Adios a la UTIG de Málaga

La UTIG de Málaga ya no existe.

No son noticias frescas, pero como ya no vivo en Andalucía, antes de escribir sobre ello, necesitaba comprobarlo. Comprobarlo de verdad. Comprobarlo muchas veces, desde diferentes fuentes.

Es demasiado bueno para creerlo, y no ha ocurrido de un día para otro, sino que ha sido como la caída lenta y llena de crujidos de un gran árbol en mitad del bosque. Hasta que, de repente, alguien llama por teléfono para pedir una cita y le dicen que no, que eso ya no está.

Todo empezó con la Ley 2/2014. Una ley en la que el principal caballo de batalla fue precisamente la desaparición de la UTIG y la descentralización de la atención sanitaria para las personas trans. La igualación de la atención sanitaria que recibimos las personas trans respecto a la que reciben las personas cis. Una ley que finalmente quedó con una redacción confusa e insatisfactoria, abierta a la interpretación y pendiente de desarrollo posterior. En su texto, y gracias a la lucha enconada de algunas personas trans, la Ley trans de Andalucía garantizaba la supervivencia de la UTIG de Málaga, y no quedaba claro que hubiese la posibilidad de que se fuese a ofrecer una atención sanitaria fuera de eso.

Durante un tiempo callé mi disgusto (aunque tampoco me esforcé mucho en disimularlo), ya que las quejas respecto a la UTIG se dejaron de escuchar. Yo pensé que la ley trans no funcionaría, mientras que Alba Doblas me pedía que esperase a ver, porque me estaba equivocando. Le dije que ojalá me equivocase. Eso me haría muy feliz. En Octubre retornaron los problemas de siempre con la UTIG, pero, al mismo tiempo, la gente empezó a ir a otros médicos de la seguridad social.

Tanto Mar Cambrollé y otra gente de ATA, como yo, y supongo que otros activistas trans, empezamos a animar a la gente a que pidiesen a sus médicos de cabecera que les enviasen a los servicios de salud de sus localidades. Una de las posibles interpretaciones de la Ley Trans era que esto se podía hacer. Otras personas me escribieron para contarme que habían decidido hacerlo por si mismas, y les había ido bien. Incluso un chico trans de Málaga, que es donde tradicionalmente había más problemas, porque anteriormente los médicos de familia no derivaban a la gente a otro servicio endocrinológico de la provincia que no fuese la UTIG. Sin embargo, la UTIG de Málaga seguía siendo el lugar de referencia oficial, y mucha gente era enviada allí.

Unos meses más tarde, me llegaron ecos de la protesta de las médicas de la UTIG. Alertaban a sus pacientes de que con la nueva Ley se podría cerrar la UTIG, y que, además, se las iba a obligar a dar tratamiento sin supervisión psicológica, cosa con la que no estaban de acuerdo. Incluso alguien, de una asociación, me pidió que me uniese a un incipiente movimiento para salvar la UTIG, probablemente sin saber que yo era uno de los que habían luchado con más fuerza para que la cerraran. Le dije que se estaba equivocando de persona.

Me han dicho que en un momento dado, las doctoras en la UTIG amenazaron con dejar de proporcionar tratamientos porque no estaban de acuerdo con suprimir la supervisión psicológica. No sé si llegaron a hacerlo, ni durante cuanto tiempo.

Sí que sé que al final quitaron los servicios de tratamiento psicológico en la UTIG. Me han dicho que primero se fue Juana, y luego Trinidad. Me han dicho que ahora continúan proporcionando servicios de endocrinología, pero que la Dr. Esteva tampoco sigue al frente de la Unidad.

Recientemente, en las capitales de provincia, se han comenzado a crear las Unidades de Atención a Personas Trans. Estas UAPT darán tratamientos endocrinos, acompañamiento psicológico y cirugías «según protocolo», pero leyendo las instrucciones para su creación, nada hace pensar que ese «protocolo» vaya a establecer la necesidad de un diagnóstico psicológico o psiquiátrico previo. Las cirugías genitales se continuarán realizando en Málaga.

Así que ya está. La UTIG de Málaga ya no existe. No lo he celebrado debidamente porque me pilló a final de mes y me quedaba poco dinero, pero os aseguro que en cuanto pueda lo voy a hacer, y cuando vaya a Madrid, lo celebraremos más.

Estoy seguro de que ninguna de ellas se ha ido al paro. Probablemente todas siguen trabajando en la unidad de cirugía bariátrica del Hospital Civil. Sin embargo, estoy seguro de que eso no las hace muy felices. Trabajar en la UTIG de Málaga, no era tener un trabajo normal. Trabajar en la UTIG de Málaga era tener poder sobre la vida de los demás, sobre quién es cada uno, sobre nuestra libertad y nuestra identidad. Trabajar en la UTIG era ser las guardianas del género. Las «profesionales» de la UTIG estaban en un nivel superior.

Muchas veces me pregunté cómo podían dormir, sabiendo todo el sufrimiento que causaban a sus «pacientes». En el caso de Juana Martínez creo que dormía muy bien porque realmente disfrutaba causando todo ese sufrimento y sintiéndose superior para decidir sobre nosotros. En el caso de Trinidad, no está tan claro, pero supongo que en el fondo, era igual. Creo que lo que motivaba a la Dra. Esteva era, simplemente, disfrutar del poder y la superioridad sobre sus pacientes, y sobre los otros médicos «no expertos» en transexualidad, a los que tenía atemorizados, con amenazas de denunciarlos si se atrevían a dar tratamiento a alguna persona trans.

Me pregunto si ahora dormirán bien o mal, porque el desmantelamiento de la UTIG no es sólo la pérdida de poder, y la pérdida de la exclusividad en el tratamiento de las personas trans, con todo el prestigio que ello llevaba, sino que se trata de una humillación. Una gran humillación, porque el desmantelamiento de la UTIG no es el efecto de una Ley que obdece a un cambio en los tiempos, sino que es directamente efecto de la acción de sus pacientes. De todas esas personas trans, que para ellas no éramos más que unos pobres trastornados, enfermas mentales, demasiado estúpidas para poder decidir sobre si mismas, sobre sus cuerpos, sobre sus identidades, que debíamos quedar bajo su tutela.

Una de esas personas, soy yo. Sin la intervención de otras personas (Ángela Gutiérrez, Eva Witt, Mar Cambrollé, Alba Doblas, y otras más de cuyos nombres y existencias no sé nada, pero que estoy seguro de que también han estado ahí jugando un papel fundamental), esto no habría pasado, pero si no hubiese estado yo, tampoco habría llegado a ocurrir.

Sé que ellas, las ahora ex trabajadoras de la desparecida UTIG de Málaga, también saben que soy uno de los responsables indispensables de que todo esto haya ocurrido, y, concretamente, el único que fue paciente de ellas. Por causa de ellas, pasé muchas noches sin dormir. Espero que en compensación, ahora sean ellas las que no duerman, mientras todas las personas trans andaluzas descansamos la noche entera a pierna suelta y, algunas, lo celebramos con mucha alegría. Espero que se pregunten qué habría pasado si me hubiesen dado el informe en tan sólo un par de meses y hubiesen hecho de mí una persona feliz, en lugar de darme más de un año de sufrimiento en la incertidumbre.

Espero que en Madrid se vayan preparando, porque van a ser los siguientes, y cuando los activistas trans lleguen a ellos, no se van a conformar con que se desmantele la UTIG, sino que además se encargarán de investigar todas las irregularidades respecto a la «gestión de pacientes». Si a ellos tampoco les quita el sueño todo lo que les están haciendo a sus pacientes, espero que se les quite el sueño al darse cuenta de que si ya hemos cerrado una UTIG, podemos volver a hacerlo.

6 comentarios

Archivado bajo Activismo, Médicos

6 Respuestas a “Adios a la UTIG de Málaga

  1. Alex

    Buenas Pablo, lo primero ¿Qué tal todo por allí? Espero que todo bien. Y ahora al tema. Yo soy de Málaga y me he comido todo esto de la Utig de Málaga de lleno…y al parecer todo va ahí ahi, porque yo ya no es que no quiera Utig (nunca le ha querido pero como todos hemos tenido que pasar por el aro), es que no quería ese equipo médico. Empecé por pasar de las citas de Juana y ahora ya paso de las citas de mi endocrina (de la Utig) que hace 2 semanas me ha llegado carta para que vaya en septiembre…pues allí se va a quedar esperando en la consulta,jajaja.
    A través de mi médico de cabecera (insistiendo mucho, y con mucha paciencia) conseguí una cita para otro endocrino público en Málaga (que quiero ir a uno como el resto de los mortales y si va en la línea de la Utig por lo que sea…al privado que me voy y ya tan pancho). Animo muchísimo a que la gente de por culo en la consulta del médico de cabecera, así lo digo, porque ya sea por ignorancia (pero tienen buena voluntad, como es el caso de mi médico) o por lo que sea, automáticamente te derivan a la Utig y te dicen que si, que según les dicen a ellos (claro, la misma Utig cuando llaman, es más sigue Marisa al teléfono y sigue diciendo «Utig digame») tengo que ir allí. A mi me ha costado todo esto casi 4 meses, además, peleandome con la Utig, llamando a Ata que amablemente ya no es que me aconsejaran y explicasen el recorrido a hacer, sino que me escuchaban indignado…porque yo quiero mi libre elección de especialista y el propio sistema no me dejaba!! (sino era el ordenador, es la persona que maneja el ordenador…)
    Lo único que yo le agradezco a la Utig, es que ha conseguido, que al margen de ideología personal ha unido más a la comunidad para ayudarnos unxs a otrxs en contra de ella. A base de ensayo y error, de trampas del sistema, de leyes, de ser prácticos y mucha paciencia al final se va a conseguir una atención de calidad igual que el resto de usuarios de sistema andaluz sanitario.
    Y nada más! Buah, me voy a beber una pedazo de cerveza para celebrar que Juana La Loquer, ya no está (que a gusto me he quedao, que el último recuerdo que tengo de ella era gritándome en el pasillo y allí la dejé echando espuma por la boca).
    Un abrazo gigante y muchas gracias como siempre por estar ahi y compartir tus cosillas en el blog 😉

    Álex.

    • Me ha dicho un amigo, que su madre trabaja en el Hospital Civil, que la Esteva ya no está en la UTIG. De todas formas, es posible que la madre de mi amigo esté confundida, o que la información se haya cruzado, o lo que sea, así que estoy deseando que alguien más me lo confirme. Lo de que han quitado a la Juana y a la Trini sí que está reconfirmado, así que ya te puedes beber la cerveza, jejeje.

      También tengo que decir que el poner siete Unidades en vez de una sola fue algo que se barajó mientras estábamos negociando la ley, y la gente de mi grupo nos opusimos, ya que pensábamos (y seguimos pensando) que debemos tener el mismo derecho que cualquier otra persona a la libre elección de especialista. Sin embargo, creo que la existencia de siete Unidades no tiene por qué estar reñida con que la gente pueda elegir otro médico, y desde luego, no existe ninguna norma que así lo establezca. Quizá tener una unidad pueda ser útil especialmente para la gente de Jaen, donde hay mucha transfobia (y dónde viene habiendo muchos problemas con los médicos) y de otras zonas rurales, siempre que ir a la Unidad sea algo opcional. A ver si consigues que te manden a otro endocrino de la Seguridad Social. Me consta que hay uno por ahí dando tratamiento a un chico trans, pero el chico ha preferido reservarse el nombre del endocrino porque al parecer el endocrino todavía no se siente muy a salvo de despertar las iras de la UTIG y le está atendiendo de favor, porque es amigo suyo. Pero si ese endocrino puede atender a un chico trans, otro endocrino también puede ¿Has probado a llamar a «Salud Responde» y solicitar el procedimiento de libre elección?

      Un saludo y muchas gracias por leer 🙂

      Pablo.

      • Alex

        De endocrina de la Utig tengo a Almaraz (es de ella quien me ha llegado la carta) y aunque la considero la menos «tóxica» de la unidad también tenemos nuestros más y menos (y eso no quita para que en este caso sea buena profesional, tan solo que no somos compatibles) porque yo ya llevo un año en tratamiento y a sabiendas que necesito una dosis de 250 cada 21 días, dice que me pone 200 al mes porque «estaban comprobando que con menos dosis también se masculiniza», también por mi acné (a todo esto en medio mucho mal estar que sufro por alteraciones de esos días del mes) y más cosas…Y digo yo, si esto es una balanza entre efectos positivos y negativos…¿no puedo valorarlo yo? Si no hay ningún riesgo ni nada que al facultativo le pueda suponer un problema de negligencia o mal diagnóstico,podremos negociar a algo intermedio y todos contentos. Que es mi cuerpo, no quiero autohormonarme, quiero hacerlo bien, pero no ser tu probeta con patas para los experimentos.
        Normalmente no soy mucho de comentar contando así mi caso ya que me considero reservado (y también porque siempre estaba con el miedo a alguna represalia de la Utig), pero después veo que esto sirve porque yo si fuera un ignorante que se cree a pies juntillas lo que me dice, apaga y vamonos. Cuando ya tengo acceso a artículos médicos de otras universidades andaluzas especialización en endocrinología,( hablo con otros chicos trans para saber su experiencia pero nunca las uso como referencia para mi) que dicen que si no hay ningún problema, lo suyo es ajustar los niveles de testo a los de un hombre cis, o por lo menos que se vea la masculización, pero llevar un año y que me hablen en femenino me repatea. Otra cosa sería si ya forzamos a tope de lo que sería saludable la dosis y mi cambio no da pa más porque ya tengo una edad, vale, me acepto y me quiero y tan feliz, pero sino avanzo con esto del tratamiento nunca lo sabré.
        Y con mi caso quiero que los demás vean que las Utig no te dan la vida,sino que como usuario debes tener lo mismo que tienes otrxs.
        Yo tampoco estoy a favor de varias unidades, pero el caso es, vale, que estén para quienes la quieren usar por sus razones, pero no obligado.
        Por salud responde no he probado, porque en principio ya tengo mi derivación para un endo normal y corriente en este mes (jajaja) y allí si va todo bien, pediré que quiero que me vean allí siempre, nada de moverme otra vez a la antigua Utig (Rest in peace)

      • Yo también estaba con la Dra. Almaraz, y siempre me gustó el trato, e incluso hablamos sobre las distintas opciones de tratamiento que yo podía tener, y la última decisión la tuve yo, incluso en contra de su opinión (aunque la primera, de empezar a hormonarme, la tuvieron ellas, y eso es algo que no debe ser olvidado). Por otra parte, se de gente que ha tenido experiencias terribles con ella, así que no debe ser una santa, aunque conmigo se haya comportado de manera profesional.

        En mi opinión, la existencia de una UTIG, o UAPT no debería implicar la supresión del derecho a la libre elección de facultativo, según la ley 2/2014, y también según las leyes sanitarias vigentes. Quizá podría pedir una segunda opinión por parte de otro endocrino especializado en salud sexual o reproductiva. Es posible que otros especialistas (urólogos, ginecólogos) también puedan supervisar el tratamiento y darte una segunda opinión.

  2. Hola, Pablo.
    Lo que no sé es cómo se va a cursar esto. Me explico. Yo estoy siguiéndoles el rollo a los de la UI de Madrid (ineptos), más que nada para hacerme la histerectomía. Después de casi dos años, aún no he visto al becerro, con eso te digo todo. Pero mientras tanto, llevo 4 meses de T con Médicos del Mundo, benditos… Bueno, como sé que me sigues el blog y el canal de youtube, pues eso, ya sabes la historieta…
    El caso es que como soy diabético, tengo seguimiento de endocrino (según mi experiencia son una casta aparte y he cambiado de especialista muchas veces sin problema). La última vez que vi a mi endocrina le comenté mi caso y me dijo que ella no podía llevar eso porque no tenía ni idea, y que siempre derivaba a la UI… Vamos, que cambiar de especialista se puede hacer sin problema, porque yo lo he hecho muchas veces.. peeeero, a ver a quien encontramos que quiera llevar este tema, porque se escudan en que «no tienen ni idea», lo cual es el colmo… si tuviera que ir a un endocrino por cada asunto hormonal que tengo (diabetes, tiroides, testosterona), pues vaya historia… Ahora me lleva la diabetes también el endocrino de MM… pero claro, y si no existiese ese médico que altruistamente nos atiende? Cosa que no sucede en toda España, obvio… Pues a ver cómo coño hacemos…

    • Para responderte, te voy a contar una historia que me pasó aquí hace unas semanas.

      Fui a mi enfermera a que me pusiera la inyección de Reandron (cómo acabé yo poníendome Reandron es una historia distinta, y es un poco larga). Aquí te dan la opción de que vayas tú a comprar el medicamento a la farmacia y te lo lleves para que te lo inyecten, o que dejes que ellos mismos se encarguen de conseguirlo y lo tengan listo para ti. Yo elegí que hagan ellos todo el trabajo. El día que me tocaba, fui a ver a la enfermera, pero ella cometió un error y todo el medicamento se derramó fuera. Así que lo que hizo fue llamar a la farmacia del centro médico y ver si habían traido el medicamento para algún otro paciente. Efectivamente, tenían una dosis que estaba preparada para otra persona. Me la pusieron y listo.

      ¿Qué nos muestra esto? Las terapias con testosterona no son patrimonio exclusivo de las personas trans, y aunque se trata de un tratamiento poco habitual, tampoco es tan raro. No necesitas un endocrino que sepa «sobre transexualidad». Ni siquiera sé qué puede significar eso de saber sobre transexualidad cuando se refiere a medicina. Necesitas un endocrino que sepa sobre terapias de substitución hormonal con testosterona. Creeme, hay muchos. De hecho, está incluido en el currículo de la especialidad de Endocrinología. Tu doctora para la diabetes puede estar más centrada en el aspecto endocrinológico de la nutrición, pero los endocrinólodos especializados en salud sexual y reproductiva sabrán sobre testosterona. No hay motivo para ir a otro sitio que no sea ese endocrino.

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