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En referencia al proyecto de Ley de Igualdad de Trato

He visto varios artículos sobre el proyecto de Ley de Igualdad de Trato, también conocido como «Ley mordaza», y lo primero que sorprende es que casi todos ellos son uniformes. Que cada cual reflexione sobre lo que esto puede significar. Por mi parte lo que sí puedo decir es que yo he sido discriminado una y otra vez por motivo de identidad de género y, como es lógico, soy proclive a dar la bienvenida a las medidas que puedan contribuir a que esta discriminación hacia mí y hacia otros cese. Como soy parte implicada, no puedo ser objetivo, de modo que animo a quien quiera una información completa, no sesgada y veraz, a leerse el proyecto de ley. Para los demás, aquí dejo una respuesta que he intentado publicar a la siguiente entrada del blog de un tal Elentir que, al parecer, es bastante conocido. (En el momento de escribir esta entrada, mi respuesta en tal blog no ha sido publicada. No es que me parezca mal que cada cual modere su blog como le de la gana, es para que nadie se rompa la cabeza buscándola).

Empezaré comentando esta entrada partiendo de la siguiente base: hay muchas personas a las que les parece totalmente disparatado que si antes a los maricones y demás gentuza (como yo, que soy transexual y bisexual) nos metían en la cárcel con la ley de vagos y maleantes, ahora ya no sólo tengamos los mismos derechos que los demás, sino que, además, hasta esté prohibido insultarnos. Un escándalo contra natura que pone el mundo al revés. Pobrecitos, que pena me dan. Estoy a punto de llorar y todo.

Pasando a los hechos objetivos del blog, el artículo 3 del proyecto de ley no señala: “Esta Ley se aplicará en todos los ámbitos de la vida política, económica, cultural y social” Enumera una serie de ámbitos para los que, en mi opinión, es necesario establecer esta ley, puesto que la discriminación, y además, muy gravemente. Los criterios de discriminación son:

Art. 2.1 «Nadie podrá ser discriminado por razón de nacimiento, origen racial o étnico, sexo, religión, convicción u opinión, edad, discapacidad, orientación o identidad sexual, enfermedad, o cualquier otra condición o
circunstancia personal o social.» Muy similares a los que ya aparecen en el art. 14 de la Constitución.

Respecto al ámbito objetivo de aplicación, no incluye las páginas personales, así que, señor Elentir, puede usted estar muy tranquilo: podrá discriminar todo lo que quiera en su blog.

El artículo 4 sí incluye las palabras que usted blog escribe, pero, además, incluye otras muchas. Especialmente, el art. 4.2 establece una limitación a la no discriminación que es «No se considera discriminación la diferencia de trato basada en alguna de las causas previstas en el apartado primero del artículo dos de esta Ley derivada de una disposición, conducta, acto, criterio o práctica que pueda justificarse objetivamente por una finalidad legítima y como medio adecuado, necesario y proporcionado para alcanzarla.» De modo que, aunque fuese verdad que la ley especifica que no se puede establecer discriminación por razón de idioma (que no lo hace, por cierto), la limitación del uso de idiomas quedaría justificada por el objetivo del bog, que parece ser «engañar sobre el conenido de los proyectos de ley a los lectores de habla española, transmitiendo información falsa». Si el objetivo fuese «establecer una comunidad de usuarios de Linux», no sería considerado como discriminación el moderar los comentarios de alguien que estuviese constantemente hablado de Windows, así que los usuarios de Linux también pueden estar tranquilos.

La interpretación que hace usted del artículo 5 sobre discriminación indirecta, es disparatada. La discriminación indirecta no significa establecer criterios para animar a la gente a que cometa actos de discriminación. Un ejemplo de discriminación indirecta podría ser lo que me pasa a mí cuando voy a cualquier centro médico y se me llama por mi nombre legal: en ese momento se hace público un dato de mi expediente médico (que soy transexual) al mismo tiempo que se vulnera mi derecho a la propia imagen e incluso al honor. Sin ir más lejos, el martes pasado fui a hacerme un análisis de sangre al ambulatorio de mi pueblo, y cuando una de las pacientes me vio, se echó a reir. Gracias a esta ley podré exigir en los hospitales que dejen de llamarme de esa manera, cosa que, en estos momentos, no tengo derecho a solicitar, puesto que los nombres y apellidos que figuran en el DNI son un dato público. Lo que pasa es que como usted no debe haber sufrido nunca una discriminación real, no comprende a qué va referida la ley. O quizá está usted dentro del grupo de los que opinan que la gentuza como yo no debería poder tener los mismos derechos que las personas decentes.

La interpretación referente al artículo 10 también es absurda, empezando porque este blog está fuera del ámbito objetivo de aplicación (claro que como usted empezño diciendo una mentira del tamaño de un tolebús al mencionar el artículo 3 que especifica el ámbito de actuación, pues… en su mundo ficticio, sí se podría interpretar así). La realidad es que el artículo 10 está pensado para proteger a personas como una amiga mía, que está denunciando a su médico porque se niega a darle los tratamientos sanitarios que están prescritos en su caso, a no ser que se vista como a él le guste, y eduque a sus hijos y se relacione con su mujer como el médico diga. Muchas otras pacientes de este médico están en la misma situación, pero ninguno se atreven a denunciar no vaya a ser que les retiren los tratamientos. Con esta ley, podrán denunciar sin miedo. Claro que también es posible que usted opine que la gentuza como yo, aunque pagamos impuestos, no deberíamos tener derecho a la salud.

En fin, no sigo con el resto, porque va todo en la misma linea. Enhorabuena por la entrada, que está siendo muy leida y mucha gente se la está creyendo, aunque lamento informarle de que la gran mayoría de la población de este país está en contra de la discriminación. Por lo general, las leyes antidiscriminación de nuestro Gobierno son completamente ineficaces, como la ley contra la discriminación de la mujer, o la de la violencia de género, pero esta precisamente, es una ley necesaria, útil y bien hecha, que servirá para frenar la discriminación que muchos venimos sufriendo desde hace ya demasiado tiempo. Eso, claro, molesta y da mucho miedo a los que discriminan.

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Añado aquí, en mi propio blog, las siguientes observaciones:

No es cierto que el artículo 28 invierta la carga de prueba. El artículo 28.1 indica que cuando se haga una acusación basada en indicios suficientes, la parte denunciada tendrá que justificarse. Es decir, que yo, para denunciar a alguien, tengo que presentar pruebas, y si mis pruebas son convincentes (con lo cual ya superaríamos la fase de presunción de inocencia), entonces la parte denunciada tendrá que defenderse. ¡Pues claro! ¿Qué quieren, que la parte denunciada no se pueda defender? Pero la ley va aún más allá y señala que para los procesos penales y los procesos administrativos sancionadores no se aplicará lo establecido en esta ley, por lo que se aplicará el procedimiento normal para todos los casos.

Sin entrar en más detalles, las supuestas interpretaciones que he visto en otros artículos que señalan que esta ley es para censurar blogs por la cara, sin jueces ni nada, tampoco son ciertas. Para empezar, la eliminación de contenidos de una página de internet tendrá que ser ordenada por un juez, si el juez opina que es necesario, y con sujección a ciertas limitaciones. El proceso administrativo relativo a los actos discriminatorios será llevado, como siempre, por la administración (sin participación del juez), aunque, como siempre, contra la resolución de la Administración siempre cabrá interponer un recurso en los juzgados de lo contencioso-administrativo. Como siempre, los ciudadanos estamos bastante indefensos ante la arbitrariedad de la Administración, pero eso no es culpa de esta ley, sino, sobretodo, de la Ley de Organización y Funcionamiento de la Administración General del Estado y Proceso Administrativo Común, que es la que lleva esas cosas.

La pena es que la fachaopinión se difundirá mucho más que mi opinión, pero así es la vida… El día 17 de mayo fue el día contra la homofobia y la transfobia, dos semanas más tarde aquí estamos, teniendo que defender la primera ley que se hace específicamente para evitar que nos discriminen (lo cual demuestra que la discriminación existe).

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Ejercito español: muy machos o muy hembras.

Hace algunos meses, todos los medios de comunicación se hicieron eco del caso de Aitor, un chico transexual al que no se le permitía el acceso al ejército por carecer de pene y testículos.

No pasó mucho tiempo hasta que la ministra de defensa, Carma Chacón, salió diciendo que ese requisito no era necesario y sería eliminado muy pronto.

En la siguiente convocatoria, los medios de comunicación volvieron a hablar de Aitor, aunque en esta ocasión era para explicar que había vuelto a ser rechazado, en este caso porque se le había pasado la edad para alistarse, que era de 26 años.

En aquella ocasión, a mi me pareció entender que la condición de no tener pene y testículos ya había desaparecido, pero hoy, hablando con un amigo que también quiere entrar en el ejército, me he enterado de que no. La cosa sigue igual.

Como no me lo podía creer (leñes, no es que piense que este chaval es un mentiroso, es que me parece increible, sobretodo teniendo en cuenta la publicidad que en su momento se le dió al asunto), mi amigo me dió el enlace al cuadro médico de exclusiones, y como me imagino que a los que leéis esto os pasará lo mismo, aquí lo dejo:

Cuadro médico de exclusiones del ejercito.

El que lo quiera encontrar rápido, que vaya al apartado J. Aparato urogenital, puntos 8 y 9.

Sin embargo, no sólo los hombres con ausencia total o parcial de pene o testículos son rechazados por el ejército. También lo son las mujeres con «Disgenesias, hipogenesias y agenesias gonadales y genitales», es decir que les falte o tenga alguna malformación en su aparato reproductor externo o interno. También están incluidas, por supuesto, las mujeres interesexuales, y, como no, las mujeres transexuales.

No entiendo muy bien qué tiene que ver la forma, tamaño, o existencia de gónadas y genitales para el ejercicio de la carrera militar. Supongo que el ejército español tan sólo quiere hombres muy machos y mujeres muy hembras. Pero, en el caso de las mujeres, que tampoco se pasen de «hembras», porque en el apartado K.7 también figura como motivo de exclusión «hipertrofia gigante de mama y otra patología mamaria que incapacite para la profesión militar». Sólo interesan hembras con las tetas chicas o medianas.

Las conclusiones de todo esto no son muy interesantes.

1) Que los políticos mienten. ¿A caso no lo sabíamos ya?

2) Que los medios de comunicación mienten y manipulan la información. Otra cosa que ya sabíamos todos.

3) Que cuando estemos ante un miembro del ejército profesional español, ya sea hombre o mujer, sabremos con bastante exactitud qué guarda dentro de los pantalones. Y si se trata de un varón, sabremos que lo del «miembro» del ejército, será tanto en sentido literal como figurado.

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Intolerancia (Q.E.D.)

El sábado pasado fui de compras con Marta, que necesitaba urgentemente algo de ropa. Marta es una chica transexual bastante jovencita, que aun no se hormona, pero que espera empezar a hacerlo pronto (el psicólogo le dará el informe el mes que viene). Además de la ingrata tarea de tener que «salir del armario», ahora también le toca la más grata, pero también cara tarea de renovar su propio armario.

Ese día Marta estaba triste. Había tenido una fuerte discusión con su familia y por su cabeza comenzaban a pasarse imágenes de un futuro bastante triste y bastante negro. No voy a dar detalles, pero su estado de ánimo estaba bastante cercano al mío cuando escribí este post. Aún así, nos fuimos de compras.

Como no tenemos mucho dinero, entramos en una tienda de chinos, de esas en la que la ropa es una mierda, los dependientes no entienden ni jota de lo que les preguntas y te atienden mal, pero es todo tan barato… y  Marta vió unas botas de caña alta que le gustaron, así que pedimos su número de pie para probarlas. Doscientos años más tarde, apareció la dependienta (una mujer china de mediana edad) con las botas y nos las dejó para que las probaramos, aunque sin quitarnos el ojo de encima, como suelen hacer en ese tipo de tiendas.

Yo no hablo chino, pero hay cosas que se entienden sin necesidad de compartir el mismo idioma, y la cara de aquella mujer al ver que era Marta y no yo quién se probaba las botas, lo dijo todo. Una sonrisa como si acabasen de contarle el mejor chiste del mundo, y luego unas palabras en tono humorístico con la cajera. Carcajadas sonoras por parte de ambas, miradas para nada disimuladas hacia donde estabamos Marta y yo, y comentarios ininteligibles para mi, pero cuyo sentido era muy claro: «ese chico es un travesti, que risa».

Unos minutos después llegó otra chica, jovencilla ella, y junto con la señora de mediana edad se entretuvieron en «seguirnos» descaradamente, con mucho interés por ver como un hombre se entretiene en comprar ropa de mujer, aunque debimos decepcionarlas bastante, pues al poco rato se cansaron y regresaron a sus quehaceres. Marta no daba saltitos ni grititos, y yo (que no se si a esas alturas pensarían que también era una chica transexual, una lesbiana camionera, o una tía con pésimo gusto a la hora de vestir) tampoco daba ningún espectáculo. Éramos sólo una chica y un chico normales comprando ropa.

Lo cierto es que me dieron ganas de hacerles algún comentario al respecto (no soy de los que se callan, y menos en una tienda) pero como sabía que de todos modos la china no me iba a entender, decidí no gastar saliva ni esfuerzo en vano y escribir aquí mis impresiones, que fueron varias.

En primer lugar, que no está bien reirse de los clientes. Uno corre el riesgo de que te monten un pollo en la tienda. Tal vez debí pedir el libro de reclamaciones. Quizá aun lo haga, después de todo, pero yo sólo.

En segundo lugar, que uno nunca debe burlarse de los demás, por muy «burlable» que el otro nos parezca. Es cruel reirse de una persona que no tiene la certeza de que dentro de un mes vaya a continuar formando parte de una familia. Igual podrían haberle dado un sartenazo a Marta en la cabeza, tal vez le habrían hecho menos daño. (Sí, creo que voy a ir a pedir el libro de reclamaciones, y así nos jodemos todos por igual).

En tercer lugar, que hay que ser realmente imbécil para ser un chino en España y reirse de otra persona. Supongo que su desconocimiento del español les debe hacer ignorar que en nuestro idioma existen expresiones tales como «engañarle a uno como a un chino», «cabrearse como un chino», «trabajar como un chino», y que, en definitiva, los chinos, al igual que los transexuales, son materia de chiste en nuestra cultura.

Realmente, hay que ser imbécil para burlarse de alguien, sean cuales sean las circunstancias personales. No existe nadie totalmente normal. El hombre blanco, español en españa, con una familia modelo y un sueldo bueno, es posible que no sepa que está llamando «hijo» a la persona equivocada, y eso es algo que a todo el mundo le da mucha risa. Es posible que ese mismo hombre «normal» tenga un hijo o hija homosexual, o transexual, lo cual también resulta muy divertido, o que se le caiga el pelo y se quede calvo, que se corte una pierna en un accidente laboral y se quede cojo (a muchas personas las minusv

alías les resultan taaaan divertidas), que su esposa le esté poniendo una cornamenta diga del macho alfa de una manada de ciervos, etc… Siempre, siempre, nuestra vida tendrá algo que nos convierta en una víctima potencial de las burlas y miradas ajenas.

Llego con esta reflexión a donde quería llegar. Una persona intolerante es una persona imbécil, puesto que la propia intolerancia hace que la vida sea mucho más difícil para las personas intolerantes. Reirse de los demás le convierte a uno mismo en una persona ridícula. Podemos concluir por tanto que llevar a cabo este tipo de actos que solo sirven para hacer sentir mal a los demás, al final también nos hacen sentir mal a nosotros mismos. Llevar a cabo, de manera gratuita, acciones que al final acaban perjudicándonos a nosotros mismos es de ser bastante imbécil. Por tanto ser intolerante, es de ser imbécil. Q.E.D («Quod erat demonstrandum» es una locución latina que significa “lo que se quería demostrar”).

Tengo que decidir todavía si pongo o no pongo la hoja de reclamaciones. La tienda está lejos de mi casa, pero cerca de la oficina donde trabajo. Quizá vaya mañana.

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