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Rutina de sábado.

Dos horas estudiando. Ya no sé si estudio derecho constitucional, o si el derecho constitucional me estudia a mí. Me está mirando, de eso no hay duda. Esto no es normal. Mejor hago un descanso.

Es sábado. Toca raparse. Yo diría que cada vez tengo más pelo, y me está creciendo más duro. Mi madre dice que ya podía dejármelo crecer otra vez, pero me he acostumbrado a verme así y me gusta, además de que es muy cómodo y ahorro en peluquería. Ya nadie me viene con la cantinela «tienes muy poco pelo», «gracias por avisar, no lo había notado». Además, supongo que cuanto más tiempo me siga rapando, más fuerte se me pondrá ¿no? Todavía no hay riesgo de que nadie vaya a confundirme con el león de la Metro.

A rapar. Cada vez lo hago mejor, más rápido y sin transquilones, aunque creo que no me he repasado bien lo pelitos de la nuca. Bueno, a ver si mañana tengo más maña.

Aprovecho y recorto los cuatro pelos que tengo en la cara, que últimamente me estoy dejando crecer, y que no pueden ser llamados «barba». Me he pasado un poco y en algunos sitios se me ha quedado a roales, pero como ya está a roales de su natural, tampoco es una gran desgracia. Además, es la primera vez que hago esto… ya iré aprendiendo con la práctica, digo yo.

Me han dicho que es mejor afeitarse antes de ducharse, pero yo prefiero hacerlo después. Los otro cuatro pelos que me salen en la cara, que no pueden llamarse tampoco barba, pero que no me estoy dejando crecer, se quedan donde están hasta después de la ducha.

Ducha. Mola lavarse la cabeza después de raparse, la sensación en la mano y en el cuero cabelludo es muy agradable.

Ahora sí, afeitado de lo que queda. Lo que queda, además de poco, es muy blando y no me cuesta nada afeitármelo. Al contrario, me agrada afeitarme, porque luego se me queda la piel muy suave. No se me irrita ni me hago cortes, de momento.

Después toca la «reconstrucción facial». Esta semana la dermatitis parece que está remitiendo, así que va a ser más fácil. Tampoco estoy seguro de que el orden sea el correcto, pero primero me paso una crema exfoliante, a ver si consigo arrancarme todas las pielecitas muertas (que asco, un día de estos se me va a caer la cara), y me consuelo pensando que también es bueno para los puntos negros y para prevenir las espinillas. Después crema hidratante, de farmacia, especial para la dermatitis atópica. No es milagrosa, pero alivia mucho. Después el aftershave… en realidad, no sé si el aftershave debería haber ido antes que la crema hidratante, pero todavía no me ha salido nada raro en la cara (a parte de lo que ya tengo, ay) así que debo estar haciéndolo bien.

Paso final: limpiar el cuarto de baño. Para ser alguien con tan poco pelo, parece mentira la de pelos que suelto.

En total, unos tres cuartos de hora dedicados a «acicalarme». Y lo peor de todo es que me gusta dedicar este tiempo a eso. Cuando termino puedo decir que me gusta el resultado que veo… cosa que antes no me pasaba, porque ni me gustaba el resultado, ni tampoco es que lo viese, en realidad.

Me estoy volviendo un poco presumido. Ahora ya no voy a poder criticar a mi hermana. Pero tampoco muy presumido, creo. Lo justo como para que me relaje dedicar algo de tiempo a cuidar mi cuerpo. Me estoy acostumbrando a hacer cosas agradables relacionadas con mi cuerpo de manera rutinaria, lo cual es una agradable novedad.

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Un año de hormonación (I)

Hoy (26 de enero) es mi «segundo cumpleaños». Hace justo un año que empecé con la hormonación. Es una fecha que me hace bastante ilusión, aunque, al mismo tiempo, siento un prurito de culpabilidad al celebrarla. Ya escribiré sobre ello en otro momento.

Al principio de empezar con las hormonas, iba comentando con cierta frecuencia que cambios iba notando. Luego dejé de hacerlo porque empezó a importarme menos, y porque los cambios ya eran más graduales. Aunque la diferencia entre no tener barba y tenero «algo» de barba pueda ser la misma que entre tener «algo» de barba y «un poco más de barba», al menos en lo que a número de pelos barbudos se refiere, el primer paso, de no tener a tener, es el más impactante.

De todas formas, tampoco quiero dar la impresión de que ya no me fijo en los cambios, o de que me dan igual. No, me dan tantas satisfacciones como el primer día, sólo que me he acostumbrado a que mi cuerpo me de alegrías en vez de disgustos.

He pensado que estaría bien hacer una pequeña cronología de cómo he ido cambiando, más o menos como lo recuerdo.

En el primer més lo primero que noté fue que me salía algo más de vello, especialmente en el pecho. Después de una semana, ya tenía unos cuantos pelitos en el pecho. Unos quince días después de la primera inyección, me bajó la regla, y desde entonces, ya no me ha vuelto a molestar.

En el segundo mes, empecé a notar que me cambiaba la voz, pero nadie más lo notó. También me empezó a cambiar la cara. En los videos que me hice en aquel momento, ya se nota el ligero cambio de voz, aunque hay que estar atento.

A partir del tercer mes, la mayoría de la gente ya me identificaba como hombre, aunque todavía no todos. Entonces me fui a Ecuador, donde la gente tiene menos altura, y los hombres no tienen unos caracteres sexuales secundarios tan acusados como en la raza mediterranea (tienen la voz menos grave, poca o ninguna barba, constitución más ligera…) y allí sí que nadie me veía como mujer, excepto una vez que me crucé con un español.


(Si hacéis click en las fotos, se amplían)

Las fotos de la primera fila son del día 25 de abril, donde llevaba tres meses (menos un día) de hormonación.
Las fotos de la segunda fila son del 10 de diciembre, llevaba diez meses y medio de hormonación.

Por ahí tuve un periodo en que perdí de vista la percepción del tiempo (un día en Ecuador es como una semana en España… es como si allí se viviese más que aquí, en cierto modo), y como no tenía espejo, tampoco veía los cambios. Empezó a salirme algo de vello en la barriga, y en el culo (las cosas son así), y me aumentó en las piernas, y en los brazos. Me estaba entrando complejo de mono.

Fue en junio (unos cuatro meses y medio de hormonación) cuando me miré por fin a un espejo grande y me di cuenta de que la forma de mi cuerpo había cambiado: tenía mucho menos culo. A día de hoy, sigo teniendo ciertas «curvas», pero mucho menos que cuando empecé a hormonarme. Por otra parte, la pérdida de peso que tuve mientras estuve en Ecuador, debió influir mucho.

El pelo se me empezó a caer en mayo. Yo esperaba que con la testosterona me quedase calvo, porque anteriormente ya tuve problemas de alopecia androgénica, así que cuando empecé a perder pelo, simplemente pensé que ya había llegado lo inevitable.

A finales de agosto (siete meses de hormonación) decidí raparme, porque ya tenía realmente poco pelo. No es que estuviese calvo del todo, pero la cosa estaba clareando demasiado. De perdidos al río. Además, ya estaba harto de que todo el mundo me dijese que tenía muy poco pelo. ¡Como si no me hubiese dado cuenta!

En septiembre me hice unos análisis y me detectaron que tenía anemia, así que empecé a tomar hierro. En noviembre me pareció empezar que tenía más pelo, y varias personas me lo han confirmado, así que sospecho que en realidad no me estaba quedando calvo por la testo, sino que se me caía el pelo por la anemia. Sin embargo, eso no descarta que al final me quede calvo.

A finales de noviembre empecé a notar que se me ensanchaban bastante los hombros. Eso ya lo había empezado a ver a partir del tercer mes de hormonación, pero digamos que esto fue una «segunda fase». Empiezan a quedarme bien las chaquetas, que casi siempre se me caían un poco de los hombros, pero al mismo tiempo me siento un poco «armario empotrado». No es que no me guste el aspecto que tengo ahora, es que no me lo esperaba.

Los cambios de voz se han producido también en varias etapas, más o menos alrededor del tercer més, del séptimo y del undécimo, es decir que he estado notndo cambios de voz hasta hace poco (y eso no significa que no vaya a tener más). El vello va aumentando por todas partes, y tengo algo que ya medio parece que se podría llamar barba, si usamos ese término de manera muy ámplia.

Desde que empecé con las hormonas, comencé a tener también algunos granitos, sobre todo en la espalda (en la cara también). Hace un par de meses, más o menos, empecé a notar que la piel me había cambiado, ahora parece más gruesa y elástica, y un poco húmeda (también sudo más que antes) y el problema de acné se ha agravado bastante. Por suerte en la cara no me salen muchas espinillas, pero mis brazos, hombros y espalda están a punto de ser declarados zona catastrófica.

Aquí podéis encontrar un audio de mis cambios de voz. Me habría gustado hacer un podcast, pero no tuve tiempo de repasar el tutorial de Paco, así que se me ha quedado a medio camino.

Hasta aquí por hoy, que se me ha hecho muy largo el post. Próximamente más. ¡Y con más fotos!

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El reflejo en el espejo.

Vuelvo a tener un espejo en que mirarme… lo que facilita mucho la labor de afeitarme y ponerme las lentillas. He aprendido a hacer ambas cosas sin espejo, y no me saqué ningún ojo por el camino. No deshollarme es más fácil, básicamente porque todavía no tengo mucha barba que afeitar.

El espejo está en el baño. Me miro y veo a un chico, que, por primera vez, se parece bastante a la persona que sale en las fotos. Hasta hace poco no tenía una idea muy clara de cual era mi aspecto, era un poco como que me miraba al espejo y no me veía, tan sólo me veía en las fotos. Ahora empiezo a verme, y es agradable. Tengo un motón de lunares y pecas, y cada vez menos pelo (no es que nunca haya tenido mucho), pero me da igual. Me veo reflejado en el espejo, por primera vez.

He pensado mucho y he leido mucho sobre la hormonación. Teorías a favor, teorías en contra. Una normalización del cuerpo, una medicalización de la vida. Una necesidad, si no te hormonas no eres un auténtico transexual. Todo tonterías. Lo importante es sentirse bien con uno mismo. Resulta que la realidad está por encima de todas las teorías y explicaciones habidas y por haber. Teorizar y explicar está muy bien, pero lo importante es vivir. Yo me siento muy bien. Punto.

Sigo desvistiéndome ante el espejo. Tengo la sensación de que también se me han ensanchado los hombros, y como he adelgazado, la ropa me va más holgada. Puedo quitarme la camiseta y dejarme solo la faja, y me sigo viendo bien. Sin embargo, al quitarme la faja, la imagen se me descuadra. Tengo pecho, y de repente en mi mente salta la idea «eso no debería estar ahí, no pega». Siempre he tenido el mismo pecho, ni más ni menos, pero de repente, me sorprendo al verlo. No me molesta, ni me repugna, ni me preocupa. Simplemente, me sorprende, como si fuese algo inesperado. Que raro.

Empiezo a pensar de corazón que me gustaría hacerme la masectomía. Antes lo había pensado con la cabeza, que seguramente en algún momento me vendría bien operarme aunque sólo fuese por comodidad, pero ahora empiezo a desearlo con el corazón, de una forma distinta. Sin embargo sigue siendo algo que no me quita el sueño. Quiero hacerlo, pero puedo esperar tranquilamente a que llegue el momento.

La forma de mis caderas está cambiando, ahora son más rectas. Me miro el culo, y ha disminuido considerablemente de tamaño. Claro, es que he adelgazado, pero hasta ahora cuando adelgazaba, perdía volumen de manera proporcionada, o, en todo caso, antes de la parte superior del cuerpo, nunca de la inferior. No voy a engañar a nadie… todavía tengo culo de sobras, y todavía quedan unos cuantos kilos que perder, pero eso no significa que no tenga mucho menos que antes, y que la proporción sea muy diferente… en tan sólo cinco meses de hormonación.

Sigue saliéndome pelo especialmente en los brazos, en el pecho, en la barriga, y también en la cara, pero ya se me ha pasado el complejo de Chewaka, a pesar de que sé que la cosa sólo puede ir a peor. Supongo que la primera impresión es cuando ves pelo donde antes no había, pero luego como simplemente va aumentando la cantidad, ya no es para tanto. Igual a la larga hasta empieza a gustarme y todo… la depilación nunca fue una de mis prioridades, la verdad.

Bah ¿a quién quiero engañar? Hasta el momento me gustan todos los cambios que están ocurriendo en mi cuerpo, hasta el aumento del vello y de la sudoración, y el implacable avance de la alopecia androgénica. Si alguna vez me hace falta ducharme dos veces en un día, pues me ducho y en paz (me estoy librando del achicarrante verano español, que ahí sí que me iba a tener que duchar varias veces al día, aunque solo fuese para no morir de calor). Lo malo es que aquí no tengo mucha ropa y tengo que estar poniendo lavadoras cada dos por tres, pero bueno, tampoco es tanto trabajo, peor sería tener que lavar a mano.

Es curioso eso de mirarse en el espejo y verse. Voy a seguir practicándolo.

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Enseñando el plumer… esto… el pasaporte

La semana pasada tuve que dejar mis datos legales para un tema de papeleos. Dos día más tarde, un funcionario me llamó por teléfono.

– ¿La señora Elena V.?

– Si, soy yo. – Al otro lado del teléfono se hizo un silencio de dos segundos. Es un silencio que ya conozco, y que significa «esta voz no me cuadra», aunque hasta el momento siempre que lo había oido era porque alguien me llamaba preguntando por Pablo.

– ¿La señora Elena V.? – Volvió a preguntar mi interlocutor, queriendo cerciorarse de que había ido a dar con la persona adecuada.

– Soy yo – Respondí con convicción. He aprendido que hablar con convicción hace que la gente se crea casi cualquier cosa.

– Perdón ¿puedo hablar con la señora?  – Insistió la otra persona. Tal vez pensó que yo era un marido celoso que no quería que su esposa se pusiese a hablar con cualquier hombre que le llamase.

– La señora soy yo. – Redoblé la convicción, aunque a esas alturas estaba a punto de decirle: un momento, que ahora se pone, dejar pasar unos momentos y volver a responder con voz aflautada…

Por fin conseguí convencer al funcionario de que hablaba con la persona adecuada, y me dijo lo que tenía que hacer para continuar con el trámite que había iniciado (por cierto, cualquier pequeño trámite aquí requiere de mucho tiempo, paciencia, y diversos pasos. Los que piensen que la «burrocracia» española es complicada e ineficiente, que se vengan a Ecuador, que se van a enterar de lo que es bueno).

Una hora más tarde, me presentaba en la oficina, pero como había olvidado el nombre del funcionario que me asignaron, tuve que preguntar a la secretaria.

– ¿Me puede decir el nombre del solicitante?

Di mi nombre legal y la chica se puso a buscar.

– ¿Fue ella la que inició el trámite?

– Sí, fue ella. – Esto de hablar de uno mismo como si fuese otra es raro. Es casi como tener una experiencia extracorporal.

El funcionario que me tenía que atender, se puso un poco nervioso, porque el trámite que estaba haciendo requería que le explicase la cuestión de mi identidad de género. Sin embargo me trató muy bien, lo mejor que supo el pobrecillo, que es mañana no se imaginab lo que le iba a deparar el día. Tengo que añadir que, además, en Ecuador hay leyes que obligan a los funcionarios a tratar a las personas trans según el género deseado (cosa que en España no existe), y además ese funcionario en concreto era plenamente consciente de ello, así que más le valía tratarme bien…

Después fui a correos, a recoger un paquete que mi madre me había enviado. Para recogerlo un paquete internacional, primero vas a la ventanilla, con tu identificación y dos copias de la identificación, y luego te llaman de la aduana, donde abren el paquete y, si es necesario, pagas los impuestos aduaneros que sea menester.

Con el tipo de la ventanilla no hubo problema, básicamente porque ni me miró. Los funcionarios de ventanilla son las personas más desencantadas y aburridas del mundo, pues por un sueldo muy bajo tienen que estar todo el día aguantando rebuznos de la gente que no entiende que ellos no son quienes hacen las normas de funcionamiento de las cosas (por cierto, la oposición que yo hacía era para funcionarío de los de ventanilla). El problema fue después, cuando me tocó el turno de ir a abrir el paquete.

– ¿Elena V? – me preguntó el hombre, mirandome a mí y luego al papel donde ponían mis datos y los del paquete.

– Sí, soy yo.

El hombre, un poco sorprendido me pide el pasaporte y lo confirma: foto adecuada, nombre adecuado. Más sorprendido todavía me pregunta:

– ¿¿¿Usted se llama Elena???

Así que me tocó explicar por segunda vez el caso, y de nuevo conseguí poner nervioso a otro funcionario. A lo mejor debería ponerme un cartel en la frente que pusiera «no apto para ancianos, embarazadas y enfermos del corazón». También tengo que señalar que aquí en Ecuador los nombres no tienen sexo, y un hombre podría llamarse perfectamente «Elena», de la misma forma que hay un señor que se llama Clítoris Fernandez.

La suerte es que a mí no me da vergüenza decir que soy trans, y además hasta el momento no me he encontrado con nadie que se lo haya tomado a mal… Pero llevo 4 meses de hormonación y ya es tiempo suficiente como para que mostrar mi documentación se convierta en algo embarazoso. Según la ley española, tendré que esperar a los dos años para poder cambiar de nombre y sexo legal… Demasiado tiempo. Más allá de otras consideraciones sobre la necesidad de obtener un diagnóstico psicológico o psiquiátrico, y lo injusto que es que te obliguen a modificar tu cuerpo para modificar el sexo legal… Tener que esperar dos años es demasiado. Uno se queda demasiado expuesto, durante demasiado tiempo. ¿Quién narices redactó esta ley?

Dejo un archivo con dos grabaciones de mi voz, una de poco después de empezar a hormonarme, y otra de hoy mismo. Yo no soy muy objetivo conmigo mismo, así que no se si suena a voz de hombre, de mujer, de adolescente al que le está cambiando la voz… pero me conformo con ir apreciando el cambio.

Mi voz.

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Sin espejo

Hace ya bastante tiempo que no escribo sobre los cambios que me voy viendo. Lo cierto es que cambiar de ambiente de forma tan radical me sirve para estar menos pendiente de mis propios cambios. También ayuda el hecho de que en la casa hay un solo espejo, no es de cuerpo entero, y no se ve muy bien. La manera que tengo de “automirarme” es hacerme fotos, o reflejarme en el cristal de un escaparate.

Llevo ya tres meses y siete días de hormonación, lo que es muy poco. Cuando empecé a hormonarme pensé que los cambios empezarían a ser visibles a partir de los seis meses o así, pero ya en las primeras semanas los notaba, y ahora, de repente, parece que me está entrando la prisa.

La cara me ha cambiado un poco, se me ha ensanchado la mandíbula y creo que los pómulos los tengo menos redondeados. A veces me veo en el espejo y empiezo a preguntarme quién es el niño que me mira desde el otro lado. Es una sensación agradable.

El 98% de la gente me identifica atomáticamente como hombre (la “identificación automática” es una de las cosas que más me interesan) desde hace unas tres semanas, aunque a medida que me va creciendo el pelo ese porcentaje se reduce. ¡Que importantes son las formas de vestir, de arreglarse y de moverse! Antes pensaba que eso hacía la mitad del trabajo, pero desde que estoy aquí y convivo con chicos trans que no se hormonan pero son inconfundiblemente masculinos (quizá exceptuando la voz, aunque cuando te acostumbras a ellos, también sus voces te suenan masculinas) me he dado cuenta que puedes hacerte a ti mismo a base de fuerza de voluntad.

También es verdad que eso de la no hormonación ni operación tiene su reverso negativo, pero de ello escribiré en otra entrada.

Al grabarme en video y compararlo con el primer video que hice, creo que estoy más ancho de hombros, aunque de eso sí que no estoy seguro porque es el tipo de cambio sutil que sólo notas si te observas con atención y frecuencia, como hacía yo antes. Para eso necesitaría un espejo.

Tengo la sensación de que la ropa me queda mejor y el cinturón empieza a hacerse necesario para que no se me caigan los pantalones, aunque creo que eso también está relacionado con que me parece que estoy adelgazando un poco. Una vez más, no estoy seguro de si estoy adelgazando o no, puesto que no me puedo mirar, y las fotos no sirven para ver esas cosas.

Sí que me está saliendo más vello en el cuerpo. En la barriga sobretodo, pero también en el pecho, en la cara interior de los brazos, en el dorso de la mano (ahí sólo desde la semana pasada), en las falanges… y el que ya tenía se está haciendo más fuerte y más espeso. Vamos, que estoy empezando a coger complejo de Chewaka.

Algunos compañeros de la casa opinan que eso del aumento del vello corporal es un efecto positivo, pero a mí no me acaba de gustar demasiado. Para mí es un efecto indeseado, pero ¿qué se le va a hacer?

Pensé que la voz había dejado de cambiarme, pero al comparar la última grabación que me he hecho con la penúltima, noto una ligera variación. Así que vamos sin prisa, pero sin pausa, igual que con el tema de la barba (no quiero pelos en el cuerpo, pero sí en la cara, soy así de rarito). En este punto es donde me entra la prisa y empiezo a pensar que los cambios van demasiado despacio, aunque supongo que en realidad no es que vayan más lentos que antes, sino que, como ya se ha pasado la novedad y ahora es sólo “continuar con lo que ya había empezado”, me impresiona menos.

Echo un poco de menos no poder compartir estos cambios con mis amigos de España, y no darles la brasa enseñándoles cada pelito nuevo que me ha salido, pero por otra parte me gusta poder enseñárselos a los de la Casa Trans, quienes sí que entienden los sentimientos que me produce ir viendo esos cambios. Lo bueno de estar aquí es que no me siento “extraterrestre”.

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Un poco distinto.

Hoy llevo justo un mes y quince días de hormonación. Creo que ya lo he dicho en otras entradas, pero no esperaba que los cambios empezasen a verse tan rápido. No es que sea cosa de un día para otro, pero casi, casi.

Desde hace cosa de quince días he notado que me está cambiando la voz. Yo soy el primero que va notando estos pequeños cambios, y siempre pienso lo mismo, que serán imaginaciones mías, aunque empiezo a pensar que debería empezar a confiar un poco más en mi propio criterio. Después de todo, soy el que mejor conoce mi cuerpo, eso sin contar con que… es mi cuerpo, o sea, soy yo mismo.

A veces noto una vibración distinta en la garganta al hablar, que me resulta muy agradable. Otras veces me sale un tono de voz más grave de lo normal, y hablo como si estuviese ronco, aunque la mayor parte del tiempo simplemente noto que tengo la voz destemplada y un poco descontrolada.

Ya me ha pasado varias veces que llamo por teléfono a personas que conozco bien, o me llaman por teléfono, y no me reconocen por la voz. Mola. Pero lo que moló de verdad fue cuando hace un par de días me grabé en video y luego comparé la grabación con la primera que hice.

– ¡Coño! – exclamé, a pesar de que estaba yo sólo delante del ordenador. No es que haya una gran diferencia, pero algo se nota. Ahora sueno como un adolescente. En otra entrada mi amiga Kim comentaba que a ella siempre le he sonado como un adolescente, y otras personas me han comentado alguna vez que tengo (tenía) un tono de voz bastante ambiguo, pero ahora sí que es ambiguo de verdad.

No sé explicarlo mejor… Tal vez lo suyo sería colgar una grabación de voz.

También empiezo a notar que me está cambiando un poco el carácter, y no estoy seguro de que eso me guste demasiado, porque mi forma de ser ya me parecía bien. Ahora me noto un poco más agresivo, y estoy algo más nervioso, aunque tampoco es que sea algo exagerado. El nerviosismo lo compenso llendo al gimnasio a machacarme un poco el cuerpo, o a machacármelo bastante.

Lo del gimnasio me está viniendo muy bien en tres sentidos. Por una parte, noto que cuando paso unos cuantos días sin ir estoy más inquieto, mientras que cuando voy regularmente estoy más contento y relajado. Por otra parte, he empezado a entender por qué los deportistas se dopan. ¡Menuda diferencia! No es la primera vez que hago deporte, pero es la primera vez que voy ganando forma tan rápidamente. Lo que la primera semana era una especie de tortura china, la segunda semana podía hacerlo sin desear morir al terminar, y ahora lo supero con creces y al volver a casa puedo seguir con mi vida normal como si nada. Ya, ya sé que lo normal cuando uno empieza a hacer ejercicio es ir mejorando, y cuanto peor era el estado inicial, más rápido se empiezan a ver los beneficios. ¡Pero no tan rápido! O al menos antes no era tan rápido para mí. En tercer lugar, creo que estoy adelgazando un poco. La báscula dice que no, pero me noto la ropa ligeramente más ancha. Es difícil de precisar, porque toda mi ropa es una talla más grande de lo necesario, de modo que no es que me «baile» sino que me baila más todavía. Una vez más… ¿serán imaginaciones mías?

¿Serán imaginaciones mías la impresión que me da, cuando me miro al espejo, de que estoy un poco distinto? Creo que la cara me ha cambiado un poco, aunque no sabría decir exactamente cual es la diferencia ni siquiera comparando fotos recientes con fotos antiguas. Es como jugar a las siete diferencias, sólo que sin saber cuantas diferencias hay, o si hay alguna.

Los pelitos nuevos que me salen en la barba, eso sí que no son imaginaciones. Me salen sobretodo en la barbilla, aunque también noto algo de pelusilla en las mejillas. Además, los pelitos que ya tenía están más fuertes, crecen más rápido. Dicen que luego, cuando tienes barba de verdad (si es que llegas a tenerla, porque depende de la genética de cada uno) es un coñazo tener que estar afeitándose. Pero eso será luego, ahora me hace bastante ilusión, aunque lo que más me ha llamado la atención desde siempre ha sido el tema de la voz.

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