Novena visita a la psicóloga y segunda a la endocrina.

Ya hace tanto tiempo que he tenido que mirar el cartoncito donde me apunta las citas para contar cuantas citas llevo ya con la psicóloga. Nueve citas, once meses… que largo se hace, y todavía no hemos terminado.

Esta vez, tocaba visita doble: endocrina + psicóloga. Tenía hora con la endocrina a las 9:30, y llegué a esa hora en punto. Sin embargo, por determinadas circunstancias que no vienen al caso, terminaron cogiéndome a las 11:30. Dos horitas esperando… En fin, esto es la seguridad social.

Yo no sabía muy bien a qué iba a la endocrina, aunque suponía que era para recoger los resultados de las pruebas, que me dijese que estoy muy bueno, y que volviera cuando tuviese el informe. No iba muy desencaminado, aunque, además de eso, me echó la bronca por no estar llendo a otro endocrino a hacerme revisiones de otro asunto médico, y me hizo una revisión física completa, incluyendo… ehm… exploraciones que requirieron que me quitase toda la ropa. Y cuando digo toda, me refiero hasta a los calzoncillos.

Por suerte a mí no me da vergüenza ninguna desnudarme, ni siquiera que me toquen, así que no lo llevé muy mal. Pero para el que se esté pregutando qué te hacen en la segunda visita a la endocrina… ya lo sabe. Que se vaya preparando.

Luego, lo de siempre. Coger el coche e ir al otro hospital, que no está ni cerca, a ver a la Psicóloga. Al menos, aparcar cerca del Carlos Haya es muy fácil.

Una vez en la consulta, otra horita de esperar a que me tocase. Cuando entré en la consulta, ya eran las 12:45 de la mañana.

Lo cierto es que esta vez no tenía ni idea de qué íbamos a hacer, y tengo que reconocer que me quedé un poco fuera de juego. Yo que pensaba que ya se habían terminado los tests para mí… pues no, ese día tocaba test. Concretamente se trataba de uno en el que se me preguntaba sobre las edades en que aparecieron o se consolidaron ciertos comportamientos. Yo sobre qué es lo que se espera o no se espera en ese campo, no tenía ni idea, así que… bueno, hice lo de siempre, responder con sinceridad y cruzar los dedos a ver si las respuestas sirven para encajarme dentro del dichoso modelo de comportamiento establecido para las personas transexuales de mi edad.

No hace falta que vuelva a decir que me parece ridículo que se considere que todos tenemos que ser iguales…

Cuando terminó de pasarme el test, en lugar de despacharme hasta la próxima vez, Trinidad me pregunta qué me ha parecido. Yo le respondo que el test me ha resultado muy difícil de responder porque las preguntas son «de hilar muy fino», referidas a cosas que han ocurrido muy gradualmente, y que te pedían que concretases mucho.

– No, me refiero a qué opinas de todo esto en general – dijo Trinidad cuando terminé de hablar.

Tengo que decir, antes de continuar, que la penúltima vez que fui a ver a la psicóloga, me quedé con la mosca tras la oreja. Por un momento me pareció que había leido mi blog y que sabía quien era yo, pero me parecía improbable y hasta paranoico. Claro, como si ella no tuviese otra cosa que hacer que leer las cosas que a mí se me ocurren, y, además, yo fuese tan importante como para que me recordase entre todos sus pacientes.

Cuando Trinidad me preguntó eso, me asusté un poco. ¿Donde quería llegar? No es que sea el tipo de persona que habla por charlar un rato, o al menos, no lo es durante sus consultas.

Decidí continuar siendo prudente, aunque sincero, de modo que le respondí que no estaba de acuerdo con como se hacían las cosas. Claro, ella quiso saber por qué, y yo traté de ser todo lo prudente y diplomático posible, sin entrar en terrenos de los que luego no pudiese salir. En estos casos lo que mejor funciona es pecar de modesto. En realidad, no mostrar a los demás las cosas que sabes suele ser una buena idea, así les resulta más difícil pillarte.

– Bueno… Yo de estas cosas no sé, porque no he estudiad… – empecé a decir.

– De esto sí que sabes.

Mierda. Leñes. Me ha pillado. Joer… Bueno, esa táctica ya no servía, así que ya solo me quedaba la diplomacia pura y dura, que no es precisamente mi especialidad. Sin embargo, para mi sorpresa, después de que yo hablara, cuando ella me respondía, lo hacía como si hubiese dicho en voz alta ciertas cosas que en realidad no había dicho, pero que sí estaba pensando.

Ante esto, tan solo hay tres explicaciones. O Trinidad sabe leer la mente a la gente, o los test esos son demasiado buenos, o ella lee el blog y sabe quién soy. Y la más plausible de las tres es la última. No puedo estar 100% seguro pero… En fin, Trinidad, si estás leyendo esto, un saludo.

¿Debería preocuparme por ello? Yo creo que no. Para empezar, muy poca profesionalidad demostraría si se dejase llevar por las opiniones personales que le puedan suscitar una serie de documentos que yo no le he entregado, y que se han hecho fuera de la consulta. Como no tengo la impresión de que sea poco profesional, sino de que es estrictamente profesional, eso no debería quitarme el sueño.

Al contrario, que una persona utilice su tiempo libre para buscar información, y siga algo escrito por alguien no profesional, sin autoridad ninguna, y lo tenga en cuenta, e incluso logre identificar a autor entre la multitud de pacientes que tiene, me parece extraordinario. Demuestra interés por su profesión, interés por los pacientes, e incluso que lo que escribo a lo mejor es hasta interesante.

Un amigo mío dice que de hecho, si en efecto Trinidad leyese por aquí, no sólo no es malo, sino que le parece perfecto, puesto que demuestro un lado humano frente al estudio sistemático realizado por los profesionales.

Finalmente tengo que decir que no fui el único que expresó sus puntos de vista y sus opiniones en la consulta. Ella también me habló, y lo hizo con una sinceridad y una confianza que me dejaron atónito. Hasta llegó a decirme cosas que desde el punto de vista de su posición como funcionaria pública no debería haber dicho. Ha pasado una semana, y por más que pienso en ello, no dejo de sorprenderme.

También me dijo que no tiene claro que yo sea transexual, que tiene una duda razonable sobre mí… aunque de eso voy escribir en la próxima entrada.

7 comentarios

Archivado bajo Médicos

7 Respuestas a “Novena visita a la psicóloga y segunda a la endocrina.

  1. Ángela

    Pues sí, querido Pablo, por lo que cuentas, estoy contigo en que debe de leer tu blog.

    ¿Cómo lo ha conocido?… no descartes que algún otro paciente le haya hablado de su existencia, lo que no es de extrañar porque una vez que alguien te lee, queda «prendad@»…

    No es sólo lo bien que escribes, sino tu sentimiento, tu bondad, tu maravillosa personalidad, que se traslucen en cada párrafo…y hay momentos y entradas absolutamente memorables!!

    El tuyo es un blog imprescindible, y no sería ninguna tonteria que fuera poco menos que obligatorio leerlo para cada trans masculino que comienza su «despertar»…

    Si tu psicóloga te está leyendo, sería «la leche» que se sintiera con libertad para participar, bajo cualquier nombre, e interaccionar con transexuales en un entorno distinto, en el que no maquillamos lo que sentimos para ajustarlo a lo que se espera de nosotros, por un protocolo que nos ignora sistemáticamente… a lo mejor así, la pescadilla empezaría a dejar de morderse la cola…

    «Profesionalidad»… es una palabra que le queda muy grande a algun@s, aunque la que a mí me gusta más es: «Vocación»… por ayudar, por sanar, en todo el espectro de sentidos de ambos verbos… y no estar tan preocupados por «quien puede estar equivocad@»…

    JODEEERRR!!! que ya somos mayorcit@s…En la vida cotidiana, cuando te equivocas, pues apechugas, y ya está… no sé, yo no lo veo tan dificil…

    Lo mejor sería que esos profesionales fueran también trans, porque está claro que no se enteran de nada…

    En fin, perdona, pero estoy triste y cabreada por toda esta milonga…., Ahora tiene dudas que seas transexual ¡¡¡y ella qué coño sabeeee!!!!

  2. ariovisto

    Me conmueve ver lo diluidos que están los límites entre «psicólogo» y «adivinador». Dudo mucho que tras una larga charla con un psicólogo acierte a a saber con qué mano me masturbo. A mí me bastaría con que tú me dijeras que eres transexual. ¿A que, si yo te digo que no lo soy, no lo dudas?
    De todos modos por lo que cuentas de la Trini, no parece ser mala profesional psicóloga, posiblemente pésima adivinadora.

    Te sigo Pablo, lo que ocurre es que, como entenderás, opinar sobre el tema de tus ultimos post me es dificíil porque desconozco muchas cosas.
    Un abrazo, amigo Pablo.

  3. Internet es muy grande y sería mucha casualidad que hubiese encontrado tu blog entre tantos… No sé. Pero claro, como no das muchos detalles y te haces el interesante 🙂 no nos queda más remedio que fiarnos de tus impresiones.

    Ella puede tener dudas, pero tú no las tienes… ¿cómo se come eso?

  4. Hola Pablo,
    acabo de leer los comentarios que me has puesto. Hace poco leí la noticia de que habían ingresado a una señora (no recuerdo el nombre). Al leer la noticia descubrí que era ¡ministra de vivienda! Beatriz Corredor, ahora me viene el nombre. O sea que no eres el único que no conoce a ciertos políticos.

  5. La verdad es que las visitas a la psicoloca se parecen cada vez más a una partida de poker. Tú la mides, la observas, tratas de adelantarte a su próximo movimiento, y va ella y te sorprende con algo que no te esperas, y por esta vez te gana la mano.
    Y no debería ser así, no debería ser un juego porque está en juego la vida de una persona.
    Si Trinidad lee este blog debería decírtelo, no ir «A ver si te pilla», pues juega con una ventaja desleal, como si en ese hipotético juego de poker ella supiera cual va a ser tu próxima jugada de antemano.
    Si ella fuese la buena profesional que ahora crees que es, te diría: he leído tu blog, y sé que opinas esto y aquello, del proceso, del tratamiento, de la espera, y liberarte de dudas. Ser psicóloga no es tratar de ser más lista que nadie, para eso mejor jugar al Trivial Pursuit.

    En fin…

    • Pues llevas toda la razón. Las cosas no deberían ser así.

      Me han dado una explicación alternativa al comportamiento de Trinidad que me parece más convincente que la idea de que lea por aquí. Sea como sea, lo cierto es que esto de ir al psicólogo como quien juega al poker o al ajedrez, no está bien. No tiene ni pies ni cabeza.

      Me ha gustado mucho esa forma de mirarlo… creo que me la voy a quedar ^_^

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