imperativo natural que nos causa sufrimiento, tratamos de usurpar todo el trabajo que han hecho ellas antes de que nosotros apareciésemos, y somos malos.

La diferenciación natural – innatural aparece con la misma fuerza con que aparece en el discurso homófobo. Las palabras que usan son tan parecidas que dan miedo.

Entiendo que es la inseguridad la que les hace hablar de esta forma. Después de mucho tiempo luchando por ser reconocidas como auténticas mujeres, cuando por fin se empieza a conseguir, aparece un grupo de personas diciendo que son trans, y que no se consideran ni hombres, ni mujeres. Eso a ellas les da muchísimo miedo, porque temen que, de golpe, se desmonte todo lo que han logrado, y vuelvan a la etapa inicial. Creo que, en algunas ocasiones, esta necesidad nace de ellas mismas. Llevan tanto tiempo intentando legitimarse como auténticas mujeres ante sus propios ojos… que no pueden permitir que alguien vuelva a hacerla dudar ni un sólo instante.

A mi modo de ver, las diferencias que tenemos son muchas menos, y menos importantes, que las similitudes. Lo siento por ellas, pero en realidad ni siquiera sus propios aliados creen que sean mujeres de verdad. El otro día escuché a una persona no trans, pero muy implicada en el movimiento trans, con completa buena fe y convicción, decir «parece mentira que Fulano diga tal cosa, cuando a su lado tiene a una persona que no es del sexo que parece» (refiriéndose a una transexual clásica, de la que es amigo).

Tenemos los mismos problemas de reconocimiento de la identidad de género, y más problemas a nivel médico y legal que ellas. La solución de los problemas trans, facilitaría enormemente la vida de las transexuales. Creo que lo lógico sería que tod*s hiciésemos por entendernos y por buscar un término paraguas que nos englobe, con nuestras diferencias.

Sin embargo, esto cada vez parece más difícil, y yo cada vez estoy más convencido de que tal vez deberíamos hacer lo que nos piden. Dejarlas en su lucha, no buscar más su apoyo e incluso tratar de desmarcarnos por completo, para que a nadie le quepa duda de que somos completamente diferentes a ellas, porque puede que lleven razón, y seamos completamente diferentes a ellas. Claro que sospecho que acabaría llegando un día en que ya nadie quisiese ser reconocid* como transexual y constreñido dentro de esa terrible camisa de fuerza que se empeñan en autoimponerse. Tengo ganas de que llegue el futuro para ver cómo será.

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