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Exiliado

El miércoles pasado, mis padres me echaron de casa por segunda vez. La primera fue hace años, y fue más bien una “sugerencia” (procura haberte ido de casa antes de que empieces a hormonarte, porque no queremos a un tío en casa). Yo estaba en proceso de salir del armario, y no tenía muchas cosas claras, pero sí que tenía claro que, con hormonas o sin hormonas, era un hombre, así que me fui. Era septiembre de 2009, y escribí de ello en este blog (podéis buscar la entrada correspondiente).

Con el paso del tiempo, las cosas parecieron ir a mejor. Mi madre, la misma que me pidió que me fuera, me pidió que volviera. Volví, y al cabo de un año ellos se marcharon de la casa, dejándomela a mí, al igual que la tienda. Mi madre empezó a hablarme en masculino. Mi padre, durante algún tiempo lo intentó (pero pronto desistió de ello). Pasé mucho miedo cuando les dije que estaba en lista de espera para operarme ¿Qué dirían? Pensé que me vería sólo en el hospital, y que tendría que arreglármelas sólo cuando me dieran el alta.

Pasé mucho miedo cuando cambié el DNI, así que no se lo dije hasta que pasaron varios meses. Tampoco les había dicho que estaba empezando una tienda online para travestis, ni que me había dado de alta en la Seguridad Social por ese motivo (aunque he trabajado en su tienda durante muchos años antes de que me la dejaran a mi cargo, nunca me dí de alta, porque “para qué pagar tanto”, así que mi pasado es una laguna en blanco en el mercado laboral). Un día, mi padre llegó a casa (esa en la que no viven, pero que visitan de vez en cuando), fue a usar la impresora, y se la encontró sin tinta. Amenazó con echarme de casa, y me hizo comprar 8 cartuchos, que ahí siguen sin usar, dos años después. Durante la bronca monumental le conté todo lo del DNI, lo de la seguridad social, la transtienda… y entonces estuvo considerando seriamente la idea de echarme de la tienda.

Me preguntaron por qué les había mentido en todo eso, y mientras seguía “chupándome lo suyo”, y yo les dije la verdad: que tenía miedo de cómo reaccionaran. Eso pasó en noviembre de 2012.

En esta ocasión, llegaron a casa el miércoles pasado, y en honor a la verdad debo decir que estaba desordenada. Platos sin fregar de dos o tres días, ropa sucia en el suelo del cuarto de baño, algunas cosas en el comedor y… una polla de goma sobre la mesilla de noche mi padre. Lo reconozco, en la escala de meteduras de pata, del 1 al 10, eso es un 12. Sin embargo, en mi opinión, eso no entra en la escala de motivos para echar a un hijo de casa.

Me echaron de casa con todas las letras. No fue un calentón: estuvieron pensándolo toda la mañana. No fue una sugerencia del tipo “creo que sería mejor que te fueras”, ni “nos gustaría que te fueras buscando un piso”. Fue una bronca con gritos, con mucha ira, con la prohibición de volver a hacerme cargo nunca más de los asuntos de mi padre mientras él esté en vida (dice que le va a dar un papel a mi hermana, para que conste, pero en mi opinión debería dármelo a mí, ya que hacer ese tipo de gestiones cuando la persona está incapacitada es obligación de los hijos, según el código civil, y debería ser yo el que pueda demostrar que no tengo ni la obligación, ni la autorización para hacerlo), con lágrimas por parte de ellos, por la cosa tan terrible que yo había hecho.

Yo en su situación ¿me habría enfadado? Probablemente sí, aunque probablemente al final habría terminado hasta haciéndome gracia. Sin embargo, creo que detrás de todo esto hay un arranque de transfobia que se está gestando desde que llevé una novia a casa. Porque en la mente de ellos, las personas transexuales seguimos siendo los pervertidos y pervertidas que se cambian de sexo para hartarse de follar en una orgía continua de drogas, corrupción, vicio y desenfreno. Claro, K. parece muy buena niña, muy inocente y tímida, pero si fuese una persona como Dios manda, no estaría conmigo. Algo malo debe de tener, así que uno puede esperarse cualquier cosa: que robe en casa, que lo deje todo destrozado, o que montemos una orgía transexual en la casa. No quiero saber qué imágenes de desenfreno sexual y pervertido están en la mente de mis padres, y diría que ellos tampoco quieren saberlo. Parece que es más fácil ignorar la propia transfobia que enfrentarse a ella.

Mi madre dice que no me echan por ser trans, sino por ser un guarro. Yo creo que me echan por ser trans, y por puta. Es extraño, pero de algún modo, ese pensamiento (el de que me han echado de casa por puta, aunque no lo sea) me hace sentir orgullo.

Mis amigos me están ayudando (tengo mucha suerte con ellos y ellas). En unas horas, uno ya me había encontrado un lugar donde quedarme, que me puedo permitir pagar. Ahora vivo en una habitación alquilada en el piso de una señora rusa que vive con su hija, y se encuentra con algunos problemas para pagar el alquiler. Además, la familia tiene a tres miembros más: una gata y dos hurones. Por suerte, es una gata simpática y no territorial, y ya nos estamos haciendo amigos. Los hurones están casi todo el día en su jaula, pero cuando los deja sueltos un rato, son unos animalitos simpáticos que todo el rato quieren jugar.

La habitación es mediana tirando a grande, aunque la cama es un poco estrecha, pero cómoda. La única pega es que es una habitación interior que da al lavadero, y, además, tiene un solo enchufe, pero de momento no necesito más de un enchufe, así que está bien.

Por otra parte, la señora rusa es muy simpática y hace lo que puede para que me sienta cómodo. Su hija, que es adolescente, no está muy feliz con la situación, aunque en realidad tampoco creo que estuviera muy feliz antes. Sin embargo, no resulta antipática, sino simplemente antisocial, así que tampoco es algo tan malo. Además, va a ser sólo por un mes.

He decidido emigrar. Cuando estaba buscando un piso donde quedarme, la parte de mi mente que sabe exactamente cuanto dinero tengo hasta el último céntimo, iba echando cuentas. Si con el dinero que gano a penas me da para vivir, cuando tuviese que pagar un alquiler, las cosas se iban a poner realmente difíciles ¿Y si en vez de buscar piso en Motril buscase trabajo en Reino Unido? A lo mejor me costaba el mismo trabajo… puestos a buscar… En ese momento, K. me dijo “¿y si buscas trabajo en el extranjero?”

En realidad, la idea de buscar trabajo en Reino Unido no es nueva para mí. Llevaba mucho tiempo rondándome. Por una temporada, prácticamente la había descartado, a pesar de que mis amigos que están allí me decían que soy tonto. De repente, era lo único que tenía sentido. En cuestión de segundos, todas las piezas del plan encajaron en mi mente con facilidad y se formó el plan.

El plan es conseguir un alojamiento temporal para un mes y medio (conseguido, a la señora que me realquila no le importa que esté poco tiempo), mantener la ferretería abierta durante el mes de febero y ponerla en liquidación. Convertir en dinero todo el material que pueda hasta que termine el mes, y entonces darme de baja de la Seguridad Social, y de Hacienda. Mientras tanto, cerrar cosas. Pedir tarjeta sanitaria, terminar de cambiar de nombre mis titulaciones académicas, ir a las diversas jornadas con las que ya me he comprometido, pedir tarjeta sanitaria, hacer un currículum, ir mirando ofertas de empleo, por si acaso puedo, irme con un contrato (sí, es algo muy difícil, pero oye, por probar…), asegurar la continuidad de la.trans.tienda cuando yo no esté aquí…

Ni por un momento me he planteado cerrar la.trans.tienda. Es mi proyecto, y está empezando a funcionar bien. A veces me da algunos quebraderos de cabeza, pero la mayor parte del tiempo se trata de un trabajo muy satisfactorio, que me está permitiendo conocer a mucha gente increíble (en serio, tengo los mejores clientes del mundo), y realmente me gustaría que llegase a alcanzar todo su potencial, ya que aún soy muy desconocido. Así que lo he hablado con una persona de confianza, y se ha ofrecido a gestionar el tema de recepción y envío de pedidos, mientras que el resto del trabajo continuaré haciéndolo yo.

Por otra parte, a medio plazo, me planteo abrir una segunda “transtienda” de habla inglesa, aunque en este caso la dirigiría únicamente para hombres trans, ya que la mujeres trans están bien atendidas en el Reino Unido. Sin embargo, hay algunos productos que en Europa sólo los vendo yo, y seguramente sería interesante tratar de comercializarlos en Reino Unido. Sin embargo, eso será para una segunda etapa, más adelante.

Este curso, lo terminaré en la UNED. Puedo seguir estudiando como lo he hecho hasta ahora, y elegir si prefiero examinarme en Londres o en Málaga (paradójicamente, ir a Málaga podría ser más rápido y más barato…). Para el curso que viene, tendría que decidir entre matricularme en una universidad de allí (un curso en una universidad inglesa cuesta 9.000 libras, pero en Escocia parece que es gratis), continuar en la UNED desde Reino Unido, e incluso pedir una beca Erasmus para poder estudiar en una universidad inglesa a precio de universidad española (beca + ingresos de la transtienda + trabajo a tiempo parcial = un año para poder estudiar con tranquilidad económica, o al menos, seis meses, ya que a partir del curso que viene las becas Erasmus van a ser sólo para un semestre, aunque dice Wert que los estudiantes que consigan mantenerse por si mismos en el extranjero, podrán continuar sus estudios el curso completo), aunque como a mí nunca me han dado nada, en realidad no espero que me la vayan a conceder.

En cualquier caso, se trata de un tema secundario, en cuanto que no es imprescindible para vivir. Lo principal es encontrar un trabajo (de lo que sea, me da igual hacer de friegaplatos o estar en un almacén) y el resto ya se irá viendo sobre la marcha.

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