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Las horas que faltan, o por qué se demoran las citas en la UTIG

Hoy no voy a escribir sobre oposiciones. Estaba pensando en que me iba a dormir, porque con el resfriado que he pescado, tardo eones en hacer los ejercicos de word, y pensé que si me iba a la cama temprano, mañana me levantaría mejor, ya totalmente recuperado y fresco como una rosa para seguir estudiando.

Mañana actualizo el blog y termino de contar mi viaje. Eso fue lo que pensé.

Pero entonces me llegó un mail de Astrid, enviándome un archivo en PDF que ya me había enseñado esta tarde impreso en papel. En aquel momento, mi cerebro entumecido por las bacterias y las aspirinas no había atado cabos, pero de repente «¡pling!» el cable rojo y el azul hicieron conexión y he visto una cosa que me ha dejado bastante cabreado.

La última vez que fuí a la UTIG de Málaga, me dieron la siguiente cita, no un més más tarde, como suelen, sino dos meses y medio más tarde, por muy buenos apaños. A una amiga que venía conmigo, se la dieron casi tres meses más tarde, y a un amigo que fué algo después que yo, le dieron para tres meses más tarde.

¿A qué se debe tanta demora? Nos preguntabamos todos. Puede ser porque Trinidad se va de vacaciones en Septiembre. Bueno, también tiene derecho. Pero eso es un mes, no dos. Puede ser porque hay un puente, pero eso añadiría una semana extra de trabajo. ¿Y entonces? ¿Por qué? ¿Dónde se ha formado el cuello de botella? Esto tiene que tener alguna explicación.

Pues mira tú por donde, que sí que la tiene. Los días 16 y 17 de octubre, la UTIG de Málaga celebra sus diez años de existencia por todo lo alto, invitando a los colegas de otras UTIG (no sé para qué, si a día de hoy yo diría que son los que más atrasados van en todo, y peor atención dan al paciente). Dicho en sus propias palabras:

Este mes de Octubre la Unidad de Trastornos de Identidad de
Género (UTIG) de Andalucía cumple 10 años. Es un buen momento para celebrar este aniversario con todos aquellos compañeros del Hospital que día a día han respaldado y colaborado en nuestro trabajo con las personas transexuales y han compartido con nosotros experiencias clínicas, retos terapéuticos e inquietudes desde el lado de la reflexión responsable y con la intención unánime de contribuir
a mejorar la vida cotidiana de estos hombres y mujeres.

Claro, organizar todo esto lleva su tiempo. Ahora ya sé dónde están las horas que me faltaban. Ahora todo cuadra. Colgarse medallitas delante de los colegas es arduo y trabajoso, aunque muy gratificante. Merece la pena quitar horas a los pacientes si es por una causa tan noble como esta.

Se me llenan los ojos de lágrimas de agradecimiento al pensar en todo lo que estos profesionales hacen para mejorar nuestra vida cotidiana. Lo que más me ha gustado es que nos reconozcan como «hombres y mujeres», y no como «pulpo», «animales de compañía», «aberraciones de la naturaleza» o «trastornados». Que buenos son. Creo que hasta voy a regalarles un jamón o algo, como se hacía antiguamente a los médicos de pueblo. O, si me da el punto, a lo mejor empiezo a buscar a otros amigos para, entre todos, comprarles una buena cesta de Navidad.

Lo único bueno de todo esto es que un amigo mío que llevaba más de un año dando por culo para que le operasen de masectomía, ha conseguido por fin quirófano, y ya de paso, van a operar a otros ocho afortunados más. Luego a saber hasta cuando no vuelven a operar a nadie, pero esa es otra cuestión.

Me cago en la mar. Si es que estamos mejor que queremos. Hay que joderse. Cagüentó…

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