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Seguir buscándose la vida.

¡Por fin he terminado los exámenes de junio! Ahora ya puedo empezar a preparar los exámenes de septiembre. Más allá de leyes, días de, protestas, manifiestos y cuestiones diversas, la rutina sigue y hay que buscarse la vida en estos tiempos en que las cosas son cada vez más difíciles.

Estoy bastante contento con cómo me van saliendo las cosas con el Grado de Derecho en la UNED. Creo que ya he comentado lo diferente que es estudiar con 30 años de estudiar con 20. La diferencia entre no tener experiencia y tenerla, estudiar porque es tu obligación y estudiar porque quieres, estudiar algo que pensabas que te podía gustar y algo que realmente tenías muchas ganas de aprender. Lo que más me molesta es que cuanto más aprendo, más me doy cuenta de lo poco que sé.

Los exámenes de febrero me salieron muy bien. Saqué un notable en los dos que hice, y me dejé uno a caso hecho para septiembre, en parte porque cogí un gripazo de los de 40º de fiebre (seguramente la gripe A, que aun no la había pasado), y en parte porque pensé que era mejor esperar a septiembre, estudiar un poco más, y sacar más nota. Ahora me alegro, porque durante el segundo cuatrimestre he aprendido algunas cosas que me van a ir bien para reforzar esa asignatura. Los exámenes de junio creo que me han ido también bien, aunque sobre uno de los dos tengo serias dudas… Habrá que esperar las notas.

Entre tanto, he estado buscando trabajo. Como siempre. En España no hay. ¿Cómo voy a conseguir trabajo si el paro, en vez de disminuir, aumenta? Mientras cinco millones de españoles estamos en paro, los bancos, las grandes empresas y sus altos directivos obtienen beneficios multimillonarios proveninentes de la especulación financiera (un casino en el que si sale rojo ganan ellos, y si salen negro, perdemos nosotros, porque sus pérdidas las paga el Estado, o sea, tú y yo), y de la explotación laboral de sus trabajadores. La solución, según Rajoy (nuestro, al parecer, futuro presidente del Gobierno) pasa porque trabajemos más y cobremos menos. En mi caso, lo de trabajar más es fácil, porque no trabajo nada, pero lo de cobrar menos, lo veo jodido. Como no ponga dinero de mi bolsillo… cosa que mi madre, por ejemplo, todavía tendrá la oportunidad de hacer, puesto que tiene un negocio, y paga unos impuestos que no siempre están relacionados con sus niveles de beneficios. ¿Y porqué hace falta que hagamos eso? Porque todo el dinero que antes estaba en nuestros bolsillos ahora está en los bolsillos de los grandes directivos empresariales (Emilio Botín – Banco Santander Central Hispano, Timofónica aka Vomistar). Se lo ha dado Zapatero, nuestro actual presidente del Gobierno. Así nos van las cosas.

Entre tanto, los «artistas» y la ministra Sinde insisten en llamarnos piratas y ladrones, y en exigir que paguemos por las series, películas, música y libros que consumimos. A mí me parece muy bien, hace siglos que no voy al cine y me gustaría volver por allí un día de estos. Señora Sinde ¿aceptan billetes de Monopoly? ¿No? Pues ya me dirá usted como espera que pague, si mi último día de trabajo fue el 6 de agosto de 2010, y desde entonces no he vuelto a ver ni un eurito más.

He empezado a buscar trabajo en el extranjero. Paco «el vienés» me ha hecho el favor de traducirme el currículum al alemán, porque mi alemán está más oxidado que una bisagra de hierro después del Diluvio (aunque hoy he leido un texto bastante complejo y he sido capaz de enterarme más o menos de lo que ponía ^_^), y yo mismo me lo he escrito en inglés. Lo malo es que buscar trabajo en el extranjero desde tu propio país es bastante jodido.

De momento, como fruto de mi búsqueda de trabajo en España, Alemania y Reino Unido llevo varios intentos de timo. Hay que ver como está el patio. A parte de la ya conocida modalidad «secta comercial», donde hace mucho que no pico porque ya los huelo de lejos. Me he encontrado con el que se ofrece a hacer de intermediario por un módico precio, y me asegura que me ha encontrado un trabajo guay, con la academia que pone un anuncio falso, cuando en realidad lo que quieren es que vayas a hacer una «entrevista» para que, una vez allí, te digan «no, el puesto de trabajo no existe, pero si quiere le podemos ofrecer un curso para superar entrevistas de trabajo». También me he encontrado con el más peligroso de todos: el que te ofrece un trabajo como «asistente» intermediario, reenviando dinero u objetos, y que te convierte en cómplice de alguna mafia (generalmente de paises de europa del Este). Aunque realmente no hay ningún timo laboral que no conlleve un gran riesgo.

La enorme proliferación de todas estas actividades es un muestra de lo desatendido que está el mercado laboral. No existe ningún control sobre las actividades que en él se realizan, y que van desde empresarios saltándose a la torera los contratos, los convenios laborales, e incluso las leyes, hasta lo que he escrito en el párrafo de arriba.

Al menos hay una buena noticia y es que, después de dos años de sequía opositora, el Ayuntamiento de Madrid ha convocado muchísimas plazas de Auxiliar Administrativo (siempre que hay elecciones, hay oposiciones). Suerte que me avisó una amiga, pues de lo contrario no me habría enterado… Y mientras repaso temas, o preparo los temas que no coinciden con los de mi oposición (que era del Estado) me he dado cuenta de que estoy muy por encima del nivel que tenía cuando las preparaba la última vez. Ahora se más cosas y entiendo mejor el contenido de los apuntes, que sólo es una versión simplificada de lo que he estado estudiando a lo largo de todo este año en la UNED.

La otra buena noticia es que las cosas están tan jodidas que ya es difícil que empeoren. Siempre se puede ir a peor, claro, pero empieza a ser difícil.

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Me he reenganchado a la uni.

No se si he comentado ya que este año me he reenganchado en la universidad para estudiar el Grado de Derecho. Quería haberlo hecho el año pasado, pero, por una parte tenía todavía pendiente la oposición, y, por otra parte, el plan Bolonia todavía no se estaba aplicando a Derecho en la UNED, lo que significaba que si no aprobaba todos los cursos completos, tendría que terminar pasándome de la Licenciatura al Grado, con todo lo que ello conlleva de posibilidad de tener que repetir asignaturas que han cambiado de nombre, y ligeramente de programa, y ya no son convalidables. Pensé que era mejor esperar.

Este año sigo con la oposición a cuesta, pero no  creo que se vayan a convocar plazas. Aunque todos los años hay convocatoria para Auxiliares Administrativos del Estado, en 2010 no la hubo (en su lugar, alargaron los plazos de la convocatoria de 2009, para hacer un 2×1, y que pareciese que en 2010 se habían convocado plazas), y mi apuesta es que en 2011 no habrá convocatoria, para reservar plazas y convocarlas todas de golpe en 2012, ya que siempre que hay elecciones salen más plazas. También podría ser que, puesto que este año hay elecciones autonómicas en varias comunidades autónomas, se saque una convocatoria «de mentirijillas» y, al igual que en la ocasión anterior, se alargue muuuucho, para que parezca que la convocatoria se hizo en realidad en 2012. Sea como sea, yo sospecho que en junio de 2011 no habrá examen, sino que, como muy pronto, será en el último trimestre de 2011, o en el primero de 2012.

Total, que entre unas cosas y otras, no puedo dejar de preparar la oposición, pero tampoco creo que sea bueno dedicarme a un estudio intensivo, sino que estratégicamente es mejor reservar energías para más adelante. Y, además, una gran parte de la materia es de derecho constitucional, que, mira tú por donde, también es materia en las asignaturas que he elegido este año.

Como la matrícula del curso completo era muy cara (¡Unos 750€! ¿Cómo puede costar una matrícula de la universidad pública el equivalente a un mes de salario medio? Porque aquí, en Andalucía, los «mileuristas» son gente que está muy bien pagada), y las becas no se las dan a los estudiantes, sino a sus padres, decidí matricularme sólo de medio curso. ¡Menos mal! Hoy justo llevamos un mes de curso y ya voy con retraso…

Cuando era estudiante (por primera vez), bueno… no iba mucho a clase, ni estudiaba demasiado, para ser sincero. Sí jugaba mucho a las cartas con mi compañera de piso, y salía a tomar café con los amigos, pero estudiar, lo que se dice estudiar… en enero-febrero, mayo-junio y agosto-septiembre. La dura vida del universitario, le llaman a eso. Y aprobaba. Claro que también es cierto que estudiaba turismo, que aunque no la regalan, tampoco es precisamente la carrera más difícil del mundo.

Ahora, con después de un mes y una semana de curso, estudiando desde el primer día, ya noto que voy retrasado respecto a como debería ir. No llego, no llego… y eso que sólo estoy en la toma de contacto, leyendo los temas sólo para enterarme de lo que me expliquen en las tutorías. Cuando me los tenga que aprender… que esa es otra: a veces lo entiendo todo, pero otras veces, no entiendo ni jota. La web del diccionario de la RAE ha pasado de estar perdida entre mis favoritos (pestaña «diccionarios», acompañada del enlace al «wordreference») a protagonizar mi historial de visitas. ¡Y yo que presumía de tener un vocabulario amplio!

Pero, a parte de empezar a sentir que «ya no tengo edad para estas cosas», tengo que reconocer que nunca había estudiado de esta forma. A pesar de que a veces no me entero de nada, de que desearía extrangular a los que han redactado los manuales, por pedantes y complicados, de que no tengo ni puta idea de cómo voy a hacer para memorizar esas cosas y exponerlas igual que vienen en el manual… Después de todo eso, resulta que estoy disfrutando del estudio como chancho en lodazal, de una manera que nunca había disfrutado con ninguna otra materia. Es como si ahora, a diferencia de cuando estudiaba por primera vez, viese que tras las materias de las que sólo empiezo a vislumbrar «algo» hay todo un mundo de implicaciones que me gustaría conocer más a fondo. Cuestiones eminentemente prácticas, de la vida de cada día, que se esconden detrás de todas esas letras, esperando a ser descubiertas y estudiadas. Curiosamente, las asignaturas que tengo este cuatrimeste empiezan con las palabras «Teoría de».

Eso no quiere decir que cuando lleguen los exámenes vaya a sacar unas notas estupendas, ni que no me esté costando trabajo enfrentarme a los manuales y ponerme a empollar. Es sólo que… no sé, lo hago con otro ánimo. Como con más entusiasmo. Al final resulta que en realidad la perspectiva de aprobar o suspender no me importa tanto como me importaba cuando tenía 2o años, aunque al mismo tiempo, me gustaría sacar buenas notas.

Por cierto, no estoy diciendo nada de que me haya costado trabajo retomar el hábito de estudio. Se debe a que, en realidad nunca he dejado de estudiar. Eso es una de las pocas cosas que puedo agradecer a las oposiciones eternas.

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España ¿un estado de derecho?

A finales de enero me presenté a la oposición de auxiliar administrativo del Ayuntamiento de Madrid. Fui más que nada a probar suerte, porque sólo la mitad del temario es similar al temario de las oposiciones de la AGE, que son las que yo he estado preparando. No tenía muchas opciones, pero oye… nunca se sabe.

Resulta que, por estas cosas de la vida, respondí bien 51 preguntas netas. Puñetera casualidad, porque de esas 51 preguntas yo sabía la respuesta de unas 20 o así, y el resto lo saqué según lo que a mí me parecía que debía ser. El total de preguntas era 90.

Ayer me pongo a mirar las notas, y… ¿cual no sería mi sorpresa al comprobar que la nota de corte de los aprobados era un 5? Yo tenía bastante certeza de que mi nota era más alta que un 5, pero no estaba seguro, así que fui a mirar la lista por orden alfabético, por si acaso estaba yo en ella. No, no estaba.

La cosa me parecía un poquito rara, pero pensé que tal vez había truco para calcular la nota, y unas preguntas valían más que otras, o algo así, de modo que busqué en las bases de la oposición para ver cómo se calculaba la nota. Las bases, en el punto 8.1, sección B) dicen así:

«Primer ejercicio.
Se calificará de cero a diez puntos, siendo necesario para superarlo y pasar al siguiente obtener un mínimo de cinco puntos. En la calificación de este ejercicio cada pregunta contestada correctamente se valorará en positivo, la respuesta errónea penaliza con el equivalente a 1/3 del valor de la respuesta correcta redondeado al valor del segundo
decimal y la respuesta en blanco no contabiliza».

Así que, según eso, descontando las preguntas mal que tenía y demás, descubro que mi nota es un 5,67. ¿Y por qué no salgo yo en las listas? Debería estar en ellas ¿no? Quizá se han equivocado… Me toca reclamar.

Esta mañana llamo al Ayuntamiento de Madrid y me dan el teléfono del negociado de oposiciones, aunque igual podian haberme dado el teléfono de su tía, la de Cuenca, porque no he conseguido que nadie me atendiese… La linea ha estado comunicando toda la mañana, por lo que imagino que el funcionario responsable, cansado de tener que trabajar más de lo habitual, lo habrá dejado descolgado, para que nadie le moleste.

Se me ha ocurrido entonces investigar en foros de opositores, y ahí he encontrado la respuesta de lo ocurrido. Resulta que el tribunal calificador ha decidido que la «nota» de corte eran 68 preguntas netas (o sea, descontadas ya las preguntas mal), y a partir de ahí, se deduce un complejo sistema de calificación, que es el siguiente:

Simplemente hay que dividir el examen en dos partes. Cada una de ellas vale 5 puntos. Las primeras 68 preguntas equivalen a 5 puntos, y las 22 restantes (hasta llegar a las 90) valen otros 5 puntos.

Es decir, 90 preguntas netas son un 10.

Bien, entonces hay que calcular lo que vale cada pregunta por encima de 68.
En este caso, tenemos que 22 preguntas valen 5 puntos. Por lo tanto, si dividimos 5 entre 22 cada pregunta acertada por encima de 68 vale 0,22727272.

Ahora que ya sabemos lo que vale cada pregunta, si estamos hablando de una persona que tuvo 80 aciertos, 6 mal contestadas y 4 sin contestar tendremos que hacer los siguientes cálculos:

• 80 aciertos. Las primeras 68 preguntas equivalen a un 5. Las 12 preguntas que faltan hasta llegar a los 80 aciertos valen cada una de ellas 0,22727272 (este cálculo ya lo hemos hecho antes). Si hacemos la operación:

12×0,22727272=2,727272.

Así que al 5 que ya teníamos hay que sumarle 2,727272

5+2,727272=7,727272

• 6 errores. Los errores penalizan 1/3 de cada pregunta. Como cada pregunta por encima de esas 68 equivale a 0,22727272, si hallamos 1/3 de ese importe (lo que es lo mismo, se divide entre 3), el resultado es el siguiente:

0,22727272 / 3 = 0,0757575 (lo que resta cada pregunta errónea)

Así que como en este ejemplo son 6 errores: 6×0,0757575=0,454545

Ahora sólo queda restar a la nota los errores cometidos:
7,727272-0,454545 =7,27 (nota final)

En realidad no estoy del todo seguro de que el sistema de calificación haya sido ese, porque el Ayuntamiento de Madrid, ni ha emitido ninguna nota anunciando cuantas preguntas constituyen la «nota de corte», ni explicando como calcular la nota, ni siquiera listas con los nombres y notas de todos los que nos hemos presentado. Lo de que el corte han sido 68 preguntas es una suposición que se extiende por los foros, basada en la cantidad de preguntas que los aprobados sabían que tenían, y la nota que finalmente han sacado. Algunas academias dicen que el corte ha sido de 54 preguntas, y, puesto a decir, yo digo que ha sido 69, que es un número mucho más erótico y atractivo.

También se rumorea que la nota de corte para los que hicieron el exámen por el cupo de promoción interna es de 45 preguntas. Esto no tendría importancia ninguna, sino fuese porque inicialmente las bases decían que el corte iba a ser el mismo para los de promoción interna como para los del turno libre, que competimos por las mismas plazas. Pero el 4 de marzo, un mes después de que se hiciese el exámen, se publicó un decreto que decía que no… que las notas de corte podían ser diferentes.

Da igual, como de todas formas la nota de corte no se ha publicado ni para unos, ni para otros… no hay modo de saberlo.

Vamos a ver, una cosa es que el tribunal tenga potestad para decidir el nivel mínimo para aprobar (eso sí que viene en la convocatoria) y otra cosa es que esa decisión sea «secreta». La transparencia en los procesos selectivos es un derecho constitucional, pero aquí de transparencia nada.

Para redondear todo este asunto, diré también que el segundo examen debería celebrarse, según la convocatoria, como máximo 45 días despues del primero. Los 45 días ya han pasado más que de sobra, y aquí no hay indicios de cuando será ese segundo exámen.

Conclusión: la Administración (en este caso, Administración Local) elabora sus propias normas para luego saltárselas a la torera sin pudor y, sobretodo, sin consecuencias. O si quieren hacerlo «legalmente», sin temor a que se les pueda acusar de no acatar la normativa que ellos mismos redactaron a placer y sin consultar con nadie, pueden redactar otra norma contraria a la primera, y aquí paz y después gloria. Todo está correcto, conforme a la ley. Cuando lleguen las reclamaciones, todas irán siendo desestimadas, y ningún juez amparará a los que decidan seguir la vía judicial. Eso sí, el Defensor del Pueblo de vez en cuando redacta unas recomendaciones muuuuuy bonitas, que la administración no tiene obligación de cumplir, porque son recomendaciones, y que utiliza cuando al responsable de mantenimiento se le ha olvidado comprar papel higiénico.

Se supone que en un estado de derecho los ciudadanos estan protegidos por la ley. La función de las leyes es, en la mayoría de los casos, impedir la arbitrariedad del Gobierno y la Administración. Hacer las cosas con justicia, de forma transparente y limpia. En España el derecho es un arma para impedir que el ciudadano reclame esos mismos principios de legalidad, igualdad y transparencia. ¡Si ya hasta tenemos leyes con efecto retroactivo que van en contra de los intereses de la persona!

A mí me parece que esto cada día se parece un poco menos a un estado de derecho. Empiezo a dudar que en realidad lo sea. Más bien es una dictadura blanda, ejercida por turnos.

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Noticias de la oposición.

Desde el jueves pasado, la Comisión Permanente de Selección se ha dignado a dar señales de vida. ¡Sí! Aunque no lo parezca, hay alguien trabajando por ahí.

El jueves publicaron una nota diciendo que el segundo examen se realizaría durante la segunda quincena de enero, y que ya dirían la fecha exacta cuando sacaran las notas. Lo que no decían era cuando pensaban sacar las notas aunque… ¿Para qué? Total, no es que sea una información que interese a nadie, excepto a los 70.000 candidatos que nos hemos presentado este año.

Hablando de notas, nótese que algunas capitales de provincia tienen una población inferior a 70.000 habitantes. Sólo lo digo por si alguien no se había dado cuenta de la enormidad que supone esta cifra.

Ayer la CPS publicó una nueva nota, diciendo que las notas saldrán a lo largo del día 14 de diciembre. ¡¡¡Aleluya!!! Que alivio ver que las cosas tienen ya un horizonte, aunque sea un horizonte lejano.

Aunque me he cabreado por todo esto, debo reconocer que también me he quitado un gran peso de encima. Al menos ya sé a qué atenerme y cuanto tiempo voy a tener que esperar. Después, si apruebo, supongo que llegará el segundo exámen y será vuelta a empezar: otra vez tardarán una cantidad de tiempo injustificada en dar las notas. Y si apruebo, también se tomarán su tiempo en dar destinos. Esto parece el cuento de nunca acabar.

Lo peor del caso es que… Según la convocatoría, el primer examen debería haber sido como muy tarde el 15 de junio, y los funcionarios deberían estar nombrados, como muy tarde, el 31 de diciembre de 2009. Todos los plazos se han inclumplido sin dar absolutamente ningún tipo de explicación, probablemente porque la única explicación que hay es que no hay dinero para sacar oposiciones el año que viene, y han aprovechado este año para hacer un 2×1, y que parezca que cada año han habido oposiciones.

La realidad es que, aunque en 2009 ha habido convocatoria, en este año no se han nombrado funcionarios de carrera, al menos de la Administración General del Estado. Parecía que se iban a nombrar, pero al final nos la han dado con queso. El año que viene se nombrarán, y parecerá que han habido oposiciones, pero ¿las habrá de verdad, o nos la volverán a dar con queso de nuevo?

Llendo más allá… Si hasta ahora se han saltado todos los plazos que ellos mismos habían puesto sin que nadie les obligase ¿qué me hace pensar que sí cumplirán los plazos que han dicho ahora? Saltarse a la torera sus propias normas es tan fácil y tan barato como, simplemente, no hacer lo que habían dicho que harían. Fácil y sin consecuencias. Total, si sólo somos 70.000.

Aunque todo esto no es nada si lo comparamos con las oposiciones al ayuntamiento de Madrid, que tienen su propia historia, todavía peor. Me parece que lo mejor en este caso es hacer un acto de fe y creerme que, efectivamente, las notas del primer examen y el segundo examen serán cuando ellos dicen que van a ser. A ver que otro remedio queda si no…

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Oposición (III) La estancia y el examen.

Mi primer tabajo apara el sábado fué ir a localizar el sitio donde tenía que examinarme. Aunque iba con GPS (robado a mi padre) tenía buenos motrivos para desconfiar: por alguna extraña razón, los campues nunca aparecne bien colicados en elos GPS.

Esta no iba a ser la excepción. Seguún el GPS, el campus estaba situado en un punto justo entre la autovía y una playa estrechita de arena dorada, con un interesante carril bici y una acera para pasear. No me habría molestado hacer el examen allí, pero algo me decía que ese no era el lugar apropiado.

Tras dar varias vueltas, decidí, por intuición, entrar por una de las salidas de la autovía que daba a una zona que parecía tener edificios que bien podrían ser facultades universitarias. Una vez allí paré, pregunté, y… me costó trabajo encontrar a alguien que supiese dónde estaba el campus. De hecho, en un momento dado ya no preguntaba por el campus, sino por alguien que pudiese saber dónde estaba.

Finalmente una mujer me sugirió que preguntase a un guardia jurado que había por ahí, y el hombre, lo primero que me dijo fue: «tendrás coche ¿verdad?». Le dije que sí (menos mal) y me explicó que el campus en realidad no está en Las Palmas, sino en un pueblo que se llama «Tafira», que no está ni cerca de la ciudad. Ahí fue donde comprendí por qué se llama «Campus universitario de Tafira». Me indicó más o menos por donde ir para llegar al sitio en el que empezaban a haber señales de tráfico que indicaban la dirección. La explicación fue tan compleja, que en la segunda calle ya había girado hacia donde no era.

Pero ya sabiendo que Tafira es un pueblo, lo metí en el GPS, y gracias a esto, y a las indicaciones de otro hombre al que pregunté (nunca he entendido que problema tienen muchos hombres a la hora de preguntar por la dirección de un sitio que desconocen) finalmente… llegué a otra autovía en la que habían indicaciones, primero para Tafira, y luego para el propio Campus.

De todo esto deduzco que el gobierno Canario ha decidido que es inutil poner señales que indiquen la dirección del campus porque habitualmente todo el que necesita llegar hasta un campus universitario ya sabe como llegar sin que se lo indiquen.

Llegué por fin al campus, y me dieron ganas de besar el suelo, como hacía el papa. Pero aún no había terminado. Tenía que buscar dónde estaba colgada la lista de aspirantes y el edificio en el que finalmente me examinaría. Y esta vez no podía preguntar a nadie, porque no había nadie a quién preguntar.

Tras dar un buen paseo, encontré a dos personas, y cuando les iba a preguntar, otro hombre se me adelantó y preguntó si sabían dónde estaban colgadas las listas de la oposición. ¡Y lo sabían! ¡Viva! El resto fue coser y cantar.

Total que «sólo» había dedicado dos horas para encontrar el sitio: una para llegar hasta donde dijo el GPS, y otra para llegar al sitio donde realmente sería el examen.

Eso me dejaba libre la tarde entera, porque a la hora que era, lo que tocaba era ponerme a buscar un sitio donde comer.

Marqué las coordenadas exactas en el GPS y entré en Las Palmas, sin saber muy bien dónde ir, hasta que compré un plano callejero a un señor muy amable que, además, me hizo de informador turístico y me dijo los lugares que él veía más interesantes para visitar.

Pertrechado con el plano y siguiendo los consejos de ese señor, fui andando al centro (yo voy andando a todas partes, porque odio buscar aparcamiento) y ojo avizor para encontrar donde comer. Como es habitual, había un McDonalds facilmente localizable hasta para el turista menos espabilado. Y a unos 20 metros, en una calle cercana, pero mucho menos visible, un bar con menú del día a 7,50€. Está claro… me fuí a por el menú del día. Y eso que todavía no sabía que el menú, de postre incluía un flan de huevo casero (dada mi debilidad por los flanes, este ya habría sido motivo suficiente), y que el café valía 0,80€.

Muy satisfecho por haber esquivado las garras del McDonalds, salí a ver la ciudad un rato más, pero lo cierto es que no me pareció que tuviese nada especial, y le dediqué muy poco tiempo. La realidad es que, de hecho, tenía muy poco tiempo. Estaba seguro que podía dedicar ese tiempo a encontrar cosas mejores. Si tengo oportunidad de regresar, entonces prometo que visitaré todos los sitios que me han dicho que hay que visitar en Las Palmas.

En lugar de eso, decidí irme a ver la zona norte de la isla (recordemos que yo estaba en la zona sur). ¡Ah! ¡Menudo acierto! ¿Recordáis que había dicho que el paisaje canario se parece mucho al de Granada? Pues es totalmente cierto. Pero como no me canso de los paisajes de aquí, tampoco me cansé de los paisajes de allí, y además encontré un pueblo con una playa llena de… una especie de atalayas naturales, formadas por la erosión irregular que el mar ha ido haciendo a lo largo de miles de años en las rocas. Precioso, y, además, según parece, muy buen lugar para pescar con caña. A mí no me gusta la pesca con caña, pero bueno…

Cuando me acuerde de poner las pilas de la cámara de fotos a cargar, colgaré alguna foto de ese sitio.

Tras pasar la tarde de pueblo en pueblo, viendo paisajes y haciendo pocas fotos porque las pilas se me acabaron (no es que no las llevase cargadas, es que mi cámara es una mierda, y si las pilas no están recién cargadas, no funciona). Volví al hotel, bastante cansado, y con la seguridad de que esa noche iba a dormir a pierna suelta, aunque al día siguiente era el examen. Y es que el cansancio es el mejor remedio contra los nervios.

Todavía tuve humor para salir por Puerto Rico y conocer el centro comercial que, según me dijeron, por la noche tenía mucha vidilla. Y sí, es cierto, la tenía… pero también tenía ese aire de las cosas diseñadas específicamente para turistas alemanes e ingleses de mediana edad, y como yo soy español, no me terminaba de sentir demasiado agusto.

Dormí como un tronco.

Al día siguiente, el examen. Me fuí con tiempo de sobras, a pesar de que no es conveniente llegar demasiado temprano a un examen, porque el ambiente de nervios es contagioso, y contraproducente. Pero para eso me había comprado yo dos libros de Mundodisco (escritos por Terry Prachett), con los que me estaba partiendo de risa aproximadamente desde la página 15. Creo que en todo el campus yo era el único que se reía, con cierta frecuencia, y sin ser una risilla nerviosa.

Me fijé que todo el mundo hablaba con acento canario. Es decir, que estábamos muy pocos peninsulares. Bien.

En realidad, estábamos muy pocos. En mi aula faltó un 45% de los aspirantes, y supongo que lo mismo ocurriría en las demás. Me pregunto si eso es habitual en estas oposiciones… Luego repartieron el examen y… ¡hala! A responder.

Tuve un error de principiante en el examen, y es que por no arriesgar demasiado y que me quitaran preguntas bien, arriesgué demasiado poco. Tal vez si hubiese arriesgado un poco más, ahora estaría más tranquilo, con mejor nota. Aunque quizá estaría más tranquilo porque sabría que había suspendido seguro…

Cuando salí estaba hecho polvo, aunque satisfecho por haber hecho ya el examen de una puñetera vez, y no muy mal. Lo único que quería era descansar. Volví al hotel, bajé a la piscina, y ni salí a comer ni nada. Comí allí mismo y dejé que me clavaran 9€, pero tampoco es que fuera del hotel pudiese encontrar nada mejor, y, pensándolo bien, 9€ por comer tampoco es tan caro. Eso sí, para la cena compraría las cosas en el super, mucho más barato.

El camino de vuelta hacia la península fue más o menos lo mismo pero del revés, y sin madrugar tanto. Y sin niños llorando. Me quedé con las ganas de comprar tabaco para mi padre, y mojo picón, pero facturar maleta cuesta 10€, así que iba con una mochila donde me cabía lo justo para los días que iba a estar. Quizá la próxima vez que vaya pueda hacer también esas cosas.

Y hasta aquí el viaje a Canarias, contado por fascículos y poco a poco, ya que sigo estudiando. Aunque ahora no me importa tanto dedicarle un buen rato a teclear en el blog, puesto que el segundo examen incluye «algo» de mecanografía, y conseguir una buena velocidad es sólo cuestión de hábito.

Los rumores dicen que puede que la nota salga la semana que viene, pero yo no lo veo muy claro, puesto que el periodo para impugnaciones acabó el martes pasado. Ahora hay que resolverlas, sacar la plantilla definitiva, y, si han habido cambios, introducir dichos cambios en las correcciones de los exámenes. En fin, cuando sea, será. Yo mientras sigo por aquí estudiando como si fuese a presentarme al segundo examen, y si al final no me presento… pues eso que llevo para el año que viene.

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Oposiciones (II) El viaje.

Como si fuese una película de Tarantino, empiezo en la mitad del argumento, para luego regresar al principio, y, finalmente, llegar a la conclusión, que será… ¡Espero que sea el día que salga la nota del segundo examen! Eso significaría que aprobé el primero…

Lo bueno de la oposición es que, como me fuí a Canarias, al menos tuve la oportunidad de hacer un pequeño viaje. Sí, fui yo solo. Sí, tengo menos dinero que el que se va a bañar, y me lo pasé controlando el gasto hasta el mínimo detalle. Sí, iba algo nervioso por el exámen. Pero sea como sea… fue un viaje al fin y al cabo. Y ha sido la primera vez que salgo de Europa (me refiero a geográficamente hablando).

Mi vuelo salía a las 6:45 de la mañana. Pero claro, hay que estar dos horas antes en el aeropuerto. Y además, iba a dejar el coche en un parking, con lo cual tenía que calcular media hora más. Más dos horas de viaje… Salí de mi casa a las dos de la mañana.

Había dejado el coche cerca de una iglesia. Es una de las iglesias con más devotos de la ciudad, y también una de las preferidas de los anarkistas y ateos. Los anarkistas hacen pintadas en las paredes de la iglesia o alrededores, y los curas las borran, en una eterna lucha entre la luz y la oscuridad, que probablemente no terminará nunca ni tendrá vencedores o vencidos. No sé cual de los dos representa a la luz y cual a la oscuridad, eso lo dejo a la imaginación de cada uno.

Total, que a eso de las dos de la mañana, al llegar a la esquina, veo en la pared de enfrente una pintada nueva: «Engañarse es cuestión de fe». Son muy ingeniosos los anarkistas de por aquí, y no me quedó más remedio que sonreir. Al girar la esquina, encogida cerca de la puerta de la iglesia, había una chica con aspecto abandonado. No pude evitar pensar que necesitaba ayuda, aunque, al mismo tiempo, tuve la sensación de que era el tipo de persona que no se ayuda a si misma. Probablemente estaba borracha, o drogada, o ambas cosas.

Llegué hasta mi coche y busqué las llaves. Entré y, a través del retrovisor vi como un hombre giraba la esquina, obligaba a la chica a levantarse y la zarandeaba, gritándole en alguna lengua eslava (sospecho que no era rumano). Ella no se defendió, ni gritó. Él no le pegó. Yo cerré los seguros del coche. No quiero problemas. Llamadme insolidario, pero lo único que quería era asegurarme de no perder el avión. ¿Debí llamar a la policía? ¿Debí enfrentarme al tipo como un Ernesto Neira cualquiera (con el riesgo de acabar en coma igual que él)? En realidad, ni siquiera sabía lo que estaban diciendo. A lo mejor el hombre era el hermano de la chica, y estaba harto de que robase en casa para drogarse. O a lo mejor era su chulo. Sabe Dios.

Cuando arranqué el coche, el hombre miró en mi dirección y recobró la compostura. Luego, al ver que me marchaba sin más, volvió a zarandear a la chica y medio a rastras se la llevó a un lugar del universo situado de la esquina. Se la llevó medio a rastras, sí, pero no porque ella no quisiera acompañarle, sino porque iba tan colocada que no podía a penas andar.

Después de todo esto no se me quedó muy buen sabor de boca. Pero bueno, teniendo en cuenta que llevaba desde las seis de la tarde intentando dormir algo sin conseguirlo, ya llevaba la boca suficientemente pastosa como para notar una gran diferencia.

La carretera hacia Málaga, como siempre, pero con menos tráfico. Por una vez me alegré de tantos viajes al Carlos Haya, ya que, al conocer de memoria el camino, era imposible que me perdiese. Llevar GPS también ayuda.

Encontré el parking para dejar el coche. A 7 euros el día, la verdad es que merece la pena. La otra opción era ir en autocar hasta Málaga por la tarde, y pasar la noche en el aeropuerto, ya que no quería que nadie se diese la paliza de traerme y llevarme.

Finalmente, el aeropuerto. Como todos los aeropuertos del mundo, aunque este es de los que están diseñados con un poco de mala leche. Mientras que en muchos aeropuertos los bancos son normales y corrientes (es decir, una fila de asientos todos juntos), en el de Málaga cada asiento está «acotado» por dos reposabrazos, debido a lo cual es imposible tumbarse y dormir en ellos. Probablemente lo han hecho así a posta. Sin embargo, con eso no han evitado que la gente duerma en el aeropuerto, sino, simplemente, les obligan a dormir en el suelo. Al parecer yo no era el único que había contemplado la idea de ir en autobús hasta Málaga la tarde de antes y pasar la noche allí.

Aunque no venga al caso, otro de los problemas de poner reposabrazos en los asientos es que las personas obesas no caben, literalmente, o si consiguen embutirse en ellos, lo hacen con mucha incomodidad. Yo, por ejemplo, antes de operarme, habría salido de allí con los muslos bastante doloridos.

Si ser transexual es una putada, ser obeso es putada y media. Yo he tenido la «suerte» de probar las dos cosas, así que puedo comparar…

La cuestión es que tras seguir los trámites habituales subí al avión. Como no había mucha gente, pude viajar solo, en una hilera de tres asientos enteritos para mí. A esas alturas yo tenía un sueño que me moría, y tenía la esperanza de poder dormir en el avión. Es algo que hasta ese momento nunca había hecho, pero… estaba bastante seguro de que en esta ocasión lo conseguiría.

Nada más despegar, un bebé rompió a llorar. Es normal que al despegar los bebes lloren por el cambio de presión, pero se calmen al estabilizarse el avión. Ese debía ser más sensible de lo normal, ya que no dejó de llorar en todo el vuelo. Dos horas y media.

En un momento dado, los padres descubrieron que si lo paseaban, se calmaba. Así que, de las dos horas y media que duró el vuelo, aproximadamente dos se las pasaron caminando por turnos en el pasillo del avión, los pobres. Así consiguieron algo de paz para si mismos y para el resto de pasajeros, y por fin pude dormir.

A cambio de dormir, me perdí un amanecer en el mar visto desde el aire que debió ser espectacular (entre cabezada y cabezada vi algunos rosas y violetas), pero en ese momento lo que menos me importaba eran los paisajes. Además, aún no había llegado.

Cuando nos acercamos a la isla recuperé el interés por los paisajes. Me preguntaba como sería esa isla que todo el mundo dice que es tan bonita. Y sí… es bonita. Altas montañas serradas, con escasisima vegetación, compuesta sobretodo de matojo seco, palmeras ornamentales… Es impresionante ver las formas que la tierra ha adoptado a lo largo de miles de años de acumulación de lava y erosión. Es tan impresionante como mirar Sierra Nevada, las alpujarras, o cualquier otra sierra de la cordillera penibética.

Es curioso como dos orígenes distintos pueden dar lugar a un paisaje idéntico. Gran Canaria es exactamente igual a Granada, sólo que la tierra es ligeramente más oscurita. Tampoco mucho. Y yo que me creí que iba a ver algo nuevo y exótico… vaya decepción.

Como mi hotel estaba diametralmente opuesto a Las Palmas de Gran Canaria (para quien conozca la isla, concretamente en Puerto Rico), que es donde iba a hacer el examen, decidí que alquilar un coche era una buena idea. Por un total de 47 euros (al final fueron un poco más, porque contraté un seguro a todo riesgo, ya que el que iba «de base» no cubría las lunas) tenía coche para tres días. Más no se puede pedir.

Bueno, sí… se puede pedir que el coche sea nuevo, con climatizador, radio-cd, elevalunas eléctrico, cierre centralizado, dirección asistida, 33.000km… o sea, todo lo que no tiene mi coche. Yo que pensaba que por ese precio me darían un coche con ruedas, volante, y un taburete en lugar de asiento… me quedé encantado. Record go, creo que se llamaba la empresa de alquiler de coches, pero si alguien quiere saber el nombre seguro, se lo busco.

El viaje hacia el hotel, estupendo. Hay una autovía que recorre media isla por la costa, y por ahí fuí, todo el rato viendo el mar. En total, tardé unos 50 minutos, y sin rebasar los límites de velocidad (bueno, los rebasé un poquito).

La sensación de estar en una isla es curiosa. Es como si no pudieses perderte porque, vayas donde vayas, al final te encuentras con el mar. El mar está en todas partes, visible de forma casi constante, e incluso cuando no lo ves, lo sientes en el aire. Es raro, sobretodo teniendo en cuenta que yo me he criado en zona costera, y la proximidad del mar es algo que siempre he dado por sentado. ¡Pero es que Gran Canaria es tan pequeña…! Me imagino que en las otras islas, excepto Tenerife, uno no puede dar dos pasos sin mojarse los pies.

Para alojarme había buscado un apartahotel, a 31,50 euros la noche (iba incluido), sólo alojamiento. Los apartahoteles suelen ser cutres, y por ese precio yo me esperaba… pues no sé… una ratonera oscura o algo así. Porque había visto fotos en internet, sí, pero como para fiarse…

Desde luego, no me esperaba un hotel que olía a nuevo, con las habitaciones completamente insonorizadas entre sí, enormes, ya que más que habitaciones en realidad eran suites (para quién no lo sepa, una suite es una habitación con un salón situado en un espacio diferenciado), menaje completo de cocina en perfecto estado de uso, limpio impecable, tarima que parecía que la acababan de poner hacía cinco minutos, una terraza preciosa, con tendedero y todo, y una piscina grandecita, que estaba pidiendo a gritos que te bañaras en ella. ¡Ah! Y, una increible vista del mar.

Si a alguien le están dando ganas de ir, el hotel se llama «Maracaibo», y para conseguir un precio un pelín más barato, hay que comprar unos bonos de hotel que se llaman «Bonoweb», y se encuentran en Ebay a 4 euros 10 talones. Lo curioso es que luego no me cogieron ningún talón, simplemente lo fotocopiaron…

En ningún momento nadie me puso ninguna pega ni cara rara porque el nombre que aparece en mi DNI fuese distinto al nombre que dí a la hora de hacer la reserva.

Para ese momento, aunque estaba alucinando en colores, ya no me importaba ni la playa, ni la piscina, ni el nombre del DNI, ni el tamaño de la habitación. Ya eran las 11:00 hora local, equivalente a las 12:00 en la península, y llevaba nada menos que diez horas de viaje. Lo que quería era dormir…

El colchón, por cierto, era nuevo y tenía la firmeza perfecta. Y aunque hubiese tenido chinches, habría dormido como un tronco.

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Tener fe.

En momentos como este, creo que las personas que tienen fe también tienen una gran ventaja sobre los que no la tenemos. Mientras que ellos están convencidos de que tienen un amigo «en las altas esferas» que si puede y considera que es lo mejor para ellos, les va a echar una mano, los que no creemos en esas cosas estamos más solos que la una, luchando contra los nervios y los temarios mal actualizados confiando tan solo en nuestras fuerzas.

(Nota: si alguien está planteándose apuntarse a Master-D para preparase oposiciones, que sepa que los temarion no están mal, pero no los actualizan lo suficiente. ¡Ah! Y las tutoras del curso de AGE son super bordes. Deberían comer All Bran, porque lo suyo no es normal).

Creer que algo va a ocurrir contribuye en gran medida a que esto ocurra. A esto se le llama «efecto Pigmalión o de profecía autocumplida». De modo que si uno cree que si estudia mucho y reza mucho aprobará porque Dios le va a echar una mano, tiene más posibilidades que si uno cree que no va a aprobar haga lo que haga. Si uno cree que va a aprobar por milagro, entonces la cosa ya no funciona, pero no me estaba refiriendo a ese caso en concreto.

Sin embargo el estrés puede tener consecuencias inesperadas. Mucha gente trabaja mejor bajo presión, aunque yo no soy de esos. Normalmente a mí el estrés lo que me produce es ansiedad, ganas de comer mucho dulce, y el exceso de estudiar, me produce despistes.

Hablando de despistes, mi cartera ya apareció. La han enviado por correo de la oficina de objetos perdidos, previamente vaciada de los 70 euros que llevaba, pero con todo lo demás. La putada es que ya solo me faltaba renovar la tarjeta sanitaria, que lo iba a hacer este lunes. En fin, eso que me ahorro… Otro ejemplo de despiste es que acabo de mangar un bote vacío del Mercadona. Lo he visto y he pensado que sería genial para llevarlo en el avión con gel, ya que no voy a facturar maleta, y me lo he metido en el bolsillo sin pensar. Me he dado cuenta al llegar a casa… En fin… Por suerte tengo la bombona de butano a punto de acabarse, así que lo peor que me puede pasar es que me deje el gas abierto, y no creo que quede suficiente como para hacer explotar nada.

A algunas personas el estrés les provoca alucinaciones. Ven o sienten presencias, oyen voces, etc… Yo soy de ese tipo de personas. Y mira tú por donde que, en esta ocasión, el efecto de mis alucinaciones es muy similar al efecto que produce la fe: noto una especie de presencia protectora, como si alguien estuviese cuidando de mí.

Igual no es sólo efecto del estrés, sino de la atención de mis amigos, que cada día se interesan por como me va y me dicen que seguro que apruebo. A menudo el efecto Pigmalión también funciona así: si alguien cree que puedes hacer algo, acabas haciéndolo mucho mejor. También ocurre del revés, si sobre ti pesa la expectativa de que no serás capaz de hacer algo, lo más probable es que termines no haciéndolo, o haciéndolo mal. Eso significa que basta con confiar en alguien y pensar que es capaz de hacer lo mejor para mejorar su vida.

Así que tras esta pequeña reflexión sobre los efectos de la fe, el estrés, y el efecto Pigmalión, me vuelvo a estudiar un rato, a ver si es verdad que al final las cosas se van viniendo a su sitio, aunque a veces se tomen su tiempo (muuuucho tiempo).

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Como un toro…

Son las 03:42 de la mañana, y hace 40 minutos que un camión de la basura está aparcado bajo mi balcón (pero justo debajo, si escupo, le cae encima) con el motor encendido. Así no hay quién estudie ni quien duerma. Gracias a Dios que existen los tapones para los oidos.

Paso todo el día rodeado de papeles. No sé que pasa con mis bolígrafos, que se acaban a una velocidad de vértigo. Más que escribir, parece que me esté bebiendo la tinta.

Al atardecer, salgo a caminar como el toro al que han soltado de los toriles. Empiezo a subir y subir a buen paso, quemando todos los nervios, la cafeina del red bull versión Mercadona que uso para espabilarme (no hay dios que se trague este temario a pelo), el miedo, la ansiedad, la adrenalina, los malos pensamientos…

Rodeo la ciudad por fuera, y desde donde estoy la veo entera, con los contrastes entre los barrios más antiguos y los más modernos, la catedral, que sobresale imponente, y el edificio de la Telefónica, que mal dolor le de al que lo construyó, destacando, larguirucho y feo, como la construcción más alta de Granada.

El edifico de la Telefónica, ya no pertenece a Telefónica. Cuando se construyó fue una revolución, ya que era un edificio «inteligente». Desde entonces la gente se refiere a él como «el listillo». Pero nadie se fijó en la manera más horrible en que rompe el perfil de la ciudad.

Cuando llego al mirador de San Cristobal ya voy algo cansado, y cuando empiezo a explorar las calles del Albaicin, consigo relajarme. Siempre que voy al Albaicin, me pierdo (de hecho el barrio se construyó de forma laberíntica a drede, para despistar a los romanos), aunque he aprendido que la mejor manera de salir es seguir a los turistas, que armados con mapas, consiguen llegar casi siempre a donde se lo proponen.

El mirador de San Nicolás es el punto álgido del paseo. No me canso de ver la Alhambra, debe ser por eso que voy allí todos los días, o, al menos, todos los días desde que el calor del verano ha remitido y puedo subir la cuesta sin riesgo a morir.

Y luego, más atravesar el Albaicín, mirando las casas, las calles, la gente… Cada vez encuentro una puerta, un rincón, una pared o una perspectiva que me había pasado desapercibida anteriormente.

Finalmente, la Calle Elvira, por donde iba la antigua muralla. Llena de hippis y de moros. Hoy dos chavales iban por la calle rezando mientras caminaban. En la zona de las teterías (lugar donde mayor concentración de musulmanes hay de toda Granada) hay un ambiente festivo, ya que están en Ramadam. Los que pueden cierran sus negocios por un rato y se marchan a celebrarlo comiendo con la familia o los amigos que han hecho aquí, en el exilio. Aunque a nosotros nos parezca incomprensible, para ellos el Ramadam es como para nosotros la Navidad, y hasta los no creyentes lo respetan y lo celebran. Aunque se pasan todo el día sin comer, ni beber, ni fumar, ni lavarse los dientes, pues nada debe entrar por la boca durante el Ramadam, se les ve contentos.

Paso frente a las tiendas de ropa hippi y de recuerdos que combinan la taracea con otros objetos de sabor marroquí, que no desentonan, puesto que el Albaicín era originalmente barrio árabe, y todavía se nota. Para los turistas es, más bien, el sabor de la Granada nazarí de la Alhambra y las calles estrechas. ¿Que más da? La mayoría de las cosas son bonitas y exoticas. Yo mismo compraría algo si tuviera dinero, porque, encima, no es una zona de «desplumar a los turistas» sino de «hippis sin dinero, la mayoría de ellos matriculados en la universidad». La zona de desplume está en otra parte.

Cuando llego a casa ya estoy dispuesto a volver a la dura realidad de leyes de todas clases y colores, algunas vacías de contenido y llenas de letras, otras llenas de contenido y vacías de letras (esas son las más fáciles de estudiar), la mayoría hechas para que no las cumplan ni siquiera los que las escribieron.

Mucha gente no entiende lo que es enamorarse de una ciudad. Es una pena. Porque, además, cuando amas a una ciudad de esta manera, no te importan sus defectillos, como que se convierta en un infierno tórrido en verano, te hieles en invierno, o los camiones de la basura no comprendan que, si van a aparcar en alguna parte, molestan menos si tienen el motor apagado.

Son las 4:10 y el camión sigue exactamente en el mismo sitio que hace una hora aproximadamente, haciendo exactamente el mismo ruido (lo escucho a través de la ventana cerrada y los tapones en los oidos). Pero creo que ya tengo suficiente sueño como para dormir a pesar de todo. Mañana, más.

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Una pájara.

Hace algún tiempo, tuve que pasarme un año en la cama. Tenía unas décimas de fiebre (a eso los médicos le llaman «febrícula»), y ya está. Ningún otro síntoma, ni dolores, ni nada, excepto un gran cansancio, provocado por la propia febrícula, aunque imagino que el exceso de peso que arrastraba entonces (135 kilos) también ayudaba.

Nadie supo por qué tenía esa fiebre, a pesar de que me hicieron pruebas de todo. Hasta que, cuando fui a operarme del estómago, me sacaron la vesícula biliar «de oficio», no porque estuviese mal, sino porque podía llegar a generar piedras, y, total, para lo que sirve… El posterior análisis de mi vesícula descubrió que por el exceso de peso se me había «averiado», y que eso era lo que me provocaba la fiebre.

Ya no volví a tener más febrícula, pero desde entonces, la fiebre me sube con facilidad, a causa del estres o del cansancio. Y ahora llevo 3 días con febrícula (empezando el cuarto día), lo que me preocupa un poco. Para colmo de males, ayer fui a la academia a hacer un examen, y me salió tan mal que si lo hubiese hecho a voleo, no habría tenido tan malos esultados. Lo curioso es que mientas lo hacía, me resultaba fácil…

Leí en un libro que a los ajedrecistas a veces les pasa algo parecido. Empiezan a jugar mal, y no se dan cuenta hasta que les hacen jaque mate. Parece que la cosa tiene hasta nombre y todo. Pero como me pase eso el día del examen de verdad, va a ser una putada.

El problema es que la oposción debió ser el 15 de junio, así que llevo estudiando como si me faltasen 2 meses para examinarme desde el 15 de abril. Pero al final va a ser el 27 de septiembre, y a estas alturas yo ya estoy que no puedo más. Al final me ha dado una pájara. Si fuera un ciclista, ahora me bajaría de la bicicleta y le daría un par de patadas antes de sentarme en el suelo. Pero como no lo soy, me he limitado a guardar los apuntes en su carpeta y a decirle al examen ese que hice tan mal «me cago en tu madre». Lo bueno es que los apuntes no tienen madre, ni orejas para escuchar mis insultos, así que nadie sufre.

Voy a tomarme un par de semanas de «descanso», reduciendo las horas de estudio y ampliando las horas de hacer las cosas que me gustan, para que el último mes pueda volver a tope y sin piedad.

Lo único que me consuela es que, después de haber hablado con mi amiga Vanesa (Samira para los amigos apostoleros) me ha hecho ver que el resto de los opositores van a estar igual que yo. Según su teoría, no hay superhombres. Según mi teoría, sí que los hay, pero tengo la esperanza de que se estén preparando las oposiciones al grupo A (las mías son del grupo D), a judicatura, notaría, profesores de secundaria, el MIR, hacienda, Banco de España, etc… que son las cosas que estudian los superhombres y las supermujeres.

Así que, unos días de relax sin remordimientos, para poder dar el último tirón en septiembre.

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Ya salió la convocatoria de la oposición

¡¡¡Por fin!!! Con muchísimo retraso, ya ha salido la tan esperada convocatoria de la oposición. Ahora ya se puede empezar a barajar fechas de exámen (a partir del 15 de septiembre, como poco, pero teniendo en cuenta la velocidad a la que están llendo las cosas, es posible que nos metamos en octubre…) y cifras.

¿Me interesa examinarme en la península, o mejor fuera? Mi idea inicial era irme a Ceuta, pero he visto que allí las notas de corte no son más bajas que en el resto de la península, e incluso las he visto un poco más bajas. Además, hay muy, muy pocas plazas, y después de presentarme a unas oposiciones con un número de plazas muy reducido, ya estoy escaldado. Luego las listas de interinos no se mueven ni para delante ni para atrás (o, a veces, sí que se mueven hacia atrás).

También he visto como son los criterios de corrección de los exámenes, y creo que todavía no estoy a la altura. Pero me falta poco…

Total, que con eso, y también gracias a mis amigos, vuelvo a tener ilusión por muchas cosas, y los ánimos repuestos.

Por otra parte… es que no aprendo. Sé que cuando hablo con algunas personas que están en mi misma situación, terminan contagiándome su ansiedad. Podría ser del revés y contagiarles yo mi paciencia… pero no, no pasa así.

Me gusta hablar con ellos, porque compartimos una serie de experiencias que nos permiten entendernos. Me hacen sentir acompañado. Pero soy demasiado empático, y acabo asumiendo sus sentimientos. Tengo que aprender a controlar eso.

Pero lo haré luego, cuando acabe de estudiar por hoy.

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