Derecho a cabrearse.

Tras la anterior entrada, mi intención era seguir escribiendo sobre la Ley 3/2007. Sin embargo desde la semana pasada han pasado varias cosas, entre ellas un terrible resfriado, de los que hacen época, que me ha tenido sin poder respirar, hablar o moverme, y mucho menos pensar, y el segundo acto transfóbico en quince días proveniente de alguien muy cercano a mí (aunque no de la familia, menos mal). Así que he decidido hacer un kit-kat (una pausa) y hablar sobre transfobia.

Normalmente, al hablar de transfobia, pensamos en insultos directos, en discriminación laboral, en asesinatos, en… en cosas de esas. Sin embargo, en muchas ocasiones, la transfobia es sutil, e incluso a veces nosotros mismos somos los primeros que la practicamos, sobre nuestra propia carne.

No sé qué pasará después de que publique esta entrada. Mi blog ya dejó de ser anónimo hace bastante tiempo, y quizá haya quien opine que lo utilizo para atacar desde un medio público que controlo a personas que no pueden responder aportando su versión del asunto. Es posible que después de esta entrada, mi lista de amigos se acorte en algunos nombres.

El primer ataque «transfóbico» me vino de una persona en la que confiaba, con la que compartí cosas muy íntimas, y que colgó un texto en Facebook el que, sin mencionar la transexualidad, exponía una serie de ideas y teorías científicas no comprobadas que a menudo se han utilizado en otros ámbitos para un ámplio abanico de cosas, desde la justificación de la patologización de la transexualidad como enfermedad psiquiátrica hasta la propuesta de posibles prácticas que rozan la eugenesia. Por si cabía alguna duda de que el texto iba dedicado a mí, lo acompañó de un extraño comentario en el que hacía referencia al DSM-V (el borrador del DSM-V ya ha salido, y la transexualidad sigue apareciendo en él, con un leve lavado de cara que sólo empeora las cosas).

Se trataba de un texto que, en resumen, relacionaba lo siguiente:

– La teoría (no sé si demostrada) de que las infusiones de hormonas durante el embarazo hacen que los dedos anulares sean más cortos o más largos (a más testosterona, más largo el dedo anular).

– La teoría NO DEMOSTRADA de que las infusiones de hormonas en el cerebro hacen que el cerebro del feto se desarrolle con forma masculina o femenina (con mucha testosterona, cerebro masculino, con estrógenos, cerebro femenino).

– La conclusión de que si tienes el anular más largo que el índice, recibiste mucha testosterona durante el embarazo, y tu cerebro es masculino, y si tienes el anular más corto o de longitud similar al dedo índice, tu cerebro será femenino.

– La conclusión de que el tener el dedo anular largo en las mujeres explica que estas sean más «masculinas de lo normal», presentando actitudes que son por naturaleza masculinas, o que tener el dedo corto en los hombres explica que estos sean más «dóciles» y tengan actitudes que son, por naturaleza femeninas.

Un texto tan completito que lo voy a buscar por internet (ya no tengo acceso al perfil de la persona que lo colgó, porque la desagregué casi de inmediato) y como lo encuentre, lo pongo aquí, comentado.

El segundo ataque transfóbico vino de alguien a quien durante muchos años he considerado como un amigo, aunque cada vez con más reservas, y que está casado con otra persona que a la que también tengo por amiga, esta vez sin reservas, desde hace tantos años como a él. Habíamos quedado él, su mujer, otra amiga y yo para pasar el puente recordando viejos tiempos, hablando de amigos comunes y disfrutando en general de nuestra compañía mutua. La última noche, este tipo dijo: «yo lo he pasado muy bien, pero la proxima vez a ver si os traéis a un hombre, para que pueda hablar con él».

Bien, bien, detengámonos aquí un momento. Esta es MI versión. Esto es como yo veo las cosas. Si preguntásemos a la persona que colgó ese texto lleno de barbaridades, muy probablemente diría que ella y yo llevábamos ya varios días «de mal rollo», que yo estaba muy susceptible, que en ningún momento cuando colgó ese texto lo hizo para hacerme daño o atacarme de ningún modo, y que, además, ella nunca dijo que estuviese de acuerdo con el texto que estaba difundiendo, sino que lo ofrecía para que cada cual sacase sus propias conclusiones. El texto, como ya he dicho, no decía nada sobre transexualidad, y si yo vi algo, o lo relacioné con la transexualidad de alguna manera, fue una interpretación mía, sin base alguna y que ella no podía prever.

En el segundo caso, mi «amigo» no es que quisiera decir que yo no soy un hombre… es que yo estaba en muy buena sintonía con las chicas, y él necesitaba a un cómplice con el que resoplar y decir «pffffffff… ay que ver como son las tías» mientras ambos ponían cara de «no hay quien las entienda».  Además, también buscaba a alguien con quien mirar las tetas a las tías descaradamente y darse codazos. Pero como yo estaba en buena sintonía con las chicas y no las menospreciaba, y le daba vergüenza darme codazos mientras miraba las tetas de las tías porque ha pensado que yo era una mujer durante muchos años, yo no servía como cómplice. Así que en realidad no es que quisiera decir que yo no soy un hombre, sino que no tenía confianza conmigo para hacer «cosas de tíos».

En realidad, como se puede comprobar, yo no tengo derecho a enfadarme. Lo que pasa es que soy un egocéntrico, me creo que el mundo gira alrededor de mí, y estoy completamente a la defensiva. Todo lo que se me diga puede ser interpretado como un ataque. Y, además, debería ser más comprensivo con la gente. No puedo enfadarme simplemente porque alguien no haya usado la palabra exacta. ¡Caray! ¡Que susceptible soy!

Yo podría pensar todo eso. También podría pensar que «no ofende quien puede, sino quien quiere». Además, no debería hacerles caso, y tendría que dejar que dijesen todo lo que quieran sobre mí. ¿Por qué me importa tanto la opinión de la gente?

Es lo que me decían en mis tiempos de instituto, cuando la gente me insultaba a gritos por la calle. En realidad, la culpa no era de ellos, que me insultaban, sino mía, que permitía que sus insultos me molestasen. ¡Yo debería estar por encima de eso!

Además, soy transexual. Ya se sabe que a la gente le cuesta asumir eso. Hay mucho desconocimiento de lo que puede molestar o no molestar, hay que ser tolerantes y entender que la gente no va con mala intención. No me lo puedo tomar todo tan a pecho.

Sí, podría pensar todo eso. Alguien debería explicar a quienes dicen estas cosas que  «no hacer caso» y relacionarse con los que «te quieren ofender, pero no pueden, porque tú estás por encima de esas cosas» es imposible. El resultado de toda esa superioridad y fortaleza moral que, si la tuvieras, serviría para que no te afectase la opinión de los demás, es que se queda uno más solo que la una. No puedo «no hacer caso» a alguien que me ha insultado, e irme a tomar café con él como si nada, porque como soy tan fuerte, aunque ha intentado ofenderme, no ha podido. Y como no ha podido ofenderme, no ha hecho nada malo.

Alguien debe decir que si nos ofenden, nos insultan, nos hacen sentir mal… no es nuestra culpa. Ser trans no es una vergüenza, y no debe obligarnos a aceptar que cualquiera nos diga la primera impertinencia que se le venga a la cabeza con impunidad. El desconocimiento tampoco es excusa. No conocer una ley, no exime de su cumplimiento. No conocer lo que es el respeto o la vergüenza no es motivo para que yo tenga que ser comprensivo ante la desvergüenza ajena.

La transfobia interna, el odio hacia uno mismo, la incomprensión hacia lo que uno mismo es, puede hacer que nos creamos todas esas gilipolleces que justifican la transfobia de los demás. Nosotros en su lugar quizá haríamos lo mismo. Tal vez nos lo merezcamos.

Yo podría pensar todas esas gilipolleces, pero no lo hago. Reivindico el derecho a cabrearme. Es más, estoy tan enfadado que, tras cruzar un par de párrafos con la del texto de Facebook, decidí que no quería saber más del tema y corté todo contacto, negándome al intento que ella hizo de «arreglar» las cosas. Estoy tan cabreado que me he quedado con las ganas de partirle la cara a mi «amigo», y eso que yo nunca he pensado que la violencia fuese la solución de nada. Tan cabreado que si mi amigo se disculpase, le aceptaría la disculpa, pero no le perdonaría. Y, lo peor de todo, es que no me siento mal por estar así de cabreado. No me siento egoista, susceptible, intolerante, que me lo tomo todo a la tremenda y no tengo paciencia con nadie. No siento que exista alguna excusa para justificar esos comportamientos ni creo que esté haciendo mal al no ser nada razonable y dejar una puerta abierta para que me expliquen el porqué me han atacado como lo han hecho. No siento haber hecho nada para haber sido agredido de esa manera.

Las personas trans no somos los únicos que somos agredidos así. También lo son los obesos, gays y lesbianas, discapacitados, los calvos, los zurdos, los feos (¡sobretodo las feas!), los que tienen las orejas grandes, los negros, los moros, los gitanos… Pero eso no me consuela. Ni tampoco sirve para hacerme sentir que debo bajar la cabeza y aguantar el chaparrón como toooodos los demás, porque «la gente es muy mala».

Insisto, reivindico mi derecho a caberarme. Y también reivindico mi derecho a poner como hoja de perejil a estas personas en mi blog, sin darles oportunidad de defenderse. Uso la ventaja que tengo, igual que ellos usan la ventaja que tienen de no ser trans, y me quedo tan tranquilo. Al menos quien se quiera enfadar conmigo por ello, tendrá motivos claros e incontestables de enfado.

7 comentarios

Archivado bajo Reflexiones

7 Respuestas a “Derecho a cabrearse.

  1. Hola Pablo,
    has escrito “no ofende quien puede, sino quien quiere”. Supongo que lo querías poner al revés.

    “yo lo he pasado muy bien, pero la próxima vez a ver si os traéis a un hombre, para que pueda hablar con él”. Desde luego está diciendo que tú no eres un hombre. Es lógico que te moleste, más allá de lo discutible del concepto «hombre» que tiene ese señor, que es lo de menos en este caso. Si hubiese dicho que a ver si la próxima vez llevaban a otro mira-tetas, hubiese sido otro asunto, pues nada ofensivo hacia ti estaría diciendo.

    Respecto al texto que citaba al DSM-V, con los datos que das, no sé qué decirte. Si no citaba la transexualidad y solo se hacía eco de ideas, verdaderas o falsas, que relacionan el género con la longitud de los dedos, en base a esos datos no veo que tenga relación contigo. No es mi intención tocarte las narices, que es lo que sucede cuando estás cabreado y alguien a quien se lo cuentas no comprende tus razones. Al final las teorías sobre la relación entre hormonas en edad fetal, género y órganos sexuales no implicarían, de ser ciertas, absolutamente nada sobre la transexualidad. Nadie es «correcto» frente a otros que son «erróneos». Tan humano y natural sería el que debido a A o B sea de una forma, como el que debido a C o D sea de otra, siempre que no entre por medio una intoxicación por un medicamento en mal estado o algo así. La naturaleza no crea personas correctas en un porcentaje y erróneas en otro, sino que todos somos exactamente igual de correctos y de «naturales».
    Quizá tú si conoces casos de gente que ha usado ese tipo de ideas para hacer apología de su enfermedad transfóbica y quizá por eso estableces el vínculo y te molestó el texto en facebook.

    (por cierto, ¿recibiste mi e-mail?)

  2. Lógicamente sin haber leído el texto en cuestión, simplemente es que no puedo opinar sobre si es una rayada tuya porque eres un picajoso o si reaccionas con razonable cabreo a un acto intencionadamente ofensivo hacia ti.

    Pues sí, hay gente a la que le gusta meter el dedo en el ojo porque sí.

  3. Es que a mí eso de hacer caso a lo que la gente dice de mí es algo que a veces incluso llega hasta a divertirme.
    La gente se descalifica sola. Y para estos casos la pomada de la indiferencia.
    ¿Para qué partirles la cara, si ya tienen partida el alma?

    Debo ser masoquista, pero empiezo a pensar que hasta me siento bien provocando a necios, mindundis y milhombres, como el rambo de tu caso, siendo exacta y exclusivamente tal cual mi madre me parió.

    Un abrazo

    PS.- Perdona el retraso pero cada vez que miro el reloj el minutero me apunta despiadado como un fusil.

  4. Mónica

    Gaupito!.

    Nadie puede negarte el derecho a enfadarte pero….. tu texto da lugar a pensar que destilas algo de ira o rabia y asi que la pregunta es ¿Vale la pena sufrir esa emocion por gente que en el fondo ya te la pela?. YA sabes, ir acelerado , no poder conciliar el sueño nada mas tocar la almohada, ese subidon de electricidad por estomago y esternon que acaban tensionando tus brazos y generando puños…. no se tio… es que al final el problema es tuyo para quitarte de encima toda ese mal rollo.

    Ariovisto la clava. Pomada de indiferencia!!!

    Tu (ex) amigo «el mira tetas»…. pues hay cagadas que duelen, no nos vamos a engañar. Yo es que tengo tan pocos amigos que cuando la cagan siempre les doy la oportunidad de pedirme perdon. Pero para ello siempre me tengo que humillar un poco y explicarles que es lo me ha jodido. Es como revivir el mal momento , pero si el amigo se supone que vale la pena…… La tristeza verdadera viene cuando concluyes que el amigo ya no vale la pena y lo tachas de la escueta lista. Cuando me ha pasado esto siempre he estado tentada de sentir rabia por todo el tiempo que me he considerado su amiga ya que tienes la sensacion de haber estado con una venda en los ojos pero…. en realidad es una mala manera de enfocarlo. Lo cierto es que durante ese tiempo yo disfrute de la sensacion de tener y ser amig@ de alguien.

    Creo que al proximo amigo que pierda, le hare un funeral en mi mente y me tomare unas copas por los buenos momentos del pasado. ( Rollo Irlandes The Irish wake )

    Mónica

    PD: Las copas no seran mentales.

    • A mí también me pasa eso de que «se me cae la venda», pero creo que es algo que sólo ocurre cuando hemos estado aguantando y aguantando pequeñas cositas hasta que al final decidimos no aguantar más. Creo que me gusta más ese enfoque de que durante un tiempo tuvimos y disfrutamos de un amigo, aunque ya no lo tengamos más.

      La pomada de indiferencia supongo que debe aplicarse para evitar llevarse uno todo lo malo. Después de todo mi (ex)amigo a estas horas estará muy tranquilito en su casa.

      Bueno, ahora yo también estoy tranquilito.

    • El dolor más grave puede ser cuando te «humillas», cuentas a alguien lo que te duele, lo que sientes, y en lugar de amor, en lugar de empatía y calor, recibes lejanía, indiferencia o equidistancia. Posiblemente es más grave porque esa situación solo se da con quien consideras amigo, o con la familia. Una ofensa duele, pero una ofensa de un amigo, duele el doble.

  5. Ángela

    Lo primero, me alegro de que te hayas recuperado ya del resfriado criminal ese…

    De la persona del facebook ya hemos hablado, y creo que no merece la pena hablar más, lo suyo es correr un «estúpido velo»…

    De tu ex-amigo, si sabía sin excusas que eres un hombre trans, decir lo que dijo es una auténtica canallada, e incluso sonaría a «estrategia» palurda para «romper» contigo… pero ten por seguro que NO era tu amigo, los amigos no hacen esas cosas.

    Si le cabían dudas, o es tan «despistado» que no se había percatado (a lo mejor es que se dedica a vender cupones de la ONCE),piensa que QUÉ NARICES tiene que hacer alguien tan valioso e inteligente como tú con semejante «bípedo implume» (es que me cuesta hasta aplicarle «homínido» como definición)!!… de nuevo ten por seguro que estás mucho mejor con alguien así lejos de tí…

    Yo en estos casos me suelo sentir tan herida que no puedo ni reaccionar, pero te alabo la primera reacción: le hubieran venido de perlas un buen par de «yoyas», jajajajjj (ese tipo de «machotes», nostálgicos de la caverna y la cachiporra, no suele ser «sensible» a otro tipo de «aprendizaje»)…

    Así que me uno a Ario y Mónica en recomendarte indiferencia, y recurrir al más tupido de los tupidos velos, ¡la vida te reserva cosas mucho mejores que soportar o recordar a «gente» así!

    Besos mu´gordos!

    Ángela.

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