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Oposición (III) La estancia y el examen.

Mi primer tabajo apara el sábado fué ir a localizar el sitio donde tenía que examinarme. Aunque iba con GPS (robado a mi padre) tenía buenos motrivos para desconfiar: por alguna extraña razón, los campues nunca aparecne bien colicados en elos GPS.

Esta no iba a ser la excepción. Seguún el GPS, el campus estaba situado en un punto justo entre la autovía y una playa estrechita de arena dorada, con un interesante carril bici y una acera para pasear. No me habría molestado hacer el examen allí, pero algo me decía que ese no era el lugar apropiado.

Tras dar varias vueltas, decidí, por intuición, entrar por una de las salidas de la autovía que daba a una zona que parecía tener edificios que bien podrían ser facultades universitarias. Una vez allí paré, pregunté, y… me costó trabajo encontrar a alguien que supiese dónde estaba el campus. De hecho, en un momento dado ya no preguntaba por el campus, sino por alguien que pudiese saber dónde estaba.

Finalmente una mujer me sugirió que preguntase a un guardia jurado que había por ahí, y el hombre, lo primero que me dijo fue: «tendrás coche ¿verdad?». Le dije que sí (menos mal) y me explicó que el campus en realidad no está en Las Palmas, sino en un pueblo que se llama «Tafira», que no está ni cerca de la ciudad. Ahí fue donde comprendí por qué se llama «Campus universitario de Tafira». Me indicó más o menos por donde ir para llegar al sitio en el que empezaban a haber señales de tráfico que indicaban la dirección. La explicación fue tan compleja, que en la segunda calle ya había girado hacia donde no era.

Pero ya sabiendo que Tafira es un pueblo, lo metí en el GPS, y gracias a esto, y a las indicaciones de otro hombre al que pregunté (nunca he entendido que problema tienen muchos hombres a la hora de preguntar por la dirección de un sitio que desconocen) finalmente… llegué a otra autovía en la que habían indicaciones, primero para Tafira, y luego para el propio Campus.

De todo esto deduzco que el gobierno Canario ha decidido que es inutil poner señales que indiquen la dirección del campus porque habitualmente todo el que necesita llegar hasta un campus universitario ya sabe como llegar sin que se lo indiquen.

Llegué por fin al campus, y me dieron ganas de besar el suelo, como hacía el papa. Pero aún no había terminado. Tenía que buscar dónde estaba colgada la lista de aspirantes y el edificio en el que finalmente me examinaría. Y esta vez no podía preguntar a nadie, porque no había nadie a quién preguntar.

Tras dar un buen paseo, encontré a dos personas, y cuando les iba a preguntar, otro hombre se me adelantó y preguntó si sabían dónde estaban colgadas las listas de la oposición. ¡Y lo sabían! ¡Viva! El resto fue coser y cantar.

Total que «sólo» había dedicado dos horas para encontrar el sitio: una para llegar hasta donde dijo el GPS, y otra para llegar al sitio donde realmente sería el examen.

Eso me dejaba libre la tarde entera, porque a la hora que era, lo que tocaba era ponerme a buscar un sitio donde comer.

Marqué las coordenadas exactas en el GPS y entré en Las Palmas, sin saber muy bien dónde ir, hasta que compré un plano callejero a un señor muy amable que, además, me hizo de informador turístico y me dijo los lugares que él veía más interesantes para visitar.

Pertrechado con el plano y siguiendo los consejos de ese señor, fui andando al centro (yo voy andando a todas partes, porque odio buscar aparcamiento) y ojo avizor para encontrar donde comer. Como es habitual, había un McDonalds facilmente localizable hasta para el turista menos espabilado. Y a unos 20 metros, en una calle cercana, pero mucho menos visible, un bar con menú del día a 7,50€. Está claro… me fuí a por el menú del día. Y eso que todavía no sabía que el menú, de postre incluía un flan de huevo casero (dada mi debilidad por los flanes, este ya habría sido motivo suficiente), y que el café valía 0,80€.

Muy satisfecho por haber esquivado las garras del McDonalds, salí a ver la ciudad un rato más, pero lo cierto es que no me pareció que tuviese nada especial, y le dediqué muy poco tiempo. La realidad es que, de hecho, tenía muy poco tiempo. Estaba seguro que podía dedicar ese tiempo a encontrar cosas mejores. Si tengo oportunidad de regresar, entonces prometo que visitaré todos los sitios que me han dicho que hay que visitar en Las Palmas.

En lugar de eso, decidí irme a ver la zona norte de la isla (recordemos que yo estaba en la zona sur). ¡Ah! ¡Menudo acierto! ¿Recordáis que había dicho que el paisaje canario se parece mucho al de Granada? Pues es totalmente cierto. Pero como no me canso de los paisajes de aquí, tampoco me cansé de los paisajes de allí, y además encontré un pueblo con una playa llena de… una especie de atalayas naturales, formadas por la erosión irregular que el mar ha ido haciendo a lo largo de miles de años en las rocas. Precioso, y, además, según parece, muy buen lugar para pescar con caña. A mí no me gusta la pesca con caña, pero bueno…

Cuando me acuerde de poner las pilas de la cámara de fotos a cargar, colgaré alguna foto de ese sitio.

Tras pasar la tarde de pueblo en pueblo, viendo paisajes y haciendo pocas fotos porque las pilas se me acabaron (no es que no las llevase cargadas, es que mi cámara es una mierda, y si las pilas no están recién cargadas, no funciona). Volví al hotel, bastante cansado, y con la seguridad de que esa noche iba a dormir a pierna suelta, aunque al día siguiente era el examen. Y es que el cansancio es el mejor remedio contra los nervios.

Todavía tuve humor para salir por Puerto Rico y conocer el centro comercial que, según me dijeron, por la noche tenía mucha vidilla. Y sí, es cierto, la tenía… pero también tenía ese aire de las cosas diseñadas específicamente para turistas alemanes e ingleses de mediana edad, y como yo soy español, no me terminaba de sentir demasiado agusto.

Dormí como un tronco.

Al día siguiente, el examen. Me fuí con tiempo de sobras, a pesar de que no es conveniente llegar demasiado temprano a un examen, porque el ambiente de nervios es contagioso, y contraproducente. Pero para eso me había comprado yo dos libros de Mundodisco (escritos por Terry Prachett), con los que me estaba partiendo de risa aproximadamente desde la página 15. Creo que en todo el campus yo era el único que se reía, con cierta frecuencia, y sin ser una risilla nerviosa.

Me fijé que todo el mundo hablaba con acento canario. Es decir, que estábamos muy pocos peninsulares. Bien.

En realidad, estábamos muy pocos. En mi aula faltó un 45% de los aspirantes, y supongo que lo mismo ocurriría en las demás. Me pregunto si eso es habitual en estas oposiciones… Luego repartieron el examen y… ¡hala! A responder.

Tuve un error de principiante en el examen, y es que por no arriesgar demasiado y que me quitaran preguntas bien, arriesgué demasiado poco. Tal vez si hubiese arriesgado un poco más, ahora estaría más tranquilo, con mejor nota. Aunque quizá estaría más tranquilo porque sabría que había suspendido seguro…

Cuando salí estaba hecho polvo, aunque satisfecho por haber hecho ya el examen de una puñetera vez, y no muy mal. Lo único que quería era descansar. Volví al hotel, bajé a la piscina, y ni salí a comer ni nada. Comí allí mismo y dejé que me clavaran 9€, pero tampoco es que fuera del hotel pudiese encontrar nada mejor, y, pensándolo bien, 9€ por comer tampoco es tan caro. Eso sí, para la cena compraría las cosas en el super, mucho más barato.

El camino de vuelta hacia la península fue más o menos lo mismo pero del revés, y sin madrugar tanto. Y sin niños llorando. Me quedé con las ganas de comprar tabaco para mi padre, y mojo picón, pero facturar maleta cuesta 10€, así que iba con una mochila donde me cabía lo justo para los días que iba a estar. Quizá la próxima vez que vaya pueda hacer también esas cosas.

Y hasta aquí el viaje a Canarias, contado por fascículos y poco a poco, ya que sigo estudiando. Aunque ahora no me importa tanto dedicarle un buen rato a teclear en el blog, puesto que el segundo examen incluye «algo» de mecanografía, y conseguir una buena velocidad es sólo cuestión de hábito.

Los rumores dicen que puede que la nota salga la semana que viene, pero yo no lo veo muy claro, puesto que el periodo para impugnaciones acabó el martes pasado. Ahora hay que resolverlas, sacar la plantilla definitiva, y, si han habido cambios, introducir dichos cambios en las correcciones de los exámenes. En fin, cuando sea, será. Yo mientras sigo por aquí estudiando como si fuese a presentarme al segundo examen, y si al final no me presento… pues eso que llevo para el año que viene.

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