El día que fui al parlamento

El martes me levanté a las 4:30 de la madrugada. Mi hermana me llevó al aeropuerto del Prat para que pudiese coger el vuelo Barcelona-Sevilla que salía a las 7:00. A penas había dormido, aunque me había pasado todo el día limpiando la que ya no será nunca más casa de mi abuela. Recogiendo sus cosas, regalándolas a los amigos a quienes les pudiese servir…

Había pasado todo el fin de semana, desde el viernes, con todas esas cosas que es necesario hacer cuando alguien fallece. Mi familia se ha quedado todavía unos días más, pero el martes yo tenía que ir a Sevilla. Las diputadas Soledad Pérez y Verónica Pérez, del PSOE, y Alba Doblas de IU, nos habían concedido sendas entrevistas para hablar sobre la ley de no discriminación por identidad de género que estamos solicitando para andalucía, y era una reunión a la que debía asistir.

Tenía que ir, sobre todo, porque la ley será fruto del consenso entre los grupos trans de Andalucía (principalmente Conjuntos Difusos y ATA), y no habría visto la luz de no ser por el empuje que IU le dio a la iniciativa, pero… la ley la hemos escrito entre Ángela y yo. Ángela le ha puesto más trabajo, fue la que hizo el gran esfuerzo de redactar el texto base en tan sólo dos días (yo no habría sido capaz), y luego me lo pasó para que le diese un repaso, aunque tan sólo fueron necesarios algunos toques finales. También fui yo el que se encargó de incorporar el texto de ATA al nuestro, y luego las sugerencias que nos hicieron desde Izquierda Unida, con el objetivo de hacer el proyecto técnicamente más perfecto. Lo que quiero decir con esto es que me siento, de algún modo, el “padre” de la criatura, aunque la ley sea para todos, todas y todes (especialmente, para todes). Como “padre”, creo que la única persona que podría defenderla mejor que yo sería Ángela, que es la “madre”. Sin embargo, Ángela está en Madrid, y eso lo complica todo.

Tenía que ir también porque creo que esta ley es algo bueno, y es algo muy grande. Esta ley puede ser el principio del fin de la dictadura de los médicos y los estados sobre las personas trans, en España y en Europa. No es una ley que conceda beneficios, ni es una ley de discriminación positiva. No es una ley para pedir más de lo que tienen los demás, o más de lo que nos corresponde. Es tan sólo una ley para conseguir que los derechos humanos que ya disfruta el resto de la población lleguen hasta las personas trans. No va a resolverlo todo, pero al menos, nos permitiría empezar a vivir siendo considerados como personas, y considerándonos nosotrxs mismos como personas. Una vez mi amigo Leo dijo que “hay personas que no saben que son personas”… esta ley vendría a terminar con esa situación.

El avión llegó a Sevilla a las 8:30 de la mañana. Una pequeña legión de hombres y mujeres con trajes se bajaron y se dirigieron a los cuartos de baño. Yo también entré. Me aseé, y comprobé una vez más mi aspecto. Me había tenido que comprar una camisa nueva en Barcelona, porque con las prisas, había contado mal los días, y la que pensaba ponerme para la reunión, la utilicé en el funeral. No hubo tiempo para lavadoras. Mi amiga Andrea me ayudó, y me regaló un pañuelo gris muy bonito, que mi hermana me enseñó a colocar por la mañana, antes de salir de casa. o hubo tiempo para lavadoras. Iba mal afeitado: me había olvidado la maquinilla de afeitar, y aunque había comprado una en Barcelona, no tenía espuma y no estaba de humor para un afeitado con jabón. No tenía zapatos: también olvidé echarlos en la maleta, e iba con mis zapatillas de suela cóncava que se supone que te hacen adelgazar sólo por llevarlas puestas, pero que no son nada elegantes (aunque cuestan un pico, pero yo las compré con un bono del Groupon, super rebajadas).

Miré a todos esos hombres con traje, que ya estaban cansados antes de empezar la jornada, y se arreglaban la corbata y se lavaban las caras para despejarse. Algunos llevaban una mochila barata, como la mía. Probablemente, igual que yo, iban disfrazados para la ocasión. Pensé que tengo muchísima suerte de trabajar a 15 minutos de mi casa, y de poder ponerme lo primero que pille para ir al curro (incluso la camiseta horrible de la rata amarilla que me regaló una amiga, y que me pongo cuando toca limpieza).

Moverse en autobús por Sevilla es relativamente sencillo si te bajas la aplicación para móvil “Sevibus”. Es gratis, y te indica los recorridos de todas las lineas, cuanto falta para que llegue el próximo autobús, por que parte del recorrido vas, cuantas paradas te faltan para llegar, donde está la parada que buscas… Me lo recomendó también mi amiga Andrea, que estuvo un tiempo viviendo en Sevilla, y es fantástico. Llegué del aeropuerto al Parlamento, sin perderme, y sin perder tiempo.

Una vez allí, preparar los documentos. Imprimir la ley, buscar los documentos con los apoyos que ya existen para justificar que las personas transexuales también somos humanas y tenemos derecho a que se nos trate como a seres humanos. Fui a una fotocopiadora a hacer un montón de copias, y la dueña de la tienda no me mandó a hacer puñetas porque era una mujer muy amable y paciente, menos mal.

El resto del grupo (Kim, y una familia, cuyo nombre, por prudencia, no voy a decir, aunque sí diré que formaban parte de la Asociación de Padres y Madres de Gays, Lesbianas, Transexuales y Bisexuales, AMPGYL) llegó mientras yo hacía las fotocopias. En cuanto pude, fui a reunirme con ellos, y a tomarme el tercer o cuarto café de la mañana. El sueño se me quitó de golpe, pero me puse hiperactivo. Supongo que la proximidad del Parlamento, justo al otro lado de la calle, no ayudaba precisamente a tranquilizarme.

Entramos un ratito antes al parlamento, colapsando momentaneamente la entrada, mientras nos hacíamos las identificaciones. Mi amiga F. todavía no ha podido cambiar su DNI, y Kim le dijo “dentro de un tiempo, cuando cuentes batallitas, podras decir ‘la primera vez que fui al Parlamento Andaluz, todavía no tenía el DNI cambiado y pasé mucha vergüenza’, hizo una pausa y añadió ‘y ahora, soy diputada’”. F. no tiene aspiraciones políticas, y se rió alegremente, pero es una persona honrada, luchadora e inteligente, y si hay alguien a quien me alegraría ver en el parlamento, sin duda es ella.

Mientras nos dirigíamos a la sala de reuniones, comenté “nos va a salir bien, porque lo que pedimos es bueno y no hace daño a nadie”. La madre de F. me dijo “estás nervioso ¿no? Pues mira lo que me contó uno que conozco…” y allí mismo me dio una lección para superar el nerviosismo, que no contaré aquí, pero que, por supuesto, puse en práctica.

La primera cita era con las diputadas del PSOE, Soledad Pérez y Verónica Pérez. Si normalmente la agenda de reuniones de los y las diputadas está apretadísima, en esta época, que se discuten los presupuestos, lo está todavía más. Sin embargo, llegaron con gran puntualidad, y a pesar del cansancio que ya debían llevar encima, nos prestaron toda su atención desde el primer momento.

La reunión, más que ir bien, fue emocionante. Nos escucharon, y nos comprendieron. Hicieron preguntas y escucharon lo que les decíamos. Cuando les mostré los dos tests de la UTIG que he podido conseguir (¡¡Si me lees, muchas gracias Tania!! ¡Lo que me enviaste, vale oro!), se sintieron indignadas. Como dice Kim, nos despedimos como amigos, y eso es mucho.

Un rato más tarde, teníamos la reunión con Alba Doblas, de IU, a la que también asistirían miembros de ATA. Comimos un montadito y una coca-cola en el bar de enfrente. A mí tampoco me cabía nada más. Habría agradecido un café, pero a las tres y diez minutos el dueño ya tenía la máquina apagada. Quizá fue lo mejor, porque aunque a esas alturas yo ya estaba extremadamente cansado, había perdido la cuenta de los cafés que llevaba encima y quizá añadir otro más sólo habría servido para ponerte como una moto, mezclar los nervios con el cansancio, y terminarlo de arreglar.

A esta segunda reunión íbamos más relajados, ya que, aunque no conocíamos a Alba, sí nos hemos comunicado mucho con Daniel Gonzáles, de ALEAS (el grupo GLTB de IU, según creo), y… si no fuese por su esfuerzo, no estaríamos haciendo nada de esto. Su implicación en este proyecto es tanta como la nuestra (pero con el mérito de que ellxs no son trans, y, como hacen muchas personas cisexuales, podrían simplemente desentenderse del tema y decir que la cuestión no es importante, o que “ahora no es el momento”). Alba es la persona que va a tener que defender nuestra ley, y mi intención cuando pedí citarme con ella fue que pudiese plantearnos todas las objecciones, hasta las más estúpidas y retorcidas que pudiesen aparecer, para darle argumentos contra las mismas. Ya llevábamos tiempo enviándole documentación, pero las objecciones a los derechos humanos de las personas trans están basadas en cosas muy sutiles. Se pone por delante la legislación, o “el mayor bien”, o la necesidad de evitar que se atienda a las personas que luego se puedan “arrepentir”, sobre todo de cara a ahorrar dinero, o el bienestar de los niños, o… Pero lo que hay detrás de todo esto, es un sentimiento intenso y profundo de horror y rechazo ante la transexualidad ajena, que incluso las personas transexuales tenemos.

Responder a estas objecciones es muy difícil, puesto que la transfobia y la represión de las identidades trans están tan arraigadas en nuestra sociedad, que casi nos parecen cuestiones de sentido común. Sin embargo, cuando se responden convenientemente, la lógica pone en evidencia su procedencia transfóbica. Todavía, llegados a ese punto, alguien que se niegue a admitir que lo que tiene es un problema de transfobia, podrá decir “no estoy de acuerdo” o “no me parece bien”. Pero no podrá explicar por qué, a no ser que reconozca que la discriminación de las personas transexuales es una práctica deseable.

Llevo cuatro años escuchando y tratando de responder a las mismas objecciones. Leyendo, aprendiendo, debatiendo, repitiendo la discusión cada vez con una persona distinta (siempre en términos amistosos, pues es con mis amigos con quienes hablo). Esta experiencia, no se puede transmitir en un texto de 12, o de 300 folios. Hay que hablarlo cara a cara.

¡Ojalá no hubiese estado tan cansado! Ya a penas podía fijar la vista en los papeles que llevaba, y me perdía en el hilo de los argumentos de los demás. Aun así, creo que entre todos conseguimos que la reunión cumpliera su objetivo.

Me tuve que ir antes que los demás, porque debía coger el autobús Sevilla-Granada, y luego el Granada-Motril. Por suerte, el padre de F. sabía los horarios. Pregunté a los demás donde debía coger el bus para la estación, y la aplicación de Sevibús hizo de nuevo su función.

Caí agotado. Llamé por teléfono a un par de amigas, y luego me dormí.

Llegado a este punto, creo que hace falta aclarar que este viaje lo hemos pagado cada uno de su bolsillo, y además, nos ha costado abandonar nuestro trabajo un día, y perder el sueldo de ese día (a parte de otros problemas que puede llevar el no ir a trabajar con cierta frecuencia, como podéis imaginar). No he podido atender correctamente a una clienta de la.trans.tienda porque llevo arrastrando el cansancio toda la semana. No he podido casi ni estudiar. Ir al parlamento, y hacer estas cosas es muy guay, para que lo voy a negar, pero cansa, y desgasta mucho, especialmente para quienes no somos “activistas profesionales”, hacemos esto sin ningún ánimo de lucro, y tenemos que trabajar para vivir… sin embargo, si la ley sale adelante, el esfuerzo habrá merecido la pena.

Y ahora, para terminar… ¡Un video de la noticia (muy cortita) que pusieron en Canal Sur! ¡Salgo en una esquinita! ¡En el Parlamento! ¡Yuju! Aunque me ha molestado que digan que estuvimos hablando sobre el matrimonio gay y criticando al PP, porque no es verdad. Después de terminada la reunión, una persona hizo algún comentario a título personal, pero la reunión no iba a de eso, porque no era una reunión política, sino un encuentro para hacer cosas totalmente prácticas y necesarias para las personas trans. Me alegro de que se haya declarado constitucional que cada cual pueda casarse con quien quiera (sobre todo porque, como soy bisexual, me interesa saber que podré casarme con la persona que me guste, y no con unas sí y con otras no), pero, además de eso, hay más cosas en el mundo.

7 comentarios

Archivado bajo Activismo

7 Respuestas a “El día que fui al parlamento

  1. Paco Bernal

    Hola Pablo! Lo primero, te acompaño en el sentimiento por el fallecimiento de tu abuela. Después, decirte que me has puesto la carne de gallina, tío. Tienes la virtud de que, mientras se te lee, se puede ver lo que cuentas. Eso es impagable. Que tengáis mucha suerte y la ley llegue a buen puerto.

  2. Ángela

    Gracias, Pablo, cariño! Por dejar negro sobre blanco lo que tal vez haga falta que se sepa en el futuro.
    Nunca hemos tenido ansia de protagonismo, y válganos el cielo para acreditar que solamente nos mueve el beneficio de las personas trans (lo que incluye también el nuestro, puesto que eso es lo que somos); pero cuando juntas esfuerzos con personas que no piensan en otra cosa que en destacar y acaparar protagonismo, terminan por sacarte de tus casillas.
    Lo más chisposillo es que encima te acusan de hacer eso mismo, de tratar de ningunearlos cuando solo te defiendes de su ninguneo, ya absolutamente harto de las malicias estúpidas de algunas vedettes del activismo-cutre.
    Por la Ley, porque se apruebe esa norma autonómica que sin duda significará un antes y un después, eres y somos capaces de aguantar cualquier cosa, pero eso como todo en la vida, es más fácil de decir que de hacer…
    Cansancio, viaje agotador, tras trabajo agotador, la tristeza profunda por la pérdida de alguien tan querido, el terrible riesgo de sufrir represalias en vuestros tratamientos (por las psicópatas de la Utig)… y encima, llegan las alegres sonrisitas estúpidas de quienes no saben ni escribir «consenso», con su repugnante estrategia de «cuota de pantalla»…

    Desahógate, y dejemos que el tiempo nos devuelva la calma! Ni siquiera saben la importancia de lo que ponen en riesgo con su avaricia por las subvenciones.

    Mazo besos!!

    Ángela.

  3. Enhorabuena Pablo. Me emociona leer noticias como esta. Amo Andalucía, aunque para mí se convirtió en inhabitable. Actitudes como la vuestra, sin ser profesionales, siembran la esperanza, tanto en Andalucía como a miles de km. Gracias.
    Fredi

    • Muchas gracias Fredi. Para muchas personas, Andalucía se vuelve inhabitable, por desgracia. El problema es que cada vez hay más sitios que empiezan a ser así, porque yo creo que no aguantaría en Barcelona… Allí va a pasar algo gordo el día menos pensado… todo es demasiado caro, el paro está subiendo demasiado rápido, y hay demasiada gente que no tiene nada…

      • Totalmente de acuerdo, Barcelona está desarrollando una mentalidad colectiva hiperindividualista. Yo a veces no tengo más remedio que colarme en el metro, y un día una «madre de familia», con sus retoños delante, me echó una retahíla de sermones que me pasé varios días mal, por la rabia de no haber respondido y por el dolor de ver que esos valores crecen y crecen. Cada vez más gente en mutuas y universidades privadas, habitualmente vinculadas a centros religiosos, del Opus en muchas ocasiones; la CRS parece ser que ha salido de la cartera de servicios de Salut…
        Y dentro de tres días, la mayoría de gente volverá a confiar en CiU.
        En fin… al mal tiempo, buena cara. ¡Buenos días!

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