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Ya está el auto del juez.

Hace dos viernes me llamaron del Registro Civil para decirme que ya se había autorizado mi solicitud de rectificación registral de la mención de sexo, y que me pasara cuanto antes para firmar la notificación, así que el lunes siguiente (el día 11 de mayo, si mal no recuerdo) allí estaba yo plantado, a primera hora de la mañana, para que me notificaran del auto de la magistrada.

Un auto, para quienes no lo sepan, es una resolución judicial. Hay varios tipos de resoluciones judiciales (autos, sentencias, y otra más que ahora no me acuerdo, y no me voy a poner a buscar cual era), y la diferencia entre llamarse de una forma y llamarse de otra depende, simplemente, del tipo de proceso al que vaya referida. Por ejemplo, en este caso, la magistrada no iba a dictar sentencia ¿no? Aunque los estudiantes de derecho maldecimos todas esas cosas, lo cierto es que tiene lógica.

El auto, por cierto, tiene una redacción curiosa. Empieza redactado en femenino “Dª. Elena Vergara”, “la solicitante”, y ese tipo de cosas, hasta que a la mitad dice que se concede la rectificación registral de la mención de sexo, donde deberá figurar a partir de ahora “varón” y de nombre “Pablo”, y continúa la redacción en masculino en los siguientes párrafos. Sin embargo, al llegar al final, cuando ordena que se me notifique, como se refiere de nuevo a la situación actual, vuelve a referirse a mí como “la solicitante”. ¡Claro, porque todavía no se ha inscrito la rectificación, y por tanto, esta no se ha producido aún!

En mi opinión, el sexogénero de cada persona es aquel con el que dicha persona se identifica, y no puede ser impuesto por terceras personas, basándose en cualquier circunstancia ajena a la voluntad de la persona, simplemente porque se trata de un rasgo de la personalidad. Es como si quisieran imponerme ser hincha del Barça o del Español sólo porque nací en Barcelona. En cambio, su señoría, la Encargada del Registro Civil de mi pueblo, parece ser más bien de la opinión de que “la ley lo puede todo, excepto convertir a un hombre en mujer… [y ahora ya, incluso eso]”. No sé si lo he comentado antes, pero es un viejo proverbio que los profesores de Derecho Civil tienen que decir en un momento u otro. Supongo que si no lo dicen, les expulsan del departamento o algo así, porque otra explicación no hay. Inicialmente sólo decían “la ley lo puede todo, excepto convertir a un hombre en mujer”. Ahora todavía están tratando de recuperarse del shock, y no han sido capaces de convertir el dicho en, simplemente “la ley lo puede todo”… porque entonces se les notaría que en realidad creen que las leyes tienen una especie de poder mágico que permite cambiar la realidad para que esta se adapte a los dictados de los legisladores.

Lo creen, aunque como son gente culta, no pueden admitirlo. Lo creen, por supuesto, en un acto sublime de vanidad, porque eso convierte a todos los profesionales del derecho en una especie de sacerdotes, y a los jueces y magistrados, en los sumos sacerdotes con un poder sobrenatural para obrar la magia que cambia la naturaleza de las personas, creando y descreando familias, haciendo que la gente sea culpable o inocente, delincuentes o ciudadanos de bien o, en este caso, obrar el milago de convertir a una mujer en hombre. Y yo, cuando leo en el auto que “en adelante será varón”, no puedo evitar sonreir. La necedad siempre me ha resultado divertida, aunque, por desgracia, la necedad de los podersos se convierte en la opresión de los débiles.

Como nací en Barcelona y ahora vivo en otro sitio, ahora el Registro Civil de Motril tiene que enviar al Registro Civil de Barcelona el auto, para que allí extiendan una partida de nacimiento nueva y me remitan una copia a mí. Eso puede tardar más o menos tiempo. Por ejemplo, a una amiga mía, que nació en Granada pero hizo la rectificación en Madrid, tardaron muchísimo en enviárselo. Más de seis meses. Lo que es extender la partida de nacimiento en si, se la hicieron super rápido. El problema fue que echar la notificación al correo a veces es una tarea titánica para los saturadísimos funcionarios de la Administración de la Administración de Justicia (no me he equivocado, he escrito dos veces “de la Administración”, porque se llama así. Cosas del Estado de las Autonomías), hasta el punto de que cuando por fin llegó a casa de mi amiga, ella ya había tenido tiempo para ir en persona al Registro Civil de Granada, solicitar la partida de nacimiento, cambiar el DNI, la tarjeta sanitaria, el contrato del móvil, la tarjeta de crédio, el carnet de conducir… Así pues, si vivís en el mismo sitio en que nacisteis, el trámite se simplifica un poco.

En realidad, el plazo que tienen para enviaros la partida de nacimiento, es de tres meses. Si en tres meses no os la han enviado, deberíais reclamar. Las reclamaciones funcionan: la primera vez que hice la solicitud de rectificación registral, tardaron cuatro meses y medio en responderme. En esta segunda ocasión, y tras haber dicho que se cual es el plazo, y que si no lo cumplían iba a reclamar, han tardado dos meses. ¿Casualidad?

Termino la entrada avisando de que estoy de exámenes. Ayer hice el primero (segundo parcial de Derecho Civil, curiosamente), y la verdad es que salí muy contento. Creo que el exámen está para sacar entre un 6 y un 8 (el 6 siendo muy pesimista), y aprobado seguro, así que una menos para el año que viene. Además, era la que tenía más créditos de todas, y la que más difícil me iba a resultar pagar en caso de haber tenido que repetirla, así que estoy contento. También es verdad que el Derecho Civil ha sido la asignatura más fácil de primero, en por una parte, porque es algo que más o menos nos suena a todos, y por otra parte porque cuando estudié turismo también tenía un año de Derecho Civil, y algo me sonaba (aunque entre el derecho que estudie en Turismo, y lo que estoy estudiando ahora, no hay color).

Me quedan dos exámenes más: cultura europea, que también la veo asequible, y derecho romano, que es más hueso. Así que, si veis que no actualizo, ya sabéis porque es.

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Dos años de hormonación (y II)

Así pues, como se ha visto, conseguir el primer requisito para poder cambiar de nombre no consiste en un sólo paso, sino que es un proceso largo complejo: autoreconocimiento, acudir al médico de cabecera, que te dervien a la UTIG (que tampoco es nada fácil ya que, o bien el propio médico no sabe hacerlo ni sabe dónde informarse, como me pasó a mí, o, si te está atendiendo un psicólogo o psiquiatra de salud mental en la seguridad social, es posible que «se resista» a enviarte, y que te pida esperar hasta que «lo tengas claro». Aquí se pueden ir, perfectamente, dos o tres meses de tiempo), ir a la UTIG durante tanto tiempo como tu psicólogx o psiquiatra considere necesario (con plus de dificultad si en tu Comunidad Autónoma no existe tal Unidad, porque te tocará trasponer a Málaga, aunque existan otras unidades que estén más cerca, ya que Málaga es el único Centro de Referencia nacional), hasta que al final te dan el dichoso papelito (o no te lo dan, que también hay casos de eso). Durante todo este tiempo, por cierto, no puedes emigrar de España, ya que el papelito debe expedirlo un psicólogo o psiquiatra español, o con licencia para ejercer en España.

Ahora, puedes ir a por la segunda prueba de la gymkana. Certificado de que has estado dos años en tratamiento, expedido por el médico que dirija tu tratamiento. En este caso la ley no exige que sea un médico español, pero habría que ver que dirían en el Registro Civil si llevas un certificado de otro sitio.

Lo primero que necesitas es empezar a hormonarte, que eso es fácil dentro de la Seguridad Social, y un poco más difícil fuera, porque no hay muchos endocrinos que lleven ese tipo de tratamientos (pero haberlos, haylos, yo conozco a dos). Luego, dejar pasar dos años. Tampoco es muy difícil dejar pasar el tiempo, pero sí es aburrido.

En este tiempo, tu cuerpo empieza a cambiar, y, si tienes suerte, como es mi caso, ya tienes un medio más de prueba para demostrar que eres hombre o mujer. «Tráteme según lo que ve», decía un conocido mío, a quienes no sabían como tratarle. Yo nunca he necesitado verbalizarlo. Pero funciona, porque a estas alturas de la película, la gente ya no me pide que les demuestre que soy un hombre. Ahora la pregunta es: «¿Por qué no te dejan cambiar el DNI?» Y es que el conflicto se ha empezado a producir del revés… lo que tengo que demostrar, en las ocasiones en que es necesario mostrar mi DNI a desconocidos, es que soy una mujer… cosa que no hago (excepto mañana, cuando vaya a darme de alta como autónomo, que a las mujeres les hacen… digoooo… nos hacen un 30% de bonificación).

El nivel superior dentro de esta categoría, son las cirugías, sobretodo la reconstrucción genital. «Operación de cambio de sexo», le dicen algunos. «Cirugía de reasignación de sexo», dicen otros, como si la intervención del cirujano tuviese la virtualidad de transmutar, con la reconstrucción de tu cuerpo, la esencia de tu espíritu, convirtiéndote por fin em una mujer u hombre de verdad.

«Soy mujer, porque tengo cuerpo de mujer». Es la prueba definitiva, hasta el punto de que, una vez realizada tal cirugía, cualquier razonamiento en contra es muy difícil de oponer. Una vez que te operas, los que tienen que demostrar que no eres mujer, son los otros. Y encuentran argumentos, pero son débiles, porque en el fondo saben que uno de los peores miedos de todo hombre es perder su pene, y ni siquiera son capaces de imaginar que un hombre se someta voluntariamente a una operación para quitárselo y hacer con lo que quede de él, bulva y vagina, convirtiéndose así en inofensivas e impotentes (en realidad, si hay hombres así, pero eso daría para otro blog entero). Del mismo modo, la existencia de un pene en un cuerpo, pone inevitablemente ese cuerpo en el lado de los hombres. Del peligro. Del poder.

Entiendo que esta forma de pensar es mucho más fácil, más intuitiva, que pensar «Si soy un hombre, y tengo cuerpo, mi cuerpo debe ser un cuerpo de hombre». Entiendo que hay muchas personas que sólo se sienten verdaderamente hombres o mujeres si se han operado. Incluso entiendo que hay quienes sólo admiten que alguien es auténticamente transexual si se ha operado, o tiene la firme intención de operarse. Sin embargo, como ya decía en la entrada anterior, la verdadera prueba de que eres hombre o mujer es la explicación que te diste a ti el día que te convenciste. La gran mayoría no pensó «me quiero operar, soy hombre (o mujer)», sino «el que sea hombre (o mujer), por fin explica que tuviese tantas ganas de operarme».

Volviendo a mi gymkana, el día 26 hice por fin los dos años de hormonación. Pero eso no completa el juego. Todavía no tengo el papel. Llamé a Málaga el lunes anterior a cumplir los dos años (el día 26 caía en jueves). Volví a llamar el martes posterior a ese día, y me dijeron que la doctora acababa de dar el visto bueno para expedir el certificado. Todavía no me han llamado para decirme que lo han enviado, es decir, que no lo han hecho. Pasado mañana volveré a llamar. Y así hasta que me lo envíen (¿tendré que llegar a poner una reclamación por escrito? ¿Se juntará con mi próxima cita en Málaga, que creo que es en abril o mayo?). Con eso tendré completada la segunda prueba de la gymkana para demostrar, ante el Estado, que soy un hombre.

Luego toca el resto: reunir el certificado de nacimiento (me llegó el miércoles, ha tardado unos 20 días, aunque si lo pides con certificado digital, te lo hacen instantaneamente), y el de empadronamiento (ese es rápido, lo dan en el acto, al menos en mi ayuntamiento). Hacer el escrito, que ya lo tengo preparado, y llevarlo al Registro Civil.

En mi Registro Civil (y en algunos otros) se inventan «pruebas extra». En el mío, por ejemplo, te exigen que hagas una entrevista. Esa entrevista no es obligatoria, y de hecho, me da que es ilegal que te la exijan (no pueden inventarse trámites que no están previstos). Yo supongo que lo hacen por error. La manera de evitar esto es presentar la solicitud por correo. Pero eso vendrá luego. Y luego vendrá lo que tarden en resolver (en algunos sitios, un mes o menos. Aquí, cuatro meses y medio, la última vez que lo intenté, cuando el máximo son tres). Después, ni idea de qué más hay que hacer…

Me queda gymkana para rato. Ya iré contando que tal.

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Protocolos de la transexualidad en Ecuador

El domingo que viene me toca la inyección de testosterona. En España la venta de testosterona se hace sólo con receta médica y está muy, muy restringida. Con esto me refiero que existen muchos medicamentos que en teoría sólo se venden con receta médica, pero que es posible conseguir sin receta, como por ejemplo, Androcur, que es un antiandrógeno que inhibe la producción de testosterona, y que suele ser utilizado por las mujeres transexuales, o, más fácil todavía, las hormonas femeninas, que son de uso común entre las mujeres no transexuales, pues las utilizan como anticonceptivos orales. La testosterona, en cambio, es prácticamente imposible de conseguir si no hay una receta médica de por medio.

Podría reflexionar sobre los motivos por los que es posible conseguir estrógenos y antiandrógenos y no andrógenos, pero como estoy en Ecuador, no es necesario.

Como iba diciendo, el próximo domingo me toca chutarme, y pese a las restricciones que pesan sobre la compra de testosterona, conseguí traerme una dosis extra, lo que significa que venía con un mes de hormonas asegurado. Aún así, he tomado la costumbre de conseguir la próxima dosis antes de ponerme la actual, por lo que pueda pasar, de modo que ayer fui a comprar más hormonas.

Evidentemente, la receta de mi endocrina española aquí no sirve. ¿Cómo conseguir entonces las hormonas? Pues muy fácil, uno se acerca a una farmacia “grande” (en mi caso una perteneciente a una cadena de farmacias en concreto, que ahora mismo no recuerdo el nombre) y pide lo que quiere. Yo tuve un pequeño problema y es que el medicamento que utilizo (Testex Prolongatum 250mg) aquí no se comercializa, de modo que estuvimos un buen rato tratando de encontrar uno equivalente. Al final dimos con el Primoteston Depot 250mg, que tiene el mismo principio activo, las mismas indicaciones, la misma posología, y lo de Depot significa que el medicamento se deposita y se va liberando lentamente, o sea, lo mismo que “prolongatum”. Ahora es donde cuelgo el cartel que pone “niños, no intentéis hacer esto en casa”… Creo que ando demasiado cerca de la autohormonación como para sentirme tranquilo, pero en unos meses me haré los primeros análisis y saldré de dudas. Ouch.

Otra cosa curiosa respecto a los medicamentos en Ecuador, es que no traen prospecto, o al menos ese en concreto no lo trae. El farmacéutico me lo leyó de su vademecum, y luego yo lo releí en Internet, pero lo que es el medicamento en si… no lo tenía. ¿Quizá los farmacéuticos opinan que los compradores ecuatorianos son demasiado burrianalfabetos como para comprender las indicaciones?

El hecho de que uno pueda ir a la farmacia a comprar casi cualquier medicamento debe ser la causa de que no sea necesario ningún tipo de informe psicológico para que un endocrino te recete hormonas. Eso, o quizá el hecho de que aquí la idea de que la transexualidad sea una enfermedad es, simplemente, ridícula. De modo que tampoco hace falta ningún certificado de que estás loco para acceder a las cirugías. Y tampoco es necesario diagnóstico psiquiatrico o modificación corporal para realizar el cambio de sexo y nombre legal.

Esto último es un logro del Proyecto Transgénero (la organización que estoy visitando), que presentaron la necesidad del reconocimiento de la identidad de género, no como una cuestión de salud, sino como una cuestión de respeto al desarrollo de la identidad. El caso de la Ciudadana Luis Enrique Salazar fue un ejemplo de uso alternativo del derecho que desembocó en el establecimiento del proceso para realizar este cambio de nombre y sexo legal. Actualmente la constitución Ecuatoriana incluye el derecho a la no discriminación por razón de identidad de género, cosa que no existe en ningún país de la UE.

No voy a decir que aquí atan los perros con longanizas. Para conseguir el cambio de nombre y sexo legal es necesario ir a juicio y hacer un alegato sobre la propia identidad de género. Es un proceso relativamente sencillo si lo conoces, pero imagino que complejo para aquellas personas que desconocen todo sobre la ley. Ir a juicio es algo que disuade a la mayoría de la gente de intentar cualquier cosa, pues los costes y el tiempo que suele ser necesario invertir habitualmente son muy altos. En la actualidad, muy pocas personas trans de Ecuador han realizado el cambio de nombre y sexo legal.

No obstante el hecho de que aquí haya que ir a juicio pero realizar tan sólo un alegato sobre la propia identidad, y de que en España no sea necesario ir a juicio pero sí aportar diagnósticos psiquiátricos y realizar intervenciones corporales me hace ser optimista. Quizá un día, dentro de algún tiempo, sea posible fusionar lo mejor de ambos sistemas y conseguir que baste con realizar una declaración escrita sobre la propia identidad de género para poder cambiar de nombre y sexo legal, tanto en España como en Ecuador o cualquier otro país.

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Transexualidad: lugar sin ley.

«España entera es una banda criminal que un día va a ser desarticulada». No recuerdo quien dijo esta frase, que leí en un foro sobre seguridad en la red, que hablaba de las tropelías de la SGAE.

En España las leyes son una cosa «relativa», por decirlo de algún modo. Mi abuela suele decir que «hecha la ley, hecha la trampa», aunque lo cierto es que en este pais lo normal es saltarse las leyes «a la torera» sin ningún remordimiento.

Lo curioso es que esta actitud «relativista» llega hasta las personas que deben ejecutar e imponer la ley: la administración y los jueces, que también se erigen en legisladores cuando les parece oportuno.

Son muchos los casos en los que esto ocurre, pero ahora mismo yo estoy pensando en las trabas y problemas que suelen tener las personas transexuales a la hora de hacer el cambio de nombre y sexo legal.

Teóricamente, el proceso es sencillo. Basta con personarse en el registro con la solicitud pertinente y los papeles que demuestran que la persona cumple con los requesitos exigidos por la ley para que se comience el proceso, que debería terminar con la expedición de una nueva partida de nacimiento. La realidad es que hay jueces que exigen a la persona que acredite que se ha sometido a tratamientos médicos que hoy en día no son necesarios para hacer el cambio de sexo legal, como, por ejemplo, la masectomía o la cirujía de reasignación sexual, llegando incluso a exigir a la persona que se presente ante el médico forense y se desnude ante él para demostrar lo hombre o mujer que es (al parecer esta es una práctica habitual en los registros civiles de Barcelona).

También puede ocurrir que, a la hora de ir a reexpedir los documentos necesarios con tu nuevo y flamante nombre te encuentres con que el funcionario listillo de turno quiera hacerte pagar las tasas correspondientes a la reexpedición. Según la ley, cuando hay que reexpedor documentos por causas ajenas al intersado, no es necesario volver a pagar las tasas, y la ley de Identidad de Género lo vuelve a especificar, por si no había quedado claro. Pero no es raro encontrarse con que al ir a sacar el nuevo carnet de conducir, el nuevo pasaporte, los nuevos títulos académicos, etc, un funcionario listillo te diga que para eso sí que necesitas volver a pagar las tasas, ya que el cambio de nombre es un cambio realizado «por gusto».

A mi me gustaría saber qué entienden ellos que es hacer las cosas «por gusto».

La cuestión es que parece ser que los jueces no se han enterado aún de que se encuentran «sometidos al imperio de la ley», ni los funcionarios de que «la administración pública sirve con objetividad los intereses generales». Algunos activistas, como Carla Antonelli o Marta Salvans ya están intentando hacerse oir para que las cosas cambien, pero la voz de las personas transexuales no suena muy alto y todo lo que proviene de ellas (de nosotros) suele verse como la explicación de una situación curiosa y excepcional que realmente no es un problema de alcance general. Luego, cuando los jueces siguen haciendo lo que les sale de los huevos (con perdón de la expresión) en otros campos, todos se indignan y se sorprenden, como si fuera algo nuevo y nunca visto.

Aquí dejo un enlaces sobre el tema de las irregularidades en los registros:

Transexuales acusan a jueces de incumplir la Ley y condenarles a ejercer la prostitución.

Y aquí un video de Carla Antonelli en «La noria» en el que aprovecha la oportunidad de salir en la tele unos minutos para comunicar esta situación. No tuvo mucho tiempo, ni tampoco muchas oportunidades, pues en seguida otros participantes del debate le quitaron la palabra, pero menos es nada.

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